Archivo por meses: julio 2014

Aventuras de arrieros en la Revolución

Mapa Zona Norte. De p. Cesar Cosío en F.

Mapa del Norte de Jalisco y zonas colindantes.

Al estallar la Revolución de 1910 la arriería en México se encontraba en plena decadencia debido al desarrollo de la red ferrocarrilera, pero en apartadas regiones como el Norte de Jalisco y zonas colindantes de los estados de Nayarit, Durango y Zacatecas, en el occidente del país, las recuas de los arrieros eran todavía el principal medio de transporte de personas y mercancías, por lo cual es fácil imaginar el desastre económico y social que la lucha armada significó para esa región.

Orígenes de la arriería en el Norte de Jalisco

El sistema arriero se organizó en el Norte de Jalisco a mediados del siglo 16, cuando al descubrirse las primeras minas al norte de la Nueva Galicia se abrieron los caminos de la plata. Sin embargo, con el inicio de la Guerra Chichimeca, provocada en gran medida por los abusos de los conquistadores españoles, los asaltos de indígenas no se hicieron esperar, y estos primitivos caminos se convirtieron muy pronto en campos de batalla.

La pacificación encabezada por el capitán mestizo Miguel Caldera trajo consigo la fundación de los primeros asentamientos de españoles como Colotlán y otros pueblos de la comarca. Los presidios y pueblos defensores llegaron a ser la base de la estrategia militar y la protección del tráfico de los caminos: Fresnillo en 1568, Jerez en 1570 y Colotlán en 1590.

Experiencia de los arrieros norteños en guerras

Arcos de Colotlán quemados por gente de Pánfilo Natera. De p. Colotlán Jalisco (oficial) en F

Arcos de Colotlán quemados en tiempos de la Revolución.

Al desatarse el movimiento revolucionario de 1910, los arrieros norteños poseían una experiencia acumulada de 350 años en conflictos armados. Su oficio había nacido precisamente en medio de la guerra, en el siglo 16, pero ya muy entrada la época colonial vinieron otras rebeliones indígenas, y después, en el siglo 19, las guerras de Independencia y de Reforma.

Así las cosas, nada nuevo vino a traer a los arrieros norteños la inseguridad predominante en los aciagos tiempos de la Revolución iniciada en 1910. Para entonces ya sabían qué hacer y qué no hacer. Lo cierto es que nunca dejaron de salir a los caminos a desempeñar su oficio, aunque con muchos riesgos y dificultades.

Reaparecieron los salteadores de caminos

Durante la Revolución (1910-1916) abundaron los ataques a los pueblos. Los atacantes fueron primero maderistas, luego carrancistas y finalmente los villistas. Nadie entendía entonces cómo un gobierno tan fuerte como el de Porfirio Díaz era incapaz de contener la ola de violencia, después de haber garantizado la seguridad de pueblos y caminos durante tres décadas, con policías tan represivos como los de la famosa Acordada.

Las cosas empeoraron cuando a las calamidades provocadas por el hombre, siguieron las naturales. Como consecuencia de la falta de lluvias en 1915, vino el llamado “Año del Hambre” en 1916, cuando no hubo cosechas y el ganado moría de hambre y de sed.

Fue entonces cuando apareció una terrible hambruna, la gente llegó a comerse hasta las correas de los guaraches, reaparecieron numerosos gavilleros ávidos de robar todo aquello que tuviera algún valor, y pese a todo, poniendo en riesgo hasta la vida, los arrieros salieron a los caminos en busca de alimentos.

Solidaridad, principal arma defensiva de los arrieros

El espinazo del Diablo. Villa Guerrero. De P. Francisco Vázquez Mercado en F

La agreste geografía norteña.

Arrieros norteños, entrevistados hace más de 20 años, informaron sobre largas jornadas que tuvieron que hacer hasta Ameca y El Grullo, en Jalisco, pero a cientos de kilómetros de distancia, para llevar maíz a sus pueblos, y volvían a su tierra sin maíz, sin burros y sin dinero, porque ya para llegar a sus comunidades los asaltaban y con frecuencia los mataban.

En tan críticas circunstancias los arrieros de la época revolucionaria recurrieron al sentido de solidaridad para protegerse de los maleantes, igual que lo hicieron siglos atrás sus antecesores ante otros conflictos armados.

Se organizaron en grupos de hasta 20 hombres, armados en su mayoría, y con hatajos de hasta 80 o 100 burros, para llevar alimentos de Guadalajara, Zacatecas, Aguascalientes, Durango y otros lugares.

Don Isauro Rentería resultó ileso de ataques villistas

Arrieros en Zacatecas. P. Temas Zacatecanos en F

Arrieros de burros en Zacatecas.

En cada uno de los pueblos del Norte jalisciense hubo arrieros que sufrieron en carne propia los avatares de la Revolución. Uno de ellos fue don Isauro Rentería Landa, quien en una entrevista dio cuenta de los encuentros que él y sus compañeros sostuvieron con soldados villistas, de los que por fortuna salió ileso, cuando viajaba a llevar y traer mercancías entre su natal Huejuquilla y la ciudad de Zacatecas.

“Entre los oficiales villistas –dice don Isauro– había de todo: unos con ideales positivos y otros con mala entraña, asesinos y ladrones”.

No había otra alternativa que vencer el miedo

En conclusión, contrariamente a lo que pudiera suponerse, los arrieros de Huejuquilla, Colotlán, Totatiche, Temastián, Villa Guerrero, Bolaños y demás comunidades norteñas vencieron el miedo y salieron a los caminos en plena Revolución, sorteando todos los peligros, para satisfacer necesidades de sus familias y de sus pueblos. No hay quien no tenga miedo, pero el sentido del deber lo vence.

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De arrieros a generales

Arrieros en la Revolución. El Sol de Ojinaga.

Los arrieros mexicanos, rancheros por excelencia, constituían una clase social intermedia entre los peones y los hacendados. Esto les permitió la permeabilidad necesaria para participar con eficacia en los más grandes movimientos sociales de México, como fueron la Guerra de Independencia (1810-1821), la Guerra de Reforma (1858-1860) y la Revolución (1910-1915).

En el movimiento de Independencia destacaron José María Morelos, Vicente Guerrero, José Antonio Torres (“El Amo”), Albino García y Valerio Trujano, que habían sido arrieros en su juventud, como también lo fueron Mariano Escobedo en la época de la Reforma, y Pascual Orozco, Francisco Villa y Emiliano Zapata en la Revolución.

Morelos, generalísimo de los Ejércitos del Sur

José_María_Morelos,_óleo_de_Petronilo_Monroy

José María Morelos (1765-1815), artífice de la segunda etapa de la Guerra de Independencia, quedó huérfano de padre cuando era niño; la pobreza lo obligó a servir como arriero hasta la edad de 24 años; luego se inscribió en el Colegio de San Nicolás, en su natal Valladolid (que en su honor lleva hoy el nombre de Morelia), hasta ordenarse sacerdote.

En su oficio de arriero, Morelos viajaba con sus recuas entre Valladolid, Uruapan, Tahuejo y Acapulco. Esto le facilitó el conocimiento del terreno que más tarde sería escenario de cruentas batallas encabezadas por él mismo, ya como generalísimo de los Ejércitos del Sur, contra el dominio español.

Cuentan sus biógrafos que antes de morir le preguntaron a Morelos: “¿Por qué habiendo usted nacido para militar, se hizo cura?”. Y contestó: “Porque no había otro camino para dejar de ser arriero”.

Mariano Escobedo, defensor de la soberanía nacional

mariano_escobedo. Diariocultura.mx

Mariano Escobedo (1826-1902), destacado político y militar de ideología liberal, luchó contra las intervenciones armadas de Estados Unidos (1847) y de Francia (1862); fue gobernador de San Luis Potosí y de Nuevo León, senador y ministro de Guerra durante el gobierno de Sebastián Lerdo de Tejada.

En su juventud, igual que Morelos, Escobedo había trabajado en la arriería, especializándose en el traslado de ganado entre su natal San Pablo de los Labradores, en Nuevo León, y Matehuala y Saltillo, en el Norte del país.

En 1846 se unió a los contingentes que enfrentarían a los invasores estadounidenses en Monterrey, iniciando así una brillante carrera militar que lo llevó a participar en la Revolución de Ayutla (1854), en la Guerra de Reforma y contra los franceses (1862). Por su actuación en la Batalla de Puebla, ascendió a general brigadier.

En 1867, el emperador Maximiliano de Habsburgo se rindió personalmente ante Escobedo, cuando este era ya jefe de Operaciones del Ejército Republicano durante el Gobierno de Benito Juárez.

Pascual Orozco, aguerrido revolucionario norteño

 Pascual_Orozco3

Entre los jefes más decididos de la primera etapa de la Revolución destaca Pascual Orozco (1882-1915), uno de los primeros en acudir al llamado de Francisco I. Madero para iniciar la lucha contra la dictadura de Porfirio Díaz en 1910.

Orozco, arriero nacido cerca de San Isidro, municipio de Guerrero, en Chihuahua, había hecho cierta fortuna transportando metales preciosos, principalmente plata, para distintas compañías que operaban en las montañas chihuahuenses; por ello pudo organizar un pequeño ejército para apoderarse de Guerrero.

Participó en varias batallas, entre ellas la de Malpaso, donde derrotó a los federales. Por cierto que, al término de esta batalla, ordenó desnudar los cadáveres de los soldados abatidos, para luego enviar sus uniformes al general Porfirio Díaz con la siguiente nota: “Ahí te van las hojas, mándame más tamales”.

Pronto alcanzó el grado de general, encabezando un ejército de 5.000 hombres, pero ya triunfante la Revolución, en 1912, se sublevó contra el Presidente Madero, quien mandó al general Victoriano Huerta a combatirlo; éste lo derrotó, aunque más tarde ambos se aliaron; vencido después por Francisco Villa, pasó a Texas, donde fue asesinado.

Invaluables servicios de arrieros a las causas sociales

Morelos, Escobedo y Orozco son tres figuras representativas de la clase media rural mexicana, que partiendo del oficio arriero aprovecharon sus conocimientos de la geografía regional, así como sus contactos personales en pueblos y ciudades, para prestar invaluables servicios a las principales causas sociales del país.

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