De los burros también se aprende

 

Arriero y su burro. Cortesía de Juan Angel Peña. Pintura de quién.

Los arrieros, amos de los caminos de México durante cuatro siglos, conocieron mejor que nadie a las bestias de carga, ya que además de trabajar con ellas su vida entera, las alimentaban, curaban y cuidaban con el mayor esmero por ser su principal fuente de subsistencia. Y lo mejor de todo: por ellas aprendieron a entender a la gente y a resolver problemas de la vida.

De los burros, ¿quién iba a pensarlo?, también se aprende. Ocurre que en nuestro diario lenguaje se suele calificar de “burro” al ignorante, al que nada sabe. De hecho, una de las antiguas disciplinas “educativas” consistía en ponerles orejas de burro a los niños que no aprendían la lección. Pero, ¡Oh sorpresa!, de ellos, de los burros, aprendieron los arrieros filosofía práctica. Vea usted cómo.

Los pobres arriaban burros; los ricos, mulas

     Hubo dos clases de arrieros: los que trabajaban con burros, que eran los más pobres, y los de mulas, que poseían mayores recursos. Ambas especies de animales, aunque emparentadas, son de naturaleza distinta: los asnos, nobles, humildes, sufridos, sobrios y trabajadores (cualidades ausentes muchas veces en los seres humanos), mientras que las mulas, aunque mañosas, ofrecen mayor capacidad de carga.

A través de los siglos los arrieros acuñaron infinidad de refranes alusivos a sus animales, cuyos hábitos y características aplicaron con gran sabiduría a la vida cotidiana para resaltar cualidades, errores, circunstancias o actitudes de la gente que conocían.

Filosofía práctica de los arrieros

Burra y burrito. Foto de Juan Ángel Peña Enríquez en F.

     • “El burro y el majadero siempre se cuentan primero“. Este refrán alude a la ancestral costumbre del arriero, de contar diariamente sus jumentos para descubrir si alguno se le ha perdido, pero a la vez censura a los patanes que al referirse a otras personas se mencionan a sí mismos en primer término, es decir, “yo y fulano de tal…

     • “Otra vez la burra al trigo, y acabándola de echar“. Referencia obvia a quienes repiten una mala acción cuando apenas habían sido reprendidos o castigados por lo mismo.

     • “La burra no era arisca, la hicieron”. Los burros y otros animales no se asustan por cualquier cosa si antes no sufrieron una mala experiencia. Lo mismo sucede con las personas, que difícilmente repiten el error que alguna vez puso en riesgo su vida o sus bienes, aunque también se dice que “el hombre es el único animal que tropieza con la misma piedra”.

“La carga hace andar al burro“. No hay mejor remedio para los indolentes que asumir una responsabilidad. Este refrán se aplica con frecuencia a los varones recién casados que en su papel de solteros ignoraron obligaciones familiares.

Asno con oro, alcánzalo todo

Cargadores de cántaros. Parque Obrero (Agua Azul) 1920. De P. Yo soy tapatío en F

“Cuando digo que la burra es parda es porque tengo los pelos en la mano“. Si alguien conoce bien a los burros es su dueño, razón por la cual éste tiene la absoluta certeza cuando señala el color del animal perdido. Lo mismo puede asegurar quien cuenta con las pruebas contundentes de que algo es verdad.

“Como el burro del aguador, cargado de agua y muerto de sed“. Este refrán alude a las personas e incluso a los pueblos que disponen de suficientes recursos económicos para satisfacer sus necesidades, pero que no los aprovechan debidamente. Así resulta la paradoja de sufrir graves carencias en medio de la riqueza.

    • “Asno con oro, alcánzalo todo”. Hay individuos que sin poseer notables aptitudes intelectuales, logran acumular grandes fortunas por medio de herencias, hallazgo de tesoros u otras eventualidades que les permiten comprarlo todo o casi todo. Famoso en el siglo 19 fue en Jalisco el llamado “Burro de Oro“, de quien se cuentan sabrosas anécdotas.

    • “Asno de muchos, lobos lo comen”. Un objeto valioso -decían los viejos arrieros-, debe estar siempre bajo el cuidado de una sola persona, no de muchas a la vez, porque a la hora de la verdad resulta que nadie se hace responsable de nada.

    • “Para la querencia no hay burro flojo”. Igual que todos los asnos, cualquier persona se alegra, se entusiasma y trata de apresurar el paso ante la cercanía de su casa, de su pueblo, del lugar o circunstancia que le trae buenos recuerdos o expectativas.

Entender a la gente, lo más difícil

    En conclusión, los arrieros mexicanos, con una experiencia acumulada de cuatro siglos, lograron un conocimiento tan profundo de los caminos y de sus animales, que con ellos y por medio de ellos adquirieron la sabiduría necesaria para entender a la gente y enfrentar muchos de los problemas de la vida.

 

    A partir del próximo sábado podrás leer en este mismo blog  sobre “La extinción del burro en México”, un artículo actualizado  sobre el fin que tuvieron los burros en nuestro país. Te adelanto: se fueron al matadero.

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