El trabajo infantil

Trabajo infantil. De la P. Trabajo infantil en Facebook.

No hace todavía muchos años, en zonas rurales de México, cuando nacía un bebé en una casa, pronto acudían a la misma los parientes y amigos de la familia, llevando casi siempre algún regalo, pero antes de visitar en su cama a la madre y al bebé, le preguntaban al padre “qué fue”. Si el recién nacido era niño, el padre contestaba “un sembrador”, y si niña, “una cocinera”. ¿A qué más se podía aspirar en aquellos lugares y en esos tiempos?

Así las cosas, desde la cuna los bebés tenían asignada una tarea económica que realizarían más tarde en apoyo de su hogar, de suerte que, a la vuelta de unos años, los niños eran enseñados a sembrar y cultivar la tierra, cosechar y transportar productos del campo, cuidar animales domésticos y a hacer “mandados”, en tanto que las niñas se ocupaban de ayudar a su madre en sencillas tareas de cocina, asear la casa, regar las plantas y cuidar a los niños más pequeños.

De esta manera, niños y niñas, mientras alcanzaban la edad de ir a la escuela (si es que había en su comunidad) aprendían a realizar diversas actividades productivas, e incluso después de su ingreso a la primaria sus padres trataban de mantenerlos ocupados, ya fuera en sus propias tareas escolares o en otras labores domésticas, siempre con la idea de que no se hicieran “flojos”, ni anduvieran de vagos.

Explotación infantil

Muy diferentes eran aquellas actividades de los niños rurales, promovidas y vigiladas por sus padres con un propósito de formación, altamente educativo, a lo que ahora acontece con numerosos niños del campo y de la ciudad, sujetos a una explotación económica criminal por parte de gente sin escrúpulos que se aprovecha de su indefensión para hacer con ellos lo que quieren, llegando con frecuencia a lo peor, que es la explotación sexual comercial.

De acuerdo con recientes datos oficiales del DIF Zapopan, en Jalisco trabaja el 4 por ciento de los niños entre 5 y 13 años, es decir, 58 mil 515 niños y niñas ocupados en diversas vertientes, desde vendedores en cruceros viales y en supermercados como empacadores o “cerillos”, hasta en tianguis, tiendas y otros establecimientos, así como en campos agrícolas e industrias rurales.

Ninguna garantía, ninguna acción solidaria de la sociedad, ni del gobierno, en favor de estas criaturas, víctimas de la extrema pobreza; niños que ni siquiera tienen oportunidad de ir a la escuela, aunque ésta exista en sus comunidades urbanas o rurales, porque son obligados a trabajar para sobrevivir.

Formación laboral, no explotación

En conclusión, mantener a los niños ocupados en labores domésticas y recreativas sanas cuando hayan terminado sus tareas escolares, es una antigua costumbre que de ninguna manera debe perderse porque es altamente formativa y además los mantiene alejados de la vagancia y de los vicios. Sin embargo, la explotación infantil que atenta contra sus más elementales derechos no debe tolerarse de ninguna manera.
www.javiermedinaloera.com

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del domingo 19 de junio de 2016.

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Más allá de la alternancia

Elecciones 5 de junio

Los últimos comicios realizados en 12 estados de la República revelan con claridad que gran parte del pueblo mexicano se inclina por la alternancia en el poder, lo cual es muy significativo ante las contiendas electorales de 2018. Si los actuales políticos que piensan en su futuro no alcanzan a ver el verdadero fondo de este mensaje, están perdidos.

El hecho de que en la mayoría de los estados la gente esté pensando en cambiar las formas de gobierno, aun teniendo que escoger entre las limitadas alternativas que presentan los partidos, no manifiesta otra cosa que la exigencia popular de rectificar el rumbo en muchos aspectos.

Y claro que hay diversidad de cosas que urge cambiar, entre ellas lo relacionado con la seguridad, la justicia, la educación, el medio ambiente y muchas otras cosas de la administración pública como la corrupción, que se ha vuelto intolerable cuando es a todas luces solapada por distintos gobiernos.

Escoger gobernantes entre los candidatos propuestos por el PRI, el PAN, el PRD, Morena y otras organizaciones políticas no satisface los anhelos de muchos mexicanos, por considerar que estos partidos no han respondido satisfactoriamente a las necesidades del país, pero si no hay más opciones, lo mínimo que la gente puede hacer, y fue lo que hizo en la última elección, es votar por la alternancia, es decir, por el cambio de siglas en los gobiernos locales, así estén conscientes de que unas siglas y otras suelen ser la misma cosa.

¿Por qué la alternancia?

Los votantes optan por la alternancia porque se cansan de que los gobiernos en turno hagan caso omiso de los problemas de la sociedad, se hartan de que los políticos vean solamente por sus intereses personales y no por los del común de la gente.

Gobierno tras gobierno, aunque sean de diferentes partidos, desembocan siempre en lo mismo: la corrupción, el amiguismo, el burocratismo, la ineficiencia, el maltrato al contribuyente, etcétera, sin atender lo que más interesa a la población, que es su seguridad, la justicia, el empleo, la educación, la calidad de vida.

La eterna esperanza de cambio

La alternancia en el poder es lo único rescatable de nuestra costosa democracia, hasta hoy secuestrada por los partidos.

Claro que políticos de diversos partidos se entienden y seguirán entendiéndose para repartirse cuotas de poder y privilegios, especialmente para protegerse ante casos de corrupción como lo han hecho hasta la fecha en Jalisco y otros muchos lugares del país.

Así las cosas, aunque un estado o municipio cambie de partido gobernante, difícilmente veremos en la cárcel a los corruptos, porque ellos mismos se cubren las espaldas, es decir, aplican el antiguo dicho: “Hoy por mí y mañana por ti”. No saben otro.

Lo cierto es que, puestos a elegir entre unos y otros, los votantes cruzan boletas porque no les queda alternativa, siempre con la idea de mejorar, es decir, la eterna esperanza de cambio que caracteriza al mexicano desde tiempos de la Colonia.
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Cualidades de un buen libro

De la Fundación Vamos a Leer. Facebook.

A los eternos amantes de la lectura no es necesario decirles cuáles son las cualidades de un buen libro; ellos lo saben por sobrada experiencia. Sin embargo, a quienes no están muy familiarizados con el hábito de leer conviene recordarles ciertos principios para reconocer un libro digno de ser leído.

En primer lugar, un buen libro no tiene por qué ser aburrido, sino todo lo contrario, debe ser ameno, ilustrativo. En mi caso, si al empezar a leer un libro me aburre, lo suelto de inmediato. Siempre y en todo momento hay que leer por placer, no por obligación, incluso tratándose de textos escolares; si un texto de escuela no te gusta, consulta a tu maestro.

En mi larga carrera de periodista he asistido a numerosas presentaciones de libros, en las cuales, me apena decirlo, muchos presentadores han hecho su mejor esfuerzo para que la gente no los lea, es decir, no saben presentar. No basta escribir un libro, hay que saber promoverlo y presentarlo, tratando siempre de entusiasmar a la gente para que lo lea, sobre todo si es bueno.

Otro buen consejo es no dejarse guiar por los famosos “bestsellers”, o sea, lo que los mercadólogos nos dicen que son los mejores libros, porque hasta la fecha nadie sabe a ciencia cierta qué es lo que convierte a un libro en superventa.

Lo esencial, lo que no fallará nunca en la selección de un buen libro es que éste atrape al lector. Si la lectura de un libro no te atrapa, no es bueno, por lo menos para ti.

Vamos a leer porque el saber te hace valer.

javiermedinaloera.com

Artículo publicado por la revista Doña Ofe en su edición de junio de 2016.

 

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De cómo Melchor Ocampo ayudaba a los pobres

Melchor Ocampo. Wikipedia.

Melchor Ocampo.

En este mes de junio se cumplen 155 años de la muerte de Melchor Ocampo, autor de la epístola que lleva su nombre y que hasta hace unos años se leía a todas las parejas casadas por lo civil en México.

Muy joven aún, Ocampo, llamado también el Santo de la Reforma, recibió por vía de herencia la Hacienda de Pateo, en su natal Michoacán. Ahí adquirió el gusto por la agricultura, interesándose además por el trabajo y la suerte de los peones.

Un día en que Melchor presidía la cosecha de trigo en su hacienda -dice el historiador jalisciense Victoriano Salado Álvarez-, los arrieros acudían con sus bestias para cargar el grano y conducirlo a los molinos inmediatos. Fue entonces cuando un pobrecillo con un macho paticojo, la pechera cayéndose a pedazos de puro usada, un viejo sombrero de palma en la cabeza y un aspecto de miseria triste, de inferioridad resignada, de bondad y mansedumbre que oprimían el ánimo, dijo a un compañero señalando un montón de trigo.

-Yo sería dichoso si me dieran eso.

Le oyó el Santo de la Reforma, y encarándosele le preguntó:

-¿Por qué se considera usted dichoso con tan poco?

-¡Oh, señor! –respondió el pobre-, porque con eso tendría para comprar una recua, realizar utilidades y contar con un punterito para mantención de mi familia.

-Pues lléveselo, es suyo –dijo el grande hombre; y en seguida mandó le pusieran el trigo en sacos y lo cargaran en media docena de mulas que le regaló.

Sobra decir que con esta especial manera de administrar la riqueza la hacienda de Pateo fue declarada en quiebra a la vuelta de pocos años. Melchor se dedicó luego a la política, habiendo sido gobernador de su Estado, senador de la República y ministro de Relaciones y de Guerra en el gobierno de Benito Juárez, durante la Guerra de Reforma.

Ocampo fue fusilado y colgado de un árbol en la Hacienda de Caltengo el 1 de junio de 1861, sin proceso de causa, por órdenes de los generales conservadores Leonardo Márquez y Félix Zuloaga.

 

javiermedinaloera.com

 

Artículo publicado por la revista México Rural en su edición de junio de 2016.

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Ni voltear pa’ llá

Atardecer en Temastián. De Humberto Aguilera en Facebook.

Temastián, Jal.

Hace más de 50 años, recién llegado a Guadalajara procedente de mi tierra, Temastián, en el Norte de Jalisco, me encontré aquí con un paisano compañero de primaria que había hecho ya su primer viaje a los Estados Unidos donde tuvo oportunidad de ganar algunos dólares. Fuimos a cenar, platicamos y se me ocurrió preguntarle si ya había vuelto al pueblo: “No –me dijo casi enojado–, ni voltear pa´ llá”.

Me sorprendió la respuesta porque a diferencia de este amigo, a mí desde niño me enseñaron a querer mi pueblo, tierra de labradores, empezando por mis abuelos –uno de ellos quería que yo fuera labrador, “porque no hay mejor oficio”–, y radicado ya en Guadalajara no pasó un año sin que regresara a Temastián, a donde he vuelto infinidad de veces.

Esa noche pensé en la respuesta de mi paisano, que después de medio siglo he tenido presente: “Ni voltear pa’llá” significa para un inmigrante el vano intento de borrar su pasado, y peor todavía, representa un odio insano a sus orígenes territoriales, familiares, sociales, tradicionales, algo ilógico, antinatural, antisocial, antihistórico, lo que lamentablemente he vuelto a ver en otras personas.

Aprendí entonces que con frecuencia muchos quieren borrar su origen porque a su juicio éste fue tan malo que ahora lo sienten como un estorbo, un lastre que debe eliminarse a como dé lugar, pero esto es imposible porque sólo a un imbécil se le ocurre desprenderse de sus raíces que forman parte de su propia naturaleza (“Yo soy yo y mi circunstancia”, decía el filósofo español Ortega y Gasset).

El caso Donald Trump

El tema de este comentario viene al caso por un reciente informe del rotativo escocés “The National”, según el cual la madre del hoy político estadounidense Donald Trump, virtual candidato republicano a la Presidencia de Estados Unidos, quien se ha destacado por su campaña en contra de los inmigrantes, fue ni más ni menos que una humilde inmigrante.

Resulta que Mary Anne née Macleod, madre de Donald Trump, nació en el pueblo de Stornoway, Escocia, y obtuvo la ciudadanía británica por nacimiento en el año 1912.

Como muchos inmigrantes hispanos y de otras partes del mundo, esta mujer salió de su tierra en 1930 –cuando tenía 18 años- en busca de una vida mejor. ¿Cuál fue su apuesta?, Nueva York. Buscando como muchos el llamado “sueño americano”, viajó de Isle of Lewis a la Gran Manzana con menos de 50 dólares encima. Su interés era iniciar labores como empleada doméstica una vez llegara a América.

Mary Anne, la menor de 10 hijos, emigró además buscando escapar de un escándalo familiar. Según la historia, una de sus hermanas quedó embarazada fuera del matrimonio.

Nadie puede borrar su pasado

Así como Trump hace esfuerzos sobrehumanos para borrar su pasado con tal de ser presidente de Estados Unidos, cosa que dudo todavía, igualmente hay miles de mexicanos, incluso jaliscienses, que gozan con negar su origen y maltratar a su propia gente, para demostrar con ello su muy discutible superioridad.

http://javiermedinaloera.com/

 

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del domingo 5 de junio de 2016.

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