La sencillez de los grandes

Pershing. Wikipedia.

General John J. Pershing.

Siempre he admirado la sencillez de algunos personajes de la Historia y desde luego de mis amigos (dicen que la gente admira lo que no tiene). Los hombres pequeños que se inflan como sapos no engañan a nadie fuera de sí mismos, pronto enseñan el cobre. En cambio, quienes influyen profundamente en el resto de los mortales se distinguen generalmente por su sencillez, su naturalidad, su falta de presunción y su franqueza.

En México tenemos extraordinarios ejemplos de personajes que llegaron a ser grandes precisamente por esa rara virtud, la humildad, la sencillez, entre ellos Benito Juárez, de quien en otras ocasiones he contado varias anécdotas. Hoy me refiero a un incidente que tuvo el Benemérito con un campirano que visitaba la Ciudad de México; este suceso, igual que otros por el estilo, fue rescatado para la Historia por Guillermo Prieto, su leal colaborador.

Un ranchero en el Teatro Nacional

Resulta que Juárez, cuando era Ministro de Justicia, tenía un asiento reservado en el Teatro Nacional, pero una noche llegó tarde a la ópera, y al ver que un foráneo cerrero  se había apoderado de su asiento, le pidió con el mayor comedimiento que lo desocupara, pero éste, indignado, lo maltrató con las peores maldiciones que se dicen en este país, y no se movió de ahí. Entonces, Juárez se fue a buscar otro sitio.

En el entreacto el acomodador le explicó al ranchero que esa luneta era del señor Ministro de Justicia.

–” ¡Ave María Purísima!”, dijo el campirano, poniéndose las manos en la cara, “¡Buena la hice!”, y fue adonde estaba el señor Juárez para disculparse, pero el ministro le suplicó que siguiera en su asiento, pidiéndole además al acomodador que no se le molestara.

El general Pershing

John J. Pershing (1860-1948), comandante de los Ejércitos de Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial (sí, el mismo que fracasó en la expedición punitiva contra Francisco Villa en México hace 100 años), fue otro notable ejemplo de sencillez:

Cuentan que un recluta recién llegado a Nueva York se ocupaba en desyerbar uno de los senderos de su cuartel cuando pasó por ahí otro militar que iba fumando.

–Oiga amigo –dijo el recluta sacando un cigarrillo–, ¿me da lumbre, por favor?

Así lo hizo el otro, muy amablemente.

Apenas se hubo alejado unos pasos, un soldado, con el asombro pintado en la cara, le dijo al recluta: ¿Sabes tú a quien acabas de pedir fuego? ¡Nada menos que a mi general Pershing!

Aterrado el recluta, echó a correr detrás del general.

–Mi general –le dijo apenas lo alcanzó–, perdóneme usted, pero soy nuevo en el servicio, llevo apenas dos horas en filas, y como todos los uniformes se me hacen iguales, no sospeché quién era usted.

–No te preocupes, muchacho –respondió Pershing–, pero oye bien lo que te digo: ¡No se te ocurra hacer esto mismo con un subteniente!

 

http://javiermedinaloera.com/

 

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del domingo 29 de mayo de 2016.

 

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Lealtad, eso que muchos olvidan

conchamencez

Concha Méndez (1848-1911).

En estos tiempos dominados por el mercantilismo, en que todo o casi todo se mide en términos de poder y de dinero, bueno es recordar que hubo épocas en la Historia de México cuando en medio de los más graves conflictos la gente demostró que sabía valorar las virtudes de sus verdaderos líderes.

Políticos saltimbanquis

Hoy es de lo más común que los políticos cambien de partido de la noche a la mañana, de acuerdo con sus muy personales intereses. “Bueno —dirían algunos–, pero qué se puede esperar de los políticos si es la deslealtad y la traición la que han practicado siempre”.

Sin embargo, el problema es que no sólo son los políticos quienes cambian de principios y de amigos en la primera oportunidad, es mucha la gente que lamentablemente les sigue los pasos en distintas esferas de la vida pública y privada.

Traiciones y deslealtades están a la orden del día, como siempre estuvieron aquí y en el mundo entero, pero todo indica que en las últimas décadas este problema ha empeorado en nuestro país, donde la desconfianza, importante factor de deslealtad, se ha disparado en forma alarmante.

Cuando nadie confía en nadie

Noticias de todos los días hablan de que la gente no confía en el gobierno y de que al gobierno tampoco le interesa la gente, pero hay algo peor: muchos no confían en los demás y con frecuencia ni en sí mismos, es decir, vivimos una crisis de confianza verdaderamente seria.

Una interesante anécdota del siglo 19 permite comparar el pensamiento que sobre la lealtad tenían aquellos mexicanos con el que ahora se percibe en la sociedad.

La lealtad de Concha Méndez

Durante el fugaz imperio de Maximiliano y Carlota, tuvo ocasión la infeliz pareja de conocer a la joven actriz Concha Méndez, que precisamente por el favor que le dispensara el regio matrimonio, aparte de sus innegables condiciones artísticas, se impuso como tiple de moda.

Por aquel tiempo (1865) llegó de Cuba la canción titulada “La Paloma” (de Sebastián de Iradier y Salaverri), que dice así: “Si a tu ventana llega una paloma…”

La dulzona melodía gustó mucho a la emperatriz Carlota, y desde que la oyó de Méndez se la hacía repetir en cuantas fiestas intervenía la actriz.

Pero al ser fusilado Maximiliano, y cuando Carlota, loca ya, peregrinaba en Europa, apareció aquí la parodia de “La Paloma Liberal”, con versos burlescos como: “Si a tu ventana llega un burro flaco…”

Y una tarde, en el Teatro Nacional de México, donde actuaba Concha Méndez, el público le pidió a gritos que cantara “La Paloma Liberal”, pero Concha, a mitad del escenario, inmóvil como una estatua, dijo con emocionada voz y bañada en lágrimas: “¡Nunca he de cantar lo que hoy me piden. Mátenme si quieren, pues prefiero la muerte a ser una ingrata y una infame!”

El público prorrumpió en estentóreos gritos de “¡Viva México!, ¡Viva Concha Méndez!“, y nunca más se le volvió a pedir que entonara “La Paloma liberal”.

Eso es lealtad. Sí, lealtad del público a la actriz, y de la actriz a quienes la apoyaron.

javiermedinaloera.com

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del domingo 22 de mayo de 2016.

 

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Lo que los periodistas olvidamos con frecuencia

Periodismo trascendentePortada del libro “Periodismo Trascendente”, de Salvador Borrego.

Los grandes maestros del periodismo como Salvador Borrego en México, aconsejaron siempre dar seguimiento a las noticias, es decir, informar con la mayor precisión sobre las consecuencias causadas por determinado suceso, desde todos los puntos de vista, oficiales y privados, a fin de que la opinión pública pueda contar con los elementos de juicio necesarios para formar su criterio.

Lamentablemente, y lo digo sin la menor intención de pontificar, ni desacreditar a nadie, en este momento no veo en los principales medios de comunicación del país (sí en las redes sociales) un esfuerzo por dar seguimiento a las noticias del día, con el ánimo de llegar al fondo de los problemas y tratar de resolverlos.

Entiendo, por supuesto, el cúmulo de información actual que impone una rigurosa selección de lo más importante ocurrido durante el día, pero es ahí donde radica el problema: ¿Qué es lo más importante para publicar?, ¿por qué relegar o subestimar consecuencias o comentarios de noticias de gran interés público por otros de menor trascendencia?, ¿qué hay de por medio?

El gobierno y los medios

Comprendo, aunque no justifico, el interés del gobierno por minimizar e incluso ocultar informes que podrían desestabilizarlo, caso concreto, la masacre de estudiantes en Ayotzinapa, pero lo más censurable desde el punto de vista ético periodístico es el afán de muchos medios por hacerle el juego, tratando de que éste y otros graves asuntos se olviden. Es una vergüenza que la prensa internacional sea mucho más acuciosa en la búsqueda de justicia que la mexicana.

Exclusividad periodística

A diferencia del pasado, hoy se habla poco de noticias exclusivas (la exclusividad ha desaparecido prácticamente del medio informativo), pero no deja de haber trabajos especialmente relevantes que publica un solo medio. Tal es el caso de la investigación sobre “casa blanca” que dio a conocer el equipo de Carmen Aristegui.

Desde el punto de vista de competencia comercial y profesional es difícil que los demás medios den seguimiento a una nota exclusiva como la de “casa blanca”, aunque dada la enorme significación del hecho, no debiera existir este tipo de celos, porque primero está el interés público. Además, en éste como en otros casos, el gobierno hizo lo que todos esperábamos: tratar de encubrir a cualquier costo el seguimiento periodístico.

Todo esto no conduce a otra cosa que a la impunidad, a la corrupción, a la inseguridad, la injusticia y a tantos otros problemas que el país padece y de los que constantemente nos quejamos.

Retomar prácticas profesionales

Por lo tanto, urge retomar el consejo de los viejos periodistas profesionales de aquí y de todo el mundo, para dar debido seguimiento a las noticias desde enfoques éticos que velen por el interés general de la gente, no para proteger a grupos de poder políticos y económicos totalmente desprestigiados, o sea, hemos de reasumir la esencia del periodismo, que es defender la libertad y la justicia por encima de todo.

javiermedinaloera.com

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del domingo 15 de mayo de 2016.

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Lo que Montaigne pensaba de los libros

Michel_de_Montaigne. Wikipedia.Miguel de Montaigne.

El padre del ensayo moderno, Miguel de Montaigne, orgullo de Francia, contemporáneo de Cervantes en España y de Shakespeare en Inglaterra en la segunda mitad del siglo 16  (tercia de ases de la inteligencia europea en un siglo convulso), publicó su opinión sobre los libros de la manera siguiente:

“En los libros sólo busco el placer de una distracción honesta, y si estudio, únicamente persigo la ciencia que trata del conocimiento de mí mismo, instruyéndome para vivir y morir bien.

“Si leyendo hallo dificultades, no me caliento los cascos para descifrarlas, sino que les doy una o dos cargas y luego las dejo. Porque si me plantase en ellas, perdería el tiempo y me perdería a mí mismo. Mi espíritu es del primer golpe, y si no ve las cosas al primer empuje, las ve menos obstinándose. Nada hago sin alegría, y la continuación y retención muy prietas ofuscan, cansan y entristecen mi juicio…”

Luego informa sobre cuándo lee y qué lee:

“Cuando un libro me enfada, tomo otro, y sólo leo a las horas en que el fastidio del ocio comienza a pesarme. No me ocupo en las obras nuevas, porque las antiguas me parecen más plenas y firmes…”

Menciona varios de sus autores favoritos como Bocaccio, Platón, Esopo, Virgilio, Lucrecio, Horacio, Lucano, Plutarco, Séneca y Cicerón.

El gran Montaigne tenía, como todo maestro, su especial manera de leer e ilustrarse, particularmente cuando dice: “Nada hago sin alegría”. O sea, leía por placer, y éste es principio universal, así debe ser.

javiermedinaloera.com

Artículo publicado por la revista Doña Ofe en su edición de mayo de 2016.

 

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Cuando los muertos ya no cuentan

Fosa común. De Javier Leyva Candal. Seguridad Pública.

Hace 30 años, cuando este reportero “cubría” la “fuente” del Gobierno de Jalisco, me gustaba encontrarme, igual que hoy, con mis colegas, para comentar las noticias del día.

Y una noche, en la tradicional cantina “La Fuente” donde departía con mi buen amigo y colega Ángel Fuentes Ambriz (QEPD), quien “cubría” en aquel tiempo para “El Informador” la “fuente policíaca”, le pregunté sobre la noticia del día.

–“La principal noticia de hoy –dijo– es un atropelladito”.

No me extrañó su respuesta. Eran los años 80 del siglo pasado, cuando en Jalisco y en México aún había preocupación oficial por la seguridad de las personas, lo que lamentablemente se ha perdido.

Un “atropelladito” en la zona metropolitana de Guadalajara era noticia hace 30 años y se publicaba en todos los medios con profusión de datos: nombre, edad, sexo y condición social del accidentado; placas, color, marca y modelo del vehículo, conductor, sitio del accidente, etcétera.

A diferencia de aquellos días, ahora ya no aparecen en las noticias ni siquiera los muertos por accidente o por homicidio, menos los “atropelladitos”. Los medios publican cuando mucho un resumen estadístico de los ejecutados durante la semana, y salvo que se trate de algún personaje importante, rara vez ofrecen detalles sobre el crimen.

En otras palabras, se perdió el interés por la vida humana. Aquí como en Guanajuato y en todo México “la vida no vale nada”. La pérdida de un ser humano ya no merece aparecer ni siquiera en la nota roja. ¡Triste realidad!

Para muestras un botón

Por ejemplo, a principios de esta semana, en el barrio donde vivo, los vecinos se alarmaron al escuchar unos balazos y salieron a la calle para ver qué había sucedido. Hubo luego un gran movimiento de patrullas (después de que los maleantes habían escapado, claro está), llegó la Semefo y la gente preguntaba qué había pasado.

Pronto se supo que unos asaltantes habían matado a un muchacho que vivía solo en una casa rentada, todo porque se había resistido a que le robaran su equipo de sonido (era músico rockero) y una motocicleta que le servía para transportarse.

Al día siguiente revisé los periódicos locales para ver más detalles sobre este homicidio, pero no encontré ninguna referencia; tampoco escuché nada al respecto en la televisión ni en la radio. Fue el tendero de la esquina, quien recibe toda la información del vecindario, el único que satisfizo mis ansias de saber.

Seguridad, principal función del Estado

Entendamos de una vez por todas que la seguridad pública es la principal obligación del Estado; si éste no está en condiciones de ofrecer la seguridad que la gente necesita, no se justifica. Los seres humanos vivimos en sociedad para satisfacer nuestras necesidades, entre las que destaca la seguridad, y si las autoridades no pueden garantizarla, pues que renuncien y dejen el campo libre a otros que puedan.

Además, la gente necesita información sobre las cuestiones que más le interesan, como es su seguridad personal y la de sus familias. Si hay cortapisas por parte del gobierno para que los medios no informen sobre cosas tan vitales, más le vale rectificar cuanto antes porque le están causando un grave daño a la nación, y esos mismos políticos irresponsables podrían convertirse en víctimas en cualquier momento, por muy “blindados” que anden.

javiermedinaloera.com

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del domingo 8 de mayo de 2016.

 

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El buen humor en la Batalla de Puebla

El lazo como arma. Litografía de Claudio Linati. Gran Historia de México Ilustrada. Ed. Planeta (2002).El lazo como arma (litografía de Claudio Linati).

Sobre las hazañas de los soldados mexicanos vencedores del ejército francés en la Batalla del 5 de mayo de 1862 en Puebla, el periodista jalisciense Victoriano Salado Álvarez elogia especialmente a los rancheros, a los charros, que con sus proezas introdujeron el buen humor en la guerra.

En Orizaba –dice don Victoriano en sus Episodios Nacionales– salieron a recorrer el campo los ayudantes del general Ignacio Zaragoza, comandante en jefe del ejército mexicano, que querían ver de cerca a los franceses y observarles:

Estos ayudantes de Zaragoza eran los charros que formaban el grupo fronterizo de pura sangre, hábiles en el manejo del caballo y de la reata, y capaces de lazar a las siete cabrillas. Caminaban riendo y sin preocupaciones, cuando observaron un grupo de diez o doce franceses, muy lucido. En vez de huir se dirigieron resueltamente a ellos, quienes les dejaron acercar creyéndoles soldados del general Leonardo Márquez, jefe del ejército conservador aliado a los franceses.

Desataron sus reatas, hicieron lazo, y antes que los confiados franceses pudieran resistir, Pedro de León, Teófilo Z. Martínez, García y López habían cogido sendos franceses y les tenían cuál sujeto del cuello, cuál de la cintura, cuál de los brazos; el resto del grupo echó a correr. Les despojaron de los rifles y pistolas, les dispusieron se entregaran, y cada cual con su presa lazada y en la propia disposición que la habían cogido, marchó hasta la tienda del general en jefe. Uno de los presos resultó ser nada menos que M. Desleaux, jefe de la brigada de Artillería de Marina y gobernador de la plaza de Orizaba, siendo los demás sus acompañantes. Solo Desleaux fue canjeado por cuarenta oficiales mexicanos, presos a consecuencia de la acción del Borrego.

También en Orizaba, el día del ataque al Ingenio, una fracción de infantería francesa quedó disgregada del resto de su batallón. Sin asustarse, aquellos valientes formaron cuadro, y con las bayonetas listas pensaron resistir la carga de caballería… No hubo tal; dos charros cogieron una reata por un extremo y otros dos por el contrario, picaron espuelas a sus pencos y dieron contra aquella muralla de pechos valientes y de aceros relumbrantes… Los zuavos de uno de los frentes cayeron como los perros a quienes se da manta, patas arriba y sin poderse valer; los demás se desbandaron y fueron presa fácil de los machetes fronterizos.

javiermedinaloera.com

Artículo publicado por la revista México Rural en su edición de mayo de 2016.

 

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