La grandeza de Morelos

José-María-Morelos-y-Pavón. Wikipedia

José María Morelos y Pavón.

Guillermo Prieto, quien fuera uno de los principales colaboradores del Presidente Benito Juárez, rescató para la posteridad, entre otras muchas curiosidades históricas, una anécdota que revela la grandeza de alma del insurgente José María Morelos.

Resulta que una noche, en uno de esos horribles calabozos de la Inquisición, en la capital mexicana, cuando más atormentado se hallaba Morelos por sus penosas circunstancias, tocaron la puerta, pero él no hizo caso, ya que era común que algunos españoles fueran a insultarlo en su desgracia.

Pero cuál fue su sorpresa cuando reconoció la voz del médico que atendía a los enfermos de la cárcel, quien con la mayor dulzura le dijo: “Señor, aquí tiene usted las alhajas de mi mujer, y ésta es la cajita de mis ahorros”.

–¿Qué quiere usted decir con esto?, preguntó Morelos.

–El carcelero duerme el sueño de la embriaguez; usted no tiene grillos; en las puertas no hay centinelas. Sálvese usted, señor, que su vida es el tesoro de mi patria.

Sin poder casi articular palabra, por el llanto del reconocimiento, dijo Morelos a su libertador:

–Amigo mío, es muy fácil averiguar que usted me ha sacado, pues usted entra y sale de aquí por razón de su trabajo. Usted tiene familia y, por consiguiente, dentro de poco es perdido con ella.

El cirujano oía, con los ojos rasados de lágrimas, y en medio del mayor desconsuelo.

–No permita Dios que le cause el menor daño–, dijo Morelos. Déjeme morir y en mí terminará todo.

La resolución del gran insurgente fue inflexible. Se contentó con que el cirujano le diese su nombre. Éste, con un enojo mezclado de ternura, le dijo abrazándole: Francisco Montes de Oca.

El señor Morelos fue trasladado en medio de la noche a La Ciudadela, utilizada entonces como cuartel y cárcel, donde le formó juicio el auditor de guerra Miguel Bataller, y más tarde, cargado de cadenas, fue enviado a Ecatepec, Estado de México, donde por órdenes del virrey Félix María Calleja fue ejecutado la tarde del 22 de diciembre de 1815.

Artículo publicado por el diario La Crónica de Hoy Jalisco en su edición del viernes 19 de septiembre de 2014.

 

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El sueño de los insurgentes

General Jun Álvarez. Wikipedia.

General Juan Álvarez.

Ver un país verdaderamente libre, justo, igualitario, gobernado por la modestia y la honradez republicanas, fue el sueño de quienes con el sacrificio de su propia vida forjaron el México independiente.

A más de 200 años de ejercicio pleno de la libertad, los mexicanos hemos de lamentar que este sueño está aún lejos de cumplirse, ya que arrastramos terribles rezagos económicos y sociales.

La corrupción, y con ella la injusticia y la prepotencia, carcome como un cáncer los tejidos sociales, y lo peor es que no hay siquiera esperanza de que esta situación mejore, porque falta voluntad política para aplicar medidas correctivas de verdadera urgencia.

Muchos de quienes pudieran hacer algo por el bien común se mantienen en su pedestal atendiendo solamente a sus intereses de clase, no ven el abismo que les rodea porque nubes de aduladores lo impiden.

Los grandes fundadores de México eran de otra madera: Don Juan Álvarez, por ejemplo, insurgente desde 1810 y más tarde luchador contra la invasión extranjera, era tan modesto, tan humilde, que desconcertaba incluso a sus amigos.

Cuenta el historiador Luis González Obregón que cierta vez, sentado el general Álvarez en el dintel de la puerta de su hacienda de la Providencia, vio venir por el camino de México, y a todo escape, montado en un caballo, a un oficial del Ejército, que traía varios pliegos en la mano.

Llegó el oficial, apeóse violentamente, y al ver la humilde actitud y el traje sencillo de aquel hombre, le arrojó las riendas del caballo y le dijo con brusquedad:

–Paséalo.

Don Juan se levantó, tomó las bridas, y comenzó a pasear al animal. Entretanto, el portador de los pliegos entró a la casa de la hacienda, y al preguntar por don Juan Álvarez, una pobre mujer le dijo:

–Ahí está, el que cuida el caballo de usted.

El oficial, confuso, entendiendo su comprometida situación, salió y acercándose a don Juan, trató de disculparse, “mi general…”, pero Álvarez lo interrumpió y le dijo sonriendo:

–No tengas cuidado, muchacho, aquí todos somos iguales.

Artículo publicado por el diario La Crónica de Hoy Jalisco en su edición del viernes 12 de septiembre de 2014.

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Los derechos del lector

Derechos del lector

Quienes en el curso de nuestra vida hemos sentido el beneficio de alguna o muchas lecturas, no dejaremos de insistir en que es bueno leer con frecuencia, sobre todo en un país como México donde lamentablemente el nivel de lectura es muy bajo.

Sin embargo, tampoco vamos a negar que el ser humano tiene, entre sus muchos derechos, el de no leer. De hecho, hay mucha gente que no abrió un solo libro en su vida, y no por ello ofendemos o criticamos, sino todo lo contrario, tratamos de ayudar.

El derecho a no leer es el que encabeza el famoso decálogo publicado en 1993 por el francés Daniel Pennac, no con el afán de desanimar a sus alumnos, porque él es maestro, sino todo lo contrario, para entusiasmarlos por el maravilloso mundo de los libros.

Pennac destaca la importancia de alentar a los niños para que lean por placer, insistiendo en que para hacer nuevos lectores hay que intentar contagiarles el amor por la lectura en lugar de machacar con textos obligatorios y aburridos.

Los derechos del lector son: No leer, saltarse páginas, no terminar un libro, releer, leer cualquier cosa, leer lo que le gusta, leer en cualquier lugar, hojear, leer en voz alta y guardar silencio.

Pensemos, sin embargo, en que todo derecho conlleva una responsabilidad. En este caso, la principal responsabilidad consiste en ejercer nuestros derechos como lectores respetando los derechos de los demás.

Artículo publicado por la revista México Rural en su edición de septiembre de 2014.

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Vaivenes del discurso político

Discurso_funebre_pericles. Wikipedia

El discurso político cambia de acuerdo con los tiempos y las circunstancias. En esto radica precisamente una de las habilidades más apreciadas del político profesional, o sea, su sensibilidad para abrir o cerrar la boca en el momento que conviene.

En el período electoral que se avecina, rumbo al 2015, saldrán muchos candidatos dispuestos a “sacrificarse por el pueblo”; unos dirán verdades que les redituarán buena cantidad de votos, pero otros, por lo contrario, se arrepentirán de haber abierto la boca.

El político que dice lo correcto en el momento oportuno es el que tiene una buena preparación; está atento a lo que ocurre en su entorno económico y social, pero además es sensible a cualquier reacción de su auditorio.

La competencia electoral, hoy más fuerte que nunca, así como el despertar de la sociedad, que también está más informada, son un verdadero reto para el político actual, que ya no puede darse el lujo de improvisar aspectos básicos de su discurso.

Hoy día no se puede “dorar la píldora” tan fácilmente, la gente detecta pronto la mentira, sobran medios para saber quién es quién en la vida pública. Por ejemplo, el candidato que promete honradez cuando su fama dice lo contrario, se expone a lo peor, lo mismo aquel que en nombre de su partido ofrece un programa que éste no ha sabido cumplir.

Sin embargo, algunos recursos oratorios pueden caer bien a la gente, aunque haya que decir ciertas verdades:

Se cuenta que un candidato a diputado por Coahuila, llamado Julio Santoscoy, quien gozaba justa fama de humorista y oportuno en sus discursos, fue recibido en campaña por una comunidad campesina en la que un líder insistió en la necesidad de “levantar” a las clases humildes hasta igualarlas con los ricos.

En su turno, Santoscoy respondió diciendo:

“Estoy de acuerdo con fulano de tal. Efectivamente, hay que levantar a los ejidatarios, a los proletarios de esta zona, ¡Pero hay que levantarlos a las seis de la mañana para que trabajen!, porque todos son una bola de flojos, por eso están como están…

Artículo publicado por el diario La Crónica de Hoy Jalisco en su edición del viernes 5 de septiembre de 2014.

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Los huicholes, tan lejos de la justicia

De P. Huichol Musical en F

Los mexicanos en general estamos ansiosos de justicia, pero hay un sector, el más vulnerable de todos, el indígena, que la exige desde hace siglos y no la alcanza.

A casi 500 años de la Conquista de México y a casi 200 de Independencia nacional, los huicholes de Jalisco, igual que la mayoría de los indígenas del país, exigen respeto a su patrimonio, pero ni esperanza hay de que sus quejas se atiendan.

Quienes vivimos en Guadalajara pudimos ver hace unos días una manifestación de centenares de huicholes, que con sus trajes típicos desfilaron por la avenida Alcalde pidiendo respeto por sus tierras. Quizás muchos tapatíos y no pocos visitantes vieron en esta protesta solamente lo folclórico, el colorido de los trajes, lo exótico de la lengua, pero no el fondo de la cuestión, que es la angustia, el dolor del pueblo wirrárika por los despojos que han sufrido a través de la Historia, sin que ningún gobierno y ninguna sociedad se apiade de ellos.

Son los indígenas de México los habitantes más dignos de piedad y de protección, y sin embargo, no hay conciencia pública sobre sus apremiantes necesidades de abrigo, alimentación, educación, salud, vivienda…Y para colmo de males llegan los que todo lo tienen, apoyados por la autoridad, y les arrebatan lo poco que les queda de sus tierras.

“Preciso es quitar al indio de América el temor al blanco, el temor al soldado, darle parte en la heredad, personería en los estados de la justicia; luz, porque está ciego; amor, porque está dolorido de martirio tan cruento y prolongado”, decía hace unas décadas el notable escritor uruguayo Constancio C. Vigil.

Y este mismo autor pugnaba “por una ley que declare al indígena hijo menor de la patria, colocado bajo su amparo y potestad, y concediéndole garantías en el trabajo, ropas para cubrir su desnudez, toda la ayuda material y moral que necesita, para que salga cuanto antes de su precaria y lastimosa situación”.

Sin embargo, pasan los años, pasan los siglos, sin que esta elemental justicia llegue a nuestros indígenas.

Artículo publicado por el diario Crónica de Hoy Jalisco en su edición del viernes 29 de agosto de 2014.

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