La paz social, ante todo

A medida que se acerca la fecha clave del primero de julio, en que el pueblo de México habrá de decidir cómo quiere vivir los próximos seis años, se multiplican, como es natural, las acciones de quienes pretenden conservar o conquistar el poder público a través de una democracia defectuosa como es la que aún tenemos.

Muchos candidatos a diferentes cargos de elección popular, a lo largo y ancho del país, han dejado la vida en esta carrera, además de quienes han resultado lesionados o amenazados, al grado de que no pocos, ante estas circunstancias, han vuelto a lo suyo, a sus actividades habituales, olvidándose de la política.

Es de lo más lamentable que las autoridades responsables de esta elección no hayan sido capaces de frenar la violencia que desde hace tiempo atenta contra un proceso democrático que bastante ha costado a la sociedad mexicana, desde el punto de vista económico-social y aún de vidas humanas.

Cerrar caminos a la violencia
Hay un punto importante que hemos de considerar: no se trata solamente de evitar actos violentos el día de las elecciones y cualquier otra acción ilegal que se derive de ellas, sino de prevenir desde este momento cualquier suceso de esa naturaleza, cerrando el camino a la ilegalidad.

Además del secuestro y asesinato de candidatos, hemos visto en esta contienda electoral muchas amenazas en contra de ellos y de los ciudadanos que los apoyan, lo que no abona en nada a la democracia, como tampoco abonan los actos fraudulentos como son las constantes llamadas telefónicas a los presuntos electores para tratar de inclinar su voto en contra de algún candidato.

De todas estas cosas el Instituto Nacional Electoral parece no darse cuenta, y por lo visto tampoco le interesa investigar de dónde vienen todas esas llamadas, empezando por saber quiénes las operan y cómo obtuvieron los nombres y teléfonos de los posibles votantes.

Responsabilidad del Estado
Aparte del INE, el Gobierno federal y los de estados y municipios tienen grave responsabilidad en este proceso, porque nadie concibe que se mantengan ajenos al mismo, para bien o para mal.

La obligación del Estado, en sus tres niveles, es garantizar una elección verdaderamente libre, democrática y legítima, para que no quede la menor duda acerca de los personajes que realmente resultaron electos por voluntad popular. Cualquier acto contrario a este objetivo, mancha el proceso.

El responsable máximo
El responsable máximo de esta elección es sin duda el Presidente de la República; sobre él recae, como ha recaído en sus antecesores, la responsabilidad última del proceso electoral: si es legítimo, la historia lo reconocerá, pero si no lo es, que Dios nos guarde.

Por eso hemos de tener, desde ahora, el mayor cuidado en cerrarle el paso a cualquier cosa que violente la voluntad ciudadana, ya sean los atentados contra la vida y seguridad de los candidatos como a los hostigamientos y amenazas a los electores. ¡La paz de México vale mucho como para arriesgarla en una elección, por importante que sea!

javiermedinaloera.com

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del lunes 25 de junio de 2018.

 

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Inútil preocuparse sin acciones

Los mexicanos de hoy nos preocupamos hasta la angustia por la inseguridad pública, jamás vista desde tiempos de la Revolución, hace un siglo, cuando la gente pacífica, trabajadora, que siempre ha habido en este país, amanecía cada día con el “Jesús en la boca”, pidiéndole a la Divina Providencia que no les pasara nada malo a ellos ni a sus familias.

No entraré aquí en la trillada idea de si nuestros últimos gobiernos han sido o no capaces de poner alto a la inseguridad; quizás han hecho lo mejor que han podido, pero lo cierto es que este problema preocupa hoy cada día y en cada momento a la sociedad mexicana, incluso a la reducida élite que viaja protegida por escoltas y camionetas blindadas.

¿Problema de cultura?
A la luz de lo que ocurre en otras sociedades del mundo, donde también sufren problemas de inseguridad, pero con índices de delincuencia mucho más bajos que los nuestros, cualquiera podría concluir que los mexicanos nos enfrentamos hoy a un problema de cultura, que evidentemente da más importancia a la preocupación que a la acción.

Lo constatamos a diario a través de los medios de comunicación y de las conversaciones con amigos y familia: todos estamos preocupados por la inseguridad. Ante cualquier incidente, homicidio, balacera, bloqueo, secuestro, robo, etcétera, ponemos el grito en el cielo, es decir, lamentamos lo sucedido y expresamos nuestra preocupación.

Pero luego nada sigue, porque después de los lamentos, incluso las condenas y condolencias de funcionarios y políticos ante cualquier hecho violento (que no sirven para nada), la vida sigue igual; se repite otro hecho violento y vuelta a lo mismo: la gente se queja, los políticos se aprovechan del caso, la sociedad se preocupa, pero nada se hace.

Acción social, lo que falta
Nada vamos a ganar con preocuparnos permanentemente por la inseguridad que agobia a la nación, a los estados, a las ciudades, pueblos y barrios; falta el segundo paso, que es la acción para evitar que esto siga creciendo hasta agotar la vida de quienes aún la conservamos.

Periodistas, estudiantes, sacerdotes, soldados, policías, obreros, empresarios, políticos, mujeres, hombres y niños, han pagado con su sangre esta guerra injusta, que pasa a la historia como la del Narco, en la que mucha gente honrada nada tuvo ni tiene que ver.

Cierto es que muchos miles de mexicanos, a lo largo y ancho del país, han salido a las calles para manifestar su preocupación, pero esto no es suficiente: el gobierno se hace de la vista gorda, porque a lo mejor le conviene que sigan las cosas como van, y ante esto, ¿qué falta?, otras acciones.

Cada quien su tarea
De algún modo, todos somos responsables de lo que pasa (salvo los niños). Y por lo mismo hay que tomar providencias, empezando por cuidar la seguridad personal y la de nuestra familia, y en el plano político, elegir desde luego a los mejores gobernantes, a los que han demostrado responderle a la sociedad con hechos, no con promesas incumplidas.

javiermedinaloera.com

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del lunes 18 de junio de 2018.

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El efecto “boomerang”

Entre los principios fundamentales que los periodistas aprendimos desde jóvenes y que tratamos de no olvidar, figura el efecto “boomerang”, basado en la ley de causa y efecto, según la cual todo tiene su efecto, y todo efecto tiene su causa.

El “boomerang” es algo que va y vuelve, de suerte que todo lo que una persona haga, sea bueno o malo, se volverá hacia sí misma.

De esta manera, en materia de comunicación social, sobre todo en propaganda, cuando ésta rebasa el límite de saturación, suele producir entre los receptores el efecto contrario al que busca el emisor.

Caso significativo
Un caso significativo ocurrió hace unos días cuando publiqué en redes sociales el mensaje de un viejo amigo, quien refiriéndose a la intensa propaganda enderezada contra el candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador, simplemente me dijo: “Son tantos los ataques que recibe Obrador, que ya hasta ganas me dan de votar por él”.

Esta reacción parece ilógica, porque se supone que entre más se hable mal de alguien, más bajan sus bonos en la vida social, pero no es así, ya que mucha gente considera que si alguien recibe ataques es porque vale; de otra manera, lo ignorarían.

Y en efecto, las respuestas positivas a este mensaje por parte de mis contactos fueron numerosas, aunque no faltaron los que aprovecharon la oportunidad para lanzar nuevos ataques contra el político tabasqueño, a quien parece no preocuparle mucho.

Desde luego que hubo también otros buenos comentarios, como el que habla de la dificultad que se presenta para hacer un análisis objetivo de este candidato, ya que por lo visto “es malo criticarle sus mentiras, pero si nadie le contesta, todos van a creer que son ciertas”.

El triunfo de Trump
Lo que ocurre, en mi modesto entender, es que la comunicación social ha cambiado bastante en los últimos años con la incursión de las redes sociales en todas las áreas del quehacer público, particularmente en política.

La prueba más reciente es Donald Trump, quien durante su campaña electoral fue conquistando poco a poco la voluntad de la gente hasta ser electo presidente de Estados Unidos, a pesar de todas las protestas y objeciones, muchas de ellas legítimas, que plantearon sus adversarios.

Yo mismo entré en ese juego de criticarle a Trump, como candidato, repetidos errores, sobre todo sus opiniones acerca del pueblo de México, y no me arrepiento de ello porque convencido estoy que era lo correcto, y ahora como presidente lo sigo criticando, aunque esto ya sirva de poco o nada.

Crítica constructiva
Volviendo al tema original, el efecto “boomerang” no es invención nacida al calor de la política, sino una realidad social, con resultados demostrados en el mundo entero en diferentes ramas del quehacer público, de suerte que si los ataques a los políticos se revierten en algún momento en su favor, los periodistas no tenemos más opción que, pase lo que pase, seguir en la crítica constructiva, aunque a algunos no les guste, ¡Pues qué le vamos a hacer!

javiermedinaloera.comn

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del lunes 11 de junio de 2018.

 

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Trump desconoce a los animales


Es lamentable que un presidente de Estados Unidos, como lo es Donald Trump, no tenga el más mínimo conocimiento del reino animal, ya que confunde a algunos de los peores criminales del mundo, como son los Mara Salvatrucha, con los animales que han sido los más fieles compañeros del hombre en la aventura de la vida.

Ocurre que hace unos días, como ya es normal en su gobierno, Trump se enfrascó en una polémica internacional, que incluso provocó una queja oficial del Gobierno de México ante el Departamento de Estado, por haber calificado a los migrantes como animales, cosa que Trump se apresuró a negar diciendo que él se refería únicamente a los Mara Salvatrucha, no a todos los migrantes.

Los Mara Salvatrucha
¿Pero quiénes son los Mara Salvatrucha? Seguramente Trump lo ignora o pretende ignorarlo: es una organización criminal fundada en Los Ángeles, Calif., USA, que luego se extendió a otras regiones de Canadá, México y Centroamérica, y hoy está integrada principalmente por migrantes centroamericanos.

Trump se queja de que a “los Mara Salvatrucha los sacamos, se vuelven a meter y los volvemos a sacar, como animales”, pero no dice que su país fue el que los exportó y regó por el mundo. ¿Ignorancia o cinismo?

Humanos al fin
Otro error de Trump es considerar a los Mara Salvatrucha como animales, porque con todo y pertenecer a una de las peores organizaciones dedicadas a la extorsión, a la estafa y al asesinato, no son animales, como él los califica, sino seres humanos desviados del objetivo común de la Humanidad, pero humanos al fin.

Asimismo, es obvio que Trump desconoce completamente la naturaleza, organización y costumbres de las especies animales, que en su inmensa mayoría son pacíficas, y sólo matan por defensa propia o por hambre, pero nunca por placer como por lo general lo hacen los seres humanos.

Salvo algunas especies como los chimpancés y las hormigas, no hay especie animal que organice guerras contra sí misma. En esto creo que la mayoría de los animales superan con mucho el “humanismo” de Donald Trump, quien sigue creyendo en la guerra como una solución a los problemas del mundo.

Su pueblo ama a los animales
Además, Trump está lejos del sentimiento general que sobre los animales tiene su propio pueblo, el estadounidense, uno de los más destacados de la Tierra en protección animal.

Caso concreto, en una de las colonias americanas más grandes del mundo, que es la de Ajijic, Jalisco, vivía hace tiempo una señora estadounidense dedicada por entero a proteger a los animales abandonados, y en una ocasión hizo bajar del Cerro Viejo, al Norte de Ajijic, a una perra semi-salvaje con todas sus crías que había tenido en una cueva. Por cierto que yo adopté una de esas cachorritas, que resultó de lo más noble y amigable.

Por lo tanto, no confío en quienes comparan a los asesinos con los animales, porque como dijera el gran escritor portugués Eca de Queiros: “Hay perras más cariñosas que algunas madres cristianas”.

javiermedinaloera.com

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del lunes 28 de  mayo de 2018.

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¿Debemos tomar en serio este mundo?

Hermann Hesse

Hermann Hesse, notable escritor alemán del siglo pasado, quien tuvo a través de sus obras una gran influencia en la juventud, se preguntó alguna vez si los seres humanos debemos tomar en serio el mundo en que vivimos.

Hesse veía entonces a su alrededor grandes locuras cometidas por el hombre como fue la Segunda Guerra Mundial, que por los caprichos de unos cuantos líderes, entre ellos su paisano Hitler, acabó con las vidas de millones de hombres, mujeres y niños de diversas nacionalidades, sobre todo judíos, uno de los peores desastres que hasta entonces había conocido la Historia.

Sin embargo, lo que diariamente vemos los seres humanos del siglo 21, entre otros el genocidio de Israel contra los palestinos, no desdice gran cosa de las locuras en que todavía estamos inmersos en todos los confines del planeta por cuestiones de poder político, ambiciones económicas, celos, envidias, etcétera.

Por supuesto que no sólo se trata del ámbito internacional, donde vemos a personajes como Donald Trump y el líder norcoreano amenazándose mutuamente con una guerra nuclear (el colmo del delirio y la vanidad personal), sino también a líderes nacionales de muchos países que con sus actitudes reflejan lo peor de la injusticia y maldad humana.

No iremos tan lejos para encontrar el origen de estas locuras, que se encuentra ni más ni menos que en el alma de mucha gente porque no hemos sido capaces de entender el mensaje universal de entendimiento y sabiduría que el propio Hesse encontró en la lectura de los libros del Antiguo y Nuevo Testamento, así como en la literatura oriental.

La clave de la sabiduría, dice este gran escritor, reside en amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Así lo establece el Antiguo Testamento y lo reiteran los evangelios de Jesucristo, además de los viejos sabios chinos e hindúes.

El propio Hesse hace una importante advertencia: no hay que amar al prójimo ni más ni menos que a nosotros mismos, porque si lo amamos más que a nosotros mismos, esto es una abyección, mientras que si lo amamos menos, no es más que soberbia y afán de dominio.

En conclusión, queda en el aire la pregunta si hemos de tomar en serio el mundo en que vivimos, que en su mayor parte, hoy como ayer, no es nada ejemplar ni conduce a la superación del espíritu humano.

No olvidaremos que a diferencia de muchos pensadores de la Historia, Cristo sí tomó en serio a la Humanidad, a la que siempre pensó redimir, pese a tanto loco que lo rodeaba.

javiermedinaloera.com

Artículo publicado por la revista Portada de México en su edición de abril de 2018.

 

 

 

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Confusión electoral


Por vez primera en la Historia de Jalisco, las próximas elecciones políticas serán un verdadero galimatías que creo no entienden ni entenderán los mismos políticos, menos los novatos en estos menesteres, por lo que prácticamente será imposible atinar en la elección correcta de nuestros gobernantes.

Por principio de cuentas, hay un candidato presidencial, Ricardo Anaya, del Frente formado por los partidos Acción Nacional (PAN), de la Revolución Democrática (PRD) y del Movimiento Ciudadano (MC), que apoya a tres candidatos a gobernador en Jalisco, de suerte que si un día llega, por ejemplo, a Guadalajara, respaldará al candidato del MC, Enrique Alfaro, pero si al día siguiente se presenta en Lagos de Moreno, podrá pronunciarse por Miguel Ángel Martínez, del PAN, y si después viaja a Autlán, apoyará a Carlos Orozco, del PRD.

Así las cosas, si para el mismo Anaya y quienes lo postulan resulta un completo galimatías este asunto, imagínense ustedes en qué plan pondrá a los electores jaliscienses que suponemos están mucho menos informados que él en cuestiones políticas; simplemente, no hallarán qué hacer.

En iguales circunstancias se encuentra el candidato presidencial del PRI, José Antonio Meade, quien tiene también tres candidatos a gobernador de Jalisco postulados por los partidos que lo apoyan, entre ellos Miguel Castro, del PRI, y Salvador Cosío, del Verde.

El caso de Morena
El caso de Morena es diferente porque en este partido, que abandera Andrés Manuel López Obrador, con el respaldo del Partido del Trabajo (PT) y Encuentro Social (ES), se logró por lo menos una conciliación para que no hubiera candidatos a gobernador de Jalisco que compitieran con el de Morena, que es Carlos Lomelí, de suerte que los partidarios del Peje no tendrán problema en votar sin confusión alguna para presidente de la República y gobernador del mismo partido.

Lo que sucede es que ahora los candidatos presidenciales manejan sus campañas en bloques de tres: el PRI, con José Antonio Mead al frente, tiene el respaldo del Partido Verde y del Panal. A su vez, Morena forma alianza con el PT y ES, mientras que el PAN lo hace con el PRD y el MC, en una confusión política e ideológica jamás vista en la Historia de México.

No hay vergüenza
¿Dónde quedaron los principios ideológicos, los antecedentes históricos que en un tiempo dieron sustento a la creación y desarrollo de las diversas corrientes políticas de México?

Pero eso no es lo peor: A raíz de la confusión provocada por el afán de poder de políticos que participan en esta contienda, desaparece la posibilidad de hacer propuestas concretas y efectivas para el desarrollo del país, estados y municipios, porque si siempre ha sido difícil tomar decisiones entre pequeños grupos, imaginen ustedes las ollas de grillos que se forman cuando intervienen líderes de diversos partidos que se ostentan como nacionales.

Votar por los más congruentes
Ante esta situación, lo que conviene es votar por los políticos nacionales y locales que muestren mayor congruencia en sus candidaturas y en sus propuestas.

javiermedinaloera.com

 

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del lunes 16 de abril de 2018.

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Campañas, ¿cómo aguantarlas?

Ante las campañas políticas que se inician, en su mayor parte de ataques y contraataques personales, alejadas de toda propuesta positiva, y aceptando de antemano mi afición por estar informado (como periodista lo bombardean a uno por todas partes), pedí a mis amigos de Facebook su opinión sobre cómo podría aguantar estos tres meses de horror que se avecinan.
Menos mal que a nuestro pueblo no le falta el sentido del humor. Si no fuera por esto… Me agradó recibir decenas de respuestas, entre las cuales anoto las siguientes:

A gozar de la vida
María J. Enríquez.- Pues, Javier, hágase gordito y póngase gordito, qué más.
Fernando Romo.- Vete a Europa los tres meses, la pura vida.
Jorge Gómez.- Vete al mar.
J. Jesús López Bueno.- Yo viajaré a New Zeland los próximos tres meses.
Luis Alberto.- Orar e intervenir.
María Olvera Cortés.- No las lea, ni las vea. Hay otros muchos temas importantes que compartir.
Irma Aparicio.- Yo no veo TV ni escucho radio. Veo películas y escucho sólo la música que me gusta.
Marco Vega Michel.- Que voten quienes realmente participan y aportan a la economía del país. No es justo que quienes viven de los programas sociales sean quienes deciden sobre todos los demás que trabajamos.

Campañas aburridas
Roberto Franco Loza.- Si las campañas fueran de propuestas y debates serían interesantes, pero sólo son de lodo y mentiras, por eso enfadan y molestan.
Tila Villalobos.- No te desgastes, no sufras, para todo hay solución menos para la muerte.
Fer Humo Fercho.- Haga su propia campaña y listo.
Fernando Díaznavarro.- La posibilidad de democracia en México sigue en pañales.
Luis Felipe Quintero.- Aguantar esto y luego aguantar al que quede elegido, todo un calvario.
Jorge Mendoza.- Pues nosotros, el pueblo, somos los culpables de todo esto, dinero tirado a la basura.
Yeshua S. Cruz.- La solución, tres meses en Disneylandia.

Atienda a su familia
Rolando Pingo Flores.- Quédese usted en casita, gozando del calor de su querida familia y sin preocupaciones.
Sandra Alicia Figueroa.- Yo me voy a mi rancho, me encierro y viva la paz.
Fernando D´Sandi.- Cuando empiezan las campañas siempre digo “esa película ya la vi”, y me refugio escribiendo.
José Luis Arrieta Cabrera.- Hazte político.
Álvaro Belloso de Anda.- Pues nada más ignóralas.
Carlos Prospero.- Apaga tu radio, tu TV, cierra tu Facebook y tu correo, y vete a Melaque o a San Blas.
Juan Diego Torres Cabral.- Vete a Temastián, sin celular o cualquier otro chisme electrónico.
Bertha Castellanos.- Desconectarnos de los medios, hacer la sinergia ignorando y posteando información de otros temas, no compartir nada de campañas.

Hazte partidario del Peje
Rubén Bautista.- Hazte partidario del Peje y, ya enajenado, lo disfrutas.
Mario de Santiago.- La razón más propia para sí aguantar, sería que tú fueras candidato, estimado Javier.
Alfonso Gómez Rico.- Ahí se nota lo grande que es nuestro país, tiene dinero de sobra hasta para botarlo en tonterías.
Fernando Garza.- Está “camión”.

javier medinaloera.com

Articulo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del lunes 9 de abril de 2018.

 

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Por una sucesión pacífica

Se acerca la sucesión presidencial, una de las más difíciles en la Historia de México. Sin embargo, hemos de confiar en la habilidad de nuestros políticos, generalmente convenencieros, para garantizar que esta sucesión sea pacífica, porque la gente ya se hartó de politiquería, y lo peor es que por la desmedida ambición de estos políticos se generaran reacciones violentas.

La cuestión es que, al parecer, las encuestas favorecen al candidato de supuesta izquierda, Andrés Manuel Obrador, quien a estas alturas de la contienda se mantiene firme en la delantera ante sus principales opositores Mead y Anaya, del PRI y del Frente, respectivamente.

En consecuencia, hay mexicanos a quienes les causa escozor la mera posibilidad de que López Obrador pueda alcanzar la mayoría de votos en las próximas elecciones de julio.

Que nadie cante victoria
Nada es seguro todavía, pero a juzgar por ciertas manifestaciones, entre las que destacan los más recientes discursos de Obrador en que habla ya como presidente electo (lo cierto es que nunca dejó de hacerlo), cualquiera pensaría que las negociaciones entre políticos de diversos partidos se encuentran avanzadas para la sucesión, si no es que arregladas.

A nadie extrañaría este posible escenario, dada la proclividad de nuestros políticos para acomodarse de la mejor manera en cuanto ven una causa perdida; por naturaleza e históricamente han sido convenencieros, con sus muy honradas excepciones.

Críticas al delantero
En esta etapa de la contienda menudean las críticas a Obrador por parte de quienes no lo quieren y nunca lo quisieron. Entre estas críticas destaca que buscaría eternizarse en el poder, ya que –dicen—el problema no es que alcance la Presidencia sino que se niegue a dejarla, como don Porfirio. Es decir, lo tildan de posible dictador (Valga decir que su edad ya no le ayuda para esto).

A estas alturas hay, por supuesto, otros mexicanos que, sin haber comulgado nunca con López Obrador, confían la suerte de México a la Divina Providencia. ¡A rezar, pues..!

La paz ante todo
En fin, las cosas no están para llorar, pero sí para preocuparse por el futuro del país donde nacimos, vivimos y seguramente moriremos. Aquí están nuestras raíces y nunca renunciaremos a ellas.

Lo que podemos decir en este momento es que ojalá nuestros políticos vean ahora no sólo por sus conveniencias –a las que son tan adictos—sino también por los máximos intereses de la nación, y no permitan que por ambiciones personales o de grupo se fracture la paz social (más de lo que ya está).

Necesario es garantizar a toda costa una sucesión pacífica del poder a partir de las próximas elecciones presidenciales. Y esta gran responsabilidad recae principalmente sobre el presidente de la República, Enrique Peña Nieto, pero también entre los principales protagonistas de la contienda, incluyendo al propio López Obrador, a quien nadie le perdonaría que si efectivamente pierde la elección, trate de violentar al país.

Esperemos que, con todo y los nubarrones de tempestad que se ciernen en el cielo nacional, todo se resuelva en sana paz.

 

javiermedinaloera.com

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del lunes 5 de febrero de 2018.

 

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Políticos y activistas

Sabemos que la política, en su sentido clásico, es la ciencia del bien común, es decir, la actividad que realizan los ciudadanos que buscan el beneficio económico y social de la comunidad.
Cuántos quisiéramos que esto fuera realmente así, pero lamentablemente muchos de quienes se dedican a la política no buscan otra cosa que su beneficio particular, sin interesarse nunca por el bien de los demás.

Así han sido las cosas a través de la historia, aquí y en el mundo entero, aunque hemos de reconocer excepciones muy notables de personas, hombres y mujeres, que con hechos han demostrado su entrega a la verdadera política: servir a sus semejantes.

Los activistas
Entre las confusiones predominantes en estos tiempos figura la relativa a políticos y activistas, igual que la existente entre periodistas y activistas y entre periodistas y voceros oficiales, temas que abordé en anteriores artículos y que con frecuencia se traslapan, pero todos con características distintas.

El activismo se define como la dedicación intensa a una línea de acción en la vida pública, ya sea en el campo social, político, religioso u otro, lo cual se contrapone ciertamente con el quietismo, la conformidad, la pasividad de la gente ante estos fenómenos sociales.

En la ciencia política el activismo puede ser también sinónimo de militancia a favor de una causa en el marco legal y electoral de las democracias representativas, generalmente con fines proselitistas. Esto contribuye a la confusión existente entre políticos y activistas.

De esta manera, a los activistas se les puede encontrar no sólo en los partidos políticos, sino también en las Organizaciones No Gubernamentales (ONGS), donde se agrupan ciudadanos interesados en hacer conciencia sobre distintos temas, como son los derechos humanos, la protección animal, el medio ambiente, la cultura, etcétera.

Falta de ética
Lamentablemente, lo mismo que ocurre en política, entre las organizaciones de activistas también hay muchos farsantes (con muy honradas excepciones) que sólo buscan provecho personal. Para qué hablar, por ejemplo, de algunas asociaciones dizque promotoras de los derechos humanos que trabajan, no para hacer respetar los derechos de las personas, sino por mantener y acrecentar el poder político y económico de los grupos que representan.

De igual manera, en el campo de la ecología y de la protección animal hemos visto a vivales que jamás han movido un dedo por la protección del medio ambiente o de los animales (sino todo lo contrario), pero sí por sus muy particulares intereses políticos y económicos.

En el terreno estrictamente político, ya vimos cómo se las gastan infinidad de políticos “chapulines” que al final de cada trienio y de cada sexenio únicamente buscan mantenerse en el poder, ya sea en un puesto o en otro, sin pensar jamás en el bien de la sociedad.

En resumidas cuentas, a muchos periodistas, políticos y activistas nos falta ética, palabra rara para cierto número de personas, pero fundamental para que una sociedad como la nuestra pueda vivir en armonía y con oportunidades de bienestar para todos.

javiermedinaloera.com

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del domingo 3 de diciembre de 2017.

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Y no quitan el dedo del renglón…

Nunca fui “gringófilo” y espero no serlo, pero simpatizo con el sistema de justicia de los Estados Unidos, donde se da seguimiento a los casos de corrupción, no como en otros lugares de cuyos nombres, como dice Cervantes en “El Quijote”, no quiero acordarme.

Ciertamente, también en el vecino país se cuecen habas: hay corrupción, claro, la prueba está en el reciente proceso electoral, donde se acusa al actual presidente Donald Trump de haber manipulado la elección en su favor, con el apoyo de los rusos.

En otros países –en el nuestro, para no ir más lejos–, una acusación de esta naturaleza ya se hubiera esfumado en las intrigas del poder y en el silencio de los medios de comunicación, hasta el punto de perderse en la noche de los tiempos.

Pero otros son los caminos

En el sistema estadounidense las cosas caminan de otra manera: los políticos y la sociedad en general se preocupan por dar seguimiento a los casos de corrupción; existe cierto balance en las leyes y en su aplicación, aunque tampoco deja de haber influencia del poder para torcer la justicia.

Esto es lo que ha ocurrido en Estados Unidos desde que se conocieron, a fines del año pasado, las primeras noticias sobre la intervención de Rusia en la campaña de Trump en contra de su contrincante, la candidata demócrata Hillary Clinton.

Aquí lo importante es que políticos, jueces y periodistas norteamericanos no han quitado el dedo del renglón. Por más que alegan inocencia el presidente Trump y sus secuaces, hay ciudadanos interesados en que se haga verdadera justicia.

No sabemos en qué vaya a parar esto, pero hay antecedentes en la historia estadounidense sobre el castigo aplicado a encumbrados políticos que abusaron del poder. Está, por ejemplo, el caso del ex presidente Richard Nixon, quien tuvo que renunciar a su cargo al comprobarse su participación en el espionaje contra sus adversarios políticos en Watergate.

No sería remoto que le aplicaran la misma receta al señor Trump, que además de su probable complicidad en el caso de los rusos, ha tenido graves desaciertos en este primer año de su gobierno, al grado de que ya se habla de una alianza entre poderosos personajes de su país para echarlo del poder.

Y no sólo se trata de políticos y periodistas que están en contra de las medidas arbitrarias de Trump, sino también de fuertes sectores económicos como el de la industria automotriz, determinante en la economía estadounidense, que se siente afectada por el capricho trumpista de acabar con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

Volvamos a lo nuestro

Pero dejemos a nuestros vecinos que arreglen sus problemas lo mejor que puedan y atendamos lo que a nosotros interesa, que es combatir a fondo la corrupción en México, no sólo en el gobierno sino en toda la sociedad. No se trata de una cultura ancestral, como dicen ciertos políticos interesados, sino de malas mañas adquiridas a través de los tiempos.

www.javiermedinaloera.com

Artículo publicado en el Semanario Conciencia Pública en su edición del domingo 5 de noviembre de 2017.

 

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