Archivo por meses: mayo 2014

La sabiduría de los arrieros

Arrieros pasan por el Puente de Arcediano. De Imágenes Históricas de Guadalajara (Luis Fernández)

Arrieros en el Puente de Arcediano, sobre el Río Santiago.

     El buen arriero no solo reunió extraordinarias virtudes como la honradez, la audacia y el espíritu solidario, sino que llegó a dominar una amplia gama de conocimientos necesarios para realizar sus complejas tareas.
Así lo revelan entrevistas realizadas con viejos arrieros mexicanos del siglo XX, que además de aportar sus propios testimonios, dieron cuenta de antiguas tradiciones de su oficio. En esto coincide también gran parte de la bibliografía existente acerca de este gremio.

La arriería, oficio de varones transmitido de padres a hijos

     Por regla general el oficio de arriero era transmitido de padres a hijos. Aunque hay casos insólitos de mujeres arrieras, fue un oficio exclusivo de varones; hasta los burros que arriaban eran generalmente machos, para evitar dificultades con las hembras; también utilizaban bestias mulares, que aparte de su resistencia y mayor capacidad de carga, se adaptaban mejor a la accidentada geografía de los caminos y obviamente tampoco daban problemas de sexo.

Honradez a toda prueba, el principal atributo del arriero

     El principal atributo del arriero fue su honradez a toda prueba; no a cualquiera se le podía confiar el transporte de personas, de correspondencia y de valiosas mercancías por caminos tan llenos de peligros. Por ello, los arrieros fueron generalmente honrados, pero además solidarios, valientes, fuertes, audaces, astutos y cautelosos.

Arrieros somos y en el camino andamos, principio solidario

     Su proverbial solidaridad -arrieros somos y en el camino andamos- se manifestaba no solo frente al enemigo y al compartir sus alimentos, sino que cuando alguien se enfermaba, los demás lo atendían con prontitud. Incluso cuando se reunían muchos arrieros, lo cual era frecuente por cuestiones de seguridad, el trabajo lo hacían en común: todos se apoyaban para cargar o descargar las bestias, y al que se rezagaba lo ayudaban los demás hasta terminar, y si un animal se perdía por la noche, cualquiera que fuese el dueño, nadie se movía hasta que no salía al camino todo el grupo.
Los arrieros que viajaban juntos eran como una familia; consumían primero el mejor bastimento que alguien del grupo llevara, según lo hacendoso, limpias y buenas cocineras que fueran sus mujeres, y así hasta consumir entre todos el menos bueno de los alimentos.

Cautela ante los extraños, alegría y bromas entre ellos

Arrieros en Zacatecas. P. Temas Zacatecanos en F

Arrieros en Zacatecas.

     Ante los extraños eran retraídos, cautelosos, pero entre ellos, alegres, cantadores y bromistas. Cuando diferentes grupos se encontraban en el camino, se comunicaban las buenas o malas noticias del rancho o de la ciudad, pero con frecuencia se jugaban bromas inocentes: -¿Que a cómo anda el huevo en Zacatecas? -¡Caro! Y luego llegaban los otros y encontraban el precio muy abajo. O al revés: informaban que el huevo estaba muy barato cuando en realidad se cotizaba alto. Eso era suficiente para reír buena parte del camino.

El arriero no era tan vulgar como se dice

      El chiflido con el que arriaban la recua fue su segundo lenguaje; con él se comunicaban unos a otros a distancia, insultaban a sus enemigos o se mofaban de alguien.
Siempre tuvieron fama de “mal hablados”, pero es justo señalar que hubo arrieros tan respetables y respetuosos, que no usaron palabras altisonantes ni para dirigirse a las bestias, menos para ofender a la gente.
La mala fama de vulgares, ventajosos y pendencieros, que se refleja en refranes como “el habla de arrieros es indigna de caballeros”, “arrieros y porqueros duermen bien en los graneros”, “de arriero a limosnero” y otros por el estilo, parece más bien producto de la aversión que siempre les tuvo gente sofisticada que pretendía despreciarlos, aunque nunca dejara de servirse de ellos.

Principales conocimientos que reunían los arrieros

    Un buen arriero sabía leer y escribir para llevar el control de los pedidos que atendía; también entendía de cuentas y de pesas y medidas, manejaba la báscula romana, calculaba las horas por la sombra del sol o por la posición de las estrellas, conocía las fases de la luna para aprovechar su luz, distinguía la calidad de las mercancías para recibirlas y entregarlas según cuenta y razón, conocía las propiedades medicinales de las hierbas para curar a quienes se enfermaban en el camino, sabía también cómo curar y rehabilitar a sus animales ante cualquier contingencia; en suma, conocía los buenos y los malos caminos, y de tanto andar por ellos aprendió lo más difícil, que es entender el carácter de los hombres.
Por lo anterior, es inexacto y desde luego injusto calificar de manera general a los arrieros como gente vulgar e ignorante.

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Los buenos tiempos del caballo en México

De la P. El Mundo del Caballo en F.

   En contraste con los asnos, que al desaparecer la arriería se encuentran en peligro de extinción, los caballos viven tiempos de bonanza en México, alejados ya de los arduos trabajos a los que fueron sometidos durante siglos. Los deportes, el turismo y la terapéutica destacan entre sus principales actividades.

México, tercer productor mundial de caballos

   México es hoy el tercer productor mundial de caballos, después de Estados Unidos y de China. Se estima que hay en el mundo 58 millones de equinos, de los cuales 9.5 millones se encuentran en Estados Unidos, 7.4 millones en China y 6.8 millones en México. De éstos cabe decir que en su mayoría gozan de mejor vida que mucha gente.

   La prosperidad equina de México contrasta incluso con la tendencia global, ya que según la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación), el mundo perdió 14 millones de caballos durante la segunda mitad del siglo XX, como resultado de la introducción de maquinaria agrícola y el desarrollo del transporte.

Respuesta desigual a las innovaciones tecnológicas

   La respuesta a las innovaciones tecnológicas ha sido desigual en distintas regiones del mundo, ya que mientras América del Norte, Centroamérica, África y Asia disponen ahora de un censo mayor de caballos que a principios de los años 50 del siglo pasado, América del Sur, Europa, Oceanía y la ex-URSS han venido a la baja.

   El país que llegó a tener mayor población de caballos en el mundo fue el Imperio Ruso, con 35 millones de ejemplares en 1917, pero actualmente el censo le asigna apenas cinco millones.

   En México, sin embargo, según la FAO, había en 1991 dos millones 904 mil 594 caballos, en tanto que en 2004 la misma organización reporta seis millones 260 mil, es decir, más del doble en un lapso de apenas 13 años.

Los caballos, favoritos como animales de silla y de placer

   ¿Qué sucedió? Que mientras asnos y mulas se utilizaban como bestias de carga, los caballos fueron cada vez más apreciados como animales de silla y de placer, de suerte que, al desaparecer la arriería, los primeros vinieron a menos, en tanto que estos últimos fueron bienvenidos en la charrería, carreras, turismo, paseos, rejoneo, polo, demostraciones, cacería, salto, circo y más recientemente en aplicaciones terapéuticas.

   De este modo, los equinos se multiplican por el poder económico de la gente, entre ellos los prósperos emigrantes mexicanos que viven en el vecino país del Norte, que poseen ranchos allá y que suelen regresar a sus pueblos de origen con dólares para gastar y con valiosos caballos destinados a la recreación y competencias.

   De hecho, cada vez menos se utiliza a estos animales para cabalgadura o transporte, en el arado, o como trapicheros, cortadores, arreadores de ganado, carretoneros, pepenadores y aguadores, que eran sus principales campos de actividad hace apenas unas décadas.

Origen y desarrollo de los caballos en América y en México

   Resulta que Cristóbal Colón, el descubridor de América, en su segundo viaje dejó en 1494 algunos caballos en La Española (Santo Domingo), que 20 años después se multiplicaron ahí, en Cuba y en Jamaica, pero éstos no llegaron al continente, al menos en aquel tiempo. Fue el conquistador de México, Hernán Cortés, quien en 1519 trajo 11 caballos y cinco yeguas, que realmente iniciaron la población equina del país.

   Cierto es que 55 millones de años antes hubo una especie de pequeños equinos en el hoy territorio de Norteamérica, de donde se supone que emigraron a Eurasia y África hace unos 15 mil años, pero por causas desconocidas se extinguieron en Norteamérica hace diez mil años, razón por la cual los actuales no tienen que ver nada con aquéllos.

Nace el deporte nacional, la charrería, y con ella el auge del caballo

Aventando el lazo. Mexico como fue y como es. Brantz Mayer (1844).

   Durante la Revolución Mexicana (1910-1916) los caballos criollos destinados a la guerra prácticamente se extinguieron, pero ha sido tan grande la afición del mexicano al caballo que pronto buscaron la forma de recuperarlo, especialmente al surgir la charrería como deporte nacional por excelencia, en los años 30 del siglo pasado.

   De esta manera, con la importación de sementales y yeguas de España y Estados Unidos, pronto se mejoraron las razas locales. Actualmente son tan bien cotizados los caballos mexicanos que sus precios pueden fluctuar, según raza y condición, entre mil y 20 mil dólares por ejemplar, y obviamente sobra quien los pague con gusto.

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