Cómo gobierna un caballo a una manada de yeguas

Estampida III. Foto Juan Ángel Peña Enríquez.

   Entre las cosas curiosas que narra el escritor Rafael Landívar en su obra “Rusticatio Mexicana” figura la forma en que un caballo garañón gobierna a una manada de yeguas. Sucede que en el siglo XVIII, al que se refiere Landívar, ya se habían multiplicado en algunas llanuras mexicanas las manadas de caballos salvajes y semisalvajes, que aparecieron desde la segunda mitad del siglo XVI.

   A las manadas controladas por los ganaderos se refiere seguramente Landívar cuando dice que “el agricultor ara los campos y deja a los ganados vagar por dondequiera sin pastor, en compañía de sus crías.” En su bello estilo poético este notable escritor describe cómo un brioso corcel gobierna a su manada:

Seducción, castigo y premio, la clave

   “Entre todos sobresale a primera vista por su arrogante hermosura, el níveo caballo de negra cola admirable. Alborotada la crin sobre el cuello, lomo y orejas, crespa la cola y garganta retorcida, fiero, por los campos de oro, acojinados de yerba, golpea la llanura con su casco resonante; y a la cabeza de numerosa manada de yeguas las conduce paseándose por el campo delicioso. Si alguna, tarda, desdeña seguirlo en su marcha, el corcel la excita luego con agudo relincho, y una y otra vez llamará a la rezagada. Mas si la hembra inmóvil rehusara obedecer, a menudo caerá con furiosos mordiscos sobre la perezosa y la reducirá, presa de terror, a la manada.

   “Con todo, (el garañón) no amenaza castigar a cada rato a las yeguas; antes bien, solícito, las lleva con sus tiernas crías a los pastos reverdecidos y a que apaguen la sed a los arroyos. De regreso al llano feraz, las mueve a tomar sombra bajo los fresnos añosos. Después la muchedumbre de briosos cuadrúpedos, nacidos de noble sangre, merecedores de añadirse a las rápidas cuadrigas del sol, sin ley vagan libres por los campos…”

   Las manadas constan de 24 yeguas, guiadas por un caballo; y según la amplitud y riqueza de los ranchos ganaderos solía haber de 40 a 80 manadas. Incluso algunos preferían que las yeguas de toda manada fueran del mismo color que el del garañón.

Caballos salvajes en la llanura mexicana

   Apenas había pasado medio siglo de la toma de Tenochtitlan por el conquistador Hernán Cortés cuando ya se reportaba la existencia de caballos salvajes en algunas llanuras mexicanas.

   Los caballos habían sido introducidos a México por Cortés, pero algunos que se desbandaron en las primeras batallas de la conquista, se fueron al monte y se volvieron salvajes con el tiempo, logrando sobrevivir en sabanas y bosques, hasta constituir grandes manadas.

   Al mismo tiempo, desde las primeras décadas de la Colonia las autoridades virreinales promovieron los criaderos de caballos, mulas y asnos por toda la Nueva España a fin de satisfacer la creciente demanda de estos animales para el transporte de personas y mercancías.

Manadas hasta de 40 mil animales

   Todavía en el siglo XIX, grandes conjuntos de caballos y toros salvajes, de hasta 40 mil animales, recorrían algunas llanuras, principalmente en el Sur y en el Sureste.

   Lo mismo pasó con el asno salvaje, que rivalizaba en fiereza con el puma y vivió en algunas serranías, siendo cazado por las tropas, por peligroso.

   Obras consultadas: Dádivas de México al mundo, de Heriberto García Rivas. Ediciones Especiales de Excélsior. 1965. Rusticatio Mexicana, publicada en 1781 por Rafael Landívar. Antigüedades de la Nueva España, de Francisco Hernández (1517-1578).

  Imagen: “La Estampida”. Grupo escultórico de Jorge de la Peña en Guadalajara. Fotografía de Juan Ángel Peña Enríquez.

   Artículo relacionado: Los primeros criaderos de caballos.

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