Archivo por meses: junio 2014

Adiós a los burros

De P. Chapala en F

Un burro divierte a los turistas en Chapala.

Con la desaparición de la arriería y la introducción de maquinaria agrícola, los burros se quedaron desempleados, y sin contar ya con actividad económica alguna se convirtieron en una carga para el campo mexicano. Entonces sus dueños empezaron a deshacerse de ellos. Hoy se encuentran en riesgo de extinción.

Además de que los asnos se utilizaron durante más de cuatro siglos para el transporte de todo tipo de mercancías entre las ciudades y los pueblos, también ayudaron al hombre en la labranza de la tierra y fueron sus más fieles compañeros de aventuras, pero esto se acabó.

De un millón y medio de asnos registrados en el Censo de 1991 en México, la población disminuyó, dos décadas después, a solo medio millón, según estimaciones de la Universidad Nacional Autónoma de México y de la asociación Donkey Sanctuary, de Inglaterra.

Muchos de estos burros fueron a dar al matadero

Gran parte de ese millón de asnos perdidos en México en sólo 20 años, fueron sacrificados en empacadoras para exportar su carne a Europa, Asia y Australia.

El 5 de febrero de 2007 el diario El Universal publicó declaraciones del subsecretario de Fomento Agropecuario de Coahuila, Héctor de La Fuente, anunciando el sacrificio de cinco mil asnos, mulas y caballos, que dejaron de ser productivos en ejidos de esa Entidad, para exportar sus “cortes” a la Unión Europea y a Australia.

Dijo entonces el funcionario estatal: “Estos animales se han convertido en un verdadero problema porque no tienen ya utilidad productiva, y en cambio sí representan una carga muy fuerte para el agostadero y los abrevaderos al consumir el pasto y beber el agua que necesita el ganado bovino y caprino”. 

Para ese tiempo, tal criterio se había difundido y aplicado ya en todo el país.

La población de burros en el mundo tiende a disminuir

Donkey_Catalan_race

El burro catalán.

La población de asnos en México y en otros países se ha reducido tan drásticamente que en los últimos años se han tenido que emprender acciones para su rescate y preservación a través de los llamados “santuarios de burros” como el que funciona desde hace ocho años en Otumba, Estado de México, llamado popularmente “Burrolandia“, en una superficie de 2.5 hectáreas.

Aunque se mantiene alta la demanda de asnos en regiones subdesarrolladas, la población mundial de esta especie tiende a disminuir. En Europa, por ejemplo, el censo se redujo de dos millones a solo medio millón de cabezas durante las últimas tres décadas.

Del burro catalán, en España, quedan apenas 400 ejemplares, principalmente en la zona de Cataluña, en tanto que del asno de Panteleria, en Italia, ya sólo queda el recuerdo: se extinguió totalmente desde los años 70 del siglo pasado.

Asimismo, el asno salvaje que formaba grandes manadas en las llanuras de África, ha venido desapareciendo con rapidez.

Actualmente se estima que hay 44 millones de asnos en el mundo. Entre los principales productores figuran China, Pakistán, India, Etiopía y Egipto.

El asno, salvador de la clase indígena mexicana

Burros tlazoleros en Temastián

Burra cargada con rastrojo (plantas secas de maíz) en Temastián, Jal.

Resulta que el asno, visto ahora como bestia inferior, fue realmente el salvador de la clase indígena mexicana, pues no sólo sustituyó a los tamemes, que eran los cargadores prehispánicos, sino que posteriormente, a partir de la Conquista, les evitó las tremendas y costosas cargas a que fueron sometidos los naturales por razones de encomiendas, mandamientos y otras forma de esclavitud.

Pero además de servir como bestias de carga y de tiro, estos nobles, fuertes y sobrios animalitos fueron necesarios para la reproducción de la raza mular, resultante de la cruza de burros con yeguas o de burras con caballos.

Cristóbal Colón trajo los primeros asnos a América

El navegante Cristóbal Colón fue quien en 1495 introdujo en América los primeros burros: cuatro machos y dos hembras. La demanda de equinos debió crecer considerablemente a partir de la Conquista, en 1521, porque ya para los años 30 del siglo 16 se reiteraba la exigencia de los gobernantes de Nueva España a sus contactos en Europa para el envío de pies de cría de esta especie.

El obispo virrey de México, Ramírez de Fuenleal, escribía entonces a la Metrópoli diciendo: “Convendría mucho que viniesen trescientas borricas para distribuirlas entre los indios. Hago que se les den ovejas y críanlas con grande amor”.

De ese modo fue como empezó a establecerse en la América continental la cría del ganado asnal y mular, que tanto impulso recibió durante la Colonia y aún después, para el trabajo en las minas, la agricultura y el abastecimiento de víveres a ciudades y pueblos.

Alejandro de Humboldt, refiriéndose al florecimiento alcanzado a principios del siglo 19 por el comercio establecido entre las ciudades de México y Veracruz, informó que ocupaba en sus tráfagos más de cien mil mulas.

El burro, llamado a convertirse en mascota de lujo

Burros. Foto del muro de José Modesto Barros Romo (F)

En contraste con los caballos, que hoy viven su mejor época en México, “El automóvil del pobre“, como se le llamó hasta hace unas décadas al burro, está a punto de pasar a la historia. Tras de recorrer durante más de cuatro siglos los caminos de México, ha terminado su función como medio de transporte y de apoyo en la agricultura.

Como consecuencia de ello y de su rápida extinción, seguramente no pasarán muchos años para que el noble jumento se convierta en artículo de lujo destinado al solaz y esparcimiento de los turistas en zoológicos, balnearios y ricos ranchos ganaderos del país.

De hecho, ya se empiezan a ver por ahí, en zonas de recreo, los primeros burros dedicados a entretener y divertir a los turistas, especialmente a los niños, a quienes les encanta montarse en ellos. Ojalá que esta nueva actividad económica, aunque de posibilidades limitadas, al menos mantenga vivos a algunos de ellos.

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De los burros también se aprende

 

Arriero y su burro. Cortesía de Juan Angel Peña. Pintura de quién.

Los arrieros, amos de los caminos de México durante cuatro siglos, conocieron mejor que nadie a las bestias de carga, ya que además de trabajar con ellas su vida entera, las alimentaban, curaban y cuidaban con el mayor esmero por ser su principal fuente de subsistencia. Y lo mejor de todo: por ellas aprendieron a entender a la gente y a resolver problemas de la vida.

De los burros, ¿quién iba a pensarlo?, también se aprende. Ocurre que en nuestro diario lenguaje se suele calificar de “burro” al ignorante, al que nada sabe. De hecho, una de las antiguas disciplinas “educativas” consistía en ponerles orejas de burro a los niños que no aprendían la lección. Pero, ¡Oh sorpresa!, de ellos, de los burros, aprendieron los arrieros filosofía práctica. Vea usted cómo.

Los pobres arriaban burros; los ricos, mulas

     Hubo dos clases de arrieros: los que trabajaban con burros, que eran los más pobres, y los de mulas, que poseían mayores recursos. Ambas especies de animales, aunque emparentadas, son de naturaleza distinta: los asnos, nobles, humildes, sufridos, sobrios y trabajadores (cualidades ausentes muchas veces en los seres humanos), mientras que las mulas, aunque mañosas, ofrecen mayor capacidad de carga.

A través de los siglos los arrieros acuñaron infinidad de refranes alusivos a sus animales, cuyos hábitos y características aplicaron con gran sabiduría a la vida cotidiana para resaltar cualidades, errores, circunstancias o actitudes de la gente que conocían.

Filosofía práctica de los arrieros

Burra y burrito. Foto de Juan Ángel Peña Enríquez en F.

     • “El burro y el majadero siempre se cuentan primero“. Este refrán alude a la ancestral costumbre del arriero, de contar diariamente sus jumentos para descubrir si alguno se le ha perdido, pero a la vez censura a los patanes que al referirse a otras personas se mencionan a sí mismos en primer término, es decir, “yo y fulano de tal…

     • “Otra vez la burra al trigo, y acabándola de echar“. Referencia obvia a quienes repiten una mala acción cuando apenas habían sido reprendidos o castigados por lo mismo.

     • “La burra no era arisca, la hicieron”. Los burros y otros animales no se asustan por cualquier cosa si antes no sufrieron una mala experiencia. Lo mismo sucede con las personas, que difícilmente repiten el error que alguna vez puso en riesgo su vida o sus bienes, aunque también se dice que “el hombre es el único animal que tropieza con la misma piedra”.

“La carga hace andar al burro“. No hay mejor remedio para los indolentes que asumir una responsabilidad. Este refrán se aplica con frecuencia a los varones recién casados que en su papel de solteros ignoraron obligaciones familiares.

Asno con oro, alcánzalo todo

Cargadores de cántaros. Parque Obrero (Agua Azul) 1920. De P. Yo soy tapatío en F

“Cuando digo que la burra es parda es porque tengo los pelos en la mano“. Si alguien conoce bien a los burros es su dueño, razón por la cual éste tiene la absoluta certeza cuando señala el color del animal perdido. Lo mismo puede asegurar quien cuenta con las pruebas contundentes de que algo es verdad.

“Como el burro del aguador, cargado de agua y muerto de sed“. Este refrán alude a las personas e incluso a los pueblos que disponen de suficientes recursos económicos para satisfacer sus necesidades, pero que no los aprovechan debidamente. Así resulta la paradoja de sufrir graves carencias en medio de la riqueza.

    • “Asno con oro, alcánzalo todo”. Hay individuos que sin poseer notables aptitudes intelectuales, logran acumular grandes fortunas por medio de herencias, hallazgo de tesoros u otras eventualidades que les permiten comprarlo todo o casi todo. Famoso en el siglo 19 fue en Jalisco el llamado “Burro de Oro“, de quien se cuentan sabrosas anécdotas.

    • “Asno de muchos, lobos lo comen”. Un objeto valioso -decían los viejos arrieros-, debe estar siempre bajo el cuidado de una sola persona, no de muchas a la vez, porque a la hora de la verdad resulta que nadie se hace responsable de nada.

    • “Para la querencia no hay burro flojo”. Igual que todos los asnos, cualquier persona se alegra, se entusiasma y trata de apresurar el paso ante la cercanía de su casa, de su pueblo, del lugar o circunstancia que le trae buenos recuerdos o expectativas.

Entender a la gente, lo más difícil

    En conclusión, los arrieros mexicanos, con una experiencia acumulada de cuatro siglos, lograron un conocimiento tan profundo de los caminos y de sus animales, que con ellos y por medio de ellos adquirieron la sabiduría necesaria para entender a la gente y enfrentar muchos de los problemas de la vida.

 

    A partir del próximo sábado podrás leer en este mismo blog  sobre “La extinción del burro en México”, un artículo actualizado  sobre el fin que tuvieron los burros en nuestro país. Te adelanto: se fueron al matadero.

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