La hora de los mercachifles

Lejos, muy lejos, quedaron los principios, ideologías y compromisos sociales de los viejos políticos mexicanos. Hoy por hoy, gran parte de la clase política nacional no parece tener más doctrina que la del dinero: hacer negocios rápidos y productivos a la sombra del poder. Es la hora de los mercachifles.

Con eso de que no hay castigo para quienes despilfarran o desvían los recursos públicos para su personal beneficio, proliferan aquí y allá los políticos y funcionarios que, lejos de preocuparse por las condiciones de pobreza que padece la gente, encajan lo más que pueden las uñas en el escaso presupuesto. Todo con un cinismo jamás visto.

Hubo tiempos en que se hablaba de compromiso social

Ciertamente, la corrupción ha sido siempre el cáncer del sistema político nacional, pero por lo menos en otros tiempos se hablaba con pasión sobre principios, ideologías, compromisos sociales. Hoy, tales inquietudes han desaparecido hasta en el discurso.

El laureado escritor y poeta mexicano Octavio Paz, Premio Nóbel de Literatura en 1990, cuenta que en cierta ocasión se enfrascaron en una polémica sobre temas políticos y sociales varios intelectuales, entre quienes se encontraban los maestros Manuel Gómez Morín (1897-1972), Vicente Lombardo Toledano (1894-1968) y Antonio Caso (1883-1946).

Bien conocidas son las ideas opuestas que sostuvieron en vida, los licenciados Lombardo Toledano y Gómez Morín: el primero, político radical, obrerista y de extrema izquierda, fundador del Partido Popular Socialista, mientras el segundo, católico, abogado patronal y de ideas conservadoras, fundador del Partido Acción Nacional. Por su parte, Antonio Caso, ameritado maestro, rector de la UNAM.

El maestro Caso acabó por aburrirse, y vea usted lo que les dijo

En un momento dado, la discusión se polarizó entre Lombardo Toledano y Gómez Morín, volviéndose monótona y tediosa, a grado tal que el maestro Caso acabó por aburrirse, y fue entonces cuando, levantándose de su asiento, dijo mirando a uno y otro de los polemistas: Señores, los dejo en sus mesas, con sus masas y con sus misas. Yo prefiero irme con las mozas y con las musas.

Ahora, con sus políticas de alianzas y compromisos frecuentemente inconfesables, ¿aprecia usted alguna diferencia ideológica o de compromiso social entre los principales partidos políticos del país?

Artículo relacionado: Ladrones y hasta cínicos.

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Su majestad el teléfono

De P. Padre Guillermo Serra, L.C. en F.

Cena de Noche Buena.

   Al paso que vamos la gente del siglo XXI perderá la habilidad de hablar cara a cara. Cada vez más usamos los móviles para enviar y recibir mensajes, sin importar si hay alguien enfrente de nosotros. En el hogar, la oficina, la escuela, la calle, el restaurante, dondequiera encontramos gente ocupada en comunicarse por móviles, sin hacer el menor caso de quienes la rodean.

   Esto es, por principio de cuentas, una total descortesía. Por elemental sentido común, de respeto al ser humano, la persona que tenemos físicamente enfrente merece nuestra atención antes que quienes tratan de comunicarse  por celular o por cualquier otro medio portátil.

Nada nuevo bajo el sol

   Pero no crea usted que tan fea costumbre es nueva; surgió con el uso mismo del teléfono, hace muchos años; lo que sucede ahora es que se ha vuelto más común al socializarse la comunicación por Internet, es decir, nos ha invadido la tecnología sin siquiera darnos tiempo de desarrollar principios básicos de urbanidad.

    Para muestras, un botón:

   Durante el gobierno del presidente mexicano Adolfo López Mateos (1958-64), el distinguido maestro universitario Alfonso “El Chato” Noriega acudió a entrevistarse con el licenciado Salomón González Blanco, secretario del Trabajo y Previsión Social.

   Comenzaba a tratarle su asunto cuando sonó el teléfono.

   –Permíteme –, dijo don Salomón.

  Habló durante unos minutos y dirigiéndose nuevamente hacia el maestro Noriega, lo invitó a continuar su conversación. Empezaba a hacerlo cuando de nuevo interrumpió el teléfono. Otro “permíteme” y don Salomón se enfrascó en una discusión que duró más tiempo. Luego, otro “perdona, Chato”, y se reanudó la plática. Volvió a sonar una y otra vez el teléfono y don Salomón atendía las llamadas, pero en una de ellas, al colgar el auricular, el ministro se dio cuenta de que el maestro Noriega había desaparecido de su oficina.

   ¿Se enojaría “El Chato”?, ¿por qué se habrá marchado?, se preguntaba don Salomón cuando volvió a sonar el teléfono. Descolgó.

   –¿Salomón? Oye, habla “El Chato”…

   Conclusión: Si quien está frente a usted le hace más caso a su móvil que a usted, ya sabe qué hacer.

   Imagen: De la página Padre Guillermo Serra, L. C. en Facebook.

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Aprendamos a leer en Internet

Redes sociales. De P. Fundación Vamos a Leer en F.

 Internet se está convirtiendo rápidamente en el medio más importante utilizado por los mexicanos para mantenerse comunicados e informados. De ahí la necesidad de que todos aprendamos a usar con el mayor provecho esta maravillosa herramienta que nos ofrece la nueva tecnología.

   Resulta que de acuerdo con los últimos datos del INEGI, casi la mitad de los mexicanos usamos ya computadora y uno de cada tres tenemos conexión a Internet. Tanto en las ciudades como en los pueblos y en los más apartados lugares del país, miles de mexicanos se incorporan diariamente a la Red.

 Los usuarios de Internet aumentan más de 10% cada año

 Es importante señalar que mientras cada año aumentan más de 10 por ciento los usuarios de Internet, los lectores de libros y periódicos impresos se mantienen en un tanto, si no es que disminuyen. Esto ha obligado a periódicos y revistas a abrir y mejorar sus páginas digitales.

   Sin embargo, no es lo mismo informarse a través de un libro, de un periódico o de una revista que por medio de Internet. Por principio de cuentas, en Internet abunda la basura, la paja, la información falsa y engañosa. En cambio, el lector de medios impresos ya conocidos sabe por lo general a qué atenerse.

Hasta los periodistas suelen confundirse en la Red

   Son tantas las falsedades publicadas diariamente en Internet que hasta los mismos profesionales de la información, que son los periodistas, se exponen a cometer errores si no comprueban, como es su obligación, la verdad de los datos difundidos, así como la seriedad, la formalidad de quienes informan.

   Hay muchas maneras de saber si una noticia dada a conocer por Internet es cierta o falsa. En primer lugar, hemos de fijarnos en la “fuente”, es decir, quién informa: si se trata del portal o página de un impreso o de un blog ya conocido, no hay problema, sabemos a qué atenernos, pero por regla general hay que desconfiar de los sitios de Internet que no conocemos.

   Aparte de los medios que existen para falsear la popularidad en Internet, con recursos que van desde la compra de seguidores a la compra de testimonios de supuestos clientes, hay quienes se sirven de blogs y redes sociales para difundir noticias falsas o mal intencionadas, y muchas veces lo hacen como negocio.

Sugerencias para no caer en trampas informativas

   Por lo general debemos desconfiar de todas aquellas notas que empiezan con las siguientes palabras:

   “De acuerdo con un informante…” (No dicen quién).

   “Estamos oyendo informes…”  (Todavía no comprobados).

   “Según documentos oficiales…” (No dicen cuáles).

   “De última hora informamos que…” (Algo no comprobado).

   “Las fuentes nos dicen…” (¿Cuáles?).

   “Según un comunicado de prensa…” (¿De quién?).

   “De acuerdo con un informe…” (¿Cuál?).

 Estas recomendaciones pueden evitarnos caer en la trampa de creer y divulgar contenidos falsos, algo que lamentablemente está sucediendo con mucha frecuencia en Internet, sobre todo en las redes sociales.

   Imagen: De la página Fundación Vamos a Leer en Facebook.

   Artículo relacionado: Cómo formar un buen hábito de lectura.

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Un político sereno como pocos

   José Ma. Morelos. Wikipedia.

Generalísimo José María Morelos y Pavón.

   Entre las cualidades que más se aprecian en un buen político destaca la serenidad, la actitud tranquila y desapasionada ante cualquier problema, por grave que sea, ya que esto le permite sopesar debidamente la situación y tomar las decisiones más acertadas.

   Uno de los grandes estadistas mexicanos fue don José María Morelos y Pavón, quien al convocar al Congreso de Chilpancingo en 1813 dejó como legado histórico los Sentimientos de la Nación, que cumplen 200 años, y otros muchos ejemplos de verdadera entrega a su país y a su gente.

   El periodista veracruzano Eduardo Zárate narra que durante la Guerra de Independencia el señor Morelos recibió una carta suscrita por un amigo suyo residente en la Ciudad de México, donde le decía, poco más o menos, lo siguiente: “Sé de buena fuente que el Virrey ha pagado a un asesino para que lo mate a usted; no puedo darle más señas de ese hombre, sino que es muy barrigón”…

   Estaba almorzando el héroe cuando recibió esa carta, la leyó atentamente, plegó sus espesas cejas, y en esos momentos se le presentó un individuo de abultado abdomen solicitando que lo admitiese a su lado para prestar sus servicios en pro de la causa nacional.

   Lejos de mostrarse preocupado, Morelos recibió sonriente al recién llegado, compartió con él su  almuerzo y salió a recorrer el campamento. Por la noche invitó a cenar al forastero y se fue a dormir, no sin antes ofrecerle una cama junto a la suya.

   Espantado ante tanta serenidad, el asesino, que realmente iba a serlo, no se atrevió a cometer su crimen y, furtivamente, se fugó.

    Al clarear el día se levantó el caudillo, y al notar la ausencia de su invitado, le preguntó a su asistente qué había sido del señor que había dormido ahí.

    –“Esta madrugada, muy temprano, ensilló su caballo, montó y se fue”, respondió el soldado.

   Entonces, el Generalísimo pidió pluma y papel y contestó a su amigo: “Le doy mil gracias por su aviso, pero puedo asegurarle que a esta hora no hay en este campamento más barrigón que yo”.

   Imagen: Wikipedia.

   Artículo publicado en La Crónica Jalisco en su edición del domingo 15 de diciembre de 2013.

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La danza de los tesoreros

   La corrupción es tan antigua como el gobierno. En todos los tiempos y en todos los países ha habido y habrá funcionarios corruptos. El problema es que con frecuencia éstos se sirven con la cuchara grande, y como nadie los llama a cuentas, se amparan en la impunidad y se vuelven cínicos. Esto es lo que puede estar ocurriendo en nuestro medio.

   Pero no siempre hubo jefes de Estado dispuestos a tolerar despilfarros y raterías. Voltaire, filósofo francés del siglo XVIII, cuenta que el rey Nabussan, gobernador de Serendib, se hartó de que todos sus hacendistas saquearan sus tesoros; había cambiado a muchos de ellos, pero todos lo robaban. Entonces, confió su pena al sabio Zadig, su principal consejero.

   Zadig le comentó que él conocía un sistema infalible para encontrar a un hombre que tuviera las manos limpias.

   –¿Qué debo hacer?, contestó el rey.

   –Obligar a bailar a todos los aspirantes a ocupar el cargo de tesorero. El que baile con más ligereza será sin duda el más honrado, dijo Zadig.

   –¡Os burláis de mí!, exclamó Nabussan.

   — No os digo que sea el más hábil, pero os aseguro que será el más honrado, respondió el sabio.

   A regañadientes, pero confiando en la sensatez de su asesor, lo dejó hacer. Éste, en nombre del monarca, invitó a un baile a todos los que aspirasen al empleo de Recaudador Mayor de Rentas. Acudieron 64. Pero para llegar al salón de baile, donde ya estaba instalada la música, había que pasar por una galería oscura, donde el rey, al corriente de la estratagema, había dejado sus tesoros.

   Cuando todos los candidatos hubieron entrado al salón, Su Majestad ordenó que empezara la fiesta. Nunca en parte alguna se bailó con más pesadez y menos gracia. Sólo uno de los 64 bailadores se movía con agilidad.

    ¡Aquí tenemos a un hombre de bien!, dijo Zadig, y el rey lo nombró su tesorero. Los demás fueron castigados; se habían llenado tanto los bolsillos, al pasar por la galería de las tentaciones, que apenas podían andar.

   Publicado en La Crónica Jalisco en su edición del 8 de diciembre de 2013.

   Artículo relacionado: Intolerable derroche del dinero público.

 

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¡Hey!, ¿Quieres salir de pobre?

   José Juan y Jorge Luis, dos jóvenes amigos, ambos de condición humilde, se ganaban la vida yendo a recoger en bicicleta los desperdicios del mercado municipal; les pagaban unos cuantos pesos por viaje al almacén, pero esto les bastaba para vivir.

   Una tarde iba José Juan en su bicicleta por la calle, cargando en la parrilla un bote lleno de fruta pasada que recién había recogido del mercado, cuando se le emparejó un carro negro de lujo. Iban dos desconocidos, uno de los cuales le gritó:

  –¡Hey¡ ¿Quieres salir de pobre? Para que ya no andes cargando esas chingaderas. Ai´por Buenavista sobra quién te la compre, y te la pesamos en báscula de oro.

   José Juan volteó, los vio, pero no respondió. Los tipos se fueron. Él siguió pedaleando su bicicleta, entregó los desperdicios en la bodega y se dirigió a su casa. Pensaba en la “báscula de oro” cuando lo alcanzaron de nuevo los del carro negro:

   — Entonces qué… ¿Te animas?, preguntó uno de ellos.

   — No, gracias, respondió José Juan.

   — ¡Chinga a tu madre!, gritó furioso el mismo que le había preguntado.

   José Juan se asustó, y lejos de responderles, pedaleó más aprisa para llegar a su casa. No volvieron a molestarlo.

   Sin embargo, le extrañó a José Juan que al día siguiente su amigo Jorge Luis no fuera a recoger desperdicios al mercado, tampoco al día siguiente ni en una semana ni en meses, hasta que un día, cuando iba a la bodega en su bicicleta le cerró el paso un auto de buen ver. Era Jorge Luis, quien sacando la cabeza le dijo:

   — ¡Quehubo buey! No le hagas al loco, vente a gozar la vida, es poco el trabajo y grande el billete. Vale más vivir un año como rey y no cien de jodido.

   — No, gracias, respondió José Juan.

   Ésa fue la última vez que vio a su amigo. Pasaron los años y nunca más volvió a saber de él. Tampoco su familia.

    Artículo publicado en La Crónica Jalisco en su edición digital del domingo 1 de diciembre de 2013.

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Cómo formar un buen hábito de lectura

Lector.

   Para desarrollar un buen hábito de lectura que dure toda la vida, lo mejor es interesar a la gente en ella desde la infancia. Algunos papás acostumbran leerles cuentos a sus hijos por la noche, cuando se van a la cama; otros padres, a falta de libros, les cuentan historias hasta que se duermen; esto también despierta la imaginación de los niños, y años más tarde buscarán qué leer por su cuenta.

   Sin embargo, también podemos crear este hábito cuando somos adolescentes, jóvenes o adultos, pues todo es cuestión de ir dando, uno tras otro, los pasos necesarios, sin descuidar ninguno de ellos. En primer lugar debemos estar totalmente convencidos de que la lectura nos conviene no sólo para entretenernos, para matar el aburrimiento, sino también para aprender cosas nuevas, mantenernos mejor informados y superar nuestra calidad de vida.

Una hora y un lugar adecuado para leer

   Una vez que tomamos la decisión de leer, no un día a la semana o al mes, sino todos los días, al menos media hora, porque este hábito, para formarse, necesita mucha práctica, hemos de encontrar el lugar y la hora adecuada para leer y pensar con calma, sin que nadie nos moleste. Unos buscan la tranquilidad de la mañana, otros la soledad de la noche; unos prefieren un lugar apartado y cómodo de la casa, otros la plaza o el parque, y habrá quienes gusten del campo, a la sombra de un árbol, por ejemplo.

   Ya que hemos resuelto ponernos a leer a la hora y lugar que más nos conviene, podemos empezar por conseguir material fresco, liviano y fácil de entender, como son revistas o periódicos con noticias o lecturas atractivas, que atrapen nuestro interés, de preferencia acompañadas con fotografías o dibujos que nos ayuden a comprender mejor.

Libros cortos de fácil lectura que atrapen nuestro interés

   Después de varias semanas, cuando ya hemos logrado interesarnos por la revista, el periódico o la historieta, tratando siempre de encontrar en estas lecturas cosas útiles y novedosas, será tiempo de buscar libros cortos, también de fácil lectura, que llenen nuestros gustos o necesidades. Unos preferirán cuentos y novelas, otros se inclinarán por la historia, la geografía o la política; habrá quienes se interesen por los temas del campo, la agricultura y la ganadería; también por el hogar, la salud, los alimentos y muchas otras materias que se ofrecen en los puestos de revistas y librerías, lo mismo que en Internet.

   Al llegar a este nivel, cuando ya logramos alcanzar por medio de estas prácticas el gusto por los libros, aunque éstos sean cortos y sencillos, pronto descubriremos que, además de ciertos temas, nos agradarán más unos autores que otros. Esto significa que hemos aprendido a entender y distinguir algo muy importante: el estilo personal. Entonces, nuestra habilidad e interés por leer seguirá creciendo, y mientras más leamos, mayor placer encontraremos en ello. A estas alturas podemos decir que hemos adquirido el hábito de leer, mismo que no nos abandonará el resto de nuestra vida. Y qué bueno que así sea, porque no hay mejor amigo que un buen libro.

   Vamos a leer porque el saber te hará valer.

   Artículo publicado en la revista SummaT, en su edición de diciembre de 2013.

   Artículo relacionado: ¿Por qué leemos tan poco los mexicanos?

 

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