La industria, avanzada empresarial de México

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Manuel Herrera Vega.

Desde hace muchos años el sector industrial se ha destacado por sus posiciones de avanzada respecto a las demás ramas empresariales del país, como son el comercio y la Banca, que por defender a ultranza sus intereses se caracterizan muchas veces por mantener políticas conservadoras ajenas a las exigencias políticas, económicas y sociales del conjunto nacional.

Jalisco no ha sido la excepción en esta línea de conducta seguida por la industria del país, ya que con frecuencia sus dirigentes, a través de sus correspondientes Cámaras, han salido en defensa no sólo de los intereses de sus agremiados, sino también de las causas más sentidas de la población.

Por ello satisface que un industrial jalisciense, Manuel Herrera Vega, se haya convertido en candidato único para dirigir la Confederación Nacional de Cámaras Industriales, Concamin, donde sin duda seguirá luchando por el desarrollo industrial y además por la implantación de políticas de gobierno que garanticen la seguridad y el bienestar de todos los mexicanos.

En reciente entrevista, Herrera Vega hablaba de la necesidad de garantizar el Estado de Derecho, la seguridad pública, el combate efectivo contra la corrupción (la ineficiencia gubernamental que es también una forma de corrupción), y algo muy importante, reducir el abismo existente entre ricos y pobres, es decir, la tremenda desigualdad social que amenaza la paz y el bienestar nacional.

Estas banderas encajan bien no sólo en el sector industrial de Jalisco y de México sino también en una personalidad como Manuel Herrera, empresario joven que desde hace años se ha preparado para entender el gobierno y la política económica y social del país.

Resulta, por ejemplo, que con el claro propósito de desviar atenciones y evadir responsabilidades, muchos políticos aseguran que el principal problema de México no es la corrupción, sino la inseguridad o la impunidad. Los cierto es que si no hubiera corrupción desde las más altas esferas del poder, la seguridad pública funcionaría mucho mejor y obviamente también habría márgenes más amplios de justicia.

Es evidente que la corrupción genera prácticamente todos los grandes males del país, empezando por la inseguridad, la injusticia, la ingobernabilidad, el deterioro ambiental, etcétera. Es el cáncer que destruye todos los tejidos sociales, afectando directamente la columna vertebral de nuestro sistema, que es el Estado de derecho, e incide directamente en la competitividad económica, ya que los capitalistas prefieren invertir su dinero en países más seguros.

javiermedinaloera.com

Artículo publicado por la revista Portada de México en su edición de febrero de 2015.

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La pobreza, ¿Maldición de Dios… o del Gobierno?

Pobreza extrema (Imagen de Wikipedia).

Ante la escasez de alimentos provocada por una serie de sequías en México, el virrey Juan de Ortega y Montañés sostenía a principios del siglo 18 que la pobreza era una maldición de Dios. “Su Divina Majestad lo quiere así, para que enmendando nuestras vidas y arrepentidos de las ofensas, ocurramos a su divina piedad para que nos socorra”.

Sin embargo, agregaba el propio virrey, “la plebe” no lo entiende de esta manera, ya que “culpa al gobierno como si fuera en nosotros posible hacer que haya trigos y maíces y abundancia de ganados, y como si esto fuera culpa, cargan todas quejas sobre los gobernadores, haciéndolos el motivo de la falta, de la carestía y de todos los males de los pobres”.

Ciertamente, desde tiempos inmemoriales la gente ha culpado de la pobreza al gobierno, pero también es verdad que los gobernantes se atribuyen con frecuencia éxitos que no les corresponden, como sucede con las cosechas agrícolas, que siendo resultado de buenos temporales, se las adjudican a programas oficiales de apoyo al campo.

No obstante, es evidente –y si no que me corrijan los teólogos–, que Dios no creó a los seres humanos para que vivan y sufran eternamente la pobreza; por lo contrario, nos dio un planeta capaz de alimentar a una población mucho mayor que la actual.

Hay quienes insisten, aún en nuestros días, en que la gente es pobre por “floja”, porque no se esfuerza en vencer las dificultades y mejorar sus condiciones de vida. Es cierto que hay indolencia e ignorancia en grandes sectores de la población, ¿pero podemos presumir, al menos en México, de que todos hemos recibido las mismas oportunidades de educación, salud y demás apoyos que el Estado tiene obligación de dar?

Igual que en el siglo 18, México padece hoy la más espantosa desigualdad social. Las zonas de alta marginación contrastan con la opulencia y ostentación de los poderosos, muchos de ellos políticos.

Por lo tanto, concluyo con mi pregunta inicial: ¿Es la pobreza una maldición de Dios… o del Gobierno?

javiermedinaloera.com

Artículo publicado por el diario La Crónica de Hoy Jalisco en su edición del viernes 13 de febrero de 2015.

Artículo relacionado: No hay tiempo para los pobres.

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Las buenas maneras, ¿por qué no retomarlas?

Manual de Carreño. De P. Protocolo. Org

El Manual de Carreño 

Hoy manejaba mi automóvil por la Avenida Arboledas de esta ciudad de Guadalajara, y vi a una dama bien vestida (hasta me pareció elegante y distinguida), conduciendo un auto de reciente modelo; de pronto se le emparejó un taxista que le quiso ganar el paso, y ella, ni tarda ni perezosa, levantó su blanca manita y le hizo una seña de lo más vulgar que pueda usted imaginarse. El taxista le respondió con muy sonoros recuerdos para su santa madre.

Y yo pensé: ¿Qué necesidad hay de estas cosas? Ninguna. Todo es cuestión de respeto a los demás. La antigua máxima: “Trata a los otros como quieres que te traten a ti”. Todos cometemos errores, claro está, pero siempre hay maneras de disculparse, de mostrar que no lo hicimos con mala intención. Lamentablemente, no es éste el signo de nuestros días: A cual más queremos demostrar poder, supremacía, “agandallar” a los demás, cualquiera que sea nuestra condición económica y social.

Pero no todo es lamentable en estos tiempos, hay otros signos que muestran una perspectiva más favorable. Yo soy, pese a mi edad, fanático de Facebook, y encontré hace poco un mensaje de la emisora de radio “El Circo”, que compartí entre mis contactos, quienes respondieron con muchos “likes”. Este mensaje menciona características de la gente perteneciente a la generación “pasada”, es decir, a la que muestra respeto a los mayores, pide permiso, saluda con una sonrisa, trata a los demás con amabilidad y ama a las personas por lo que son, no por lo que tienen.

Tal mensaje recuerda prácticas tan saludables en las relaciones humanas como son: “Por favor”, “buenos días”, “buenas tardes”, “perdón”, “gracias”, “hasta luego”, es decir, las buenas maneras que aprendimos de nuestros padres y de viejos maestros, quienes a su vez las tomaron del famoso educador venezolano del siglo 19, Manuel Antonio Carreño.

Es obvio que los protocolos de urbanidad cambian con cada época, pero quienes hoy formamos parte de la segunda y tercera edad no vamos a olvidar los que a nosotros nos enseñaron; por mucho que cambien, en el fondo prevalece el ideal de respeto a los demás, que no es cosa de religión ni de Estado, sino de simple sentido común. Ojalá que las nuevas generaciones los retomen por su bien, por el bien del país en que nacieron y por el mundo que les tocará vivir.

javiermedinaloera.com

Artículo publicado por el diario La Crónica de Hoy Jalisco en su edición del viernes 6 de febrero de 2015.

 Artículo relacionado: El respeto a los demás.

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Un buen lector usa el diccionario

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El Pequeño Larousse original (edición de 1905).

“No es más sabio el que más cosas sabe, sino el que sabe donde encontrar las más importantes”, dijo alguien que sabía lo que decía. De ahí que un buen lector se acompaña siempre de un buen diccionario para consultar el significado correcto de las palabras que desconoce.

Una muy sana costumbre es no quedarnos con ninguna duda cuando leemos un escrito sobre cualquier materia. Por ello el diccionario es siempre el primer libro de cabecera.

El problema es que si leemos de corrido, pasando por alto palabras que no entendemos, entonces existe el riesgo de no comprender partes importantes del texto, con lo cual perdemos el objetivo principal de la lectura, que es adquirir nuevos conocimientos o simplemente el placer de leer.

Hoy en día es muy fácil encontrar el significado de cualquier palabra, por extraña que parezca, pues basta con acudir a nuestra computadora o dispositivo móvil, anotar y buscar en Google el vocablo que nos interesa y aparecerán varias definiciones, de las cuales vamos a seleccionar la que más responda a nuestras necesidades.

Un poco a la antigüita, también podemos recurrir a un diccionario impreso, de preferencia enciclopédico, que además del significado de las palabras, contenga información sobre personajes y lugares geográficos. Entre estos diccionarios figura el Larousse. Es claro que para consultarlo necesitamos familiarizarnos con el orden alfabético, para no perder tiempo en la búsqueda. Un buen buscador es el que encuentra la palabra en menos de un minuto.

No olvidemos que el diccionario es un fiel amigo que siempre está dispuesto a asesorarnos, nunca se cansa y nos puede acompañar a todas partes.

javiermedinaloera.com

Artículo publicado por la revista México Rural en su edición de febrero de 2015.

 

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La corrupción, principal problema de México

No tenemos políticos, tenemos ladrones. De P. Corrupción en México

Con el claro propósito de desviar atenciones y evadir responsabilidades, algunos políticos aseguran que el principal problema de México no es la corrupción, sino la inseguridad o la impunidad.

Los cierto es que si no hubiera corrupción desde las más altas esferas del poder, la seguridad pública funcionaría mucho mejor y obviamente también habría márgenes más amplios de justicia.

Desde mi punto de vista, la corrupción es generadora de prácticamente todos los grandes males del país, empezando por la inseguridad, la injusticia, la ingobernabilidad, el deterioro ambiental, etcétera.

La corrupción es el cáncer que destruye todos los tejidos políticos, económicos y sociales de la República, afectando directamente la columna vertebral de nuestro sistema, que es el Estado de derecho.

“Para las leyes las muelles”, dicen algunos, y en efecto, lo que hoy sobran son recursos para evadir la justicia y romper el orden en todas las esferas de la actividad pública y privada.

Es la corrupción la que hace posible la creciente impunidad que ya rebasa con mucho los promedios internacionales, lo cual incide en forma directa en la competitividad económica, pues obviamente los capitalistas prefieren invertir su dinero en países más seguros.

Recordemos además que la ineficiencia gubernamental es una forma de corrupción, porque al servidor público se le paga para que cumpla la ley, y si no lo hace, por la razón que sea, su obligación es renunciar y dejar el campo libre a otros que sí quieran trabajar como es debido.

¿Qué hacer en estas circunstancias? Sabemos que la corrupción está anclada profundamente en la sociedad mexicana, con raíces que vienen desde los primeros tiempos de la Colonia, hace cerca de 500 años, pero si nos cruzamos de brazos y nada hacemos para erradicarla, el cáncer seguirá avanzando hasta acabar con todo.

Se requiere que las más altas autoridades del país y de los Estados y municipios empiecen por practicar la honestidad, para que los demás sectores no tengan otra alternativa que seguir el ejemplo. Sólo el lenguaje de los hechos podrá sacarnos de este atolladero.

javiermedinaloera.com

Artículo publicado por el diario La Crónica de Hoy-Jalisco en su edicición del viernes 30 de enero de 2015.

 

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