Arrieros y mujeres en México: un amor en cada pueblo

marichidearrieros

   Gracias a sus refranes, que acuñaron en abundancia, es posible conocer hoy el pensamiento de los arrieros acerca de las mujeres, y a su vez, el concepto de ellas sobre estos singulares comerciantes, transportistas y comunicadores, que dominaron los caminos de México durante más de cuatro siglos.

Amor de arriero, si te vi ya no me acuerdo

   La infidelidad del arriero fue proverbial. Uno de los dichos populares que reflejan con mayor claridad su concepto sobre el amor es precisamente: “Amor de arriero, si te vi ya no me acuerdo”.

   Por lo general, el arriero se dedicó a su familia, esposa e hijos, cuya seguridad y bienestar le preocupaban durante sus viajes, pero por la naturaleza misma de su oficio, que exigía prolongadas ausencias de su hogar, consideraba normal tener otros amores en los pueblos que visitaba, en una relación meramente ocasional.

   “Hay tres clases de tarugos –decía el arriero-: el que brinda con el dependiente, el que monta sin barboquejo y el que baila con su mujer”.

Al arriero no le faltaban oportunidades de amar

Mesón de Jobito (Zac) en P. Temas Zacatecanos en F

Mesón de Jobito, en Zacatecas.

   El arriero debía hospedarse y alimentarse frecuentemente en mesones, donde casi siempre, durante las obligadas horas de descanso, había oportunidades para amar y ser amado.

   De ahí el refrán que advierte: “No compres asno de recuero ni te cases con hija de mesonero“. Y es que la reputación de la hija de mesonero no era buena, porque “parece que no echa un brinco, y hasta las laderas salta”.

   Además, la época favorecía al machismo:  De ahí el dicho: “La india quiere al arriero cuando es más lépero y fiero” y “No le hace que nazcan tuertos con tal de que miren bien”.

Estrategia del arriero en el arte del amor

   Sin embargo, “Más vale maña que fuerza“. Este dicho lo aplicaban los arrieros en la práctica de su oficio y también en el arte de amar, ya que, si bien es cierto, fueron por lo general machistas, sabían que “El que es corto no entra al cielo, y el que es largo se atraviesa”, pero cuando las cosas no iban bien se consolaban diciendo: “Déjalas que corcoveen que ya tomarán su paso”.

Quien de su casa se aleja no la halla como la deja

Familia campesina. Cortesía de Patricia Delgadillo en Imágenes histórics de Guadalajara, Mexico en F

   Claro está que la infidelidad del arriero tenía sus consecuencias. Cuando la esposa sospechaba que su marido no andaba en buenos pasos, también sabía qué hacer. De ahí el refrán: “Quien de su casa se aleja no la halla como la deja”, o “A los dos nos gusta el trote, aunque nos zangolotee”.

   Las discusiones de pareja por cuestiones de infidelidad debieron ser muy frecuentes. Esto lo revelan refranes como:

  • “Ahora lo verás guarache, ya apareció tu correa”.
  • Solo te queda lo que a los burros viejos, el puro rebuznido“.
  • Al que no le guste el fuste, que lo tire y monte en pelo”.
  • “La gracia no está en cantar sino en hacer gorgoritos”.
  • “Por eso los hacen pandos, porque los montan tiernitos”.
  • Ya no quiero la harina sino los costales”.
  • “Que pase la creciente para pasar el río”.
  • “!Ay reata no te revientes que es el último jalón!”

Entre machos y mulas nomás las patadas se oyen

Arre mulitas. De P. César Mauricio Hinojosa Mendez en F

   Total, que “Entre machos y mulas nomás las patadas se oyen”.

   Infieles los arrieros, ni quien lo dude, pero de acuerdo con sus dichos, algunas de sus mujeres “tampoco cantaban mal las rancheras”; por ello recomendaron: “Mulita no te me buigas mientras que te aprieto el cincho” y “Mula triscona y mujer inquieta, con un sobornal de tierra, !quieta!”.

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