Archivo por meses: agosto 2013

Los primeros criaderos de caballos

 

Zonas ganaderas de Nueva Galicia. Siglos XVI-XVII. Historia de Jalisco.

Zonas ganaderas de Nueva Galicia. Siglos XVI-XVII.

   La arriería cobró auge en la Nueva España tan pronto como llegaron las mulas de las islas antillanas, que fue en los primeros años de la colonización española. Ya en 1526 era tal la preferencia de los vecinos de la Ciudad de México por las mulas, muy útiles en las veredas que había entonces, que llegaron a descuidar la cría de caballos.

   Los caballos escasearon tanto que algunos llegaron a valer hasta cuatro mil pesos en oro. Fue entonces cuando el gobierno determinó que “ninguna persona de ningún estado ni condición que sea, vecino e moradores e estante en esta ciudad, no sean osados de tener o mantener mula sin tener caballo”.

Se multiplican los criaderos de equinos

   De esta manera empezaron a multiplicarse los criaderos de caballos, mulas y asnos, por toda la Nueva España, tanto así que sólo por lo que ve al Reino de Nueva Galicia, entre 1576 y 1586 había ya numerosas estancias ganaderas en donde se reproducían en gran número estos animales.

   Por una parte, había que acatar las disposiciones reales de sustituir a los indios tamemes por bestias de carga, y por la otra, el auge de la arriería provocado por el descubrimiento de ricas minas de plata en la región de Zacatecas, demandaba gran cantidad de mulas y caballos para el transporte de minerales y víveres.

Estancias de yeguas y burros en Ameca y Zapotitlán

   De acuerdo con las relaciones geográficas ordenadas por el gobierno virreinal, en 1579, en las riberas del Río Ameca, hoy territorio del Estado de Jalisco,  “hay estancias de ganado mayor, vacas y yeguas, burros y burras, ovejas y puercos”, lo mismo en Zapotitlán, donde “en las faldas y corrientes del volcán hay gran cantidad de tigres, leones y otras alimañas bravas que matan caballos y otro cualquier género de ganado”. Un hombre –añade esta última relación- tiene en una estancia “doscientas o más vacas y cien yeguas, y no otra cosa”.

Buenos caballos y yeguas en la zona de Fresnillo

   En la zona de Fresnillo, hoy territorio del Estado de Zacatecas, los informes de 1576 y 1585 dan cuenta de estancias ganaderas, donde a pesar de la Guerra Chichimeca que entonces se desarrollaba, “se crían buenos caballos”, así como vacas, ovejas, yeguas, jumentos, gallinas, patos y puercos.

   Por esa época los pueblos mineros se abastecían de mercancías de la Ciudad de México por los caminos recién abiertos, donde transitaban no solamente recuas, sino también carretas, pero la constante queja de los  españoles era por los indios salteadores, que robaban las estancias, matando a vecinos y viajeros que salían de sus pueblos por bastimentos.

   Fue entonces cuando el gobierno virreinal decidió establecer presidios en varias poblaciones para proteger los caminos con escoltas que custodiaban a carros, carretas y recuas.

   “Todos estos caminos es tierra de guerra y no se puede caminar sin notable peligro, si no es llevando soldados de escolta y, con todo, hacen terribles daños en los pasajeros y en estancias y ganados”, dice un informe.

Criaderos en Villa Purificación, Tenamaztlán y Teocaltiche

   De igual manera, en 1585 había en Villa Purificación estancias “donde se crían muchos ganados, yeguas, mulas y vacas”, lo mismo en San Martín y Llerena, donde “hay muchos ganados de vacas y yeguas y potros”.

   En la relación de Tenamaztlán, en 1579, se informa sobre animales bravos, leones y tigres, lobos y zorros que hacen gran daño en la cría de las yeguas, matando los potros y aún las yeguas grandes “y hasta los perrillos que los indios tienen para guarda de sus casas”.

   La relación de Teocaltiche afirma en 1585 que los naturales [caxcanes], “tienen caballos en los que andan, que los compran potros y los doman, con licencia de la Real Audiencia de este Reino”. Por ese tiempo ya se caminaba  de ordinario en carretas y arrias. Los mercaderes abastecían de sal al pueblo, “que los naturales rescatan con maíz y chile y frijoles y gallinas”.

Obra consultada: Relaciones geográficas del siglo XVI: Nueva Galicia. UNAM. México. 1988.

Imagen: Historia de Jalisco. Unidad Editorial. Gobierno de Jalisco. 1981.

 

 

 

 

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Colotlán y sus arrieros

422 Aniversario Colotlán. 

  Cuando cobró auge la producción de plata en Zacatecas, a mediados del siglo XVI, fue necesario abrir caminos para transportar el mineral. Uno de estos caminos fue el que viniendo de Jerez pasaba por Colotlán hacia Tlaltenango, el Teul y San Cristóbal, hasta Guadalajara, casi por la misma ruta que sigue la actual carretera.

     La apertura de caminos para recuas y carretas se realizó en esta región en tiempos de guerra, cuando los indios chichimecos que habitaban estas tierras peleaban contra los españoles invasores, de suerte que  para dar seguridad a los caminos transitados por los arrieros de minas, como éste de Colotlán, el gobierno virreinal fundó diversos poblados, estableciendo en ellos presidios o fuertes militares.

      Fue así como el 21 de agosto de 1591, hace 422 años, fundaron los españoles el pueblo de Colotlán. Años después, con el auxilio de indios tlaxcaltecas, lograron pacificar la región y siguieron abriendo y mejorando los caminos para que transitaran con mayor facilidad y seguridad carretas y  recuas.

    El oficio de la arriería fue adquiriendo cada vez más importancia hasta representar durante más de 400 años el único medio por el que estos pueblos vendieron sus productos en las ciudades y se abastecieron a la vez de los artículos que necesitaban.

 Cuando el automóvil releva a los arrieros

   El sistema arriero del Norte de Jalisco y Sur de Zacatecas termina prácticamente en 1986, al entrar en servicio la Carretera Guadalajara-Colotlán. Fue entonces cuando el automóvil dio el último adiós a los arrieros de burros y de mulas.

       Los primeros camiones de carga o trocas entraron a Colotlán hacia 1918. Uno de esos camiones fue el de Felipe Díaz. Luego llegó una troca nueva de don Herminio Sánchez, el general cristero muerto en La Atarjea, cerca de Totatiche. Después, otra troca de Nicolás Gaeta, y ya por los años 20 llegaron automóviles más chicos, de los que encendían con cran.

 Los últimos arrieros de Colotlán

    La información disponible sobre la arriería en Colotlán fue obtenida mediante entrevistas realizadas a viejos arrieros en los años 80 del siglo pasado, que además de contar sus experiencias, comentaron sobre sus antecesores de fines del siglo XIX y principios del XX. Sin embargo, mucho es lo que se ignora sobre los arrieros de los siglos XVI, XVII y XVIII, ya que los historiadores no se ocuparon de ellos, y por lo general ni las autoridades.

      Entre los entrevistados destacan Ramón Serrano Magallanes, Benjamín de Ávila Robledo, Benjamín Márques Huízar, Alberto Meza Bañuelos, Ignacio Gallegos y Abdenago Pinedo Torres.

      Ellos hablaron de otros arrieros más antiguos de Colotlán, que conocieron personalmente como lo fueron, por los años 20 y 30 del siglo pasado, Feliciano García “El Bigotón”, Martín Gamboa, Andrés Vázquez “El Pelón”, Nepomuceno García, Félix de Ávila, Félix Álvarez, Francisco e Ignacio de Santiago, Nicolás Almaraz, Zenaido Álvarez y Juan García. En su mayoría, arrieros de burros.

 Viajes, mercancías y servicios de los arrieros

   Estos arrieros viajaban con sus recuas entre Colotlán y Guadalajara, Zacatecas, Aguascalientes y Durango, así como a Tequila y Juchipila, y también hacia la Costa del Pacífico, por Bolaños, Camotlán, Huajimic, El Roble, San Luis de Lozada y Tepic, a donde iban por sal y azúcar. De Colotlán llevaban sobre todo manteca y carnitas, porque entonces se mataban hasta 100 cerdos los fines de semana.

     Había también arrieros vinateros, que transportaban tequila en barricas, desde Tequila, Amatitán y Huitzila, principalmente, además de los que prestaban el servicio postal y de transporte de personas.

     En los años en que las cosechas se perdían los arrieros colotlenses salían a traer maíz de Ameca y otros lugares, pero muchas veces, cuando regresaban  a su tierra, los asaltaban los bandidos, les quitaban sus cargas y con frecuencia hasta la vida.

    Por aquel tiempo había en Colotlán varios mesones, entre ellos el de La Mora, El Progreso, Puerto Arturo, San Francisco, San Nicolás y el de la Palma. Donde había más movimiento eran los de La Mora y San Nicolás, que sábados y domingos llegaron a tener cientos de burros.

           Feliciano “El Bigotón”, un arriero muy popular

       Un arriero muy popular fue don Feliciano “El Bigotón” (usaba bigotes de 15 centímetros por lado), que trabajaba la ruta Colotlán-Guadalajara.  De él se cuenta que cuando iba a Guadalajara la gente le encargaba toda clase de artículos que necesitaban, como medicinas, tela para vestido, botones, cualquier cosa. Entonces, cada persona que iba llegando a hacerle encargos, las que le daban dinero lo ponían sobre una mesa, encima de la boletita donde anotaban el pedido, y las que no, también dejaban el papelito en la mesa, y ya el día que el arriero iba a salir a Guadalajara, cogía su sombrero y con él hacía aire sobre la mesa para que volaran todas las boletas que no tenían dinero arriba. Y entonces decía: “Los encargos sin dinero se olvidan”. Luego, nada más juntaba las boletas que tenían dinero encima y que no habían volado y eso era exclusivamente lo que traía.

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