Jalisco, su origen gallego

 


Galicia

Resulta que muchos mexicanos, entre ellos jaliscienses, acostumbramos hacer bromas a costa de los gallegos, tratándolos como escasos de luces o ingenuos, por no decir tontos. Sin embargo, pasamos por alto que no pocos de ellos son nuestros ancestros, que en algún momento de la historia (300 años de coloniaje español) se avecindaron en esta entidad, llamada en sus orígenes precisamente la Nueva Galicia.

Entre los comediantes de moda no faltan los chistes sobre gallegos, a quienes, sin base alguna, suelen tratar de la peor manera, sólo porque esto ha sido tradicional.

Cabe aclarar, desde luego, que entre los fundadores de Guadalajara, en 1542, de acuerdo con los antiguos cronistas, hay extremeños, castellanos, vizcaínos, andaluces, montañeses y portugueses, pero nadie menciona a los gallegos, que muy probablemente llegaron tiempo después, a lo largo de la Colonia, para poblar amplias regiones de Jalisco.

Apellidos muy conocidos
Así las cosas, hoy nos comunicamos habitualmente con personas de apellidos gallegos tan conocidos como García, González, Rodríguez, Fernández, López, Martínez, Sánchez, Pérez, Gómez, Ruíz, Díaz, Álvarez, Romero, Alonso, Gutiérrez, Torres, Domínguez, Vázquez, Ramos, Gil, Ramírez, Blanco, Suárez, Castro, Iglesias, Núñez, Garrido, Castillo, Cortés, Guerrero, Prieto, Méndez, Gallegos, Vidal, Cruz, Herrera, Peña, Campos, Fuentes, Nieto y muchos más.

Algunos de estos apellidos llenan la mayor parte del Directorio Telefónico de Jalisco y de México, y pese a ello seguimos haciendo bromas a costa de los gallegos.

Lo cierto es que Galicia representa hoy una de las regiones más progresistas de España, de la cual los jaliscienses hemos de sentirnos orgullosos, porque vive ahí gente talentosa, con el sentido común que hace falta en otros muchos lugares de la Tierra.

Galicia en estado puro

Paso a narrar una anécdota de mi colega y amigo español José María Navlet, que contó hace poco tiempo en Facebook, y que me llamó la atención debido a su actualidad para los jaliscienses:

“Volviendo a Galicia por una autovía cualquiera, me desvío para hacer un descanso en una estación de servicio y en la cafetería anexa observo al entrar un cartel que indica: “Tenemos WiFi.

“Después de pedir un cortado le digo a la camarera:

“-He visto que tienen wifi, ¿podría darme la clave?

“La camarera: -Eso depende.

“- Perdón… ¿Entonces no tienen wifi?

“Lc. -Eso depende.

“-Disculpe pero… ¿De qué depende que tengan wifi?

“Lc: Que la clave es eso depende. Todo seguido y en minúscula.

Conclusión

Como podemos ver, los gallegos de la España contemporánea, y sin duda sus ancestros que poblaron estas tierras jaliscienses, no tenían nada de ingenuos, como normalmente se considera, sino un doble sentido muy especial que con frecuencia se manifiesta en nuestras comunidades y en el mundo entero.

En otras palabras, antes de opinar sobre un pueblo, raza o condición humana cualquiera, tratemos de averiguar sus antecedentes, su historia, formas de ser y de pensar, porque de otro modo nos exponemos a graves errores, y más en estos tiempos en que la comunicación se ha vuelto universal.

javiermedinaloera.com

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del domingo 2 de septiembre de 2018.

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Héroes y santos desairados

 


Los últimos días han sido tristes para el periodismo jalisciense, pues en apenas dos semanas fallecieron tres excelentes colegas y amigos como lo fueron Memo García, Ernesto Zenteno Covarrubias y Sergio Ignacio Martínez. Sin embargo, la vida sigue y hemos de seguirla en el oficio que escogimos, hasta que Dios nos llame también a nosotros.

Hoy quiero dar seguimiento a mi columna anterior titulada “Inútil cambiar nombres de pueblos”, porque la historia ha demostrado que es innecesario cambiar esos nombres, pues la gente continúa llamándoles igual que siempre, haciendo caso omiso de decretos que sólo sirvieron en su momento a políticos oportunistas.

La gente rechaza que les cambien de nombre a sus pueblos, pero además no muestra interés por los agregados con que políticos y clérigos han querido honrar a los héroes y a los santos. La historia muestra que tanto unos como otros no han logrado “pegar” en el ánimo popular, ya que la gente sigue llamando a sus comunidades con su nombre original, sin agregado alguno. Van unos cuantos ejemplos de Jalisco, sin mencionar los del país que suman miles.

Santos desairados
Entre los santos desairados en este sentido figura nada menos que San Pedro, empezando por la vecina población de Tlaquepaque, cuyo nombre oficial es San Pedro Tlaquepaque, pero que todo el mundo llama simplemente Tlaquepaque.

Y volteando al Norte, tenemos a Colotlán, que en su fundación española fue llamado San Luis Obispo de Colotlán, pero que a la fecha es sólo Colotlán, lo mismo que Temastián del Espíritu Santo (mi tierra), que se quedó simplemente como Temastián, y además San Diego de Huejuquilla, que hoy es llamado sencillamente Huejuquilla.

Puedo mencionar muchos pueblos más con agregados de santos que no han “pegado” en la cultura popular, pasando por otros que se antojan raros como San Ignacio Cerro Gordo, en Los altos, y hasta en cierta forma irrespetuosos como San José de las Burras, en el municipio de San Gabriel.

A los héroes no les va mejor
En este sentido, tampoco a los héroes les va bien, pues tenemos a un lado de Guadalajara a Tlajomulco de Zúñiga (en honor al general revolucionario Eugenio Zúñiga), hoy llamado generalmemte Tlajomulco, o a Tepatitlán de Morelos (que recuerda al gran insurgente) conocido sólo como Tepatitlán y más popularmente como “Tepa”.

Y por el mismo rumbo, está Cañadas de Obregón (en honor al distinguido caudillo sonorense), que la gente sigue llamando sencillamente Cañadas.

En uno de los peores casos figura Ahualulco de Mercado (llamado así en honor del distinguido cura José María Mercado), cuyo apellido no sólo omite la gente, sino que suele pronunciarlo de mala manera diciendo “Ahualulco del Mercado”, lo que resulta hasta ofensivo para el ilustre insurgente.

Conclusión
Entre errores de políticos y desaires de la gente no gana uno para vergüenzas. Mejor es dejar los nombres de nuestros pueblos como siempre fueron, de acuerdo con su significado original. En esto, nuestros antepasados indígenas nos enseñaron bastante. Aprendamos de ellos.

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del lunes 5 de marzo de 2018.

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“Inútil cambiar nombres de pueblos

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Inútil cambiar nombres de pueblos

Ahora que irrumpen en la esfera política algunos ciudadanos que prometen “cambiar la historia” (como si esto fuera tan fácil), preciso es recordarles que nunca en Jalisco ni en México pudieron prosperar ideas contrarias a la cultura, costumbres y tradiciones de los pueblos.

Lo digo porque ya se les ocurrió a políticos locales retirar la antigua tradición de las calandrias de caballos en Guadalajara y atentar, además, contra la cultura católica, al instalar una escultura absolutamente contraria a las tradiciones tapatías.

Por más que estos políticos insistan en “modernizar”, no lograrán así su objetivo, porque la historia, esa gran maestra, nos enseña que quienes atentan contra las costumbres y tradiciones de los pueblos, fracasan rotundamente, empezando, en México, por el todo poderoso general Porfirio Díaz, cuando a fines del siglo 19 y principios del 20 prohibió por decreto el calzón blanco entre los indígenas y rancheros mexicanos (La prohibición del calzón blanco en México).

Pero hoy abordo el tema de nombres de pueblos jaliscienses que políticos de otros tiempos trataron de cambiar por los de revolucionarios y santos, sin lograr su objetivo, porque la gente siguió llamándoles como era su costumbre, sin hacer el menor caso de decretos inútiles.

Zapotlán El Grande
Zapotlán El Grande se llamó siempre al municipio de Ciudad Guzmán, en el Sur de Jalisco, pero en 1856 se le ocurrió a algún político otorgarle por decreto el nombre de Ciudad Guzmán en honor del insurgente Gordiano Guzmán. Sin embargo, la gente le siguió llamando Zapotlán, “lugar de frutos dulces y redondos”, razón por la cual al gobierno, tras casi siglo y medio, no le quedó más remedio que devolverle su nombre original. De este modo, en 1997, el municipio recuperó su antiguo nombre de Zapotlán El Grande, conservando el de Ciudad Guzmán sólo su cabecera.

San Gabriel
En el mismo Sur de Jalisco se ubica el pueblo de San Gabriel, que adquirió su nombre desde tiempos de la Colonia, pero que en 1934 adoptó el de Ciudad Venustiano Carranza, siguiendo aquella moda de imponer nombres de revolucionarios a pueblos que ostentaban los de santos.

Pero la gente de aquel lugar y de todas partes le siguió llamando San Gabriel, razón por la que décadas más tarde el Congreso de Jalisco dispuso por decreto que San Gabriel recuperara su nombre original.

San Francisco de Asís
Otro caso es el de San Francisco de Asís, próspera población del municipio de Atotonilco, en Los Altos, que desde tiempos de la Colonia se llamó así, pero llegaron los políticos y le impusieron “Francisco Javier Mina”. Entonces la gente, acostumbrada al nombre de San Francisco, pero obligada por el gobierno le llamaron simplemente “San Francisco Javier Mina” (Verdadero sincretismo).

Igual que en los casos anteriores, el Congreso del Estado no tuvo más opción que devolverle su nombre original al pueblo de San Francisco de Asís.

Y así como estos casos, hay muchos más en Jalisco y en México, donde se demuestra que muy por encima de los caprichos de políticos oportunistas prevalecerá siempre la voluntad popular.

javiermedinaloera.com

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del lunes 19 de febrero de 2018.

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Los nombres de nuestros pueblos.

 

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¿Por qué cuidarla de quienes la cuidan?

Virgen de Zapopan 1

En la última “llevada de la Virgen de Zapopan”, que resultó menos multitudinaria que las de años anteriores debido al cambio de ruta y a que cayó en día hábil, destacó la molestia de la gente por las vallas de contención colocadas en diversos puntos del trayecto con la obvia intención de evitar que las multitudes se aproximaran a la venerable imagen.

Nada más absurdo que esta inútil determinación, proveniente de alguno de los genios que hoy abundan, pero totalmente equivocada, puesto que son precisamente las multitudes las que a través de toda la historia han protegido a la Virgen de Zapopan contra cualquier atentado que pudiera ocurrirle.

En una ocasión, hace años, cuando “cubría” como reportero uno de los tradicionales recorridos de la Virgen de Zapopan por las parroquias de Guadalajara, observé que mucha gente se acercaba a la imagen hasta tocarla y besarla, generalmente con lágrimas en los ojos.

Entonces, se me ocurrió preguntarle a uno de los frailes franciscanos de la Custodia de Zapopan si no temían que algún malandrín, abusando de la buena fe de la gente, se aproximara a la imagen para hacerle daño.

-“¡Oh no, pobrecito de él!” –exclamó el fraile-, “la gente lo lincharía en segundos, porque no hay mayor seguridad para esta imagen que la fe del pueblo”.

Por eso es que en esta semana, al leer la nota de “La Crónica de Hoy Jalisco” que da cuenta de la última “llevada”, con la queja popular apuntada, me quedé de una sola pieza: ¿Por qué cuidarla de quienes la cuidan?
javiermedinaloera.com

Artículo publicado por el diario La Crónica de Hoy Jalisco en su edición del viernes 16 de octubre de 2015.

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Peregrinaciones al Santuario del Señor de los Rayos

 Flores ante el Sr. de los Rayos. De Temastian Pueblo Jalisco Mex en FAltar mayor del Santuario del Señor de los Rayos.

El 3 de enero se inician las tradicionales fiestas del Señor de los Rayos en Temastián, Jal., durante las cuales decenas de miles de peregrinos de diversos lugares del país acuden a su santuario para darle gracias por favores recibidos o para suplicar su apoyo en nuevas necesidades.

De acuerdo a lo informado por el párroco de Temastián, presbítero Alejandro Valdez Loera, en este novenario de 2015 harán acto de presencia ante la sagrada imagen los peregrinos de Villa Guerrero, Totatiche, Colotlán, Mezquitic, San Juan de los Lagos, Zapopan y Guadalajara, del Estado de Jalisco.

De igual manera, los peregrinos de Jalpa, Valparaíso, Fresnillo, Florencia, Guadalupe, Momax y Tlaltenango, Zacatecas, así como los provenientes de Gómez Palacio, Dgo.; Torreón, Coah.; Tepic, Nay., y Aguascalientes, Ags., entre otras muchas comunidades más pequeñas, sin faltar los hijos ausentes del propio pueblo de Temastián.

Fuera de novenario, para el 29 de enero, están programadas cuatro peregrinaciones, que son las del Estado de México y de El Teúl, El Plateado y Monte Escobedo, Zacatecas.

Asimismo, durante el mes de mayo acudirán más peregrinaciones, entre ellas la de la ciudad de Zacatecas.

En relación con las fiestas patronales de hace más de medio siglo, que promovía el padre Julián Hernández Cueva, hoy se aprecian cambios importantes, entre ellos que los peregrinos ya no acuden en masa en la primera quincena de enero, como ocurría anteriormente, sino que reparten sus visitas durante todo el año, especialmente los fines de semana.

Lo anterior, motivado sin duda por el mejoramiento de las comunicaciones, permite ofrecer a los visitantes mayores atenciones en el pueblo tanto en cuestión de alojamiento como de alimentación y otros servicios.

Sin embargo, es recomendable, dados los problemas de inseguridad presentados en los últimos años en los caminos de la región, que los peregrinos viajen de día y si es posible en caravana, para presentar por lo menos un frente común ante el riesgo de asaltos.

Los temas de predicación en este novenario se refieren a la mujer, la familia y la sociedad, incluyendo maternidad,  feminismo, derechos de la mujer y prostitución.

Artículos relacionados:

En Temastián hay gobierno: El Señor de los Rayos.

El Señor de los Rayos de Temastián.

 

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Los mexicanos y la muerte

         Representación del Dios de la Muerte. Zachila, Oaxaca (Fototeca INAH)

Infinidad de manifestaciones populares, desde la más remota antigüedad hasta nuestros días, hablan del aparente desprecio o burla, que con frecuencia llega a reto o desafío, por parte del mexicano ante la muerte.

El destino fatal no parece asustarle al mexicano común; al contrario, parece que le atrae. Entre las numerosas canciones populares que hablan de este desafío figura “Sangre caliente”, que interpreta Vicente Fernández y que habla de un paisano que no sólo no le teme a la muerte, sino que la convoca: “Me gusta el 2 de noviembre, y ayer fue día primero”, dice.

Hay quienes sostienen que esta actitud no oculta otra cosa que el miedo a morir. Lo cierto es que para el mexicano la muerte sigue siendo rito, celebración, homenaje, ironía o burla, todo, menos indiferencia.

¿Qué pensaban sobre la muerte los antiguos mexicanos? Para ellos, ésta no era el fin natural de la vida, sino parte de un ciclo infinito. Tanto así que a la fecha seguimos llamando “hueso” a la semilla de cualquier fruto: “hueso” de aguacate, de mango, de durazno, etc. Semilla y hueso, principio y fin, vida y muerte a la vez.

Hoy la muerte es motivo de celebración por el Día de Difuntos; de homenaje, por los altares de muertos, y de ironía por las “calaveras” o versos jocosos que en esta ocasión dedicamos al prójimo, anticipándole maliciosamente el día de su partida.

Lo cierto es que salvo algunos paisanos con tendencias suicidas, la inmensa mayoría no queremos morir; por muchas que hayan sido las penas sufridas, el instinto de supervivencia predomina. Hay viejos centenarios que, a un paso de la sepultura, no están dispuestos todavía a enfrentarse a la muerte. Sin embargo, si ésta no tiene remedio, más nos vale aprovechar su día para reconciliarnos con ella.

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