La sabiduría de los arrieros

Arrieros pasan por el Puente de Arcediano. De Imágenes Históricas de Guadalajara (Luis Fernández)

Arrieros en el Puente de Arcediano, sobre el Río Santiago.

     El buen arriero no solo reunió extraordinarias virtudes como la honradez, la audacia y el espíritu solidario, sino que llegó a dominar una amplia gama de conocimientos necesarios para realizar sus complejas tareas.
Así lo revelan entrevistas realizadas con viejos arrieros mexicanos del siglo XX, que además de aportar sus propios testimonios, dieron cuenta de antiguas tradiciones de su oficio. En esto coincide también gran parte de la bibliografía existente acerca de este gremio.

La arriería, oficio de varones transmitido de padres a hijos

     Por regla general el oficio de arriero era transmitido de padres a hijos. Aunque hay casos insólitos de mujeres arrieras, fue un oficio exclusivo de varones; hasta los burros que arriaban eran generalmente machos, para evitar dificultades con las hembras; también utilizaban bestias mulares, que aparte de su resistencia y mayor capacidad de carga, se adaptaban mejor a la accidentada geografía de los caminos y obviamente tampoco daban problemas de sexo.

Honradez a toda prueba, el principal atributo del arriero

     El principal atributo del arriero fue su honradez a toda prueba; no a cualquiera se le podía confiar el transporte de personas, de correspondencia y de valiosas mercancías por caminos tan llenos de peligros. Por ello, los arrieros fueron generalmente honrados, pero además solidarios, valientes, fuertes, audaces, astutos y cautelosos.

Arrieros somos y en el camino andamos, principio solidario

     Su proverbial solidaridad -arrieros somos y en el camino andamos- se manifestaba no solo frente al enemigo y al compartir sus alimentos, sino que cuando alguien se enfermaba, los demás lo atendían con prontitud. Incluso cuando se reunían muchos arrieros, lo cual era frecuente por cuestiones de seguridad, el trabajo lo hacían en común: todos se apoyaban para cargar o descargar las bestias, y al que se rezagaba lo ayudaban los demás hasta terminar, y si un animal se perdía por la noche, cualquiera que fuese el dueño, nadie se movía hasta que no salía al camino todo el grupo.
Los arrieros que viajaban juntos eran como una familia; consumían primero el mejor bastimento que alguien del grupo llevara, según lo hacendoso, limpias y buenas cocineras que fueran sus mujeres, y así hasta consumir entre todos el menos bueno de los alimentos.

Cautela ante los extraños, alegría y bromas entre ellos

Arrieros en Zacatecas. P. Temas Zacatecanos en F

Arrieros en Zacatecas.

     Ante los extraños eran retraídos, cautelosos, pero entre ellos, alegres, cantadores y bromistas. Cuando diferentes grupos se encontraban en el camino, se comunicaban las buenas o malas noticias del rancho o de la ciudad, pero con frecuencia se jugaban bromas inocentes: -¿Que a cómo anda el huevo en Zacatecas? -¡Caro! Y luego llegaban los otros y encontraban el precio muy abajo. O al revés: informaban que el huevo estaba muy barato cuando en realidad se cotizaba alto. Eso era suficiente para reír buena parte del camino.

El arriero no era tan vulgar como se dice

      El chiflido con el que arriaban la recua fue su segundo lenguaje; con él se comunicaban unos a otros a distancia, insultaban a sus enemigos o se mofaban de alguien.
Siempre tuvieron fama de “mal hablados”, pero es justo señalar que hubo arrieros tan respetables y respetuosos, que no usaron palabras altisonantes ni para dirigirse a las bestias, menos para ofender a la gente.
La mala fama de vulgares, ventajosos y pendencieros, que se refleja en refranes como “el habla de arrieros es indigna de caballeros”, “arrieros y porqueros duermen bien en los graneros”, “de arriero a limosnero” y otros por el estilo, parece más bien producto de la aversión que siempre les tuvo gente sofisticada que pretendía despreciarlos, aunque nunca dejara de servirse de ellos.

Principales conocimientos que reunían los arrieros

    Un buen arriero sabía leer y escribir para llevar el control de los pedidos que atendía; también entendía de cuentas y de pesas y medidas, manejaba la báscula romana, calculaba las horas por la sombra del sol o por la posición de las estrellas, conocía las fases de la luna para aprovechar su luz, distinguía la calidad de las mercancías para recibirlas y entregarlas según cuenta y razón, conocía las propiedades medicinales de las hierbas para curar a quienes se enfermaban en el camino, sabía también cómo curar y rehabilitar a sus animales ante cualquier contingencia; en suma, conocía los buenos y los malos caminos, y de tanto andar por ellos aprendió lo más difícil, que es entender el carácter de los hombres.
Por lo anterior, es inexacto y desde luego injusto calificar de manera general a los arrieros como gente vulgar e ignorante.

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