Las viejas calles de Guadalajara


Con afán oportunista, políticos de todos los tiempos no sólo han pretendido cambiar los nombres de los pueblos, sino también los de importantes calles de ciudades y poblaciones de Jalisco y de todo el país.

En Guadalajara, por ejemplo, pasaron a la historia nombres de calles tan antiguas como la de Agua Fría, que era un tramo de la actual Calzada Independencia, así como la Alameda, sobre el hoy Parque Morelos; Santo Domingo, actual Avenida Alcalde; Beaterio, hoy Juan Álvarez; Aranzazú, hoy Miguel Blanco (de quien por cierto se ignoran méritos); “La Muela del Diablo”, hoy Venustiano Carranza; calle de la Aduana, actual Avenida Colón; San Francisco, llamada luego 16 de Septiembre; calle del Carmen, actual Avenida Juárez, ya ampliada, y “El Gallito”, hoy Manuel Acuña, entre muchas otras.

La calle Manuel Acuña
Caso concreto de cómo se las gastan los políticos para cambiar por decreto no sólo los nombres de los pueblos, sino también los de las calles, paso a describir (con datos del historiador tapatío Ramiro Villaseñor) los antecedentes del por qué tenemos hoy en Guadalajara una importante calle llamada Manuel Acuña.

Cosas de la vida: En diciembre de 1873 se suicidó en plena flor de su juventud, cuando apenas tenía 24 años de edad, el gran poeta coahuilense Manuel Acuña, autor del famoso poema “Nocturno a Rosario” que había dedicado a Rosario de la Peña, musa de su época, de quien estaba perdidamente enamorado, pero mal correspondido.

Manuel Acuña se llama una de las calles más céntricas de esta ciudad, pero esto no se debe precisamente al ferviente reconocimiento de los tapatíos por este vate, sino a una circunstancia política muy especial de tiempos de la Revolución.

Halago al gobernador Aguirre
Sucede que la calle Manuel Acuña, primero se llamó “El Gallito”, y en 1893, al cumplirse el centenario de Antonio Alonso, fraile español de la orden de Santo Domingo que vino con el señor Alcalde para colaborar en la construcción del Hospital de Belén, se le puso el nombre de éste, habiéndose colocado la placa conmemorativa en la esquina noroeste de esta calle y la de Santo Domingo, hoy Avenida Alcalde.

Sin embargo, en 1915, para halagar al entonces gobernador de Jalisco, Manuel Aguirre Berlanga, coahuilense, y al primer jefe del Ejército Constitucionalista, Venustiano Carranza, también de Coahuila, hubo políticos locales que, ignorando la historia de la ciudad, y sólo para quedar bien con ambos funcionarios, le impusieron el nombre de su paisano Manuel Acuña.

La política, arriba de la historia
Tales son los antecedentes del nombre de esta calle, que muchos recorremos infinidad de veces cuando visitamos el centro de la ciudad, y a lo largo de la cual se encuentra nada menos que Casa Jalisco, residencia oficial del gobernador del Estado.

¿Moraleja? Quienes aún sentimos cariño y respeto por nuestras ciudades, pueblos y calles, donde nacimos, vivimos y seguramente moriremos, hemos de tener cuidado con aquellos políticos que prometen cambiar la historia, pero no piensan en otra cosa que en sus personales intereses.

javiermedinaloera.com

 

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del lunes 12 de marzo de 2018.

 

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La cultura popular, intocable

En aras de una modernización mal entendida, políticos de la nueva hornada se han lanzado contra costumbres y tradiciones populares, a las que no se puede combatir, a menos que se tenga el propósito de confundir a la gente, eliminar ideologías y llegar al poder y mantenerlo a como dé lugar, cosa que huele a fascismo.

El ejemplo lo tenemos ya en Guadalajara, donde la autoridad municipal insiste en acabar con las calandrias de caballos, que son patrimonio cultural de esta ciudad desde hace más de un siglo (con antecedentes en toda la época virreinal), pero además irrumpe estrepitosamente contra el pueblo católico al ofenderlo con una escultura, la del llamado sincretismo, que atenta incluso contra la historia, pues confunde a las diosas Coatlicue y Tonantzin.

En primer lugar, nada tienen que hacer los políticos tratando de reorientar las creencias religiosas de la gente, que datan de siglos o milenios, pues aparte de que el gobierno debe ser laico, porque así lo ordena la Constitución, las religiones pertenecen a la cultura popular, y ningún político tiene derecho a entrometerse con ellas. Ya lo dijo el Benemérito Juárez: “El respeto al derecho ajeno es la paz”.

¿Qué pensarían, por ejemplo, los judíos, si de buenas a primeras el gobierno se lanza contra las sinagogas… O los de Hermosa Provincia, contra Joaquín Aarón… Igual que contra protestantes, anglicanos, musulmanes y tantas otras creencias que conviven en nuestro Estado?

Respeto por los demás
Respetemos a los demás por sus costumbres, tradiciones, creencias y formas de ser y de vivir, ya no digamos por su trabajo heredado por padres y abuelos, como es el caso de los calandrieros tapatíos, que lo único que piden es respeto por su legítima labor, en mala hora calificada como ilegal por el gobierno municipal.

Recordemos que cualquier cambio en cuestiones de patrimonio popular debe ser consultado a la gente, con mayor razón si se trata de un gobierno que se ostenta como “ciudadano”. Es un contrasentido hablar de “movimientos ciudadanos” cuando se ignora lo que a la opinión pública se refiere.

Cultura popular, intocable
El patrimonio popular no puede estar sujeto al vaivén de los criterios de cada gobierno o partido que busca el poder, porque entonces la sociedad se volvería un verdadero desastre. Hay que atenerse a las leyes para estos casos, y de hecho existen, sólo falta respetarlas. Y si no las respetan quienes aspiran a gobernar, ¿qué se puede esperar?

Hay, por ejemplo, muchos pueblos jaliscienses que han sido declarados “mágicos”, porque merecen serlo, pero si de buenas a primeras llega un político que les quita el nombre, porque así le da la gana, ¿de qué se trata?

Esto recuerda los viejos tiempos de la post-Revolución en que a los políticos les dio por cambiar los nombres antiguos de los pueblos por los de santos o revolucionarios. Nunca funcionó la idea, porque al final de cuentas la gente siguió llamándoles como antes, y no es por desengañarlos, pero así ocurrirá con todo lo que realmente tenga raíces populares.

www.javiermedinaloera.com

Artículo relacionado:

La prohibición del calzón blanco en México

General Antonio López de Santa Anna. Wikipedia.

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¡No destruyamos nuestras raíces!

Por sentido común, por amor a la tierra que nos vio nacer o por la que fuimos adoptados (como es mi caso), no tenemos derecho, y menos por caprichos políticos, a destruir las raíces de Guadalajara, que son profundas desde el siglo 16 en que fue fundada, y que se mantienen vigentes a través de muy diversas manifestaciones culturales y sociales.

Claro que hay muchas cosas que debemos cambiar, pero hay que modificar sólo aquello que no aporta beneficio alguno y que por lo contrario perjudica, como son la corrupción, la impunidad y la violencia, pero nunca lo que tiene fondo y sentido histórico, cultural, tradicional, que fortalece nuestra identidad ante la nación y el mundo, y que facilita además una convivencia armónica de la sociedad.

Las calandrias de caballos
Vemos que en los últimos años han aparecido políticos de nueva hornada que a toda costa tratan de borrar de la historia importantes tradiciones de esta ciudad, como es el caso de las calandrias de caballos, con más de un siglo de antigüedad, que recuerdan las viejas diligencias en las que se transportaban nuestros ancestros desde la época virreinal.

Es claro que con tales acciones, estos políticos buscan obtener algunos votos para asegurar, según ellos, su futuro, pero hay problemas: ¿De dónde buscan sacar esos votos, si es que lo logran? De la ignorancia, principalmente de aquellos jóvenes a quienes no hemos sabido informar sobre los valores de su ciudad, de su estado, de su país, de su pueblo. Mucho es lo que los adultos hemos descuidado en este campo, y aquí están las consecuencias.

Actitudes irresponsables
Es una grave falta de responsabilidad actuar de esta manera, porque no creo que estos políticos lo hagan por ignorancia, sino por mala fe, con alevosía y ventaja, como dijeran los abogados, ya que con toda premeditación sólo buscan un beneficio personal o de grupo, no el de la comunidad, a la que están obligados a servir. ¡Eso no se vale!

Hay en nuestra historia muchos ejemplos de gobernantes de las más diversas corrientes políticas que supieron respetar y defender a capa y espada la cultura y las tradiciones de Guadalajara y de Jalisco, pero al parecer vivimos tiempos en que esto ya no importa. ¡Qué pena!

¿Protectores de animales?
Quienes hoy atentan contra las tradiciones de la ciudad se ostentan como protectores de animales, olvidando que desde hace cerca de 500 años, cuando Hernán Cortés introdujo en México los caballos, éstos han sido fieles compañeros del hombre en el trabajo, y que desocuparlos no significa otra cosa que matarlos.

Lo que hemos de hacer es corregir reglamentos municipales para atender a los caballos en su alimentación, salud, horas de trabajo, etcétera, como lo hacen otras ciudades del mundo, y aplicarlos en beneficio de ellos y de sus dueños, del turismo, la cultura, historia y tradiciones tapatías.

Guadalajara es un árbol frondoso con profundas raíces. ¡No las destruyamos!, porque un árbol sin raíces se muere.

javiermedinaloera.com

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del lunes 18 de diciembre de 2017.

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¿Estamos preparados contra sismos?


Ante las tragedias sufridas en las últimas semanas por nuestros hermanos del sureste y centro de México, quienes vivimos en esta parte occidental del país hemos de preguntarnos si ya nos preparamos debidamente para afrontar fenómenos similares, ya que estamos tan expuestos como ellos a padecerlos en cualquier momento.

Entre las grandes tragedias sufridas por Guadalajara a través de su historia figuran precisamente los terremotos. No habían pasado ni 50 años de su fundación cuando en 1585 padeció esta ciudad una serie de temblores ocasionados por una fase eruptiva del Volcán Colima. Veintiseis años después, en 1611, un terremoto sacudió a la ciudad. Los sismos se repitieron en 1749 cuando se derrumbó la cúpula del antiguo sagrario de la catedral.

Luego, al iniciarse el movimiento independentista de México, en 1810, hubo más temblores, y ocho años después un sismo derribó las torres de la antigua catedral. En 1842 los temblores volvieron a derribar las torrres de catedral, y en 1875 hubo nuevos movimientos telúricos, que se repitieron ya entrado el siglo 20, sobre todo en 1913 con motivo de una nueva fase eruptiva del Volcán Colima. En ese año temblaba tanto en Guadalajara que muchos tapatíos dormían en los parques para no morir aplastados por el derrumbe de sus casas.

Como podemos advertir a través de esta breve reseña, los habitantes de esta ciudad y de todas las poblaciones de Jalisco debemos estar preparados para cualquier contingencia.

Medidas de prevención
Las prevenciones necesarias van desde las que oportunamente deben tomar las autoridades hasta las que corresponden a los ciudadanos.

En el caso del gobierno, éste debe evaluar las edificaciones y determinar los inmuebles de alto riesgo, así como la reubicación urgente de los pobladores de las laderas de cerros y riberas de los ríos que presenten riesgos. También debe organizar simulacros con el objetivo de que la gente sepa cómo actuar en caso de producirse un sismo, y desde luego hacer inspecciones permanentes a los edificios públicos para verificar que estos cuenten con medidas preventivas y estructuras seguras.

Asimismo, es necesario que las autoridades realicen una amplia difusión de las recomendaciones pertinentes para el caso de siniestros.

Principales recomendaciones
En primer lugar, todo jefe de familia tiene la obligación de organizar la autoprotección familiar, que comprende el aprendizaje de primeros auxilios, la vacunación de toda la familia, el retiro de objetos pesados ubicados en partes altas de estanterías, roperos o armarios y mantener en lugares seguros cualquier sustancia peligrosa.

Asimismo, es necesario informar a la familia sobre qué hacer durante un sismo, como es el mantener la calma, no encender fósforos ni velas, acudir a las zonas de seguridad preestablecidas, mantenerse alejado de vidrios y cornisas, no utilizar elevadores y detener el vehículo en caso de ir manejando.

Una vez ocurrido el sismo, hemos de verificar si hay heridos a nuestro alrededor, controlar cualquier incendio que pudiera presentarse, apagar el sistema eléctrico y de gas, tener a la mano los números telefónicos de emergencia y ser solidarios con las víctimas.

 

javiermedinaloera.com

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del domingo 24 de septiembre de 2017.

Lectura recomendada: Las grandes tragedias de Guadalajara:

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Los caballos, cuestión de trato

Caballos para pasear turistas en Los Colomos.

Un ayuntamiento tan importante como es el de esta ciudad sorprende con su decisión de desaparecer las tradicionales calandrias de caballos, con el pretexto de que éstos están sometidos a malos tratos, es decir, que sus dueños no les dan de comer, que no los curan, que los hacen trabajar horas extras, etcétera.

Con todo respeto para los regidores de Guadalajara, pero al resolver sobre este asunto están pasando por alto antecedentes muy importantes:
Primero, que los caballos fueron domesticados por el hombre desde los tiempos más remotos, para que lo ayuden en sus diarias tareas, de suerte que, hombres y caballos, están acostumbrados desde hace miles de años a enfrentar juntos la aventura de la vida.
Segundo, en este contexto, es claro que los equinos están al servicio del hombre, teniendo éste la obligación moral de alimentarlos y tratarlos de la mejor manera, a cambio de sus servicios.

Anécdota de un viejo arriero
Sabido es que durante 400 años, desde el siglo 16 hasta mediados del 20, fueron los arrieros los amos de los caminos de México, fundadores del comercio y del transporte moderno, y todo su trabajo lo hicieron con la ayuda de los caballos, los burros y los mulos. Durante estos cuatro siglos no hubo otra forma de transportar y comerciar si no era a través de la arriería.

Cuando arribó el tren a Guadalajara, a fines del siglo 19, la arriería empezó a decaer en el Occidente de México, pero ésta siguió muchos años después, sobre todo en las zonas más aisladas, como el Norte de Jalisco, hasta la mitad del siglo 20.

Fue en este parte final de la historia arriera cuando le tocó participar a mi abuelo Ramón Loera Sánchez, quien viajó mucho con una docena de burros por el Occidente del país. Entre sus ayudantes había un señor Marcelino Ramos, a quien sorprendió un día murmurando maldiciones contra un burro. Don Ramón le llamó la atención:

–Marcelino, no le digas malas razones a ese burro.

–“Sí se las digo, pero quedito”, respondió Marcelino.

El hecho es que don Ramón, como la mayoría de los arrieros de México, nunca trataron mal a sus animales, porque sencillamente eran sus compañeros de trabajo: los alimentaban a sus horas, los curaban, no los cargaban con exceso, los descansaban, es decir, los atendían lo mejor posible porque, además, así les convenía. Y por supuesto no permitían que nadie los tratara mal, ni siquiera de palabra, menos que los golpearan.

La solución no es matar caballos
No, señores regidores, la solución al problema de calandrias no es matar caballos, que es lo que ustedes han sentenciado al quitarles el empleo, sino tratarlos bien, protegerlos, alimentarlos, curarlos, que no trabajen más de lo que pueden, es decir, hacer respetar el reglamento. Si buscan retirar a los caballos de calandrias “para que no sufran”, eso es pura demagogia que, con todo respeto, no se las va a creer ni el Santo Padre.

javiermedinaloera.com

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del domingo 20 de agosto de 2017.

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Sobre la ratificación de mandato

Enrique Alfaro Ramírez

La idea no es mala: Convocar a un escrutinio público para que los ciudadanos decidan si tal o cual funcionario electo popularmente debe o no seguir en su cargo, tuvo su origen hace muchos años en una inspiración democrática nacional y local, es decir, esta idea de ratificar el mandato de los políticos en funciones no es nueva.

Cuando algunos ciudadanos empezaron a ver que los funcionarios públicos no cumplían sus promesas, y menos con los mandatos constitucionales, surgió la idea de que ratificar su mandato en una especie de referéndum, sería una buena medida para constatar su eficacia en el gobierno, y consecuentemente decidir si se quedaban o no en el mismo.

Claro está que aquellos ciudadanos pensaban en que una ratificación de mandato tendría que manejarla un organismo autónomo, independiente del gobierno en cuestión, para que el resultado de la votación tuviera absoluta legitimidad, porque de otro modo se prestaría a malas interpretaciones.

El pero… el maldito pero
Ahora resulta que los presidentes municipales del MC en Jalisco quieren adoptar esa vieja inspiración democrática, pero sin que intervenga en la convocatoria y contabilización de los votos un organismo autónomo, independiente. ¡Qué fácil¡¨. Quieren manejar el procedimiento ellos mismos, de manera directa, y lo que es peor, apoyados con los recursos económicos que emanan de nuestros impuestos, es decir, de todos los ciudadanos, sean o no miembros de su partido.

El problema es que difícilmente habrá quien se trague esta maniobra tan burda, ni siquiera muchos partidarios del MC, porque dentro de este mismo Movimiento hay gente muy inteligente, que sabe a ciencia cierta que nadie puede ser juez y parte.

Bien, muy bien que yo me someta a la opinión de los demás, para ver “si voy bien o me devuelvo”, pero los votos resultantes deben partir de gente independiente, con criterio propio, no únicamente de mis “cuates”, lo que sería exactamente igual a echarme incienso a mí mismo.

Conclusión
Si los alcaldes del MC que ahora pretenden someterse al escrutinio público para saber si han hecho o no una buena labor, conociendo de antemano que el resultado de este referéndum será favorable para ellos (porque es imposible esperar un resultado contrario), lo menos que se puede esperar de ellos es que cumplan el período del mandato constitucional para el que fueron electos, es decir, los tres años. De otra manera, sería jugarles rudo a sus propios electores, que confían en ellos, pero además estarían mostrando su verdadera cara, que es conquistar el poder a cualquier costo, atropellando incluso los derechos de los demás.

A la luz de estos acontecimientos, y de otros que han sucedido, no veo un buen futuro para Guadalajara, ni para el Estado de Jalisco, a menos que los políticos reconsideren sus actuales puntos de vista, que lo veo difícil. En primer lugar, necesitamos querer realmente a Guadalajara, a Jalisco, a nuestra gente. No veo otra salida.
javiermedinaloera.com

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del domingo 10 de agosto de 2017.

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Falta seguridad, no monumentos


Hasta la fecha no he conocido a nadie que esté pidiendo nuevos monumentos en la Zona Metropolitana de Guadalajara, pero sí a muchísima gente que con verdadera angustia exige seguridad pública porque siente que su vida y sus bienes están en grave peligro ante la desbordada delincuencia.

Si los gobernantes fueran conscientes de esta realidad, sensibles ante la opinión pública, no tendrían inconveniente en destinar esos millones de pesos del presupuesto público que ahora aplican a obras superfluas, como son algunos monumentos, para resolver el problema esencial, que es la inseguridad.

El futuro personal, ante todo
Sin embargo, vemos cómo lamentablemente hay gobernantes, interesados sólo en su futuro político, no regatean millones de pesos para dizque adornar la ciudad con monumentos inútiles y horribles, que nadie ha pedido, pero sí regatean hasta el más mínimo centavo para darle seguridad a la gente, que es lo que hoy exige como cuestión de vida o muerte.

Esto muestra una vez más el verdadero perfil de ciertos políticos, ajenos muchas veces a los intereses legítimos de la comunidad. Al parecer sólo les preocupa lo suyo. Prepotencia, ignorancia y ambición es lo que predomina. Y esto hay que decirlo ahora, antes de que logren escalar otros cargos, donde harían daños mayores.

Con la inversión de cuantiosos recursos en obras que nadie pide, a la vez que olvidan o abandonan las que sí exige la población, los gobiernos muestran su verdadero carácter.

Es obvio que estos políticos no se preocupan por los problemas de seguridad porque ellos viajan en camionetas blindadas y rodeados de multitud de “guaruras”, pagados con nuestros impuestos. “Ándeme yo caliente y ríase la gente”, dirían con el mayor descaro. Y así andan estos funcionarios, que ni ven ni oyen y sólo atienden a sus muy particulares intereses.

Pero todo tiene límites
Sin embargo, todo tiene límites y costos. Días vendrán en que esto lo pueden pagar caro los políticos advenedizos y prepotentes, que hoy se creen dueños de la verdad absoluta, pero que no son capaces de sostener sus puntos de vista ante la gente que realmente conoce. Muchos jóvenes advierten ya la clase de gobernantes que tenemos.

Pero además tendrán que responderle a la Historia, que nunca ha perdonado semejantes faltas. Se vale recomponer, modificar, rectificar, mejorar las cosas en bien de la gente, pero no herir las partes más sensibles de una sociedad, como son sus tradiciones, sus valores, porque tarde o temprano no faltará quien les pase la factura.

Vemos en este momento a políticos que quieren cambiar todo lo tapatío en aras de una modernidad mal entendida. Mientras otros pueblos se preocupan por conservar sus tradiciones, su identidad, su historia, aquí se manifiesta lo contrario, acabando con lo poco digno que nos queda para presumir. Tal es el caso de las calandrias de caballos y de otras manifestaciones culturales dignas de permanencia.

Definitivamente, no se puede confiar en políticos que agreden, que se empeñan en destruir las raíces mismas de una ciudad. ¡Guadalajara merece mejor destino!
javiermedinaloera.com

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del domingo 13 de agosto de 2017.

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Sobre las debatidas calandrias

 

Fue el presidente municipal, Enrique Alfaro, quien al anunciar el próximo cambio de las típicas calandrias de caballos de Guadalajara por carros eléctricos, abrió el debate público sobre las ventajas y desventajas de esta trascendental medida.

Como el anuncio del alcalde fue oficial, puede considerarse un hecho el citado cambio a partir del próximo agosto, de suerte que de poco o nada servirán los argumentos en favor de las calandrias, por muy valiosos que estos sean.

Sin embargo, es preciso dejar constancia de la oposición de un amplio sector de la sociedad tapatía a esta medida, a todas luces contraria a nuestras tradiciones, mismas que estamos obligados a preservar como símbolo de identidad ante el país y el mundo.

Por demás está recordar que un pueblo sin identidad está condenado a perder no sólo el sentido de su historia, sino también la oportunidad de mejorar sus niveles económicos y sociales.

Argumentos contra las calandrias

Quienes apoyan la desaparición de las calandrias (a las cosas hay que llamarlas por su nombre: en este caso se trata de desaparecerlas, porque en lo sucesivo nadie podrá llamar calandrias a los armatostes con las que se les quiere sustituir), exponen dos argumentos básicos:

El primero, la necesidad de proteger a los sufridos caballos, que trabajan de sol a sol sin recibir muchas veces la atención necesaria tanto en alimentación como descanso y salud.

Tratar bien a los animales es obligación de todo ser humano (son ellos nuestros compañeros en la aventura de la vida), pero la experiencia muestra que a muchos políticos no les interesa la suerte de la gente (por ejemplo, la de los niños pepenadores), menos la de los animales. Ahí está el caso de los circos que, por “proteger los animales”, ya están todos muertos. Lo mismo ocurrirá con los caballos de calandrias, cuyo destino es irremediablemente el matadero. Esto sucedió hace 70 años, cuando al quedar desocupados los equinos empleados en la arriería, pararon todos en el rastro.

El segundo argumento de los enterradores de calandrias es la necesidad de “modernizar” el transporte de la ciudad, pero esto no debe ser a costa de las tradiciones más sentidas de los tapatíos. Con este criterio, los gondoleros de Venecia ya les hubieran puesto motores a sus góndolas.

Argumentos en favor

Como apunté al principio, lo principal es preservar la identidad, es decir, todo aquello que nos identifique como pueblo, porque de otra manera nos perderíamos en el universo, es decir, acabaríamos por ser menos que nada.

El problema es que así como hoy se van las calandrias, que tienen casi 100 años de tradición en Guadalajara y que son una reminiscencia de los taxis de la época colonial, se fueron también las serenatas en la Plaza de Armas, los conciertos del Agua Azul, las rosas de los camellones, las tertulias tapatías, viejos edificios que cayeron por la ignorancia y avaricia humana, en fin, tantas cosas que hemos perdido y que nos identificaban como pueblo.

Por eso quiero dejar aquí constancia de mi protesta ante la evidente desaparición de las típicas calandrias tapatías.

javiermedinaloera.com

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del domingo 2 de julio de 2017.

 

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Tradiciones que se pierden

No, no es romanticismo, ni simple añoranza como algunos pudieran pensar, sino amor a lo propio, a nuestras raíces, a los valores auténticos de nuestros padres y abuelos que deben prevalecer por siempre, porque nos advierten de experiencias del pasado, fundamentales para entender el presente y el futuro.

Hay muchas tradiciones mexicanas verdaderamente valiosas que se han ido para siempre, pero hablemos hoy de algunas de Jalisco, que no sólo afectan al ámbito cultural, sino también al económico y me atrevo a decir que el político.

Empecemos por la cultura del maíz: Es un hecho, científicamente probado que fue en Jalisco donde se inició el cultivo del maíz hace miles de años, desde donde se propagó a todo el país y al mundo entero, incluso en China. El caso es que ahora su cultivo ha sido prácticamente abandonado por el gobierno y por muchos particulares al grado de que tenemos que importarlo de otros países.

Las “calandrias”
El Ayuntamiento de Guadalajara, que debiera velar para salvaguardar las principales tradiciones y la historia de la ciudad, pretende cambiar ahora las viejas “calandrias” movidas por caballos, última reminiscencia de los taxis del siglo 19, por vehículos de motor, todo en aras de una modernización mal entendida. Con este criterio, ya nomás falta que los remeros de Venecia les instalen motores a sus góndolas y que lo mismo hagan los de Xochimilco.

Quienes apoyan semejante “modernización”, dizque en aras de “proteger” a los humildes jamelgos, ¿se han puesto a pensar a dónde irán a parar estos animalitos, ya desocupados?  Al matadero, pues a dónde más.

Y ni qué hablar de los antiguos edificios del centro de la ciudad, cuyos propietarios, en complicidad con las autoridades, dejan caer día tras día para luego convertir esos predios en estacionamientos o en otros negocios que supuestamente les rendirán buenas utilidades, sin advertir que esas viejas fincas, remodeladas, pueden servir para hoteles, restaurantes, tiendas y otras empresas que serían la admiración de turistas y de la gente conocedora de la arquitectura y de la historia.

Relaciones humanas
También se acabaron las tradicionales serenatas de la Plaza de Armas, los conciertos del Agua Azul y las tertulias organizadas por familias tapatías, donde se discutían temas del día y se apuntaban soluciones para problemas de la ciudad, el país y el mundo.

Los tiempos de Internet nos han llevado a relegar las relaciones directas con las personas que más estimamos, para darle mayor importancia al dispositivo móvil.

En fin, triste es el panorama de Jalisco y de Guadalajara cuando, en primer lugar, no hay autoridad que se interese por rescatar lo más valioso de esta sociedad, y en segundo, cuando tampoco se advierte el interés de mucha gente por preservar los valores de sus antepasados.

Pero la esperanza muere al último. Ya veremos si en los próximos años hay alguien en la política y en el gobierno que se preocupe por la historia, la cultura y los valores jaliscienses, y que además haya quien los aprecie y apoye.

javiermedinaloera.com

 

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del domingo 14 de mayo de 2017.

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Valiosa tradición que se pierde

Plaza de la Liberación en el centro de Guadalajara.

La nueva tecnología de la comunicación nos ha traído, entre otras maravillas, el sistema de Internet con sus redes sociales, que en buena medida han venido a sustituir la comunicación personal y directa que por milenios mantuvimos los seres humanos.

De esta manera, la conexión inmediata a través de los ordenadores o de cualquier dispositivo móvil, con los mensajes in box, chateo y demás, han desplazado con extraordinaria rapidez al antiguo sistema de conversación personal y directa que acostumbraba la gente en el mundo entero.

Admito que en lo particular soy fanático de las redes sociales, porque les encuentro numerosas ventajas, entre ellas, la eficacia para encontrar a la gente que busco, la comunicación inmediata, la pluralidad de ideas, la universalidad, etcétera.

Pero no es lo mismo
Sin embargo, advierto que la comunicación por Internet o redes sociales nada tiene que ver con la conversación personal y directa entre la gente, porque en primer lugar, al preferir la conexión por la conversación, se pierde la oportunidad de conocer, de apreciar las características físicas, los gestos, las entonaciones de voz, la reacción de nuestros interlocutores ante determinados cuestionamientos, en suma, todo el aspecto psicológico, que es tan importante para entendernos.

A lo largo de mi carrera periodística he conocido a ilustres personajes que a primera vista saben con quién hablan. Hay gente muy capacitada, naturalmente dotada, para conocer a los demás, hasta en sus aspectos más íntimos, a partir de una sola entrevista.

Por tal motivo, sin dejar de aprovechar Internet y las redes sociales, me pronuncio por la comunicación personal y directa entre la gente, es decir, por la conversación en reuniones personales o sociales, que por ningún motivo debe desaparecer entre nosotros, mucho menos en el ámbito familiar y de amistades. Todo lo que se haga por cultivar estas reuniones es y será digno de encomio.

Tertulias Tapatías
Desde hace años participo en las Tertulias Tapatías que promueve el Instituto Cultural “Ignacio Dávila Garibi” de la Cámara Nacional de Comercio de Guadalajara, donde cada mes nos reunimos varios amigos amantes de Guadalajara y sus tradiciones, con el único afán de conversar, abordar los temas del día y aprender unos de otros, durante dos horas, al estilo de los viejos tiempos.

No me sorprende que los asistentes a estas Tertulias, incluso don Enrique Varela, promotor de las mismas y respetadísimo por todos, saque su celular y lo ponga a un lado. ¡Hay que estar al día y en el momento, claro! Pero me alegra que estas Tertulias rescaten mucho de las tradiciones de comunicación humana de Guadalajara y del mundo. Ahí se habla con la más amplia libertad sobre los problemas que más nos preocupan como sociedad. El dispositivo móvil está presente, sí, pero en estas reuniones es siempre secundario. Primero están los amigos.

Tenemos que reforzar el arte de la conversación con amigos y familiares ¡Muchas felicidades a don Enrique Varela Vázquez por mantener en esta ciudad la tradición de las tertulias y el arte de la conversación!

javiermedinaloera.com

Artículo pubicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del domingo 19 de febrero de 2017.

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