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Cómo terminó la arriería en el Occidente de México


Mapa Zona Norte. De p. Cesar Cosío en F.

 Mapa del Norte de Jalisco y colindancias.

  El sistema de la arriería, que fue por más de cuatro siglos el principal medio de transporte y de comercio de México, empezó a decaer en la Región Occidente al arribar el ferrocarril a Guadalajara, en 1888, pero los arrieros siguieron cabalgando todavía hasta la segunda mitad del siglo XX en las zonas más aisladas de Jalisco, Zacatecas, Nayarit y Durango.

   Fue hasta 1986, con la apertura de la carretera Guadalajara-Colotlán, que comunicó a gran parte de esa apartada región, cuando se considera desaparecido el sistema de los arrieros, con todo lo que fueron sus costumbres, recuas, aperos, rutas, mesones, lugares de descanso y tráfico de mercancías.

Importancia de la arriería en la región de Guadalajara

   Medio siglo después de establecida la arriería en Guadalajara y otras poblaciones de Nueva Galicia, en el siglo XVI, el obispo Alonso de la Mota y Escobar asegura que la provisión de todo lo necesario para la ciudad se hacía en recuas de mulas, porque no había caminos llanos abiertos para carreteras.

  A fines del siglo XVIII, la arriería era tan importante en la Intendencia de Guadalajara que la Junta de Gobierno del Real Consulado tuvo necesidad de expedir un Reglamento de Arrieros y Mercaderes, con fecha 15 de marzo de 1796. En todos los casos dicha reglamentación tendía a normar las actividades de los arrieros para proteger el derecho de los dueños de las mercancías.

Hubo un impuesto para caminos en México que no cumplió sus fines

Garita de San Pedro Tlaquepaque, 1890. De P. Alonso Fernández-r en F

Garita de San Pedro Tlaquepaque, Jal., en 1890.

   Desde la época colonial había en Guadalajara una serie de garitas donde se cobraban los peajes de los arrieros, un impuesto cuyo producto debía destinarse al cuidado de los caminos; no obstante, nunca faltaron las quejas de los viajeros por el mal mantenimiento de los mismos.

   El gobernador de Jalisco, general Ramón Corona, suprimió el pago de las alcabalas el 10 de octubre de 1887, cuando la arriería entraba en decadencia en la Región Guadalajara, al establecerse, a partir de 1888, la comunicación por ferrocarril con la Ciudad de México. Sin embargo, en el aislado Norte de Jalisco los arrieros siguieron cabalgando casi un siglo más.

La arriería del Norte de Jalisco nace en medio de la guerra

    Organizada en plena Guerra Chichimeca (1550-1600), la arriería de esta zona no pudo haber tenido un parto más difícil. A partir del descubrimiento de las minas de plata en Zacatecas, en 1546, el avance español hacia el Norte encontró la férrea oposición de los naturales de estas tierras, tan solo una década después de la Guerra del Mixtón, en la que también habían participado.

   Pese a ello, pronto se inició el trazo de caminos de herradura que conectaron los campos mineros del Norte con la capital de Nueva Galicia. Uno de ellos unía a Fresnillo, Jeréz, Tlaltenango, El Teúl y Guadalajara. Este es el lejano antecedente de la carretera Guadalajara-Colotlán-Zacatecas.

   Aquellos caminos de la plata, demasiado vulnerables a los ataques de los indios, pronto se convirtieron en campos de batalla. Las guerras y el bandolerismo sembraron siempre la inseguridad en los caminos.

Importancia de la arriería en el Norte durante la época colonial

Zacatecas desde el Norte. P. Temas Zacatecanos en F

Antigua vista panorámica de Zacatecas.

   Hacia el siglo XVII, los cañones de Juchipila y Tlaltenango era ya grandes abastecedores de maíz y de trigo para Zacatecas, pero luego, en el siglo XVIII, Bolaños se convirtió en el más importante mineral de Nueva Galicia.

   En 1750, en su época de mayor esplendor, los diputados de minería del Real de Bolaños estimaron que en las distintas fases de explotación se empleaban por entonces 8.000 mulas de carga y tiro, cuando la población total de ese distrito ascendía a sólo 5.676 habitantes.

   En su Descripción y Censo General de la Intendencia de Guadalajara correspondiente a los años 1783-1793, José Menéndez Valdez asegura que 68.688 cargas que se beneficiaron el año de 1792 en el Real de Bolaños, produjeron 120.766 marcos, cuatro onzas de plata.

   Ante semejante bonanza tuvieron que recibir especial atención los caminos de arrieros para transportar el material argentífero en dirección a Zacatecas y Guadalajara.

Decadencia y fin de la arriería en el Norte de Jalisco

Primeros automóviles. De P. Óscar Luna en F.

Uno de los primeros automóviles.

   Pero llegó el automóvil y con él las carreteras que desplazaron a los arrieros, en un proceso que en esta zona duró más de 80 años.

   En Zacatecas rodó el primer automóvil en 1902; en Colotlán y Huejuquilla, a principios de los años 20, y aunque desde 1913 había entrado a Bolaños un automotor, no fue sino hasta mediados de los 40 cuando empezaron a circular algunos camiones de carga en Villa Guerrero y el Cañón de Bolaños, por brechas intransitables donde hasta las mujeres arriaban bestias.

   Fue esta Zona Norte de Jalisco la última del Occidente de México incorporada a la red nacional de comunicaciones. De ahí que la apertura de la carretera troncal Guadalajara-Colotlán-Zacatecas, en 1986, con la que empieza a integrarse la red caminera regional, actualmente en desarrollo, marca el fin de la arriería en esta parte del país.

    Artículo relacionado: Auge y ocaso de la arriería en México.

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Auge y ocaso de la arriería en México

Arre mulitas. De P. César Mauricio Hinojosa Mendez en F

   Tras la caída de la capital azteca Tenochtitlan, en 1521, empezó a estructurarse en México el sistema de la arriería, que alcanzó su mayor auge en la primera mitad del siglo XIX, para luego entrar en decadencia con la llegada de los primeros ferrocarriles y de los vehículos de motor. Sin embargo, en regiones incomunicadas del país, como el Norte de Jalisco, la arriería aún se practicaba hace apenas medio siglo.

   La interjección ¡arre!, que se emplea para avivar el paso de las bestias, dio origen al vocablo arria, antiguo sinónimo de recua y atajo, que significa conjunto de animales destinados al transporte de mercancías. De arria se derivó la palabra arriería, que es el oficio del arriero o del hombre que trabaja con bestias de carga.

La llegada de caballos, mulas y asnos al Nuevo Continente

   Cuando los conquistadores españoles llegaron a estas tierras trajeron caballos, mulas y asnos, desconocidos hasta entonces por los indígenas, quienes una vez repuestos del temor que inicialmente les causaron estos animales, se aficionaron tanto a ellos que muy pronto, a partir de la segunda mitad del siglo XVI, se incorporaron de lleno al sistema de la arriería.

   A los indígenas les favoreció sobremanera esta nueva actividad, pues mientras más se desarrollaba, menos se les utilizaba a ellos como tamemes o cargadores, único medio de transporte conocido en la época prehispánica.

Sebastián de Aparicio, primer constructor de caminos en México

Arriero en Tepic. Segunda década siglo XX. De berekoetxeaziga.blogspot.mx

   Sebastián de Aparicio construyó en 1536 la primera carreta que transitó por las calzadas indígenas de la antigua Tenochtitlan. Unció troncos de mulas a ese vehículo y comenzó a salir de la ciudad, convirtiéndose en el primer constructor de caminos foráneos; muchos de éstos, sobre las mismas rutas seguidas por los indígenas cientos o miles de años antes.

   Este visionario gallego unió a México con Puebla, Jalapa y Veracruz, y luego abrió la ruta a Zacatecas. Otro camino muy importante fue el de México-Acapulco, debido al cuantioso comercio que suscitaban las naos de Manila. Por todos estos caminos empezaron a trajinar las recuas de los arrieros.

   Para el siglo XVII la arriería no sólo estaba extendida por toda la Nueva España, sino que para amplios sectores de la población constituía la única forma de vida.

Auge de la arriería mexicana en el siglo XIX

   Durante su estancia en México, a principios del siglo XIX, Humboldt observó que sobre la Mesa Central se utilizaban coches de cuatro ruedas, en todas direcciones, pero que a causa del mal estado de los caminos se prefería el uso de acémilas.

   Sobre la base de 200.000 mulas que trajinaban en la Ciudad de México en 1807, más igual número que se empleaba en el interior y en las costas, José María Quiroz dedujo que “se elevaba por encima de seis millones de pesos el producto anual de este recomendable ramo“.

   Cuando la “fiebre del oro” desplazó hacia la Costa del Pacífico a millares de norteamericanos, se estableció un puente marítimo entre el Puerto de San Francisco, en Estados Unidos, y el de Manzanillo, en México, de suerte que por este último llegaban las mercaderías que eran conducidas a Guadalajara por el Camino Real de Colima, uno de los más importantes de la arriería en el Occidente de México.

Alto poder productivo de la arriería en México

   Hacia la segunda mitad del Siglo XIX, según la “Enciclopedia de México”, se calculó que había en el país 4.670 arrieros y 1.325 carreteros, cuando la población económicamente activa apenas pasaba de tres millones. La arriería se convirtió en uno de los ramos más productivos, llegando a constituir el 10% del valor de toda la industria nacional.

   Los arrieros representaban una clase social intermedia entre la peonada y los hacendados, lo cual motivó su destacada participación en los tres grandes movimientos armados del país: Independencia y Reforma, en el siglo XIX, y Revolución en la segunda década del XX.

El ferrocarril y el automóvil ponen fin al sistema arriero en México

Ferrocarril Occidental de México. P. Museo Regional de Sinaloa.

   La arriería en el Centro del país entró en decadencia al desarrollarse la red ferrocarrilera, de 670 kilómetros que existían en 1876, a 12.544 kilómetros, 20 años después. Luego llegaron los automóviles y se inició la construcción de la red de carreteras pavimentadas, generalmente sobre los mismos caminos de los arrieros.

 

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La inseguridad de los caminos y la fe de los arrieros

Asaltantes de caminos. Óleo sobre tela anónimo (MNV-INAH).

   Viajeros de todos los tiempos, mercaderes y arrieros, desde tiempos milenarios, han confiado sus bienes, vida y destino al poder de la divinidad.

  Prueba de ello es la devoción de los pochteca o mercaderes aztecas a Yacatecuhtli, y de los comerciantes mayas a Ek Chuah, a los que invariablemente se encomendaban antes de viajar, así como la oración de los arrieros de la época colonial a San Pedro, patrono de los caminantes, y finalmente los retablos dedicados por arrieros de los siglos XIX y XX a algunas de las imágenes más antiguas de México, como es el Señor de los Rayos de Temastián, en el Norte de Jalisco.

Costumbres y tradiciones de los mercaderes aztecas

   En su Historia General de las Cosas de Nueva España, fray Bernardino de Sahagún abunda en las costumbres y tradiciones religiosas de los mercaderes mexica, que primero buscaban, antes de salir de viaje, el significado favorable para que no les ocurriera ninguna cosa adversa, y luego oraban por la protección de sus vidas y de sus bienes.

   A los jóvenes que emprendían su primer viaje, sus padres les decían: “Persevera, hijo mío, en tu oficio de caminar; no tengas miedo de los tropiezos ni a las llagas que hacen en los pies las ramas espinosas que nacen en el camino“.

   Al regresar de sus viajes, los mercaderes celebraban grandes fiestas en honor de su dios por haberles permitido volver con vida y salud.

San Pedro, guía y guardián de los caminantes

   En algunos de los mercados más populares del país, entre cientos de novenas que ahí se venden, suele encontrarse todavía un folleto con la oración titulada La Sombra del Señor San Pedro, Guía y Guardián de los Caminantes, ilustrativa de los peligros a los que se enfrentaban los arrieros y del testimonio de su fe. Parte de esta oración dice así:

  • De un asalto en el camino,
  • en una hora desastrada,
  • cúbreme Pedro divino
  • con tu sombra tan sagrada.
  • ” Cuando yo al camino salga
  • y me asalte el malhechor,
  • allí tu sombra me valga
  • en el nombre del Señor”.

Retablos dedicados por arrieros al Señor de los Rayos de Temastián

   En el salón de retablos del Santuario del Señor de los Rayos de Temastián, hay testimonios de arrieros de los siglos XIX y XX que dan gracias a esta venerada imagen de Cristo por favores recibidos en el desempeño de su oficio. Pudo haber testimonios más antiguos, porque esta imagen fue probablemente llevada allí por los franciscanos desde fines del siglo XVI, pero han desaparecido con el tiempo.

   Uno de los retablos es el dedicado por Félix Méndez, vecino de Colotlán, quien el 15 de septiembre de 1901, teniendo en su compañía y bajo su responsabilidad a un sobrino suyo que quebró unos faroles de la plaza, y por temor de que le echaran a la cárcel o le castigaran, se huyó ese mismo día. Al echarlo de menos, don Félix lo empezó a buscar y, al no encontrarlo, se lo encomendó con devoción al Señor de los Rayos, “quien piadoso y al dicho tiempo compasivo, lo oyó“. Al cabo de dos meses, al atender su mercería en Nostic, jurisdicción de Mezquitic, encontró a su sobrino con unos arrieros que iban para Chalchihuites.

Un arriero recuperó un burro que perdió al salir de Zacatecas

Arriero en un meson. Exvoto del Sr. de los Rayos.

   Otro retablo es el dedicado por Alejandro Gutiérrez, vecino de Tulimic, comprensión de Colotitlán, quien el 19 de marzo de 1905, al salir de Zacatecas, de regreso de un viaje, en un punto denominado El Orito, “estando lluvioso y aún nevando, cosa de las ocho de la mañana, se le perdió un burro prieto, acordonado, panza blanca y oreja mocha, con aparejo y cargado de cacaxtlis de vaca, y habiendo hecho por su pérdida las pesquisas necesarias, al fin con todo su corazón se lo encomendó al Señor de los Rayos, quien lo oyó piadoso“. Luego de buscarlo con diligencia, lo encontró en pelo en uno de los callejones de El Orito, “y en virtud de tan grande maravilla, lleno de agradecimiento publica este milagro“.

Golpeado por su caballo, se alivió y siguió su viaje a Aguascalientes

   Un caso más es el de Braulio Hernández, vecino de El Pino, comprensión de Momax, Zacatecas, quien el 23 de agosto de 1911, yendo para la villa de Aguascalientes, en el punto llamado Tabasco, al estar cargando su caballo con unos botes de manteca, la bestia dio un reparo y arrojó la carga, resultando él con golpes que pusieron en peligro su vida, pero habiéndose encomendado al Cristo de Temastián, se alivió y siguió su camino. Agradecido por ello “publica este retablo para honra y gloria de Dios en la soberana imagen del Señor de los Rayos”.

   Por lo anterior, no extraña que en la actualidad muchos automovilistas y transportistas lleven devotamente en sus vehículos imágenes de Cristo, de la Virgen y de algunos santos.

    Imagen: Óleo sobre tela anónimo (MNV-INAH).

    Artículo relacionado: El Señor de los Rayos de Temastián.

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