Entrevista a Javier Medina Loera en Canal 8 de TV

Les comparto la entrevista que con motivo de mis 50 años como periodista tuvo a bien hacerme el estimado colega y amigo Leonardo Schwebel en Canal 8 de Televisión.


 

 

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Al periodista lo define la gente, no el gobierno

senador de EU

Senador Charles E. Schumer, patrocinador de La Libre Circulación de la Información en Estados Unidos (Imagen: vía Flicker).

   A río revuelto ganancia de pescadores: Mientras que en las redes sociales se debate sobre una redefinición del periodista, motivada por la aparición del llamado periodismo ciudadano en Internet, a los políticos también les ha dado por echar su gato a retozar, y esto no podía ser de otra manera cuando lo que está en juego es el derecho de la gente a estar bien informada.

   En Estados Unidos, por ejemplo, el Senado acaba de aprobar el proyecto de Ley de la Libre Circulación de la Información, conocido como “Ley Escudo”, que tiene por objeto proteger a los periodistas de ser obligados a declarar y revelar sus fuentes confidenciales.

La definición oficial de periodista

   Apoyar al comunicador para que no revele sus fuentes confidenciales está bien, pero el problema surge cuando ese mismo proyecto establece una calificación oficial del periodista al definirlo como alguien que recoge y reporta información para “una entidad o servicio que difunde noticias e informa”, incluyendo a los trabajadores independientes, a los contratados parcialmente y a los estudiantes de periodismo.

   Si el proyecto se aprueba tanto por el Senado como por la Cámara de Representantes, la protección a los periodistas se extendería a todo el país, aunque el gobierno seguiría en capacidad de anular por motivos de seguridad nacional el privilegio de un periodista a mantener sus fuentes como confidenciales.

Que la gente califique al comunicador

   El proyecto ha suscitado reacciones negativas en las redes sociales respecto a la definición de periodista, y si ésta es lo suficientemente amplia para cubrir a los no afiliados a los medios de comunicación tradicionales, como son los blogueros independientes.

   Por principio de cuentas, ningún gobierno tiene por qué definir qué medios y canales son organizaciones legítimas, y en consecuencia tampoco tiene por qué establecer quiénes pueden o no pueden desempeñarse como periodistas. Este derecho corresponde en todo caso a la gente, a las audiencias, a los lectores, a los destinatarios de los mensajes, que con su opinión pueden impulsar o cortar la carrera de un comunicador. Ésta es la auténtica libertad de expresión.

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“El Torito” es chilango; “El Bote”, tapatío

De P. Jovenes Alcohol y Volante en F

   Con la entrada en vigor de la Ley de Movilidad y Transporte del Estado de Jalisco, que ordena aplicar arrestos inconmutables de 36 horas a los conductores de vehículos automotores que sean sorprendidos en estado de ebriedad, se ha dado en llamar “El Torito tapatío” o simplemente “El Torito” al lugar a donde serán remitidos estos infractores.

   Sin embargo, cabe recordar que el Centro de Sanciones Administrativas y de Integración Social, mejor conocido en el Distrito Federal como “El Torito”, fue inaugurado el 28 de octubre de 1958 en el terreno que ocupaba anteriormente un “Rastro”, en la Colonia San Diego Ocoyoacac, de la Delegación Miguel Hidalgo, motivo por el cual la gente le impuso el mote de “El Torito”. También se le conoce allá como “El Piojito”, debido a la cercanía que tiene con el Mercado de la Colonia Huichapan, aunque prevalece el primer nombre.

   Dicho centro tiene las mismas funciones que las asignadas ahora al llamado “Torito”, en su versión tapatía. Incluso el tiempo de arresto es similar: 36 horas.

En Jalisco la cárcel pública es simplemente “El Bote”

   Cada quien tiene desde luego la libertad de llamar a las cosas como mejor le convenga, pero en Guadalajara y en todo Jalisco existe un término muy popular también, y con raíces mucho más profundas, para designar a un centro de reclusión de esa clase. Aquí le llamamos simple y llanamente “El Bote”. Algunos utilizan como sinónimo “El Tambo”: “A fulano lo entambaron”.

   ¿Qué dice al respecto la Academia de la Lengua? Dice que “bote” es un recipiente cilíndrico usado para guardar cosas; también, el impulso que da un cuerpo elástico al chocar contra una superficie, el rebote que da una persona o animal, y en el lenguaje náutico, una pequeña embarcación.

   Por su parte, Francisco J. Santamaría, en su “Diccionario de Mexicanismos”, precisa que  “El Bote” es una figura familiar que significa cárcel pública o prisión en general, proveniente seguramente de las galeras, que eran embarcaciones como BOTES, donde purgaban penas los condenados.

    Ser “pilar del bote” –añade Santamaría- significaba permanecer largo tiempo en prisión. Incluso aporta una curiosa cita de Sánchez Filmador: “Si el ladrón no se escapa en el mitote/, y hay sangre que le brote/, lo envían al hospital para su trato/; pero tú (te) vas al bote”.

   En conclusión, estimado lector (a), si usted no quiere parar en “El Bote”, lo que de ninguna manera le deseo, evite tomarse más de tres cervezas o tres onzas de tequila antes de conducir su automóvil. Pero claro, si trae chofer o conductor asignado, tómese las que quiera.

          Imagen: https://www.facebook.com/JovenesAlcoholYVolante?fref=ts

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Urgen resultados en seguridad pública

Seguridad pública. De Coplaur Guadalajara en F

   La mayor catástrofe que ha vivido Guadalajara, y en general Jalisco y México, en lo que va de este siglo, es la inseguridad pública. El aumento jamás visto en la estadística de asaltos y homicidios dolosos rebasa con mucho los estragos causados por guerras, epidemias, hambrunas y explosiones sufridas por la ciudad a lo largo de su historia.

   Lo peor es que las autoridades no saben qué hacer ante esta situación, y si lo saben, no lo hacen. Ni siquiera se conoce un proyecto definido de seguridad que permita evaluar avances a corto, mediano y largo plazo. Y si no hay proyecto, menos podrá haber acciones que reviertan el problema por lo menos a la estadística del siglo pasado.

La delincuencia siempre fue un dolor de cabeza

   La delincuencia siempre ha sido un dolor de cabeza desde que el país nació a la vida independiente y aún durante la Colonia. En distintas épocas de la historia los caminos estuvieron infestados de ladrones y asesinos. Tampoco en ciudades y pueblos se podía vivir en paz.

   Sin embargo, los distintos gobiernos adoptaron medidas, de acuerdo a su época, para afrontar el problema: algunos lo hicieron con extraordinario éxito, como el general Porfirio Díaz, quien dio orden de colgar del primer árbol a cualquier salteador que fuese sorprendido in fraganti. “Mátenlos en caliente”, decía el viejo dictador, y pronto quedaron los caminos más seguros que una iglesia.

¿Medidas drásticas ahora? Ni pensarlo

   Pero es imposible pensar ahora en medidas drásticas. Los derechos humanos están por encima de la seguridad de las personas, como si no existiera el derecho a vivir en paz, y no se puede castigar sin previo juicio a ningún delincuente, menos aún condenarlo a muerte, por peligroso que sea.

   Por lo tanto, hoy como nunca la sociedad se encuentra desprotegida, empezando porque la justicia no funciona. La impunidad imperante alienta a los delincuentes. Gobiernos van y vienen y ninguno es capaz de imponer orden. Esto no quiere decir que el gobierno sea el único responsable, porque ciertamente la moral pública tampoco atraviesa por una de sus mejores épocas.

Lo que decía el primer gobernador de Jalisco

   El primer gobernador de Jalisco, Prisciliano Sánchez, en el informe que sobre el estado de la administración pública rindió ante la Asamblea Legislativa el día primero de febrero de 1826, atribuyó el problema de la inseguridad principalmente  a la mala educación de la juventud, a cierta inacción de las autoridades subalternas para dedicarse con empeño a la persecución de los malhechores y al método complicado y engorroso con que se forman los procesos judiciales.

   Por lo tanto, añadía el Ejecutivo, el remedio está en atacar las causas del mal, es decir, cuidar de que la juventud adquiera buena educación y se dedique al trabajo, nombrar ciudadanos activos y empeñosos para directores de los departamentos, simplificar los trámites procesales y mejorar el  sistema penitenciario.

Primero, saber qué hacer, y hacerlo luego. Urgen resultados

   Esto advertía el primer gobernador de Jalisco hace 187 años. Si don Prisciliano tuvo o no éxito en su proyecto contra la delincuencia, es cuestión de averiguarlo, pero hoy día en Guadalajara, en Jalisco, en México, se necesita en primer lugar saber qué hacer, y acto seguido, hacerlo. Urgen resultados.

Imagen:  Coplaur Guadalajara.

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