Adiós a los burros

De P. Chapala en F

Un burro divierte a los turistas en Chapala.

Con la desaparición de la arriería y la introducción de maquinaria agrícola, los burros se quedaron desempleados, y sin contar ya con actividad económica alguna se convirtieron en una carga para el campo mexicano. Entonces sus dueños empezaron a deshacerse de ellos. Hoy se encuentran en riesgo de extinción.

Además de que los asnos se utilizaron durante más de cuatro siglos para el transporte de todo tipo de mercancías entre las ciudades y los pueblos, también ayudaron al hombre en la labranza de la tierra y fueron sus más fieles compañeros de aventuras, pero esto se acabó.

De un millón y medio de asnos registrados en el Censo de 1991 en México, la población disminuyó, dos décadas después, a solo medio millón, según estimaciones de la Universidad Nacional Autónoma de México y de la asociación Donkey Sanctuary, de Inglaterra.

Muchos de estos burros fueron a dar al matadero

Gran parte de ese millón de asnos perdidos en México en sólo 20 años, fueron sacrificados en empacadoras para exportar su carne a Europa, Asia y Australia.

El 5 de febrero de 2007 el diario El Universal publicó declaraciones del subsecretario de Fomento Agropecuario de Coahuila, Héctor de La Fuente, anunciando el sacrificio de cinco mil asnos, mulas y caballos, que dejaron de ser productivos en ejidos de esa Entidad, para exportar sus “cortes” a la Unión Europea y a Australia.

Dijo entonces el funcionario estatal: “Estos animales se han convertido en un verdadero problema porque no tienen ya utilidad productiva, y en cambio sí representan una carga muy fuerte para el agostadero y los abrevaderos al consumir el pasto y beber el agua que necesita el ganado bovino y caprino”. 

Para ese tiempo, tal criterio se había difundido y aplicado ya en todo el país.

La población de burros en el mundo tiende a disminuir

Donkey_Catalan_race

El burro catalán.

La población de asnos en México y en otros países se ha reducido tan drásticamente que en los últimos años se han tenido que emprender acciones para su rescate y preservación a través de los llamados “santuarios de burros” como el que funciona desde hace ocho años en Otumba, Estado de México, llamado popularmente “Burrolandia“, en una superficie de 2.5 hectáreas.

Aunque se mantiene alta la demanda de asnos en regiones subdesarrolladas, la población mundial de esta especie tiende a disminuir. En Europa, por ejemplo, el censo se redujo de dos millones a solo medio millón de cabezas durante las últimas tres décadas.

Del burro catalán, en España, quedan apenas 400 ejemplares, principalmente en la zona de Cataluña, en tanto que del asno de Panteleria, en Italia, ya sólo queda el recuerdo: se extinguió totalmente desde los años 70 del siglo pasado.

Asimismo, el asno salvaje que formaba grandes manadas en las llanuras de África, ha venido desapareciendo con rapidez.

Actualmente se estima que hay 44 millones de asnos en el mundo. Entre los principales productores figuran China, Pakistán, India, Etiopía y Egipto.

El asno, salvador de la clase indígena mexicana

Burros tlazoleros en Temastián

Burra cargada con rastrojo (plantas secas de maíz) en Temastián, Jal.

Resulta que el asno, visto ahora como bestia inferior, fue realmente el salvador de la clase indígena mexicana, pues no sólo sustituyó a los tamemes, que eran los cargadores prehispánicos, sino que posteriormente, a partir de la Conquista, les evitó las tremendas y costosas cargas a que fueron sometidos los naturales por razones de encomiendas, mandamientos y otras forma de esclavitud.

Pero además de servir como bestias de carga y de tiro, estos nobles, fuertes y sobrios animalitos fueron necesarios para la reproducción de la raza mular, resultante de la cruza de burros con yeguas o de burras con caballos.

Cristóbal Colón trajo los primeros asnos a América

El navegante Cristóbal Colón fue quien en 1495 introdujo en América los primeros burros: cuatro machos y dos hembras. La demanda de equinos debió crecer considerablemente a partir de la Conquista, en 1521, porque ya para los años 30 del siglo 16 se reiteraba la exigencia de los gobernantes de Nueva España a sus contactos en Europa para el envío de pies de cría de esta especie.

El obispo virrey de México, Ramírez de Fuenleal, escribía entonces a la Metrópoli diciendo: “Convendría mucho que viniesen trescientas borricas para distribuirlas entre los indios. Hago que se les den ovejas y críanlas con grande amor”.

De ese modo fue como empezó a establecerse en la América continental la cría del ganado asnal y mular, que tanto impulso recibió durante la Colonia y aún después, para el trabajo en las minas, la agricultura y el abastecimiento de víveres a ciudades y pueblos.

Alejandro de Humboldt, refiriéndose al florecimiento alcanzado a principios del siglo 19 por el comercio establecido entre las ciudades de México y Veracruz, informó que ocupaba en sus tráfagos más de cien mil mulas.

El burro, llamado a convertirse en mascota de lujo

Burros. Foto del muro de José Modesto Barros Romo (F)

En contraste con los caballos, que hoy viven su mejor época en México, “El automóvil del pobre“, como se le llamó hasta hace unas décadas al burro, está a punto de pasar a la historia. Tras de recorrer durante más de cuatro siglos los caminos de México, ha terminado su función como medio de transporte y de apoyo en la agricultura.

Como consecuencia de ello y de su rápida extinción, seguramente no pasarán muchos años para que el noble jumento se convierta en artículo de lujo destinado al solaz y esparcimiento de los turistas en zoológicos, balnearios y ricos ranchos ganaderos del país.

De hecho, ya se empiezan a ver por ahí, en zonas de recreo, los primeros burros dedicados a entretener y divertir a los turistas, especialmente a los niños, a quienes les encanta montarse en ellos. Ojalá que esta nueva actividad económica, aunque de posibilidades limitadas, al menos mantenga vivos a algunos de ellos.

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