Archivo por meses: septiembre 2013

Canciones de arrieros

marichidearrieros

   Los arrieros eran generalmente muy alegres. En sus largos viajes por solitarios caminos, arrullados por el lento y acompasado paso de sus bestias, recordaban a la mujer amada y se ponían a cantar. Entre ellos había buenos cantadores. Rica y variada es su herencia musical. Compuestas por ellos o inspiradas en ellos, abundan en el país canciones populares como:  “Los arrieros”, “Camino Real de Colima”, “El rey”, “El carretero”, “Arrieros somos”, “La mulita” y “La loba del mal”.

Ya los arrieros se van y yo que los voy siguiendo

   “Ya los arrieros se van y yo que los voy siguiendo. Ay qué bueno está mi amor, ay, ay, ay, y más que se irá poniendo… Ya no quiero ser arriero de las mulas de Tepic, quiero ser atajador de las muchachas de aquí…”

Camino Real de Colima, dicen que yo no lo sé

   “ Camino Real de Colima, dicen que yo no lo sé, cómo no lo he de saber si en el camino me crié… Tomo la pluma en la mano para escribir y firmar los trabajos que pasé en ese camino real…

No hay que llegar primero, pero hay que saber llegar

   El rey: “Una piedra del camino me enseñó que mi destino era rodar y rodar, rodar y rodar… Después me dijo un arriero que no hay que llegar primero, pero hay que saber llegar…”

El carretero se va, ya se va para Sayula

   Una especialidad de los arrieros fue la de carretero, practicada en México desde el siglo XVI y hasta ya muy entrado el XX en apartadas regiones. “Por ai´ va la rueda, déjenla rodar, porque la carreta no puede llegar… El carretero se va, ya se va para Sayula. El carretero no va porque le falta una mula… El carretero se va, ya se va para Los Reyes. El carretero no va porque le faltan los bueyes…”

Arrieros somos y en el camino andamos

   Cualidad fundamental de los arrieros era su espíritu solidario. Siempre se ayudaban unos a otros. Sin embargo, en esta canción el refrán se toma en sentido negativo, como amenaza o venganza: Arrieros somos y en el camino andamos, y cada quien tendrá su merecido. Ya lo verás que al fin de tu camino renegarás hasta de haber nacido…”

La mula que yo ensillaba la ensilla mi compañero

   “Ai´ les dejo a la mulita, que salió bien enseñada, puede con un solo tercio y hasta con carga pesada. ¿Qué dice amigo? -No digo nada… La mula que yo ensillaba la ensilla mi compañero, el gusto que a mí me queda es que yo la ensillé primero. ¿Qué dice amigo? –No digo nada…”

Ai´ va la loba del mal, me dicen los que la vieron

   Enemigos de los arrieros eran los lobos porque al menor descuido atacaban y se comían a sus burros: “Ai´ va la loba del mal me dicen los que la vieron, a mí que ni fuerza me hace, ya mis burros se murieron… Qué dices chata te lo decía, si no fuera por la loba, aquí nos amanecía… Se me hace que sí que sí, se me hace que no que no, se me hace que tu marido no te quere como yo…”

   El lector advertirá que en varias de estas canciones el arriero se retrata como un ser alegre, enamorado y pícaro. Tenía mucho de eso.

 Artículo relacionado: La comida de los arrieros.

 

Share Button

La comida de los arrieros

Arrieritos. Cortesía de Repostería y Canapes.

“Arrieritos”.

   Los arrieros llamaban bastimento a la provisión de comida que preparaban para sus viajes de hasta dos o tres semanas, por caminos en los que normalmente no había mesones o lugares donde pudieran comprar sus alimentos.

   El bastimento se preparaba con anticipación en la casa de cada arriero en función de su duración en buen estado y de la facilidad para tomarlo o consumirlo en el camino sin necesidad de interrumpir la marcha de la recua.

 Viaje que pinta mal, desde el contamal

   De este modo, el alimento más común de los arrieros era el totopo, condoche, góngoro o contamal, que es el mismo producto, pero llamado de distinta manera en cada región. El nombre más común era contamal, tanto que los mismos arrieros acuñaron un dicho: “El viaje que pinta mal, desde el contamal”.

    Los contamales eran unas gorditas de masa cocidas al horno, muy sabrosas, que duran hasta un mes o más en condiciones aptas para comer.

   También pinole, carne seca, huevo y queso

   Asimismo, los arrieros llevaban para sus viajes gorditas de “maíz crudo” y pinole, con el que hacían atole en el camino. Esta dieta la completaban en los parajes con algo más nutritivo, como carne seca, huevo, queso, y desde luego los llamados “frijoles de arriero” que, con las prisas, se comían apenas terminado el primer hervor. Para el efecto llevaban ollitas en las que también hacían café, muy apetecido en esas frías noches que pasaban a campo raso.

   Desde luego que en estos viajes no podía faltar el guaje del agua, que es un calabazo compuesto de dos cuerpos casi esféricos, el uno mayor que el otro, y unidos por un cuello corto.

   Los arrieros que salían juntos en un viaje, lo que casi siempre hacían por motivos de seguridad, eran como una familia: consumían primero el mejor bastimento que alguien del grupo llevara, según lo hacendoso, limpias y buenas cocineras que fueran sus mujeres, y así hasta consumir entre todos el menos bueno de los alimentos.

 Cómo se preparaba un viaje a Guadalajara

   Cuando le pregunté en cierta ocasión a don Benjamín de Ávila Robledo, viejo arriero de Colotlán, cómo se preparaba un viaje a Guadalajara, respondió así:

   “Las mujeres hacían condochitos, contamales, pinole, gordas con chile, de papas, con blanquillo, con frijoles, para un día o dos días.  ¡Y viera el pinole qué sabroso!, estaba de antojo. Agarraba uno sus contamales y hacía uno un jarro de pinole y lo hacía uno atole. ¡Palabra que se antoja el caramba pinole!, pinole bien hecho, con canela, con anís… Y luego los contamalitos… “

    Por cierto que, en un afán de rescatar esta antigua tradición gastronómica, una empresa de canapés de Guadalajara surte pedidos de contamales con el nombre de “arrieritos”.

   Imagen: Cortesía de Repostería y Canapés

   Artículo relacionado: Colotlán y sus arrieros. 

Share Button

Los viejos mesones de la Nueva España

 Un antiguo mesón. (México Viejo).

Un antiguo mesón.

  Durante los primeros años de la recién conquistada Tenochtitlan no hubo necesidad de construir casas de huéspedes, ya que las viviendas de los conquistadores españoles eran amplias y con suficiente servidumbre (esclavos) para atender a los visitantes, pero al aumentar la inmigración y con el desarrollo del comercio fue necesario establecer mesones o posadas para alojar a los viajeros, tanto en la capital como en el resto de la Nueva España.

   En su obra México Viejo, Luis González Obregón da cuenta del primer mesón establecido en la Ciudad de México, de acuerdo con un documento fechado el 1 de diciembre de 1525 (cuatro años después de la toma de Tenochtitlan), en el que Pedro Hernández Paniagua solicitó licencia al gobierno de la ciudad para abrir un mesón en su casa, donde pudiera acoger a los que a él llegasen, y poderles vender pan, vino, carne y todo lo necesario.

Pedro Hernández Paniagua, primer mesonero de la capital

   La licencia fue concedida, y en el mismo documento se afirma que “Pedro Hernández Paniagua fue el primero que hizo mesón en México”, pero estas últimas palabras, dice González Obregón, sólo pueden circunscribirse a la ciudad, porque en el país ya había otros mesones, como el de San Juan, en la Villarrica, solicitado antes por Francisco de Aguilar.

Primer arancel para operar el negocio de mesones

   Fue el 9 de enero de 1526 cuando el Cabildo expidió el primer arancel que estableció los requisitos para operar el negocio de mesones en la capital, exigiendo, entre otras cosas, que éstos ofrecieran buena comida, incluso vino, cuartos para dormir con cama y ropa limpia y que dicha tarifa se tuviera a la vista del público, so pena de una multa de veinte pesos de oro, que se destinaría la mitad para obras públicas y la otra mitad para el Juez e denunciante.

Mesones establecidos en el resto de Nueva España

   El 26 de julio de 1525 se concedió permiso a Juan de la Torre para hacer una venta en despoblado en el camino de Michoacán, entre Tajimaroa e Ixtlahuaca, concediéndosele además una caballería de tierra para maizales y cría de puercos, con tal de que obedeciese el arancel.

   De igual manera, el 10 de octubre del mismo año se autorizó a Francisco de Aguilar “para que edificase en despoblado una casa para los caminantes que van y vienen de Medellín y Villarrica”, con la obligación de “adobar cierto camino e pasos malos, e puentes que ay desde el dicho sytio hasta Xalapa”.

Más mesones en Cholula y en Cuernavaca

   El 14 de septiembre de 1526, Juan de Paredes, a nombre de Rodrigo Rengel, solicitó permiso para abrir un mesón en el pueblo de Cholula, alegando que era lugar muy transitado para ir a Medellín y a Oaxaca, y que como era punto en que hacían jornada los españoles, los indios recibían mucho trabajo para darles de comer, y con este motivo eran muy maltratados.

   El 12 de octubre de 1526, Juan de la Torre volvió a solicitar permiso para fundar una venta en Tajimaroa y un mesón en Cuernavaca.

   “Los viejos mesones –añade el historiador– fueron el lugar de descanso de nuestros abuelos en sus penosos viajes; ahí encontraron siempre techo protector, aunque muchas veces dura cama y mala cena; en esos mesones hacían posta los hoy legendarios arrieros con sus recuas, los dueños de carros, de bombés y de guayines, los que conducían las tradicionales conductas de Manila y del interior del país, y los que llevaban las platas de S. M. el Rey”.

Nuevas posadas por la ruta al Norte y Occidente

   Con la apertura de caminos hacia el Norte, para explotar los campos mineros en la zona de Zacatecas, fue necesario abrir más posadas. Por el año  1550 había ya muchas de ellas entre San Miguel y Querétaro.

   Más tarde, estos establecimientos, lejanos antecesores de los modernos hoteles que hoy abundan en el país, se multiplicaron  en las distintas regiones. Respecto a la Nueva Galicia, ya funcionaba un mesón en Ameca en el año 1579.

   Obras consultadas: Luis González Obregón. México Viejo. Editorial Patria. México. 1955. Philip W. Powell. La Guerra Chichimeca (1550-1600). Fondo de Cultura Económica. México. 1977. Relaciones Geográficas del Siglo XVI: Nueva Galicia. UNAM. México. 1988.

   Imagen: México Viejo. Luis González Obregón.

   Artículo relacionado: Los primeros caminos de Nueva España.

   http://javiermedinaloera.com/arrierosdemexico/?p=5

 

Share Button