Una excelente lección de política

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Emilio Loubet.

Ante el próximo inicio del calendario electoral en México y particularmente en Jalisco, han empezado a surgir aquí y allá infinidad de aspirantes a diputados, presidentes municipales y regidores, que harán hasta lo imposible para alcanzar, primero, las candidaturas de sus correspondientes partidos, y luego los anhelados cargos públicos que les garanticen una buena temporada de poco trabajo y de jugosos sueldos.

Reconozcamos que no andan tan perdidos estos ilustres mexicanos. Hoy día en que a cualquier honrado ciudadano, incluso bien capacitado, le resulta tan difícil conseguir trabajo, no deja de ser buena opción la política, que ofrece una amplia variedad de empleos en el servicio público, y además, sin muchas exigencias.

El problema es que la clase política mexicana se encuentra hoy tan devaluada, tan carente de ética, de programas, de principios, que difícil es encontrar personas que busquen servir a la sociedad en vez de servirse de ella. En el lenguaje de los hechos, que es lo importante, nuestros políticos en general no hacen otra cosa que abusar impunemente del poder. De ahí el fracaso de muchos de ellos. Y es que olvidaron o nunca aprendieron algo fundamental: tratar a la gente.

Emilio Loubet, quien con reconocida honradez gobernara Francia a principios del siglo pasado, escuchó de un modesto ciudadano la mejor lección de política durante uno de sus  recorridos por la ciudad de Paris:

Marchaba en su coche el presidente por los Campos Elíseos, cuando uno de los caballos de su coche resbaló y cayó. Acudieron algunos policías, que en vano trataron de levantar al noble animal, pero luego apareció un obrero que, agarrando la brida del caballo, y con un hábil y enérgico movimiento, le hizo levantarse rápidamente.

–Muchas gracias, muchacho, muchas gracias –le dijo el primer funcionario de Francia al disponerse a seguir su viaje.

–De nada, señor presidente –contestó el otro.

–¿Se ha hecho usted algún daño?

–No, señor presidente, los animales son como los hombres: todo es cuestión de saberlos tratar.

–Es verdad –contestó Loubet–; y muchas gracias también por esa excelente lección de política.

Artículo publicado por el diario La Crónica de Hoy Jalisco en su edición del viernes 22 de agosto de 2014.

 

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¿Tiene usted un empleo?, cuídelo

De página Unidos en contra del desempleo. Facebook.

Si es usted uno de los afortunados mexicanos que cuenta en este momento con un empleo remunerado, lo mejor que puede hacer es cuidarlo como las niñas de sus ojos, porque hoy vivimos una de las peores crisis de desempleo, y la falta de trabajo es sin duda un problema social de serias consecuencias.

La tasa de desempleo asciende al 5 por ciento, lo que quiere decir que de 50 millones de mexicanos en edad y condiciones de trabajar, dos y medio millones no trabajan, mientras que 30 millones, es decir, más de la mitad de toda esa población económicamente activa, se refugian en la economía informal, que no respeta leyes ni normas de convivencia.

Este es un problema tanto o más grave que el de la inseguridad pública (ambos forman un círculo vicioso, porque sin seguridad no hay empleo, y sin empleo aumenta la delincuencia), al que el Gobierno no ha dado la importancia necesaria. En este momento debiera haber programas de emergencia para emplear a los jóvenes, muchos de ellos bien capacitados.

Es difícil conseguir un buen trabajo, pero es muy fácil perderlo. De esto habla Octavio Aguilar de la Parra en una anécdota del empresario mexicano Gabriel Alarcón, quien fuera propietario y director de la “Cadena de Oro”, misma que monopolizó las salas cinematográficas del país desde 1939.

Sucede que este hombre llegó de improviso a uno de sus cines que en las últimas semanas se había estado reportando con pérdidas económicas. Al llegar se dirigió a la oficina principal, y a la única persona que encontró allí le preguntó por el gerente.

–Señor, el gerente no está.

–¿Y el subgerente?

–Tampoco está–, le respondió.

–Vaya, vaya. ¿Y usted quién es?

El hombre, un tanto mortificado, contestó discretamente:

–Pues señor, yo sólo soy un ayudante que está aquí para lo que se ofrezca.

Al escuchar esto, don Gabriel lo observó con detenimiento. Después dijo:

–No, no es usted ningún ayudante, desde este momento es usted el gerente. Yo soy Gabriel Alarcón.

     Artículo publicado por el diario Crónica de Hoy Jalisco en su edición del viernes 15 de agosto de 2014.

 

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Como el Alcalde de Lagos

El alcalde de Lagos y consejas en Facebook.

Por quién sabe qué motivos, que sería bueno investigar, los mexicanos tenemos la costumbre de evadir y posponer indefinidamente cualquier problema que se nos presenta, dándole demasiados rodeos, en vez de acometer la solución inmediata del mismo.

El legendario Alcalde de Lagos, orgullosamente jalisciense, ofrece muchos ejemplos de cómo afrontar los problemas, públicos o privados, dándoles el mayor número de vueltas posible.

La famosa conseja del “Joyo fuera” ilustra bien lo que frecuentemente hacen nuestras autoridades al enfrentarse a un conflicto cualquiera, a ciencia y paciencia de los contribuyentes.

Sucedió que en una de sus frecuentes inspecciones al estado general del adelanto urbano en la hermosa población de Lagos, el señor alcalde encontró un gran hoyo que obstruía el paso entre el atrio parroquial y lo que más tarde sería la Plaza de Armas. Hizo amplia consideración sobre las dificultades que traía aparejado el acarreo de escombro desde las afueras, para tapar dicho hoyo. Entonces ordenó que se hiciera otro hoyo a cierta distancia, cuya tierra sirviera para aterrar el primero, luego un tercero para cubrir el segundo, y así sucesivamente se cavaron ocho hoyos hasta llegar al río.

Y lo curioso es que en Lagos, como en todo México, los sufridos contribuyentes les hacemos el juego a las autoridades, y hasta nos reímos de sus “puntadas”.

Hace unos días, por ejemplo, un periódico local publicó en primera plana: “Ciudadanos proponen ley que fiscalice al Congreso”. Habla la nota de una iniciativa planteada por “académicos y especialistas” a fin de “contar con un marco normativo que otorgue herramientas a la sociedad para que haya una adecuada presupuestación y ejercicio del gasto público y rendición de cuentas eficiente”.

Cansado está de insistir el abogado, columnista y amigo Carlos Enrigue en que el exceso de leyes hace evidente la corrupción. ¡Y todavía les damos ideas a los diputados para que hagan más leyes innecesarias!

El Congreso, órgano encargado de fiscalizar el gasto público estatal y municipal, lo que debe hacer, sin más preámbulo, es cumplir eficazmente con las funciones que le asignan las leyes vigentes.

Artículo publicado por La Crónica de Hoy Jalisco en su edición del viernes 8 de agosto de 2014.

 

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Qué es un libro

Qué es un libro

No se ama lo que no se conoce. Si vamos a promover la lectura en un país donde leemos poco o nada, lo primero es conocer la fuente principal de la misma, que es el libro. Y esto sin dejar de leer buenas revistas, periódicos y artículos que nos llamen la atención en Internet.

Un libro, según el diccionario, es el conjunto de muchas hojas de papel u otro material semejante que, encuadernadas, forman un volumen científico, histórico, literario o de cualquier otra materia.

Sin embargo, con el desarrollo tecnológico, hoy disponemos también de libros digitales, es decir, los llamados e-books, que no tienen hojas, sino que son archivos para leer en computadora u otro dispositivo electrónico.

Igualmente, existen audiolibros que registran la voz de alguien que está leyendo, de tal modo que el libro es accesible para los invidentes y otras personas que prefieren oír en vez de leer.

Se considera libro al que contiene por lo menos 50 hojas o 100 páginas. En el caso contrario, se le llama folleto.

En el medio empresarial y administrativo hay también lo que se conoce como libro de asientos, donde se anotan datos importantes, especialmente en el aspecto contable.

Asimismo, existen los libros de actas utilizados principalmente por organizaciones civiles para llevar cuenta de sus acuerdos de asamblea.

Lo que ahora nos interesa es conocer bien el libro que puede instruirnos y hacernos pasar momentos agradables. En próximo artículo hablaré de sus partes principales.

Artículo publicado por la revista México Rural en su edición de agosto de 2014 (Aclaro que México Rural es la única revista que llega habitualmente a las zonas de más alta marginación del país).

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Prohibido brillar

Sapo. Wikipedia

Un sapo.

Cuenta una vieja fábula que cierta noche una luciérnaga descansaba tranquilamente en un verde prado, ocultándose bajo un árbol, y sin saberlo, brillaba.

Entonces, un sapo vil, negruzco y enlodado, salió de su agujero, e hinchado de envidia escupió su baba contra el insecto.

–“¡Dios mío!, ¿qué te he hecho? –exclamó la luciérnaga-, ¿por qué razón tu cólera se inflama?, ¿por qué con sucia baba me mancillas?”

Y el sapo dijo airado: “Porque brillas”.

Todavía hay en este mundo personas nobles de corazón que, como la luciérnaga, brillan sin proponérselo, pero no les faltan enemigos gratuitos que, hinchados de envidia, como el sapo, les arman infinidad de intrigas y no desaprovechan momento alguno para enlodarlas.

Así las cosas, quienes realmente poseen valores humanos, y lo saben, tratan de no brillar, manteniendo un bajo perfil en sus acciones, para evitarse envidias innecesarias, mas luego resulta que su modestia también molesta.

Mucho se ha comentado en tertulias y reuniones de café sobre los destinos de Jalisco, estado que no prospera, según dicen, debido a las envidias de gente que no tolera los éxitos de los demás en cualquier campo de la actividad humana.

No ha faltado en estas pláticas la famosa referencia al pescador de langostas, quien, a medida que pescaba, las metía en un bote, pero éstas, queriendo salir de ahí, eran jaladas hacia abajo por las de atrás, de suerte que ninguna podía escapar, y mientras tanto, el pescador, feliz.

Creo que ésta no es sólo una debilidad común de jaliscienses, sino de muchos mexicanos y de cualquier otro país, porque la envidia ha formado parte de la naturaleza humana en todos los pueblos y en todos los tiempos.

Claro está que las comunidades más cultas y disciplinadas, aquellas que tienen mayor sentido de solidaridad y dominan y controlan mejor los celos profesionales y las envidias, logran desde luego mayores avances económicos, políticos, sociales, etcétera. Siempre hubo ejemplos de ello tanto en el pasado como en la actualidad.

En conclusión, la envidia no produce buenos resultados individuales, ni colectivos, pero además, y esto es lo peor, el envidioso siempre sufre.

Artículo publicado por el diario La Crónica de Hoy Jalisco en su edición del viernes 1 de agosto de 2014.

 

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