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De arrieros a generales

Arrieros en la Revolución. El Sol de Ojinaga.

Los arrieros mexicanos, rancheros por excelencia, constituían una clase social intermedia entre los peones y los hacendados. Esto les permitió la permeabilidad necesaria para participar con eficacia en los más grandes movimientos sociales de México, como fueron la Guerra de Independencia (1810-1821), la Guerra de Reforma (1858-1860) y la Revolución (1910-1915).

En el movimiento de Independencia destacaron José María Morelos, Vicente Guerrero, José Antonio Torres (“El Amo”), Albino García y Valerio Trujano, que habían sido arrieros en su juventud, como también lo fueron Mariano Escobedo en la época de la Reforma, y Pascual Orozco, Francisco Villa y Emiliano Zapata en la Revolución.

Morelos, generalísimo de los Ejércitos del Sur

José_María_Morelos,_óleo_de_Petronilo_Monroy

José María Morelos (1765-1815), artífice de la segunda etapa de la Guerra de Independencia, quedó huérfano de padre cuando era niño; la pobreza lo obligó a servir como arriero hasta la edad de 24 años; luego se inscribió en el Colegio de San Nicolás, en su natal Valladolid (que en su honor lleva hoy el nombre de Morelia), hasta ordenarse sacerdote.

En su oficio de arriero, Morelos viajaba con sus recuas entre Valladolid, Uruapan, Tahuejo y Acapulco. Esto le facilitó el conocimiento del terreno que más tarde sería escenario de cruentas batallas encabezadas por él mismo, ya como generalísimo de los Ejércitos del Sur, contra el dominio español.

Cuentan sus biógrafos que antes de morir le preguntaron a Morelos: “¿Por qué habiendo usted nacido para militar, se hizo cura?”. Y contestó: “Porque no había otro camino para dejar de ser arriero”.

Mariano Escobedo, defensor de la soberanía nacional

mariano_escobedo. Diariocultura.mx

Mariano Escobedo (1826-1902), destacado político y militar de ideología liberal, luchó contra las intervenciones armadas de Estados Unidos (1847) y de Francia (1862); fue gobernador de San Luis Potosí y de Nuevo León, senador y ministro de Guerra durante el gobierno de Sebastián Lerdo de Tejada.

En su juventud, igual que Morelos, Escobedo había trabajado en la arriería, especializándose en el traslado de ganado entre su natal San Pablo de los Labradores, en Nuevo León, y Matehuala y Saltillo, en el Norte del país.

En 1846 se unió a los contingentes que enfrentarían a los invasores estadounidenses en Monterrey, iniciando así una brillante carrera militar que lo llevó a participar en la Revolución de Ayutla (1854), en la Guerra de Reforma y contra los franceses (1862). Por su actuación en la Batalla de Puebla, ascendió a general brigadier.

En 1867, el emperador Maximiliano de Habsburgo se rindió personalmente ante Escobedo, cuando este era ya jefe de Operaciones del Ejército Republicano durante el Gobierno de Benito Juárez.

Pascual Orozco, aguerrido revolucionario norteño

 Pascual_Orozco3

Entre los jefes más decididos de la primera etapa de la Revolución destaca Pascual Orozco (1882-1915), uno de los primeros en acudir al llamado de Francisco I. Madero para iniciar la lucha contra la dictadura de Porfirio Díaz en 1910.

Orozco, arriero nacido cerca de San Isidro, municipio de Guerrero, en Chihuahua, había hecho cierta fortuna transportando metales preciosos, principalmente plata, para distintas compañías que operaban en las montañas chihuahuenses; por ello pudo organizar un pequeño ejército para apoderarse de Guerrero.

Participó en varias batallas, entre ellas la de Malpaso, donde derrotó a los federales. Por cierto que, al término de esta batalla, ordenó desnudar los cadáveres de los soldados abatidos, para luego enviar sus uniformes al general Porfirio Díaz con la siguiente nota: “Ahí te van las hojas, mándame más tamales”.

Pronto alcanzó el grado de general, encabezando un ejército de 5.000 hombres, pero ya triunfante la Revolución, en 1912, se sublevó contra el Presidente Madero, quien mandó al general Victoriano Huerta a combatirlo; éste lo derrotó, aunque más tarde ambos se aliaron; vencido después por Francisco Villa, pasó a Texas, donde fue asesinado.

Invaluables servicios de arrieros a las causas sociales

Morelos, Escobedo y Orozco son tres figuras representativas de la clase media rural mexicana, que partiendo del oficio arriero aprovecharon sus conocimientos de la geografía regional, así como sus contactos personales en pueblos y ciudades, para prestar invaluables servicios a las principales causas sociales del país.

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Adiós a los burros

De P. Chapala en F

Un burro divierte a los turistas en Chapala.

Con la desaparición de la arriería y la introducción de maquinaria agrícola, los burros se quedaron desempleados, y sin contar ya con actividad económica alguna se convirtieron en una carga para el campo mexicano. Entonces sus dueños empezaron a deshacerse de ellos. Hoy se encuentran en riesgo de extinción.

Además de que los asnos se utilizaron durante más de cuatro siglos para el transporte de todo tipo de mercancías entre las ciudades y los pueblos, también ayudaron al hombre en la labranza de la tierra y fueron sus más fieles compañeros de aventuras, pero esto se acabó.

De un millón y medio de asnos registrados en el Censo de 1991 en México, la población disminuyó, dos décadas después, a solo medio millón, según estimaciones de la Universidad Nacional Autónoma de México y de la asociación Donkey Sanctuary, de Inglaterra.

Muchos de estos burros fueron a dar al matadero

Gran parte de ese millón de asnos perdidos en México en sólo 20 años, fueron sacrificados en empacadoras para exportar su carne a Europa, Asia y Australia.

El 5 de febrero de 2007 el diario El Universal publicó declaraciones del subsecretario de Fomento Agropecuario de Coahuila, Héctor de La Fuente, anunciando el sacrificio de cinco mil asnos, mulas y caballos, que dejaron de ser productivos en ejidos de esa Entidad, para exportar sus “cortes” a la Unión Europea y a Australia.

Dijo entonces el funcionario estatal: “Estos animales se han convertido en un verdadero problema porque no tienen ya utilidad productiva, y en cambio sí representan una carga muy fuerte para el agostadero y los abrevaderos al consumir el pasto y beber el agua que necesita el ganado bovino y caprino”. 

Para ese tiempo, tal criterio se había difundido y aplicado ya en todo el país.

La población de burros en el mundo tiende a disminuir

Donkey_Catalan_race

El burro catalán.

La población de asnos en México y en otros países se ha reducido tan drásticamente que en los últimos años se han tenido que emprender acciones para su rescate y preservación a través de los llamados “santuarios de burros” como el que funciona desde hace ocho años en Otumba, Estado de México, llamado popularmente “Burrolandia“, en una superficie de 2.5 hectáreas.

Aunque se mantiene alta la demanda de asnos en regiones subdesarrolladas, la población mundial de esta especie tiende a disminuir. En Europa, por ejemplo, el censo se redujo de dos millones a solo medio millón de cabezas durante las últimas tres décadas.

Del burro catalán, en España, quedan apenas 400 ejemplares, principalmente en la zona de Cataluña, en tanto que del asno de Panteleria, en Italia, ya sólo queda el recuerdo: se extinguió totalmente desde los años 70 del siglo pasado.

Asimismo, el asno salvaje que formaba grandes manadas en las llanuras de África, ha venido desapareciendo con rapidez.

Actualmente se estima que hay 44 millones de asnos en el mundo. Entre los principales productores figuran China, Pakistán, India, Etiopía y Egipto.

El asno, salvador de la clase indígena mexicana

Burros tlazoleros en Temastián

Burra cargada con rastrojo (plantas secas de maíz) en Temastián, Jal.

Resulta que el asno, visto ahora como bestia inferior, fue realmente el salvador de la clase indígena mexicana, pues no sólo sustituyó a los tamemes, que eran los cargadores prehispánicos, sino que posteriormente, a partir de la Conquista, les evitó las tremendas y costosas cargas a que fueron sometidos los naturales por razones de encomiendas, mandamientos y otras forma de esclavitud.

Pero además de servir como bestias de carga y de tiro, estos nobles, fuertes y sobrios animalitos fueron necesarios para la reproducción de la raza mular, resultante de la cruza de burros con yeguas o de burras con caballos.

Cristóbal Colón trajo los primeros asnos a América

El navegante Cristóbal Colón fue quien en 1495 introdujo en América los primeros burros: cuatro machos y dos hembras. La demanda de equinos debió crecer considerablemente a partir de la Conquista, en 1521, porque ya para los años 30 del siglo 16 se reiteraba la exigencia de los gobernantes de Nueva España a sus contactos en Europa para el envío de pies de cría de esta especie.

El obispo virrey de México, Ramírez de Fuenleal, escribía entonces a la Metrópoli diciendo: “Convendría mucho que viniesen trescientas borricas para distribuirlas entre los indios. Hago que se les den ovejas y críanlas con grande amor”.

De ese modo fue como empezó a establecerse en la América continental la cría del ganado asnal y mular, que tanto impulso recibió durante la Colonia y aún después, para el trabajo en las minas, la agricultura y el abastecimiento de víveres a ciudades y pueblos.

Alejandro de Humboldt, refiriéndose al florecimiento alcanzado a principios del siglo 19 por el comercio establecido entre las ciudades de México y Veracruz, informó que ocupaba en sus tráfagos más de cien mil mulas.

El burro, llamado a convertirse en mascota de lujo

Burros. Foto del muro de José Modesto Barros Romo (F)

En contraste con los caballos, que hoy viven su mejor época en México, “El automóvil del pobre“, como se le llamó hasta hace unas décadas al burro, está a punto de pasar a la historia. Tras de recorrer durante más de cuatro siglos los caminos de México, ha terminado su función como medio de transporte y de apoyo en la agricultura.

Como consecuencia de ello y de su rápida extinción, seguramente no pasarán muchos años para que el noble jumento se convierta en artículo de lujo destinado al solaz y esparcimiento de los turistas en zoológicos, balnearios y ricos ranchos ganaderos del país.

De hecho, ya se empiezan a ver por ahí, en zonas de recreo, los primeros burros dedicados a entretener y divertir a los turistas, especialmente a los niños, a quienes les encanta montarse en ellos. Ojalá que esta nueva actividad económica, aunque de posibilidades limitadas, al menos mantenga vivos a algunos de ellos.

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De los burros también se aprende

 

Arriero y su burro. Cortesía de Juan Angel Peña. Pintura de quién.

Los arrieros, amos de los caminos de México durante cuatro siglos, conocieron mejor que nadie a las bestias de carga, ya que además de trabajar con ellas su vida entera, las alimentaban, curaban y cuidaban con el mayor esmero por ser su principal fuente de subsistencia. Y lo mejor de todo: por ellas aprendieron a entender a la gente y a resolver problemas de la vida.

De los burros, ¿quién iba a pensarlo?, también se aprende. Ocurre que en nuestro diario lenguaje se suele calificar de “burro” al ignorante, al que nada sabe. De hecho, una de las antiguas disciplinas “educativas” consistía en ponerles orejas de burro a los niños que no aprendían la lección. Pero, ¡Oh sorpresa!, de ellos, de los burros, aprendieron los arrieros filosofía práctica. Vea usted cómo.

Los pobres arriaban burros; los ricos, mulas

     Hubo dos clases de arrieros: los que trabajaban con burros, que eran los más pobres, y los de mulas, que poseían mayores recursos. Ambas especies de animales, aunque emparentadas, son de naturaleza distinta: los asnos, nobles, humildes, sufridos, sobrios y trabajadores (cualidades ausentes muchas veces en los seres humanos), mientras que las mulas, aunque mañosas, ofrecen mayor capacidad de carga.

A través de los siglos los arrieros acuñaron infinidad de refranes alusivos a sus animales, cuyos hábitos y características aplicaron con gran sabiduría a la vida cotidiana para resaltar cualidades, errores, circunstancias o actitudes de la gente que conocían.

Filosofía práctica de los arrieros

Burra y burrito. Foto de Juan Ángel Peña Enríquez en F.

     • “El burro y el majadero siempre se cuentan primero“. Este refrán alude a la ancestral costumbre del arriero, de contar diariamente sus jumentos para descubrir si alguno se le ha perdido, pero a la vez censura a los patanes que al referirse a otras personas se mencionan a sí mismos en primer término, es decir, “yo y fulano de tal…

     • “Otra vez la burra al trigo, y acabándola de echar“. Referencia obvia a quienes repiten una mala acción cuando apenas habían sido reprendidos o castigados por lo mismo.

     • “La burra no era arisca, la hicieron”. Los burros y otros animales no se asustan por cualquier cosa si antes no sufrieron una mala experiencia. Lo mismo sucede con las personas, que difícilmente repiten el error que alguna vez puso en riesgo su vida o sus bienes, aunque también se dice que “el hombre es el único animal que tropieza con la misma piedra”.

“La carga hace andar al burro“. No hay mejor remedio para los indolentes que asumir una responsabilidad. Este refrán se aplica con frecuencia a los varones recién casados que en su papel de solteros ignoraron obligaciones familiares.

Asno con oro, alcánzalo todo

Cargadores de cántaros. Parque Obrero (Agua Azul) 1920. De P. Yo soy tapatío en F

“Cuando digo que la burra es parda es porque tengo los pelos en la mano“. Si alguien conoce bien a los burros es su dueño, razón por la cual éste tiene la absoluta certeza cuando señala el color del animal perdido. Lo mismo puede asegurar quien cuenta con las pruebas contundentes de que algo es verdad.

“Como el burro del aguador, cargado de agua y muerto de sed“. Este refrán alude a las personas e incluso a los pueblos que disponen de suficientes recursos económicos para satisfacer sus necesidades, pero que no los aprovechan debidamente. Así resulta la paradoja de sufrir graves carencias en medio de la riqueza.

    • “Asno con oro, alcánzalo todo”. Hay individuos que sin poseer notables aptitudes intelectuales, logran acumular grandes fortunas por medio de herencias, hallazgo de tesoros u otras eventualidades que les permiten comprarlo todo o casi todo. Famoso en el siglo 19 fue en Jalisco el llamado “Burro de Oro“, de quien se cuentan sabrosas anécdotas.

    • “Asno de muchos, lobos lo comen”. Un objeto valioso -decían los viejos arrieros-, debe estar siempre bajo el cuidado de una sola persona, no de muchas a la vez, porque a la hora de la verdad resulta que nadie se hace responsable de nada.

    • “Para la querencia no hay burro flojo”. Igual que todos los asnos, cualquier persona se alegra, se entusiasma y trata de apresurar el paso ante la cercanía de su casa, de su pueblo, del lugar o circunstancia que le trae buenos recuerdos o expectativas.

Entender a la gente, lo más difícil

    En conclusión, los arrieros mexicanos, con una experiencia acumulada de cuatro siglos, lograron un conocimiento tan profundo de los caminos y de sus animales, que con ellos y por medio de ellos adquirieron la sabiduría necesaria para entender a la gente y enfrentar muchos de los problemas de la vida.

 

    A partir del próximo sábado podrás leer en este mismo blog  sobre “La extinción del burro en México”, un artículo actualizado  sobre el fin que tuvieron los burros en nuestro país. Te adelanto: se fueron al matadero.

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La sabiduría de los arrieros

Arrieros pasan por el Puente de Arcediano. De Imágenes Históricas de Guadalajara (Luis Fernández)

Arrieros en el Puente de Arcediano, sobre el Río Santiago.

     El buen arriero no solo reunió extraordinarias virtudes como la honradez, la audacia y el espíritu solidario, sino que llegó a dominar una amplia gama de conocimientos necesarios para realizar sus complejas tareas.
Así lo revelan entrevistas realizadas con viejos arrieros mexicanos del siglo XX, que además de aportar sus propios testimonios, dieron cuenta de antiguas tradiciones de su oficio. En esto coincide también gran parte de la bibliografía existente acerca de este gremio.

La arriería, oficio de varones transmitido de padres a hijos

     Por regla general el oficio de arriero era transmitido de padres a hijos. Aunque hay casos insólitos de mujeres arrieras, fue un oficio exclusivo de varones; hasta los burros que arriaban eran generalmente machos, para evitar dificultades con las hembras; también utilizaban bestias mulares, que aparte de su resistencia y mayor capacidad de carga, se adaptaban mejor a la accidentada geografía de los caminos y obviamente tampoco daban problemas de sexo.

Honradez a toda prueba, el principal atributo del arriero

     El principal atributo del arriero fue su honradez a toda prueba; no a cualquiera se le podía confiar el transporte de personas, de correspondencia y de valiosas mercancías por caminos tan llenos de peligros. Por ello, los arrieros fueron generalmente honrados, pero además solidarios, valientes, fuertes, audaces, astutos y cautelosos.

Arrieros somos y en el camino andamos, principio solidario

     Su proverbial solidaridad -arrieros somos y en el camino andamos- se manifestaba no solo frente al enemigo y al compartir sus alimentos, sino que cuando alguien se enfermaba, los demás lo atendían con prontitud. Incluso cuando se reunían muchos arrieros, lo cual era frecuente por cuestiones de seguridad, el trabajo lo hacían en común: todos se apoyaban para cargar o descargar las bestias, y al que se rezagaba lo ayudaban los demás hasta terminar, y si un animal se perdía por la noche, cualquiera que fuese el dueño, nadie se movía hasta que no salía al camino todo el grupo.
Los arrieros que viajaban juntos eran como una familia; consumían primero el mejor bastimento que alguien del grupo llevara, según lo hacendoso, limpias y buenas cocineras que fueran sus mujeres, y así hasta consumir entre todos el menos bueno de los alimentos.

Cautela ante los extraños, alegría y bromas entre ellos

Arrieros en Zacatecas. P. Temas Zacatecanos en F

Arrieros en Zacatecas.

     Ante los extraños eran retraídos, cautelosos, pero entre ellos, alegres, cantadores y bromistas. Cuando diferentes grupos se encontraban en el camino, se comunicaban las buenas o malas noticias del rancho o de la ciudad, pero con frecuencia se jugaban bromas inocentes: -¿Que a cómo anda el huevo en Zacatecas? -¡Caro! Y luego llegaban los otros y encontraban el precio muy abajo. O al revés: informaban que el huevo estaba muy barato cuando en realidad se cotizaba alto. Eso era suficiente para reír buena parte del camino.

El arriero no era tan vulgar como se dice

      El chiflido con el que arriaban la recua fue su segundo lenguaje; con él se comunicaban unos a otros a distancia, insultaban a sus enemigos o se mofaban de alguien.
Siempre tuvieron fama de “mal hablados”, pero es justo señalar que hubo arrieros tan respetables y respetuosos, que no usaron palabras altisonantes ni para dirigirse a las bestias, menos para ofender a la gente.
La mala fama de vulgares, ventajosos y pendencieros, que se refleja en refranes como “el habla de arrieros es indigna de caballeros”, “arrieros y porqueros duermen bien en los graneros”, “de arriero a limosnero” y otros por el estilo, parece más bien producto de la aversión que siempre les tuvo gente sofisticada que pretendía despreciarlos, aunque nunca dejara de servirse de ellos.

Principales conocimientos que reunían los arrieros

    Un buen arriero sabía leer y escribir para llevar el control de los pedidos que atendía; también entendía de cuentas y de pesas y medidas, manejaba la báscula romana, calculaba las horas por la sombra del sol o por la posición de las estrellas, conocía las fases de la luna para aprovechar su luz, distinguía la calidad de las mercancías para recibirlas y entregarlas según cuenta y razón, conocía las propiedades medicinales de las hierbas para curar a quienes se enfermaban en el camino, sabía también cómo curar y rehabilitar a sus animales ante cualquier contingencia; en suma, conocía los buenos y los malos caminos, y de tanto andar por ellos aprendió lo más difícil, que es entender el carácter de los hombres.
Por lo anterior, es inexacto y desde luego injusto calificar de manera general a los arrieros como gente vulgar e ignorante.

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Los buenos tiempos del caballo en México

De la P. El Mundo del Caballo en F.

   En contraste con los asnos, que al desaparecer la arriería se encuentran en peligro de extinción, los caballos viven tiempos de bonanza en México, alejados ya de los arduos trabajos a los que fueron sometidos durante siglos. Los deportes, el turismo y la terapéutica destacan entre sus principales actividades.

México, tercer productor mundial de caballos

   México es hoy el tercer productor mundial de caballos, después de Estados Unidos y de China. Se estima que hay en el mundo 58 millones de equinos, de los cuales 9.5 millones se encuentran en Estados Unidos, 7.4 millones en China y 6.8 millones en México. De éstos cabe decir que en su mayoría gozan de mejor vida que mucha gente.

   La prosperidad equina de México contrasta incluso con la tendencia global, ya que según la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación), el mundo perdió 14 millones de caballos durante la segunda mitad del siglo XX, como resultado de la introducción de maquinaria agrícola y el desarrollo del transporte.

Respuesta desigual a las innovaciones tecnológicas

   La respuesta a las innovaciones tecnológicas ha sido desigual en distintas regiones del mundo, ya que mientras América del Norte, Centroamérica, África y Asia disponen ahora de un censo mayor de caballos que a principios de los años 50 del siglo pasado, América del Sur, Europa, Oceanía y la ex-URSS han venido a la baja.

   El país que llegó a tener mayor población de caballos en el mundo fue el Imperio Ruso, con 35 millones de ejemplares en 1917, pero actualmente el censo le asigna apenas cinco millones.

   En México, sin embargo, según la FAO, había en 1991 dos millones 904 mil 594 caballos, en tanto que en 2004 la misma organización reporta seis millones 260 mil, es decir, más del doble en un lapso de apenas 13 años.

Los caballos, favoritos como animales de silla y de placer

   ¿Qué sucedió? Que mientras asnos y mulas se utilizaban como bestias de carga, los caballos fueron cada vez más apreciados como animales de silla y de placer, de suerte que, al desaparecer la arriería, los primeros vinieron a menos, en tanto que estos últimos fueron bienvenidos en la charrería, carreras, turismo, paseos, rejoneo, polo, demostraciones, cacería, salto, circo y más recientemente en aplicaciones terapéuticas.

   De este modo, los equinos se multiplican por el poder económico de la gente, entre ellos los prósperos emigrantes mexicanos que viven en el vecino país del Norte, que poseen ranchos allá y que suelen regresar a sus pueblos de origen con dólares para gastar y con valiosos caballos destinados a la recreación y competencias.

   De hecho, cada vez menos se utiliza a estos animales para cabalgadura o transporte, en el arado, o como trapicheros, cortadores, arreadores de ganado, carretoneros, pepenadores y aguadores, que eran sus principales campos de actividad hace apenas unas décadas.

Origen y desarrollo de los caballos en América y en México

   Resulta que Cristóbal Colón, el descubridor de América, en su segundo viaje dejó en 1494 algunos caballos en La Española (Santo Domingo), que 20 años después se multiplicaron ahí, en Cuba y en Jamaica, pero éstos no llegaron al continente, al menos en aquel tiempo. Fue el conquistador de México, Hernán Cortés, quien en 1519 trajo 11 caballos y cinco yeguas, que realmente iniciaron la población equina del país.

   Cierto es que 55 millones de años antes hubo una especie de pequeños equinos en el hoy territorio de Norteamérica, de donde se supone que emigraron a Eurasia y África hace unos 15 mil años, pero por causas desconocidas se extinguieron en Norteamérica hace diez mil años, razón por la cual los actuales no tienen que ver nada con aquéllos.

Nace el deporte nacional, la charrería, y con ella el auge del caballo

Aventando el lazo. Mexico como fue y como es. Brantz Mayer (1844).

   Durante la Revolución Mexicana (1910-1916) los caballos criollos destinados a la guerra prácticamente se extinguieron, pero ha sido tan grande la afición del mexicano al caballo que pronto buscaron la forma de recuperarlo, especialmente al surgir la charrería como deporte nacional por excelencia, en los años 30 del siglo pasado.

   De esta manera, con la importación de sementales y yeguas de España y Estados Unidos, pronto se mejoraron las razas locales. Actualmente son tan bien cotizados los caballos mexicanos que sus precios pueden fluctuar, según raza y condición, entre mil y 20 mil dólares por ejemplar, y obviamente sobra quien los pague con gusto.

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El arriero y sus refranes en los caminos de México

Viajeros acompañados por el arriero a pie. P. Imágenes históricas de Guadalajara, México, en F.

   Rica es la herencia de los arrieros mexicanos en sus refranes, síntesis de antigua sabiduría popular que llega hasta nuestros días gracias al lenguaje.

   “Los arrieros tienen algo de embusteros y mucho de refraneros”. Este dicho resume en gran medida la figura del arriero, amo de los caminos de México durante cuatro siglos (entre el XVI y el XX). El término “embustero” no debe entenderse aquí como sinónimo de mentiroso o tramposo, sino de bromista, jactancioso o fanfarrón, que es muy diferente.

   En cuanto al calificativo “refranero”, cabe decir que difícilmente hubo un arriero que no se expresara por medio de refranes, a través de los cuales resumía el dominio de su oficio y la sabiduría de su existencia.

El arriero y su conocimiento de los caminos

   Los refranes de arrieros, que se cuentan por miles, pueden dividirse en varios capítulos: el primero, tema de este artículo, se refiere a los caminos, que fueron base y sustento de su oficio. Nadie conoció mejor los caminos que el arriero.

   Otros capítulos pueden abordar temas como el trato con mujeres, en lo que presumían ser verdaderos expertos, igual que los marinos, pero destaca además su conocimiento sobre animales de carga, con los que trabajaban diariamente: burros, mulas y caballos estuvieron siempre ligados a sus tareas y nunca dejaron de relacionarlos con personas y cosas que les rodeaban.

Al mal paso darle prisa, pero con precaución

   Ante una situación de riesgo, aquellos amos de caminos decían: “Al mal paso darle prisa”, o sea, ante una situación apurada, lo mejor es apresurar el paso, hacer frente al peligro de inmediato. Sin embargo, en otro refrán advertían: “Al peligro con tiento, y al remedio con tiempo“.

   Sobre la inseguridad en los viajes, sentenciaron: “No hay camino más seguro que el recién robado” y “No es siempre el mejor camino el más corto”, pero “Es mejor volver atrás que perderse en el camino”.

   Su proverbial solidaridad la expresaron en “Arrieros somos y en el camino andamos” o lo que es lo mismo: “Hoy por ti y mañana por mí”.

   Y para no angustiarse ante un mal paso ya dado, aconsejaron: “Al mal tiempo buena cara” y “A lo hecho, pecho”.

No por mucho madrugar amanece más temprano

 Arriero en camino de montaña

   Con toda su experiencia, los arrieros sabían que “No por mucho madrugar amanece más temprano”, es decir, conocían y respetaban sus horas de trabajo y de descanso para cumplir en tiempo y forma con la recepción y entrega de las mercancías que transportaban, no antes ni después.

Solo quien carga el costal sabe lo que trae adentro

   Si alguien sabía de costales y sus contenidos eran los arrieros; por ello acuñaron el refrán: “Solo quien carga el costal sabe lo que trae adentro“, o sea, antes de opinar sobre alguna persona o sus actos, hay que preguntarse por qué lo hace.

Amor viejo y camino real nunca se dejan de andar

   El arriero conocía los caminos de la vida. Así lo demuestra cuando dice: “Amor viejo y camino real nunca se dejan de andar“.

   Y sobre las dificultades del viaje: “Cayendo y levantando pero caminando”, ya que después de todo “A caravana que pase no le hace que los perros ladren“. Y no es menos cierto que “Al paso de la carreta se acomodan las calabazas”..

El que anda mucho y lee mucho, ve mucho y sabe mucho

   “Quien viaja mucho y lee mucho, sabe mucho“, pero “No todos los que chiflan son arrieros” (hay charlatanes por todos lados). Lo bueno es que “Donde se halla la hierba se encuentra la contrahierba” y “Pa´ los toros del Jaral los caballos de allá mesmo“.

   A fin de cuentas, lo mejor es “No meterse en camisa de once varas porque, aunque la camisa es ancha, también se rompe a codazos”.

   Así hablaban los arrieros mexicanos, que jamás negaron la cruz de su parroquia: la herencia española.

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Arrieros y mujeres en México: un amor en cada pueblo

marichidearrieros

   Gracias a sus refranes, que acuñaron en abundancia, es posible conocer hoy el pensamiento de los arrieros acerca de las mujeres, y a su vez, el concepto de ellas sobre estos singulares comerciantes, transportistas y comunicadores, que dominaron los caminos de México durante más de cuatro siglos.

Amor de arriero, si te vi ya no me acuerdo

   La infidelidad del arriero fue proverbial. Uno de los dichos populares que reflejan con mayor claridad su concepto sobre el amor es precisamente: “Amor de arriero, si te vi ya no me acuerdo”.

   Por lo general, el arriero se dedicó a su familia, esposa e hijos, cuya seguridad y bienestar le preocupaban durante sus viajes, pero por la naturaleza misma de su oficio, que exigía prolongadas ausencias de su hogar, consideraba normal tener otros amores en los pueblos que visitaba, en una relación meramente ocasional.

   “Hay tres clases de tarugos –decía el arriero-: el que brinda con el dependiente, el que monta sin barboquejo y el que baila con su mujer”.

Al arriero no le faltaban oportunidades de amar

Mesón de Jobito (Zac) en P. Temas Zacatecanos en F

Mesón de Jobito, en Zacatecas.

   El arriero debía hospedarse y alimentarse frecuentemente en mesones, donde casi siempre, durante las obligadas horas de descanso, había oportunidades para amar y ser amado.

   De ahí el refrán que advierte: “No compres asno de recuero ni te cases con hija de mesonero“. Y es que la reputación de la hija de mesonero no era buena, porque “parece que no echa un brinco, y hasta las laderas salta”.

   Además, la época favorecía al machismo:  De ahí el dicho: “La india quiere al arriero cuando es más lépero y fiero” y “No le hace que nazcan tuertos con tal de que miren bien”.

Estrategia del arriero en el arte del amor

   Sin embargo, “Más vale maña que fuerza“. Este dicho lo aplicaban los arrieros en la práctica de su oficio y también en el arte de amar, ya que, si bien es cierto, fueron por lo general machistas, sabían que “El que es corto no entra al cielo, y el que es largo se atraviesa”, pero cuando las cosas no iban bien se consolaban diciendo: “Déjalas que corcoveen que ya tomarán su paso”.

Quien de su casa se aleja no la halla como la deja

Familia campesina. Cortesía de Patricia Delgadillo en Imágenes histórics de Guadalajara, Mexico en F

   Claro está que la infidelidad del arriero tenía sus consecuencias. Cuando la esposa sospechaba que su marido no andaba en buenos pasos, también sabía qué hacer. De ahí el refrán: “Quien de su casa se aleja no la halla como la deja”, o “A los dos nos gusta el trote, aunque nos zangolotee”.

   Las discusiones de pareja por cuestiones de infidelidad debieron ser muy frecuentes. Esto lo revelan refranes como:

  • “Ahora lo verás guarache, ya apareció tu correa”.
  • Solo te queda lo que a los burros viejos, el puro rebuznido“.
  • Al que no le guste el fuste, que lo tire y monte en pelo”.
  • “La gracia no está en cantar sino en hacer gorgoritos”.
  • “Por eso los hacen pandos, porque los montan tiernitos”.
  • Ya no quiero la harina sino los costales”.
  • “Que pase la creciente para pasar el río”.
  • “!Ay reata no te revientes que es el último jalón!”

Entre machos y mulas nomás las patadas se oyen

Arre mulitas. De P. César Mauricio Hinojosa Mendez en F

   Total, que “Entre machos y mulas nomás las patadas se oyen”.

   Infieles los arrieros, ni quien lo dude, pero de acuerdo con sus dichos, algunas de sus mujeres “tampoco cantaban mal las rancheras”; por ello recomendaron: “Mulita no te me buigas mientras que te aprieto el cincho” y “Mula triscona y mujer inquieta, con un sobornal de tierra, !quieta!”.

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Casos insólitos de mujeres arrieras en México

 Eulogia

Doña Eulogia Villagrana, una de las últimas arrieras de México.

   Hay actividades en las que aún hoy no es común que participe la mujer; una de ellas es la milicia, donde tradicionalmente ha sido limitada su participación, sobre todo en combate; otra es la función sacerdotal, que al menos en la religión católica está vedada a la mujer, y una más, las jefaturas de Estado, alcanzadas hasta ahora por muy pocas mujeres.

La arriería, un trabajo pesado y peligroso

   La arriería, por sus características de trabajo pesado y peligroso, nació y se desarrolló como un oficio exclusivo de varones. Cargar y descargar bestias y lidiar con ellas no es ciertamente un empleo propio de mujeres; al menos eso fue lo que se pensó durante siglos, pero hubo excepciones como las hay en todas las reglas. Una de ellas fue la Monja Alférez, famosa en México hacia la primera mitad del siglo XVII, y otro ejemplo, mucho más reciente, doña Eulogia Villagrana, de Villa Guerrero, Jalisco, una de las últimas arrieras del país.

La Monja Alférez, pionera de la arriería en México

Catalina_de_Erauso

Catalina de Erauso, la Monja Alférez.

   Digna sucesora de los intrépidos arrieros de la Nueva España, Catalina de Erauso, mejor conocida como la Monja Alférez, nació en San Sebastián de Guipúzcoa, España, en 1592, y murió en Cuetlaxtla, México, en 1650.

   Desde la edad de cuatro años la tomó a su cargo la madre sor Úrsula de Unzúa y Sarasti, priora del convento de dominicos y hermana de su madre. A los 15 años tuvo un fuerte altercado con una religiosa y huyó del convento, refugiándose en un bosque en donde permaneció tres días y adoptó el traje de hombre.

   Luego de varias correrías por España, donde desempeñó diversos oficios, marchó hacia América en un barco mandado por Esteban Eugenio, tío suyo, hermano de su madre. Sentó plaza de soldado en Chile, donde alcanzó el grado de alférez.

   Su natural inquieto la envolvió en varias pendencias, en las que causó heridas a sus adversarios. Involucrada en un duelo, dio muerte, sin saberlo, a su propio hermano, el capitán Miguel de Erauso. La encarcelaron, pero se las arregló para lograr su libertad.

Arriera de mulas y dueña de una posada en el camino México-Veracruz

   La Monja Alférez aparece luego en el camino de México a Veracruz, dueña de una posada y traficando en calidad de arriera de mulas. En esta ocasión, Catalina, con el nombre de Alonso Ramírez o don Antonio, se dedicó exclusivamente a su oficio.

   En reconocimiento a sus méritos, Felipe IV la recompensó con una pensión, en tanto que el Papa Urbano VIII no sólo la perdonó sino que la autorizó para seguir usando el traje masculino.

   “Por lo demás, ella es para los mexicanos en el oficio noble de la arriería, el más ilustre de sus decanos“, dice Salvador Ortiz Vidales en su obra “La Arriería en México” (1929).

Doña Eulogia Villagrana, entre las últimas arrieras mexicanas

Cerro de la Leona. Foto, Alan Puga. P. Municipio de Villa Guerrero en F.

Los caminos de doña Eulogia. El Cerro de la Leona.

   Doña Eulogia Villagrana Vicencio nació en Nóstic, municipio de Mezquitic, Jalisco, el 13 de septiembre de 1903. Murió en Villa Guerrero, Jalisco, el 20 de abril de 1995, luego de haber dedicado a la arriería la mayor parte de su vida.

   Cuando era joven, doña Eulogia ayudaba a su padre y hermanos, todos ellos arrieros, a cargar y descargar burros; luego se casó, pero a la vuelta de unos años enviudó, y como no conocía más medio de subsistencia que la arriería, abrazó de lleno este oficio para mantener a sus hijos.

  Empezó cargando naranjas, plátanos y cañas y luego transportaba mercancía de los comerciantes de Villa Guerrero hasta Los Amoles, en el cordón de la Sierra Huichola, a día y medio de camino. A su regreso de la sierra, traía madera.

   Acompañada de dos de sus hijas y arriando ocho burros, dice doña  Eulogia, “salía de Villa Guerrero oscura la mañana y me quedaba a dormir en Toros Gachos, arriba de Patoltita, y al día siguiente subía a la cumbre de la sierra para llegar allá como al mediodía”.

   Pistola en mano supo hacerse respetar hasta por los bandidos

   La figura de doña Eulogia, resuelta y brava, supo hacerse respetar y dejar corridos a quienes trataron de asaltarla en los abruptos y solitarios caminos de la Sierra Huichola.

   En más de una ocasión le salieron los bandidos, pero armada con una pistola 38 Súper los hizo huir.

   Al preguntarle qué opinaba de los arrieros hombres, dijo: “Yo a los únicos que necesité una vez les pagué su flete, pero ya no me quedaron ganas de ocuparlos, me cobraron muy caro”.

   La mujer, apoyo fundamental del hombre en la arriería

   Si bien es cierto, son raros los casos de mujeres que participaron directamente en el trabajo arriero, su papel fue fundamental en el apoyo a los arrieros varones, desde la preparación de sus alimentos para el viaje -especiales para el caso-, hasta la atención de los negocios domésticos durante sus prolongadas ausencias. Simplemente, sin ellas no hubiera existido la arriería.

    Artículo relacionado: Auge y ocaso de la arriería en México.

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La prohibición del calzón blanco en México

Exvoto del Sr. de los RAyos

Retablo del Señor de los Rayos en Temastián, Jal., a fines del siglo XIX, donde resalta el atuendo común del calzón blanco.

   Prohibir el calzón blanco y hacer obligatorio el uso del pantalón en pueblos y ciudades de México a fines del siglo XIX no fue una ocurrencia de políticos estatales o municipales, como generalmente se ha creído, sino resultado de la preocupación del presidente Porfirio Díaz y de su élite por “modernizar” el país, convencidos entonces de que el calzón blanco, atuendo tradicional de indígenas y rancheros, era un signo de atraso económico y social.

   En este juego de apariencias, los gobernadores de la época, entre ellos el de Jalisco, general Ramón Corona, en cuanto se enteraron de la nueva moda de vestir impuesta por la élite porfirista, se apresuraron a decretar la norma en sus respectivos Estados, con indicaciones precisas a los presidentes de las principales ciudades de su jurisdicción para que hicieran lo mismo.

La medida aplicada por Porfirio Díaz se extendió hasta Sayula

   Cuando los Estados “más importantes” acataron la disposición presidencial, los más pequeños, como Colima, siguieron el ejemplo, y de igual manera, al aplicarse la medida en las ciudades más grandes, las de menor población las imitaron de inmediato. “Tiempos aquellos -dice Renato Leduc- en que Dios era omnipotente y el señor don Porfirio, presidente”.

  Ciudades pequeñas como Sayula, Jalisco, publicaron su respectivo bando contra el calzón blanco y a favor del pantalón, advirtiendo desde luego sobre las sanciones correspondientes a quienes hicieran caso omiso de este ordenamiento.

   Así las cosas, la nueva moda de vestir se hizo obligatoria incluso en regiones con población mayoritaria de indígenas y rancheros, para quienes fue todo un víacrucis cambiar de atuendo cada vez que debían entrar a una población importante.

   Los bandos municipales afectaron principalmente a los arrieros, que con sus recuas de mulas y burros eran todavía en aquellos años, importantes actores del comercio y del transporte.

Guadadalajara, entre las primeras ciudades en disciplinarse

Subiendo la Barranca de Huentitan 1887. De Coplaur Guadalajara en F

Arrieros con pantalón, cerca de Guadalajara.

   Con fecha 29 de noviembre de 1887, según oficio que guarda el Archivo Histórico de Jalisco, el jefe político de Sayula informó al Ejecutivo del Estado sobre el bando publicado el 26 del mismo mes por el Ayuntamiento de esa ciudad, prohibiendo el calzón blanco y haciendo obligatorio el uso del pantalón a partir del primero de enero de 1888.

   Dicho bando, suscrito por el presidente municipal J. Jesús L. Patiño y por el secretario Ponciano López Santoyo, advierte que se tomó el acuerdo luego de que la capital del Estado, Guadalajara, adoptó la misma medida.

Prueba de civilización, moralidad, progreso y cultura…

    Dice el bando de Sayula:

   “Y con el objeto de que en esta misma ciudad se dé una prueba de civilización, moralidad, progreso y cultura (la cuestión de moralidad tenía que ver con el hecho de que el calzón reflejaba con frecuencia las partes íntimas del varón), prohibiéndose el uso exclusivo del calzón blanco y prescribiendo la obligación del uso del pantalón, ha acordado las siguientes prevenciones de policía:

  1. “Desde el día primero de enero del próximo año de 1888 será obligatorio en esta ciudad, para todo varón, sea cual fuera su condición y fortuna, usar en público el traje conocido con el nombre de pantalón.
  2. “La infracción de la anterior prevención se castigará con multa de un peso u ocho días de reclusión con destino a los trabajos públicos.
  3. “La Jefatura Política cuidará prudentemente del cumplimiento de estas prevenciones, quedando facultada para invertir el importe de las multas que esta misma disposición impone en la compra de pantalones, que se aplicará a los culpables que juzgue más menesterosos”.

Modernizar por decreto, un caso perdido

Indigenas. Revisando su Facebook. De P. Huejuquilla El Alto en F

Indígena huichol revisa su “Facebook” en la Plaza de Huejuquilla, Jal.

   Al tratar de cambiar de la noche a la mañana la indumentaria de los campesinos, el presidente Díaz mostró su prisa por “modernizar” el país -una buena intención, sin duda- pero pasó por alto que la modernización no se logra por decreto, sino que es obra de sucesivas generaciones. De hecho, a su tiempo, los revolucionarios le cobraron la factura.

   Indígenas y rancheros, acostumbrados por siglos a vestir el tradicional calzón blanco, tardarían muchos años en asimilar el uso del pantalón. A más de un siglo de distancia, miles de indígenas visten todavía calzón de manta blanca en pueblos y ciudades de México, donde, quieran o no, se han convertido en atractivo turístico, lo que precisamente trataba de evitar la élite porfirista. ¡Paradojas de la historia!

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Cómo terminó la arriería en el Occidente de México


Mapa Zona Norte. De p. Cesar Cosío en F.

 Mapa del Norte de Jalisco y colindancias.

  El sistema de la arriería, que fue por más de cuatro siglos el principal medio de transporte y de comercio de México, empezó a decaer en la Región Occidente al arribar el ferrocarril a Guadalajara, en 1888, pero los arrieros siguieron cabalgando todavía hasta la segunda mitad del siglo XX en las zonas más aisladas de Jalisco, Zacatecas, Nayarit y Durango.

   Fue hasta 1986, con la apertura de la carretera Guadalajara-Colotlán, que comunicó a gran parte de esa apartada región, cuando se considera desaparecido el sistema de los arrieros, con todo lo que fueron sus costumbres, recuas, aperos, rutas, mesones, lugares de descanso y tráfico de mercancías.

Importancia de la arriería en la región de Guadalajara

   Medio siglo después de establecida la arriería en Guadalajara y otras poblaciones de Nueva Galicia, en el siglo XVI, el obispo Alonso de la Mota y Escobar asegura que la provisión de todo lo necesario para la ciudad se hacía en recuas de mulas, porque no había caminos llanos abiertos para carreteras.

  A fines del siglo XVIII, la arriería era tan importante en la Intendencia de Guadalajara que la Junta de Gobierno del Real Consulado tuvo necesidad de expedir un Reglamento de Arrieros y Mercaderes, con fecha 15 de marzo de 1796. En todos los casos dicha reglamentación tendía a normar las actividades de los arrieros para proteger el derecho de los dueños de las mercancías.

Hubo un impuesto para caminos en México que no cumplió sus fines

Garita de San Pedro Tlaquepaque, 1890. De P. Alonso Fernández-r en F

Garita de San Pedro Tlaquepaque, Jal., en 1890.

   Desde la época colonial había en Guadalajara una serie de garitas donde se cobraban los peajes de los arrieros, un impuesto cuyo producto debía destinarse al cuidado de los caminos; no obstante, nunca faltaron las quejas de los viajeros por el mal mantenimiento de los mismos.

   El gobernador de Jalisco, general Ramón Corona, suprimió el pago de las alcabalas el 10 de octubre de 1887, cuando la arriería entraba en decadencia en la Región Guadalajara, al establecerse, a partir de 1888, la comunicación por ferrocarril con la Ciudad de México. Sin embargo, en el aislado Norte de Jalisco los arrieros siguieron cabalgando casi un siglo más.

La arriería del Norte de Jalisco nace en medio de la guerra

    Organizada en plena Guerra Chichimeca (1550-1600), la arriería de esta zona no pudo haber tenido un parto más difícil. A partir del descubrimiento de las minas de plata en Zacatecas, en 1546, el avance español hacia el Norte encontró la férrea oposición de los naturales de estas tierras, tan solo una década después de la Guerra del Mixtón, en la que también habían participado.

   Pese a ello, pronto se inició el trazo de caminos de herradura que conectaron los campos mineros del Norte con la capital de Nueva Galicia. Uno de ellos unía a Fresnillo, Jeréz, Tlaltenango, El Teúl y Guadalajara. Este es el lejano antecedente de la carretera Guadalajara-Colotlán-Zacatecas.

   Aquellos caminos de la plata, demasiado vulnerables a los ataques de los indios, pronto se convirtieron en campos de batalla. Las guerras y el bandolerismo sembraron siempre la inseguridad en los caminos.

Importancia de la arriería en el Norte durante la época colonial

Zacatecas desde el Norte. P. Temas Zacatecanos en F

Antigua vista panorámica de Zacatecas.

   Hacia el siglo XVII, los cañones de Juchipila y Tlaltenango era ya grandes abastecedores de maíz y de trigo para Zacatecas, pero luego, en el siglo XVIII, Bolaños se convirtió en el más importante mineral de Nueva Galicia.

   En 1750, en su época de mayor esplendor, los diputados de minería del Real de Bolaños estimaron que en las distintas fases de explotación se empleaban por entonces 8.000 mulas de carga y tiro, cuando la población total de ese distrito ascendía a sólo 5.676 habitantes.

   En su Descripción y Censo General de la Intendencia de Guadalajara correspondiente a los años 1783-1793, José Menéndez Valdez asegura que 68.688 cargas que se beneficiaron el año de 1792 en el Real de Bolaños, produjeron 120.766 marcos, cuatro onzas de plata.

   Ante semejante bonanza tuvieron que recibir especial atención los caminos de arrieros para transportar el material argentífero en dirección a Zacatecas y Guadalajara.

Decadencia y fin de la arriería en el Norte de Jalisco

Primeros automóviles. De P. Óscar Luna en F.

Uno de los primeros automóviles.

   Pero llegó el automóvil y con él las carreteras que desplazaron a los arrieros, en un proceso que en esta zona duró más de 80 años.

   En Zacatecas rodó el primer automóvil en 1902; en Colotlán y Huejuquilla, a principios de los años 20, y aunque desde 1913 había entrado a Bolaños un automotor, no fue sino hasta mediados de los 40 cuando empezaron a circular algunos camiones de carga en Villa Guerrero y el Cañón de Bolaños, por brechas intransitables donde hasta las mujeres arriaban bestias.

   Fue esta Zona Norte de Jalisco la última del Occidente de México incorporada a la red nacional de comunicaciones. De ahí que la apertura de la carretera troncal Guadalajara-Colotlán-Zacatecas, en 1986, con la que empieza a integrarse la red caminera regional, actualmente en desarrollo, marca el fin de la arriería en esta parte del país.

    Artículo relacionado: Auge y ocaso de la arriería en México.

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