¿Pasaron ya los días de soledad?

Tristeza Soledad Dolor

La Tristeza, excelente relato de Antón Chéjov, escritor ruso del siglo XIX, habla de Yona, un humilde cochero que, al morir su hijo, su único hijo, no tenía a nadie con quien desahogar su pena, ni familiares, ni amigos, mientras que sus clientes, de alta sociedad, no le hacían caso. Agobiado por la soledad y la tristeza, Yona decidió contárselo todo a su caballo. Éste fue el único que, sin dejar de comer heno, lo escuchó.

Esta historia alude a la indiferencia humana, tan común en la sociedad rusa del siglo XIX, pero no ajena a nuestros días, en que también las élites del poder y del dinero en muchos países, incluyendo el nuestro, se muestran indiferentes a las necesidades y angustias de la gente que busca, además de justicia y mejores condiciones de vida, la oportunidad de encontrar por lo menos quién la escuche.

Sucede que algunos de los grandes medios de comunicación social se han comprometido tanto con políticos y banqueros ligados a sus intereses, que muchas veces la gente ya no tiene a quién acudir para expresar sus quejas, porque además los gobiernos, que presumen de republicanos, están lejos de sentir y de vivir lo que es una verdadera democracia, es decir, una política de servicio a los demás.

En estas circunstancias, y gracias a la revolución tecnológica, surgen las redes sociales, que desafían el poder de los grandes medios de comunicación. Esto cambia muchas cosas, entre otras, el sentimiento de soledad al que alude Chéjov en su historia de La Tristeza, porque con Internet, a través del cual se comunican ya más de la mitad de los mexicanos, la gente tiene por lo menos la opción de decir lo que siente con la esperanza de ser escuchada.

Claro está que el uso de las redes implica una enorme responsabilidad social, que urge definir, pero por lo pronto son una opción para que cada quien diga lo que piensa, lo que siente, ante el auditorio que quiera, sin necesidad de recurrir, como el cochero ruso, a su cansado caballo.

Artículo publicado por el diario La Crónica de Hoy Jalisco en su edición del viernes 21 de noviembre de 2014.

 

Share Button

La violencia no resuelve nada

Violencia (Milenio).

Fotografía del periódico Milenio (21 Nov. 14)

Habemos muchos mexicanos angustiados por la crisis de corrupción e incompetencia que vive el país. Sobran motivos para la indignación y la protesta. La infame masacre de Ayotzinapa vino a revelar el verdadero rostro de la injusticia que agobia a la Nación.

Sin embargo, no comparto la idea de la violencia, venga de donde venga, porque ésta no resuelve nada, sólo empeora las cosas, y no olvidemos que en la nave de México vamos todos.

El conformismo ya no tiene cabida en este país. La protesta ciudadana contra el mal estado de cosas es una obligación política, cívica y moral. Cruzarnos de brazos por miedo, negligencia, intereses personales o cualquier otra cosa, es necesariamente una actitud perversa e irresponsable.

México requiere con urgencia un cambio profundo en su sistema de justicia, pero recurrir a la violencia para lograr ese cambio, como ha ocurrido en diversos lugares del país, es una insensatez, porque la violencia sólo viene a empeorar el estado de cosas, en especial la cuestión económica, que a todos duele.

La inseguridad no se combate con inseguridad, y eso de atentar contra el patrimonio cultural e histórico de la Nación por afán de venganza o de reivindicación de justicia, es francamente estúpido, porque este patrimonio es de todos. Ya ocurrió esto en tiempos de la Revolución. No repitamos la historia.

No ignoro que puede haber filtraciones en las marchas pacíficas, porque a estas alturas los interesados en agitar (a río revuelto ganancia de pescadores) pueden provenir de muchas partes, incluso de grupos incrustados en el poder económico y político que buscan justificar la represión.

Estoy de acuerdo en que los intereses creados son muy fuertes y que difícilmente cederán sus privilegios los que hasta ahora se han beneficiado con el poder y el dinero mal habido, pero su problema es que ya no les queda otra opción: o ceden a los reclamos sociales o corren el riesgo de perderlo todo, porque además, a diferencia del pasado, ahora vivimos en “casa de cristal” gracias fundamentalmente a las redes sociales. Todo se sabe en el momento.

En suma, hay que protestar, sí, pero en forma pacífica y ordenada. El primer cambio debe darse en lo político. Es en los partidos políticos donde empieza la corrupción, debido a su pacto de impunidad que esclaviza a la República entera. Nuestra ley fundamental ampara el mejor sistema de convivencia política conocido hasta la fecha, que es la República, pero a la República hay que sentirla, vivirla en privado y en público, no sólo servirse de ella como lo hacen quienes la elogian en el discurso, pero la traicionan en su estilo de vida, malditos sean, como bien lo dijera en su momento el inolvidable Benito Juárez.

 

Share Button

A mitad del río

A la mitad del río. De página de Anahi Ruiz en Facebook.

El escritor y periodista ruso Vil Lipatov es autor de una bonita historia sobre un joven llamado Vanyushkal, quien estaba enamorado de Anka, su novia, con quien ansiaba casarse, y amaba también una flamante camioneta de carga que le había entregado el Estado, en tiempos de Khruschev,  para abastecer de víveres a los pueblos de su región.

Sucedió que un día viajaba solo Vanyushkal por una brecha solitaria, con una carga de sacos de azúcar, cuando se topó con el Río Bludnaya (Vagabundo), donde no había puente, pero al observar  huellas de rodado de otros camiones, quizás semejantes al de él, que lo habían cruzado, se aventuró a hacer lo mismo.

Sin embargo, a medio río el agua entró por el tubo de escape; Vanyushkal forzó  el motor, las ruedas traseras patinaron en la arena, la máquina se apagó.  Se le ocurrió entonces acarrear piedras de la orilla, y levantando con el gato hidráulico las ruedas, colocó debajo de ellas las piedras, pero a medida que lo hacía, la corriente removía la arena, por debajo del camión, hundiéndolo cada vez más. El fondo del río lo formaban arenas movedizas. El Bludnaya se tragaba su vehículo y él lo perdía todo: su empleo, su alegría, su amor por Anka.

Con angustia vio que el agua casi llegaba a los sacos de azúcar y resolvió salvar por lo menos la carga, que luego trasladó saco por saco de 50 kilos a la otra orilla, frente al camión, y siguió acarreando piedras desde la ladera para formar dos líneas paralelas hasta la orilla. Ya sin carga, el camión dejó de hundirse; Vanyushkal  prendió el motor y logró sacarlo de ahí.

Cansado y sin comer en todo el día, el joven  volvió a cargar y reanudó su viaje, pero había aprendido algo muy importante:  Que la vida es una cadena de descubrimientos; la sabiduría se obtiene con la experiencia; nadie sabe si es capaz de algo hasta que lo intenta y que en su futuro habría cientos de Bludnayas que ya sabía cómo cruzar.

Artículo publicado en el diario La Crónica de Hoy Jalisco en su edición del viernes 7 de noviembre de 2014.

Share Button

Las partes que componen un libro

Educación libros viejos

Si vamos a leer un libro, es importante recordar las partes que lo componen:

Cubiertas.- Tapas exteriores, hechas generalmente de cartón, plástico o piel.

Portada.- Lleva el título de la obra y el nombre del autor.

Lomo.- Parte donde se sujetan todas las hojas. Suele llevar título, autor y empresa editorial.

Solapa.- Parte de la sobrecubierta donde se imprimen datos del autor o comentarios.

Portadilla.- Es la primera página impar impresa, en la que sólo se presenta el título de la obra y el autor.

Página legal.- Está detrás de la portada y lleva los créditos de autoría, derechos de autor y el ISBN (International Standar Book Number), que es el número internacional correspondiente al libro.

Presentación.- Escrita por el editor o la persona de mayor responsabilidad.

Prólogo.- Hecho por el autor acerca de la obra.

Índice general.- Listado de temas o capítulos.

Agradecimientos. Se colocan tras la portadilla o antes del prólogo.

Dedicatoria.- La escribe a mano un autor, generalmente en la portadilla.

Apéndice.- Información complementaria que ayuda a interpretar el contenido.

Bibliografía.- Listado de obras que el escritor utilizó para redactar la suya.

Epígrafe.- Resumen que precede a cada uno de los capítulos o secciones.

Glosario.- Anexo en el que se definen y comentan algunos términos utilizados.

Epílogo.- Recapitulación, resumen o conclusión.

Colofón.- Anotación en la última página donde se detallan los datos de impresión.

Artículo publicado por la revista México Rural en su edición de noviembre de 2014.

 

Share Button

Es perverso acostumbrarnos a la mala vida

De página Corrupción e impunidad en Querétaro en Facebook

En este mundo siempre habrá cosas buenas y malas, esto es normal, pero acostumbrarnos a la práctica sistemática de la injusticia,  la incompetencia,  la impunidad, la corrupción sin límites, al crimen oficial y privado, sin oponer resistencia alguna, es una perversión.

No podemos habituarnos a la injusticia, al burocratismo, al abuso, a la pobreza, a la destrucción sistemática del medio ambiente, porque esto va en contra de la naturaleza humana, del instinto mismo de supervivencia.

Muchos funcionarios ineptos y corruptos alegan que estos problemas son normales, que poco o nada se puede hacer contra ellos porque “así es la vida”, pero esto es falso porque hay muchas maneras de saber cuando algo se pasa de la raya, de lo que pudiera considerarse normal.

En primer lugar figuran las estadísticas nacionales, internacionales y locales, que por métodos científicos permiten hacer comparativos y ver hasta qué punto está fallando un sistema, un gobierno, una sociedad, en la búsqueda de la justicia y del bienestar general.

El gobierno mexicano, los gobiernos estatales, los académicos, los periodistas, sabemos a ciencia cierta que hoy ocurren cosas graves en el país que no son ni podrán ser normales, porque ante hechos semejantes hay mejores resultados en otras partes del mundo y aquí mismo en otras épocas de la Historia.

Además, hay muchos ojos en el exterior que nos ven y que han salido a las calles para protestar contra las sistemáticas violaciones a los derechos humanos que aquí ocurren. Esto es una vergüenza nacional.

Es necesario corregir el rumbo a la brevedad posible, porque ningún sistema puede sostenerse de esta manera. Los primeros que deben entender esto son los partidos políticos, que al mantener su famoso pacto de impunidad le están haciendo el peor daño a México; no entiendo, después de lo ocurrido, con qué cara van a salir a pedir el voto de los mexicanos en las próximas contiendas electorales.

Ya no hay cabida para el conformismo: la protesta ciudadana, pacífica y civilizada, pero firme, es una obligación política, cívica y moral.

Artículo publicado por el diario La Crónica de Hoy Jalisco en su edición del viernes 31 de octubre de 2014.

Share Button