De arrieros a generales

Arrieros en la Revolución. El Sol de Ojinaga.

Los arrieros mexicanos, rancheros por excelencia, constituían una clase social intermedia entre los peones y los hacendados. Esto les permitió la permeabilidad necesaria para participar con eficacia en los más grandes movimientos sociales de México, como fueron la Guerra de Independencia (1810-1821), la Guerra de Reforma (1858-1860) y la Revolución (1910-1915).

En el movimiento de Independencia destacaron José María Morelos, Vicente Guerrero, José Antonio Torres (“El Amo”), Albino García y Valerio Trujano, que habían sido arrieros en su juventud, como también lo fueron Mariano Escobedo en la época de la Reforma, y Pascual Orozco, Francisco Villa y Emiliano Zapata en la Revolución.

Morelos, generalísimo de los Ejércitos del Sur

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José María Morelos (1765-1815), artífice de la segunda etapa de la Guerra de Independencia, quedó huérfano de padre cuando era niño; la pobreza lo obligó a servir como arriero hasta la edad de 24 años; luego se inscribió en el Colegio de San Nicolás, en su natal Valladolid (que en su honor lleva hoy el nombre de Morelia), hasta ordenarse sacerdote.

En su oficio de arriero, Morelos viajaba con sus recuas entre Valladolid, Uruapan, Tahuejo y Acapulco. Esto le facilitó el conocimiento del terreno que más tarde sería escenario de cruentas batallas encabezadas por él mismo, ya como generalísimo de los Ejércitos del Sur, contra el dominio español.

Cuentan sus biógrafos que antes de morir le preguntaron a Morelos: “¿Por qué habiendo usted nacido para militar, se hizo cura?”. Y contestó: “Porque no había otro camino para dejar de ser arriero”.

Mariano Escobedo, defensor de la soberanía nacional

mariano_escobedo. Diariocultura.mx

Mariano Escobedo (1826-1902), destacado político y militar de ideología liberal, luchó contra las intervenciones armadas de Estados Unidos (1847) y de Francia (1862); fue gobernador de San Luis Potosí y de Nuevo León, senador y ministro de Guerra durante el gobierno de Sebastián Lerdo de Tejada.

En su juventud, igual que Morelos, Escobedo había trabajado en la arriería, especializándose en el traslado de ganado entre su natal San Pablo de los Labradores, en Nuevo León, y Matehuala y Saltillo, en el Norte del país.

En 1846 se unió a los contingentes que enfrentarían a los invasores estadounidenses en Monterrey, iniciando así una brillante carrera militar que lo llevó a participar en la Revolución de Ayutla (1854), en la Guerra de Reforma y contra los franceses (1862). Por su actuación en la Batalla de Puebla, ascendió a general brigadier.

En 1867, el emperador Maximiliano de Habsburgo se rindió personalmente ante Escobedo, cuando este era ya jefe de Operaciones del Ejército Republicano durante el Gobierno de Benito Juárez.

Pascual Orozco, aguerrido revolucionario norteño

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Entre los jefes más decididos de la primera etapa de la Revolución destaca Pascual Orozco (1882-1915), uno de los primeros en acudir al llamado de Francisco I. Madero para iniciar la lucha contra la dictadura de Porfirio Díaz en 1910.

Orozco, arriero nacido cerca de San Isidro, municipio de Guerrero, en Chihuahua, había hecho cierta fortuna transportando metales preciosos, principalmente plata, para distintas compañías que operaban en las montañas chihuahuenses; por ello pudo organizar un pequeño ejército para apoderarse de Guerrero.

Participó en varias batallas, entre ellas la de Malpaso, donde derrotó a los federales. Por cierto que, al término de esta batalla, ordenó desnudar los cadáveres de los soldados abatidos, para luego enviar sus uniformes al general Porfirio Díaz con la siguiente nota: “Ahí te van las hojas, mándame más tamales”.

Pronto alcanzó el grado de general, encabezando un ejército de 5.000 hombres, pero ya triunfante la Revolución, en 1912, se sublevó contra el Presidente Madero, quien mandó al general Victoriano Huerta a combatirlo; éste lo derrotó, aunque más tarde ambos se aliaron; vencido después por Francisco Villa, pasó a Texas, donde fue asesinado.

Invaluables servicios de arrieros a las causas sociales

Morelos, Escobedo y Orozco son tres figuras representativas de la clase media rural mexicana, que partiendo del oficio arriero aprovecharon sus conocimientos de la geografía regional, así como sus contactos personales en pueblos y ciudades, para prestar invaluables servicios a las principales causas sociales del país.

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