Volvamos al campo


Retomo esta parte de mi vida familiar sólo porque se relaciona con uno de los grandes problemas de México, que es el abandono del campo, la falta de estímulo a los agricultores y ganaderos, que son quienes alimentan a la nación, porque los demás, quienes vivimos en las ciudades, nos dedicamos mayoritariamente a la especulación mercantil o financiera, ya que nunca fuimos ni somos tan productivos como ellos.

Recuerdo cuando al salir de la escuela primaria, en mi inolvidable Temastián, en el Norte de Jalisco, visité a mi abuelo Juan Medina Enríquez, como diariamente lo hacía, porque además su casa me quedaba al paso de la mía. Él me hacía regalitos de cacahuates y otras golosinas, que yo apreciaba mucho.

En esa ocasión, me preguntó: ¿Qué quieres ser de grande? – “No sé”, respondí. –Pues mira, yo te voy a orientar: Ser sacerdote no te conviene, porque es mucha responsabilidad; tampoco licenciado, porque es mucha responsabilidad, ni doctor, porque es mucha responsabilidad…

–‘¿Entonces qué? –pensé—, sin contestar.

— Mira, tu debes ser labrador como soy yo y todos los Medina. No nos ha ido mal.

No me gustó su oficio
Mi abuelo Juan vivió bien como agricultor, conocía las semillas, los tiempos de sembrar y cosechar los frutos. Pero a mí no me llamó la atención su oficio y le pedí a mi padre emigrar a Guadalajara para buscar otros horizontes. Así lo hizo, y al año siguiente de llegar a Guadalajara, en 1964, ingresé al periódico “El Informador” como aprendiz de reportero.

Tiempo después le escribí a mi abuelo, diciéndole que “ya andaba de periodista”. Ignoro si esto no le gustó o no lo entendió, lo cierto es que no me hizo comentario alguno, ni positivo ni negativo. Me habló de otras cosas.

El campo olvidado
En tiempos de la Guerra Cristera, hace más 80 años, estuvo de moda una canción llamada “Las cuatro milpas”, que hablaba del abandono del campo mexicano (algunos la relacionaban con la religión), una canción que lamentablemente nos recuerda el olvido que hemos tenido de los trabajos del campo, base del sustento nacional.

Esto coincidía en esa época con el proceso de industrialización del país, el abandono del campo en favor de la industria, del desarrollo urbano.

Sabiduría del abuelo
Hoy entiendo que cuando mi abuelo quería que fuera labrador, sabía lo que decía, pero como siempre ocurre con los jóvenes, yo entonces pensaba en otras cosas.

Finalmente, ahora que paso de los 70, no me arrepiento de lo que hice, pero… él quería que fuera labrador, y lo soy. Ahora que soy jubilado tengo tiempo para cultivar mis macetas y un pequeño huerto (no los campos tan amplios donde él sembraba), pero donde puedo sembrar y cosechar los frutos que él más apetecía y que a mí también me gustan.

Sé que muchos mexicanos apreciamos a nuestros ancestros, generalmente gente de campo. Sigamos sus enseñanzas.

Volvamos al campo, futuro de México.
www.javiermedinaloera.com

Artículo publicado por la revista Conciencia Pública en su edición del lunes 9 de enero de 2018.

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