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La actividad comercial en el México antiguo

Tamemes. Códice Florentino. UNAM-INAH. Gran Historia de México Ilustrada. Ed. Planeta 2002.

Tamemes. Códice Florentino.

   Cuando los europeos arribaron al hoy territorio mexicano, tras el descubrimiento de América en 1492, las comunicaciones relacionadas con el comercio tenían aquí más de 3.000 años de antigüedad.

   Pese a la falta de animales de tiro y de no aplicar la rueda a usos prácticos, los indígenas habían creado una extensa red de caminos por donde transportaban infinidad de productos suntuarios y de consumo general.

  Por vías acuáticas y terrestres, veredas y atajos, caminos viejos y anchos, los cargadores llamados tamemes llevaban a las ciudades lo que en sus pueblos producían, y por las mismas rutas regresaban con los productos que satisfacían sus necesidades.

   El historiador Francisco Javier Clavijero afirma que los tamemes podían hacer viajes de cinco leguas (poco más de 25 kilómetros) en un solo día, llegando a cubrir distancias de 80 o 100 leguas cargados con 25 kilos de diversos productos.

Aparecen los objetos moneda en Mesoamérica

   El intercambio comercial debió comenzar entre los años 2.000 y 1.500 aC., como una operación de tráfico de productos con valor de uso, trueques o permutas, sin la intervención de objetos moneda y sin el propósito de acumular riquezas.

  Los grupos dirigentes tenían gran aprecio por pieles de animales y plumas preciosas de aves tropicales, en tanto que la sal era necesaria para toda la población no solo para preparar alimentos, sino para conservarlos y además como medio de cambio.

   Aparte de la sal, se empezaron a utilizar como objetos moneda plumas, pieles, mantas y, hacia mediados del primer milenio dC., el cacao. Desde entonces, las transacciones adquirieron un carácter mercantilista, constituyéndose el comercio en una de las principales bases de la economía mesoamericana.

Los valores de cambio entre los mesoamericanos

   Respecto a los valores de cambio, José Luis Rojas estima para el Altiplano central que 100 almendras de cacao equivalían a un real; una navaja de obsidiana costaba cinco cacaos y una hachuela de cobre, 500 cacaos.

  Asimismo, una piedra verde, pulida, se vendía en dos cargas de oro, equivalentes a 1.200 mantas, aunque un esclavo costaba 40 mantas, en tanto que una mujer en la Huasteca podía comprarse por un arco y dos flechas.

   Los tejuelos de oro se empleaban para adquirir artículos de alto precio, y según Hernán Cortés, también llegaron a utilizarse piececillas de cobre como moneda. Sin embargo, a falta de una moneda generalizada, la hacienda pública se manejó con tributos de objetos determinados y con servicios personales.

Los “pochteca” o mercaderes

   Los pochteca o mercaderes hicieron del comercio un verdadero oficio, llegando a ocupar una destacada posición social. Gozaban de honores y privilegios porque no solo manejaban mercancías, también portaban noticias sobre los territorios que visitaban y que eventualmente habría de conquistar el imperio azteca.

   “El Señor de México -dice fray Bernardino de Sahagún– quería mucho a estos mercaderes, teníalos como a hijos, como personas nobles y más avisadas y esforzadas“.

   El mismo autor añade: “El tratante en esclavos es el mayor mercader de todos, y por ser sus riquezas los mismos hombres es muy venturoso, privado y conocido del Tezcatlipoca“.

Caravanas y rutas a lejanas tierras

   Los pochteca emprendían lejanas expediciones en caravanas custodiadas por guerreros que iban de Tenochtitlan a Tabasco, Soconusco y a los Altos de Chiapas, de donde traían cacao y materias primas para producir artículos suntuarios.

  Antes de salir de viaje hacían ruegos y ofrendas a sus dioses patrones: los pochteca a Yacatecuhtli, y los mayas a Ek Chuah, dios del cacao. Esto les daba confianza para asegurar el éxito de su empresa. A su regreso también celebraban fiestas donde hacían gala de la riqueza adquirida en el comercio.

  La caravana comprendía en sí misma (leemos en México a través de los siglos) muchas de las características de una sociedad mercantil organizada:

  • La contabilidad, que llevaban en su escritura jeroglífica.
  • Contratos de compra-venta.
  • Permutas.
  • Préstamos.
  • Porte.
  • Comisión.
  • Sociedad.

   El incumplimiento de contrato se resolvía generalmente por la vía penal, para lo cual había en Tlatelolco un tribunal especial.

Vigilancia y orden en los mercados

   La actividad mercantil se realizaba en el tianquiztli que había cada cinco días, teniéndolo como de fiesta los mexica.

  El principal mercado de México estaba en Tlatelolco, tan grande que no bastaba un día para verlo. “Iba gente de países tan lejanos como Xalisco y Cuauhtemalla“, dice Sahagún. Las vendimias estaban organizadas por secciones, es decir, una para artículos suntuarios (oro, plata, piedras preciosas, ricas plumas), otra para cacao y especias aromáticas, otra para comestibles, y así por el estilo.

   Sahagún refiere que “el Señor también cuidaba del tiánguez y de todas las cosas que en él se vendían, por amor de la gente popular y de toda la gente forastera que allí venía, para que nadie les hiciese fraude o sinrazón”.

   Al mercader que vendía cosas robadas lo condenaban a muerte, y a los oficiales que no cumplían con su cometido de cuidar el orden, los privaban de sus cargos y los desterraban de los pueblos.

   Imagen: UNAM-INAH. Gran Historia de México Ilustrada. Editorial Planeta 2002.

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