Casos insólitos de mujeres arrieras en México

 Eulogia

Doña Eulogia Villagrana, una de las últimas arrieras de México.

   Hay actividades en las que aún hoy no es común que participe la mujer; una de ellas es la milicia, donde tradicionalmente ha sido limitada su participación, sobre todo en combate; otra es la función sacerdotal, que al menos en la religión católica está vedada a la mujer, y una más, las jefaturas de Estado, alcanzadas hasta ahora por muy pocas mujeres.

La arriería, un trabajo pesado y peligroso

   La arriería, por sus características de trabajo pesado y peligroso, nació y se desarrolló como un oficio exclusivo de varones. Cargar y descargar bestias y lidiar con ellas no es ciertamente un empleo propio de mujeres; al menos eso fue lo que se pensó durante siglos, pero hubo excepciones como las hay en todas las reglas. Una de ellas fue la Monja Alférez, famosa en México hacia la primera mitad del siglo XVII, y otro ejemplo, mucho más reciente, doña Eulogia Villagrana, de Villa Guerrero, Jalisco, una de las últimas arrieras del país.

La Monja Alférez, pionera de la arriería en México

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Catalina de Erauso, la Monja Alférez.

   Digna sucesora de los intrépidos arrieros de la Nueva España, Catalina de Erauso, mejor conocida como la Monja Alférez, nació en San Sebastián de Guipúzcoa, España, en 1592, y murió en Cuetlaxtla, México, en 1650.

   Desde la edad de cuatro años la tomó a su cargo la madre sor Úrsula de Unzúa y Sarasti, priora del convento de dominicos y hermana de su madre. A los 15 años tuvo un fuerte altercado con una religiosa y huyó del convento, refugiándose en un bosque en donde permaneció tres días y adoptó el traje de hombre.

   Luego de varias correrías por España, donde desempeñó diversos oficios, marchó hacia América en un barco mandado por Esteban Eugenio, tío suyo, hermano de su madre. Sentó plaza de soldado en Chile, donde alcanzó el grado de alférez.

   Su natural inquieto la envolvió en varias pendencias, en las que causó heridas a sus adversarios. Involucrada en un duelo, dio muerte, sin saberlo, a su propio hermano, el capitán Miguel de Erauso. La encarcelaron, pero se las arregló para lograr su libertad.

Arriera de mulas y dueña de una posada en el camino México-Veracruz

   La Monja Alférez aparece luego en el camino de México a Veracruz, dueña de una posada y traficando en calidad de arriera de mulas. En esta ocasión, Catalina, con el nombre de Alonso Ramírez o don Antonio, se dedicó exclusivamente a su oficio.

   En reconocimiento a sus méritos, Felipe IV la recompensó con una pensión, en tanto que el Papa Urbano VIII no sólo la perdonó sino que la autorizó para seguir usando el traje masculino.

   “Por lo demás, ella es para los mexicanos en el oficio noble de la arriería, el más ilustre de sus decanos“, dice Salvador Ortiz Vidales en su obra “La Arriería en México” (1929).

Doña Eulogia Villagrana, entre las últimas arrieras mexicanas

Cerro de la Leona. Foto, Alan Puga. P. Municipio de Villa Guerrero en F.

Los caminos de doña Eulogia. El Cerro de la Leona.

   Doña Eulogia Villagrana Vicencio nació en Nóstic, municipio de Mezquitic, Jalisco, el 13 de septiembre de 1903. Murió en Villa Guerrero, Jalisco, el 20 de abril de 1995, luego de haber dedicado a la arriería la mayor parte de su vida.

   Cuando era joven, doña Eulogia ayudaba a su padre y hermanos, todos ellos arrieros, a cargar y descargar burros; luego se casó, pero a la vuelta de unos años enviudó, y como no conocía más medio de subsistencia que la arriería, abrazó de lleno este oficio para mantener a sus hijos.

  Empezó cargando naranjas, plátanos y cañas y luego transportaba mercancía de los comerciantes de Villa Guerrero hasta Los Amoles, en el cordón de la Sierra Huichola, a día y medio de camino. A su regreso de la sierra, traía madera.

   Acompañada de dos de sus hijas y arriando ocho burros, dice doña  Eulogia, “salía de Villa Guerrero oscura la mañana y me quedaba a dormir en Toros Gachos, arriba de Patoltita, y al día siguiente subía a la cumbre de la sierra para llegar allá como al mediodía”.

   Pistola en mano supo hacerse respetar hasta por los bandidos

   La figura de doña Eulogia, resuelta y brava, supo hacerse respetar y dejar corridos a quienes trataron de asaltarla en los abruptos y solitarios caminos de la Sierra Huichola.

   En más de una ocasión le salieron los bandidos, pero armada con una pistola 38 Súper los hizo huir.

   Al preguntarle qué opinaba de los arrieros hombres, dijo: “Yo a los únicos que necesité una vez les pagué su flete, pero ya no me quedaron ganas de ocuparlos, me cobraron muy caro”.

   La mujer, apoyo fundamental del hombre en la arriería

   Si bien es cierto, son raros los casos de mujeres que participaron directamente en el trabajo arriero, su papel fue fundamental en el apoyo a los arrieros varones, desde la preparación de sus alimentos para el viaje -especiales para el caso-, hasta la atención de los negocios domésticos durante sus prolongadas ausencias. Simplemente, sin ellas no hubiera existido la arriería.

    Artículo relacionado: Auge y ocaso de la arriería en México.

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4 pensamientos en “Casos insólitos de mujeres arrieras en México

    1. Javie940

      Admiro a las mujeres que como tú y Judith, en otros campos, pero igual que estas ilustres arrieras, se entregan con fe y entusiasmo al trabajo, por duro que éste sea. Un abrazote, mi estimada Alma.

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