Aventuras de arrieros en la Revolución

Mapa Zona Norte. De p. Cesar Cosío en F.

Mapa del Norte de Jalisco y zonas colindantes.

Al estallar la Revolución de 1910 la arriería en México se encontraba en plena decadencia debido al desarrollo de la red ferrocarrilera, pero en apartadas regiones como el Norte de Jalisco y zonas colindantes de los estados de Nayarit, Durango y Zacatecas, en el occidente del país, las recuas de los arrieros eran todavía el principal medio de transporte de personas y mercancías, por lo cual es fácil imaginar el desastre económico y social que la lucha armada significó para esa región.

Orígenes de la arriería en el Norte de Jalisco

El sistema arriero se organizó en el Norte de Jalisco a mediados del siglo 16, cuando al descubrirse las primeras minas al norte de la Nueva Galicia se abrieron los caminos de la plata. Sin embargo, con el inicio de la Guerra Chichimeca, provocada en gran medida por los abusos de los conquistadores españoles, los asaltos de indígenas no se hicieron esperar, y estos primitivos caminos se convirtieron muy pronto en campos de batalla.

La pacificación encabezada por el capitán mestizo Miguel Caldera trajo consigo la fundación de los primeros asentamientos de españoles como Colotlán y otros pueblos de la comarca. Los presidios y pueblos defensores llegaron a ser la base de la estrategia militar y la protección del tráfico de los caminos: Fresnillo en 1568, Jerez en 1570 y Colotlán en 1590.

Experiencia de los arrieros norteños en guerras

Arcos de Colotlán quemados por gente de Pánfilo Natera. De p. Colotlán Jalisco (oficial) en F

Arcos de Colotlán quemados en tiempos de la Revolución.

Al desatarse el movimiento revolucionario de 1910, los arrieros norteños poseían una experiencia acumulada de 350 años en conflictos armados. Su oficio había nacido precisamente en medio de la guerra, en el siglo 16, pero ya muy entrada la época colonial vinieron otras rebeliones indígenas, y después, en el siglo 19, las guerras de Independencia y de Reforma.

Así las cosas, nada nuevo vino a traer a los arrieros norteños la inseguridad predominante en los aciagos tiempos de la Revolución iniciada en 1910. Para entonces ya sabían qué hacer y qué no hacer. Lo cierto es que nunca dejaron de salir a los caminos a desempeñar su oficio, aunque con muchos riesgos y dificultades.

Reaparecieron los salteadores de caminos

Durante la Revolución (1910-1916) abundaron los ataques a los pueblos. Los atacantes fueron primero maderistas, luego carrancistas y finalmente los villistas. Nadie entendía entonces cómo un gobierno tan fuerte como el de Porfirio Díaz era incapaz de contener la ola de violencia, después de haber garantizado la seguridad de pueblos y caminos durante tres décadas, con policías tan represivos como los de la famosa Acordada.

Las cosas empeoraron cuando a las calamidades provocadas por el hombre, siguieron las naturales. Como consecuencia de la falta de lluvias en 1915, vino el llamado “Año del Hambre” en 1916, cuando no hubo cosechas y el ganado moría de hambre y de sed.

Fue entonces cuando apareció una terrible hambruna, la gente llegó a comerse hasta las correas de los guaraches, reaparecieron numerosos gavilleros ávidos de robar todo aquello que tuviera algún valor, y pese a todo, poniendo en riesgo hasta la vida, los arrieros salieron a los caminos en busca de alimentos.

Solidaridad, principal arma defensiva de los arrieros

El espinazo del Diablo. Villa Guerrero. De P. Francisco Vázquez Mercado en F

La agreste geografía norteña.

Arrieros norteños, entrevistados hace más de 20 años, informaron sobre largas jornadas que tuvieron que hacer hasta Ameca y El Grullo, en Jalisco, pero a cientos de kilómetros de distancia, para llevar maíz a sus pueblos, y volvían a su tierra sin maíz, sin burros y sin dinero, porque ya para llegar a sus comunidades los asaltaban y con frecuencia los mataban.

En tan críticas circunstancias los arrieros de la época revolucionaria recurrieron al sentido de solidaridad para protegerse de los maleantes, igual que lo hicieron siglos atrás sus antecesores ante otros conflictos armados.

Se organizaron en grupos de hasta 20 hombres, armados en su mayoría, y con hatajos de hasta 80 o 100 burros, para llevar alimentos de Guadalajara, Zacatecas, Aguascalientes, Durango y otros lugares.

Don Isauro Rentería resultó ileso de ataques villistas

Arrieros en Zacatecas. P. Temas Zacatecanos en F

Arrieros de burros en Zacatecas.

En cada uno de los pueblos del Norte jalisciense hubo arrieros que sufrieron en carne propia los avatares de la Revolución. Uno de ellos fue don Isauro Rentería Landa, quien en una entrevista dio cuenta de los encuentros que él y sus compañeros sostuvieron con soldados villistas, de los que por fortuna salió ileso, cuando viajaba a llevar y traer mercancías entre su natal Huejuquilla y la ciudad de Zacatecas.

“Entre los oficiales villistas –dice don Isauro– había de todo: unos con ideales positivos y otros con mala entraña, asesinos y ladrones”.

No había otra alternativa que vencer el miedo

En conclusión, contrariamente a lo que pudiera suponerse, los arrieros de Huejuquilla, Colotlán, Totatiche, Temastián, Villa Guerrero, Bolaños y demás comunidades norteñas vencieron el miedo y salieron a los caminos en plena Revolución, sorteando todos los peligros, para satisfacer necesidades de sus familias y de sus pueblos. No hay quien no tenga miedo, pero el sentido del deber lo vence.

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