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Cuando una borrachera costaba cuatro centavos

Arriero pulquero. Cuadro en restaurante El Camino. García de la Cadena, Zac.

Las monografías de los pueblos de Jalisco son un verdadero encanto. Una de ellas es la que escribió José Díaz Navarro sobre “Ameca y sus costumbres en 1910”. En ella habla de las seis fábricas de tequila de la región, que producían en total 58 barriles diarios, compuesto cada barril de 66 litros, de suerte que en un mes la producción ascendía a 1,740 barriles, o sea, 114,840 litros de “tequila completamente puro”, asegura el autor.

El barril de tequila de 66 litros se vendía entonces entre ocho y nueve pesos cada uno, o sea, entre 12 y 14 centavos por litro puesto en fábrica. Las ventas de este producto se hacían en el mismo Ameca, e igualmente se vendía para el comercio de Autlán de la Grana, Unión de Tula, Tecolotlán, Tenamaxtlán, Ayutla, Mascota, Talpa de Allende y Atenguillo, poblaciones de la misma región de Ameca, pertenecientes todas al Estado de Jalisco.

Las ventas de tequila se hacían por conducto de arrieros que llegaban a las tabernas guiando un atajo de mulas, o bien, un atajo de burros muy bien aparejados para levantar esa carga. Estos arrieros portaban siempre, fajada en la cintura, la llamada víbora de cuero repleta de monedas de oro y plata para hacer sus compras.

También se vendía este producto en las ciudades de Guadalajara y México, a donde se enviaba por ferrocarril en los mismos barriles de 66 litros.

Cuando alguna persona quería emborracharse –dice Díaz Navarro- lo hacía con sólo cuatro centavos, pues el llamado “cartucho”, que contenía poco más de un decilitro, valía dos centavos, de suerte que dos “cartuchos” de dos centavos cada uno eran suficientes para que un hombre quedara totalmente borracho, si así lo deseaba.

Era la época en que gobernaba en México el general Porfirio Díaz, cuando los peones de las haciendas ganaban un promedio de 25 a 30 centavos diarios.

También había copas de este licor que se vendían a un centavo en todas las tiendas, tendajones y cantinas. Por litros, el tequila se vendía a razón de 20 centavos en los depósitos y tiendas de mayoreo, sin restricción alguna.

Y cosa curiosa –agrega Díaz Navarro-, a pesar de haber libertad para vender el tequila en todos los comercios, no abundaban los borrachines, porque como todo mundo trabajaba no había tiempo de frecuentar las cantinas, a las que acudían solamente los domingos trabajadores de todas las categorías.

Cuando un beodo caía en la cárcel dizque por andar escandalizando en la vía pública- afirma el mismo autor- se le imponía, para quedar en libertad, una multa de 25 centavos si era jornalero de las haciendas, pero si el escandaloso era de “sombrero chiquito”, como les llamaban los rancheros a los que vestían saco, chaleco y pantalón, entonces la cosa cambiaba: A éste, al del “sombrero chiquito”, se le multaba con un peso.

Parece ser, de acuerdo con este autor, que no todo fue desigualdad social en tiempos de don Porfirio. O más bien dicho, según el sapo era la pedrada, cosa que no ocurre en estos tiempos en que la gente de más recursos es la que goza de más privilegios oficiales.

Obra consultada: José C. Díaz Navarro. Ameca y sus costumbres en 1910. México 1960.

javiermedinaloera.com

 Artículo relacionado: Los arrieros de tequila.

 

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