Mejoremos las redes

Las redes sociales han caído de perlas a muchos de la tercera edad y también a los jóvenes, es decir, a la mayor parte de la sociedad, porque en primer lugar estas redes son divertidas; la gente se entretiene alegremente haciendo bromas con sus amigos y hasta con desconocidos, cosa imposible de imaginar hace apenas unos años.

Sin embargo, creo que en estas redes no debemos buscar únicamente la diversión, sino también la ilustración, es decir, el mejoramiento de la especie humana, todo aquello que sirva para que la gente pueda superar día tras día sus condiciones de vida, su salud física y mental, su economía, su bienestar, a través de una buena comunicación.

Todos los medios de comunicación, desde el libro, el periódico, la revista, y después la radio y la televisión, pudieron desde el primer momento de su invención aportar algo en beneficio de la Humanidad; muchos lo hicieron, otros no, pero el planteamiento ético en este sentido se estableció desde tiempos muy remotos y sigue vigente.

Ante el medio más poderoso
Ahora contamos con otro medio de comunicación seguramente más poderoso, que es Internet, diversificado a través de una amplia gama de redes sociales, donde la gente desahoga muchas veces sus preocupaciones, sus angustias, pero que también trata de aportar algo en beneficio de sus semejantes.

Para ello todos hemos de poner un granito de arena. Esto no es fácil, porque en una comunicación tan abierta a la sociedad nacional e internacional, como son las redes, cualquiera puede equivocarse, y más tratándose de mensajes tan telegráficos como los que exigen estas redes.

El respeto a los demás, ante todo
En primerísimo lugar, en esta nueva era de la comunicación, hemos de privilegiar el respeto a los demás, conscientes de que existen en el mundo muchas formas de vivir, de pensar y de actuar, posiblemente contrastantes con nuestras costumbres y ancestrales tradiciones locales.

Ante esta necesidad, hace unos días publiqué en mi página de Facebook un mensaje en el que pedí a mis cinco mil contactos (el máximo que esta red permite) que no se expresaran con insultos, porque los insultos degradan en primer lugar a la persona que los expresa, pero también ofenden a quien los recibe.

La inmensa mayoría de mis contactos estuvo de acuerdo con esta petición, porque la consideraron correcta (Claro, en mi página he tenido el cuidado de seleccionar a mis contactos, y no podía esperar menos de ellos).

Libertad sí, pero no libertinaje
Sin embargo, hubo quienes no estuvieron de acuerdo, apoyándose en la libertad de expresión, consagrada por las leyes. Dijeron que ellos pueden hablar como les venga en gana. Algunos de mis amigos me sugirieron que bloqueara a estas personas, pero no lo hice, porque todos tenemos derecho a disentir y a equivocarnos.

Hay un punto fundamental que hemos de considerar: Queremos libertad, sí, pero sin libertinaje. Son dos cosas distintas: libertad para decir las cosas, perfecto, pero cuando esta libertad se convierte en libertinaje, no conviene a una sociedad organizada. Si las leyes están mal, ¡Cambiémoslas!

javiermedinaloera.com

 

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del 28 de enero de 2018.

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Gajes del oficio

Algo muy saludable ocurre hoy en el gremio periodístico de Jalisco: por vez primera en muchos años los periodistas de diversos medios y grupos se unen, ¿saben para qué?, para hacer frente a los constantes embates de un político “sobradito” que sin razón alguna la emprende contra ellos.

Enrique Alfaro, alcalde con licencia de Guadalajara y aspirante a gobernar Jalisco, se ostenta desde hace tiempo como el pontífice de los periodistas, a quienes trata de adoctrinar sobre qué hacer y no hacer, cosa que, por supuesto, al gremio en general no le parece bien, porque nadie mejor que ellos conocen su trabajo.

Dizque resentidos y vendidos

Para esto, Alfaro cuenta con una nube de corifeos que a la menor crítica en redes sociales o en cualquier medio tradicional (prensa, radio y televisión) responden con un solo, pobre y sobado argumento: “Son priístas resentidos y vendidos”.

En la mayoría de los casos (me consta porque conozco el medio desde hace más de medio siglo) no existe filiación política entre muchos de los periodistas que han criticado la actuación de Alfaro, ni del gobernador ni de otros políticos. Su interés fundamental es servir a la sociedad con objetividad por medio de información confiable.

En otras palabras, este señor Alfaro ha estado hasta hoy mal asesorado en materia de comunicación social, porque sin tener gente que realmente conozca el medio, no es capaz de diferenciar entre tirios y troyanos: a todos los mete en un solo saco, sin más argumento que el de ser enemigos políticos. Nada más erróneo.

Ningún argumento serio

Lamentablemente, tampoco he visto en ninguno de sus corifeos la menor sombra de una argumentación seria en favor de las tesis alfaristas. Por lo contrario, he observado bastante prepotencia cuando dicen, por ejemplo, “Alfaro será gobernador, aunque usted no quiera”.

De igual manera, en el caso de las calandrias de caballos, que muchos tapatíos y jaliscienses quisiéramos conservar en Guadalajara por razones de historia, de cultura, de tradición e identidad, los partidarios de Alfaro contestan: “Los caballos se van porque se van”.

Es decir, no hay manera de dialogar con este hombre, y menos con sus partidarios, que todo lo ven de acuerdo a sus muy personales intereses.

En este caso, de nada sirve preocuparse por estudiar la Historia de Jalisco; no recuerdo a ningún aspirante a gobernador que haya tratado de tan mala manera a sus posibles electores. Muchos gobernantes trataron mal a los jaliscienses pero después de ser electos, como aquél que tuvo el descaro de “mentarnos la madre”, pero antes se cuidó muy bien de hacerlo.

Gajes del oficio
Volviendo al tema original, los periodistas jaliscienses hemos de agradecer al señor Alfaro por contribuir a nuestra unidad gremial cuando agrede aquí y allá y sin razón alguna a cuantos se atreven a criticarlo.

Su argumento principal de que somos priístas resentidos y vendidos nos tiene sin cuidado. Antes nos dijeron panistas, reaccionarios y hasta comunistas, pero no hay problema: son gajes del oficio.

 

javiermedinaloera.com

Articulo publicado en el semanario Conciencia Pública en su edición del lunes 15 de enero de 2018.

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Periodistas y voceros oficiales

Fernando Arias Pérez.

A raíz de reciente artículo sobre periodistas y activistas, donde traté de aclarar las principales diferencias entre ambas actividades, que hoy tanto se confunden, varios amigos me hicieron notar la conveniencia de distinguir también entre periodistas y voceros oficiales y entre activistas y políticos.

Como todo va por partes, quizás debamos empezar por establecer las diferencias entre periodistas y voceros oficiales, dos actividades relacionadas entre sí, pero con objetivos que a veces se contraponen. En mi carrera de más de medio siglo de periodista he tenido la oportunidad de conocer y tratar tanto a unos como a otros.

Diferencias clave
El periodista, lo dijimos ya, tiene la obligación de informar de manera imparcial sobre los acontecimientos de la vida diaria, de manera que sus lectores o audiencias dispongan de todos los elementos de juicio necesarios para formarse un criterio acertado de las cosas.

Por su parte, el vocero oficial, ya sea de una dependencia pública o de una instancia privada, tiene la ineludible función de cuidar la buena imagen de esa dependencia, de esa corporación o del personaje que lo contrata para manejar sus relaciones públicas.

En estas circunstancias, ambos oficios pueden contraponerse en algún momento, porque mientras el periodista busca la verdad de cualquier asunto, sin importar si los funcionarios resulten o no perjudicados, el vocero oficial tiene la obligación de cuidar la imagen de la institución que representa.

Periodistas como voceros
Así las cosas, no es raro que entre periodistas y voceros ocurran de vez en cuando ciertas desavenencias. Por tal razón y con el afán de resolver cualquier dificultad que pudiera presentarse entre una institución pública o privada y los medios de comunicación social, generalmente se contrata a periodistas profesionales como jefes de prensa y difusión, es decir, el vocero oficial, salvo raras excepciones, nace y se forma en el ejercicio periodístico, mismo que a veces abandona sólo temporalmente para volver a su actividad reporteril en la primera oportunidad.

El caso de Fernando Arias
En Jalisco ha habido notables voceros de prensa; uno de ellos es Fernando Arias Pérez, de Zapotlán (Ciudad Guzmán, Jal.), quien dirigió la comunicación social de dos gobiernos estatales de distinto partido: Enrique Álvarez del Castillo, del PRI, y Francisco Ramírez Acuña, del PAN. Ambos, al ser nombrados, el primero procurador general de la República en la época del presidente Carlos Salinas, y el segundo, secretario de Gobernación con Vicente Fox, invitaron a Fernando para dirigir sus respectivas áreas de Comunicación social.

Muy claro se ve en este caso que al distinguido comunicador zapotlense no lo contratan por su militancia política, sino por su experiencia y capacidad profesional, que inició en Notisistema (en aquel tiempo Inforjal) en los años 70, para ingresar luego al servicio público en el área de prensa en tiempos del gobernador Flavio Romero de Velasco.

Con esta singular carrera como vocero oficial, Fernando Arias pudo formar escuela de comunicadores como son Óscar Soltero Villela (QEPD) en el Ayuntamiento de Guadalajara; Humberto Atilano, en la CFE, y Eduardo Corona, en Derechos Humanos, entre muchos otros.

javiermedinaloera.com

 

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del domingo 26 de noviembre de 2017.

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¿Periodismo o activismo?

En los últimos años hemos visto la tendencia a confundir el periodismo con el activismo, tanto por parte de periodistas como de activistas. Sin embargo, es necesario aclarar que se trata de dos cosas muy diferentes: el periodismo busca informar con la mayor objetividad, imparcialidad y veracidad sobre las cosas que suceden en la vida diaria, mientras que el activismo trata de ganar adeptos para alguna causa política o social.

Mi trinchera es desde luego el periodismo, porque lo he ejercido durante más de medio siglo, lo entiendo y conozco su trascendencia, pero de ningún modo estoy en contra del activismo, porque también comprendo la necesidad urgente de remover conciencias para lograr objetivos de beneficio público.

Buenos y malos periodistas
En este momento de la historia de México y del mundo hay buenos periodistas que tratan de ser objetivos y leales a su profesión, es decir, de informar con la mayor objetividad lo que ocurre en sus respectivas comunidades, aportando los elementos de juicio necesarios para que sus lectores, sus audiencias, puedan formarse el mejor criterio de las cosas. Ésta es su profesión.

Sin embargo, vemos que no todos los periodistas respetan esta norma, sino que en su diaria labor buscan la manera de hacer activismo político o social en favor de una u otra causa, de derecha o de izquierda, en favor de un partido o de otro o en contra de los mismos, de suerte que el lector, el radioescucha o el televidente no sabe al fin de cuentas si se trata de un verdadero informador o de un activista.

De igual manera, el activista se disfraza muchas veces de periodista para dizque informar a la gente sobre acontecimientos políticos y sociales que ocurren en su entorno, lo cual degenera en una verdadera confusión que desorienta en gran medida a la opinión pública, porque muchas personas, sin conocer o advertir estos detalles, consideran como verdadero lo que no tiene fundamento.

No nos confundamos
A lo que voy es que no hay necesidad de hacernos bolas: una cosa muy clara es el periodismo, que todos los periodistas profesionales conocemos bien, o sea, informar con la mayor objetividad a la población para que pueda normar su criterio, y otra muy distinta es el activismo que busca ganar adeptos para alguna causa, sea o no legítima.

En otras palabras, el periodista, si realmente quiere sostener su imagen, su credibilidad, tiene la obligación de mantenerse neutral ante cualquier conflicto político y social, dando a sus audiencias todos los elementos para entenderlo, mientras el activista puede argumentar todo lo que quiera para lograr sus objetivos.

Esto no es fácil, porque a veces ocurren desgracias tan grandes que un periodista no resiste la tentación de convertirse en activista, lo cual, insisto, no es correcto, porque no es su campo.

De igual manera, el activista no debe involucrarse en áreas que competen al comunicador profesional, es decir, a dar por ciertas cosas que no lo son, aunque esté en su derecho de promover cualquiera de las causas que considere justas.

javiermedinaloera.com

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del 12 de noviembre de 2017.

 

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Don Jorge

Don Jorge Álvarez del Castillo Zuloaga.

En fecha tan memorable, en que celebramos el Primer Centenario de El Informador, uno de los periódicos más antiguos de México y del mundo, que con su labor cotidiana ha hecho alto honor a la tierra que lo vio nacer, quiero hacer un breve comentario sobre uno de sus grandes pilares: Don Jorge Álvarez del Castillo Zuloaga.

Ingresé a El Informador como aprendiz de reportero a mediados de 1964 cuando era director su fundador Don Jesús Álvarez del Castillo Velasco; dos años después, al morir Don Jesús, asumió la dirección su hijo Don Jorge, con quien colaboré estrechamente hasta el día de su fallecimiento, el 6 de junio de 2005, es decir, durante casi 40 años conocí bien su trabajo, carácter, visión, su manera responsable de hacer periodismo y de querer a su tierra.

En esas cuatro décadas tuve contacto frecuente con Don Jorge, porque él no era un hombre que se aislara de la gente y menos de sus trabajadores; hay muchas anécdotas que lo retratan como un hombre sencillo, accesible, generoso, creativo, previsor y más amigo que patrón.

Periodismo al servicio de la gente

Don Jorge fue un ser privilegiado que conocía a la gente a primera vista; preguntaba siempre, eso sí, pero en base a las respuestas sabía con quién hablaba, desde el más modesto trabajador hasta el más encumbrado funcionario.

Siempre negó que fuera periodista, porque decía que nunca escribió nada, pero sabía más periodismo que muchos de nosotros, sobre todo de ética, que hoy se olvida con frecuencia.

Pensando en México, en Jalisco y en el papel que debía desempeñar El Informador, Don Jorge nos recomendó ser siempre constructivos, positivos y orientadores, es decir, hacer un periodismo al servicio de la gente.

Cuando alguien publicó una nota pidiendo la renuncia de un funcionario, dizque por inepto, lo mandó llamar y le dijo: “Muy bien, sólo te pido que me digas a quién vas a poner en su lugar”. El redactor no supo qué contestar.

“No es lo que dices, sino cómo lo dices”

Un día le pregunté qué podía y qué no podía escribir en su periódico, y me respondió: “Puedes publicar lo que quieras, porque no es lo que dices, sino cómo lo dices”.

Don Jorge conocía los tiempos políticos. Cuando en 1992 el Concejo Municipal de Guadalajara impuso su nombre a la Avenida Circunvalación Providencia, todavía en la víspera él se resistía a aceptar el homenaje porque decía que “al rato llega un político importante y cambian mi placa por otra”.

Fue un verdadero enamorado de Guadalajara. Cuando le preguntaban acerca de su credo religioso, decía: “Soy católico, apostólico, tapatío” (Se pasaba por alto lo de romano).

Meses antes de su muerte, en una de aquellas tardes en que me llamaba para platicar, me dijo: “Les encargo Guadalajara”. Creo que este es su testamento periodístico.

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del domingo 8 de octubre de 2017.

javiermedinaloera.com

 

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Cómo reconocer noticias falsas


Quienes nos informamos hoy por Internet (más de la mitad de los mexicanos), encontramos con frecuencia noticias que nos asombran, pero que pueden no ser verdaderas, razón por la cual tenemos que ser muy precavidos. Recientemente, Facebook publicó una serie de recomendaciones para identificar notas falsas en la Red; las resumo de la siguiente manera:

1. Duda de los títulos. Las noticias falsas suelen presentar títulos llamativos escritos en letras mayúsculas y con signos de exclamación. Si un título contiene afirmaciones sorprendentes y poco creíbles, es probable que se trate de información falsa.
2. Observa con atención el enlace. Una URL que imita una original puede ser una señal de advertencia que indica que se trata de una noticia falsa.
3. Investiga la fuente. Asegúrate de que la noticia esté escrita por una fuente de confianza respaldada por un prestigio de exactitud en la información.
4. Presta atención a las fotos. Las noticias falsas suelen contener imágenes o videos manipulados.
5. Comprueba las fechas. El orden cronológico de las noticias falsas puede resultar ilógico, o incluso pueden estar alteradas las fechas de los eventos.
6. Verifica las pruebas. Comprueba las fuentes del autor para confirmar que sean precisas.
7. Consulta otros informes periodísticos. Si ningún otro medio está reportando la noticia, es posible que sea falsa.
8. ¡Cuidado con las bromas! Comprueba si la fuente de donde proviene la nota acostumbra hacer parodias, y si los detalles y el tono de la noticia sugieren que puede tratarse de una broma.
9. Algunas notas son falsas de forma intencional. Reflexiona acerca de las noticias que lees y comparte solamente las que consideres creíbles.

Vamos a leer porque el saber te hace valer.

Artículo publicado por la revista México Rural en su edición de julio de 2017.

 

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Espionaje gubernamental

El espionaje contra políticos y comunicadores no es nuevo en Jalisco, en México, ni en el mundo; seguramente se ha practicado desde tiempos inmemoriales en muy diversas latitudes, aunque en los últimos tiempos ha cobrado especial actualidad debido al uso de sistemas sofisticados, el digital entre ellos, para averiguar lo que al gobierno le interesa saber sobre determinadas personas y organizaciones.

Un testimonio de los años 80
A mediados de los años 80 trabajaba yo una tarde en el área de Redacción del periódico “El Informador” cuando recibí una llamada telefónica del licenciado Jesús González Gortázar, líder de la pequeña propiedad agrícola, quien de buenas a primeras empezó a lanzar pestes contra el entonces gobernador de Jalisco, Enrique Álvarez del Castillo, acusándolo de ser un hombre falto de palabra y de pantalones.

–“Usted sabe que yo no puedo publicar esto”, le contesté sorprendido.

–“No, no se lo digo para que lo publique, sino para que se escuche en Palacio Gobierno”, afirmó quien por aquellos días había tenido un serio altercado con el gobernador como consecuencia de unas candidaturas municipales que éste le había prometido y que al fin de cuentas no pudo cumplirle.

Ya desde entonces era del dominio público que en un local improvisado en la azotea del Palacio de Gobierno funcionaba una agencia de investigaciones que se encargaba de averiguar por vías “discretas” lo que al gobierno interesaba.

Veinte años después, durante el régimen de Emilio González, el colega periodista Ildefonso Loza Márquez le preguntó en una ocasión al cardenal arzobispo de Guadalajara, Juan Sandoval Íñiguez, si era cierto que él y el gobernador se comunicaban con frecuencia por teléfono para tratar algún asunto. El prelado respondió que sí, pero sólo para concertar alguna entrevista personal, no para tratar por teléfono asunto alguno, “porque hay arañas en el alambre” (sic).

La nota del “The New York Times”
Por lo tanto, no hay gran novedad en el espionaje de Estado que recién dio a conocer el periódico “The New York Times” contra defensores de derechos humanos, activistas y periodistas mexicanos por parte de diversas agencias gubernamentales, no sólo de la Federación, sino también de los estados.

Obviamente, el gobierno se apresuró a desmentir la noticia, diciendo que no hay prueba alguna de que esto ocurra. Sin embargo, el hecho de que sea difícil probar algo como esto, no demuestra su inexistencia.

Lo cierto es que desde hace mucho tiempo se habla de sistemas sofisticados para espiar a personas consideradas peligrosas por grupos gobernantes.

Acciones mal enfocadas
Desde todos los puntos de vista es condenable utilizar medios ilegales para obtener información de índole privada, pero peor todavía es que se utilicen estos métodos contra activistas de derechos humanos y comunicadores que sólo buscan el bien común.

Si el gobierno dispone de los recursos humanos, técnicos y jurídicos necesarios para realizar investigaciones que conduzcan a la prevención del delito, lo deseable sería que los utilizara para detectar a los verdaderos delincuentes y no contra quienes sólo hacen uso de libertades constitucionales en beneficio de la sociedad.

javiermedinaloera.com

 

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del domingo 25 de junio de 2017.

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Periodistas chinos en Jalisco

Periodistas chinos en Puerto Vallarta, Jal.

Gracias al programa de intercambio periodístico México-China, que desde hace años sostienen la Federación de Asociaciones de Periodistas de la República Mexicana (Fapermex) y la Asociación Nacional de Periodistas de China, la semana pasada visitaron Jalisco cinco periodistas pertenecientes al más alto nivel ejecutivo de la República Popular China.

En esta primera visita oficial de una delegación de periodistas chinos a Jalisco, participaron Zhou Xianan, director general de la Radio y la Televisión de la Provincia de Qinghai; Jin Lei, subdirectora de la Radio Nacional de China con sede en Beijing; Yan Bing, vicepresidente de la Asociación de Periodistas de Chongqing; Ma Wei, secretario ejecutivo de la Asociación de Periodistas de Liaoning, y Zhang Yang, directora general de la Asociación Nacional de Periodistas de China (Shanghai).

Lo que pudieron ver
La atención personal a los distinguidos visitantes correspondió al Club de Periodistas de Jalisco, A.C., que preside Moisés Mora Cortés, contando para ello con la valiosa colaboración de la Secretaría de Turismo de Jalisco y de la empresa Aeromar, entre otros patrocinadores.

Dada la brevedad de la visita (apenas dos días), fue necesario “apretar” el programa de tal suerte que sólo fue posible mostrarles algo del Centro Histórico de Guadalajara con sus principales edificios, entre ellos el Palacio de Gobierno, que conserva invaluables murales del pintor zapotlense José Clemente Orozco, así como un breve recorrido por la zona agavera de Tequila, otro por el centro de Tlaquepaque y un rápido viaje a Puerto Vallarta.

Los colegas chinos se mostraron interesados por la cultura, la economía, el tequila, la artesanía y las bellezas naturales del Estado, pero obviamente querían ver algo relacionado directamente con el ejercicio de su profesión, por lo cual, dentro del recorrido por el Centro Histórico de la ciudad se incluyó una visita al periódico El Informador, que celebra en este año el Centenario de su fundación.

Las grandes diferencias
Cabe anotar las grandes diferencias entre el periodismo de los chinos y el nuestro, ya que, para empezar, mientras nosotros contamos nuestras audiencias por miles, ellos lo hacen por millones (ni punto de comparación), aparte de que sus empresas tienden a integrar bajo una sola administración todos los canales de comunicación social como son prensa escrita, televisión, radio e internet, incursionando incluso en otros sectores de la economía como el turismo.

Sin embargo, mucho es lo que podemos aprender del ejercicio periodístico de unos y otros tanto en los aspectos técnicos como financieros, éticos y políticos.

De ahí que este intercambio entre México y China, que con tan buenos augurios se ha iniciado en Jalisco, podrá aportar extraordinarios frutos en los meses y años por venir, no sólo en el ámbito informativo, sino también en distintas áreas de la economía y particularmente del turismo, sobre todo ahora en que aquella gigantesca república oriental se abre al mundo con diversidad de oportunidades de inversión y comercio.

“Invitar a periodistas es la mejor promoción turística de Jalisco y la de menor inversión”, comentó sobre esta visita el destacado promotor turístico local Francisco Salas Montiel.

javiermedinaloera.com

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del domingo 18 de junio de 2017.

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Las cosas no son como parecen

 


Hace unos días causó revuelo un video divulgado por las redes sociales y por algunos medios periodísticos profesionales acerca de un maestro de la Universidad de Guadalajara que aparece en su salón de clases haciendo rudos comentarios contra las mujeres, frente a sus alumnos.

Pero luego resultó, de acuerdo con la propia versión del profesor, quien imparte su cátedra en la Preparatoria No. 10, que hizo tales comentarios para ejemplificar un caso concreto de violencia intrafamiliar, aunque admitió haber utilizado un lenguaje impropio para un académico.

Alguien, presuntamente por venganza, grabó esa clase en video, pero lo editó luego con alteraciones de fondo, para difundirlo a través de las redes y hacer aparecer al docente como un misógino, enemigo de la mujer, y no como un maestro contrario al machismo, que es como se muestra en el video original.

Falta de profesionalismo
Con demasiada frecuencia se publican en las redes sociales noticias falsas, publicadas o compartidas muchas veces por ignorancia, es decir, por gente que se deja llevar por el amarillismo o el impacto del momento sin tomarse la molestia de constatar que tales informaciones sean verídicas.

Sin embargo, a menudo también se hacen publicaciones con toda la mala intención, como parece ser el caso que se comenta, sorprendiendo así la buena fe de la gente.

Se comprende que muchos ciudadanos, ajenos a la disciplina periodística que determina los métodos para corroborar si una información es cierta o falsa, incurran en la acción de publicar o compartir algo indebido, sobre todo ahora en que es tan fácil hacerlo a través de Internet.

Lo que no se puede concebir es que los profesionales de la información también se vayan en ocasiones con esta clase de “fintas”, porque se supone que ellos están preparados precisamente para detectarlas con oportunidad y evitar su publicación debido al daño moral y hasta económico que pueden causar a terceros.

Los sentidos fallan
Desde hace muchos años la ciencia estableció que frecuentemente las cosas, tangibles o intangibles, no son como aparentan ser, porque los sentidos fallan. A menudo los seres humanos vemos, leemos, oímos, tocamos, olfateamos, no exactamente lo que es, sino lo que queremos o esperamos que sea, de suerte que nuestras apreciaciones inmediatas resultan muchas veces equivocadas.

En la actualidad se ha vuelto tan común denigrar a los demás por cualquier motivo, sin comprobación alguna, que ya nadie puede estar seguro de conservar su buena imagen, uno de los principales derechos de todo ser humano.

De ahí la importancia de checar y rechecar, por estricta justicia, las cosas que consideramos importantes o que pudieran tener alguna consecuencia negativa para los demás, como es la divulgación de mensajes que pudieran afectar el honor o el buen nombre de alguna persona y de su familia.

Si esta es una exigencia moral para toda clase de lectores, con mayor razón lo es para los profesionales de la información, que son los comunicadores, en quienes resultan realmente imperdonables estos errores.

javiermedinaloera.

 

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del domingo 12 de marzo de 2017.

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El respeto en redes sociales


Hace unos días, amigos míos se enfrascaron en mi página de Facebook en un altercado en el que salieron a relucir ofensas personales ajenas por completo al tema que se discutía. Con este motivo publiqué en la misma página un breve comunicado para aclarar mi posición, porque incluso uno de ellos me advertía: “Bloqueame si quieres”, pero este tal por cual…, etcétera. Respondí así:

“A todos mis contactos, que considero amigos: En mi condición de periodista, no puedo bloquear a nadie por su opinión, porque la libertad de expresión es un principio básico universal, pero me duele que falten al respeto a los demás. Si no están de acuerdo con algo, por favor exprésenlo con fundamentos sólidos, serios, creíbles, porque si no es así, si recurren al insulto, a pesar mío se pondrán en ridículo. Acuérdense que miles de personas, en su mayoría inteligentes, nos están leyendo y saben quiénes somos. No nos expongamos. Un gran saludo”.

Nunca esperé tan amplia respuesta de los lectores, ya no digamos de mis amigos, a este breve mensaje; cientos de ellos se comunicaron conmigo para expresar su acuerdo con el concepto.

La gente está harta de violencia
Lo cierto es que hoy la gente, particularmente los mexicanos, estamos hartos de violencia. Y ésta, habrá que recordarlo siempre, empieza con palabras, con el lenguaje. Todos fuimos niños y recordamos los pleitos en la escuela o en la calle, que siempre empezaron con ofensas personales, alentadas por los que sólo querían ver sangre: “¡Tu madre!”, “¡La tuya!”, etcétera. No hay violencia física que no comience con una comunicación equivocada.

De ahí que debamos cuidar lo que decimos verbalmente o por escrito, porque esto tiene consecuencias. En el mundo de Internet parece muy fácil sentarse ante la computadora y decir todo lo que se nos ocurre, sin pensar en el impacto social, en los posibles resultados.

Prudencia, tolerancia y respeto
En estos tiempos de intensa comunicación entre las más diversas culturas del país y del mundo, no nos queda otra opción que ser prudentes, tolerantes, respetuosos con los demás, sobre todo si ni siquiera sabemos quiénes son, porque es un gran error ofender al prójimo, pero es peor hacerlo sin conocerlo.

Este principio no es otro que el ya repetido infinidad de veces por los grandes pensadores de la Humanidad: Herodoto, Confucio, Jesucristo y otros muchos. “No hagas a otro lo que no quieras para ti”. Es decir, si quieres ser respetado, respeta.

El problema es que en estos tiempos de Internet pensamos con frecuencia que se vale insultar a cualquiera, simplemente porque hay manera de hacerlo. En un mundo tan grande nos encerramos, sin embargo, en uno muy pequeño, creyendo que los derechos humanos, la libertad de expresión, etcétera, nos protegen, pero no es así.

Las redes sociales facilitan la comunicación, pero no borran los principios básicos de educación, urbanidad, el respeto que debe prevalecer siempre entre las personas de cualquier nacionalidad y condición, en base a viejos valores que no pasan de moda.
javiermedinaloera.com

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del domingo 29 de enero de 2017.

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