La honestidad política pasó de moda

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Busto de Aristóteles (Wikipedia).

Hace unos días, el magistrado del Supremo Tribunal de Justicia del Estado de Jalisco, Jaime Cedeño Coral, a quien aprecio por su capacidad y rectitud, publicó en redes sociales un concepto que me pareció de lo más interesante. Dice así:

“A quien corresponda:

“Todos aquellos que entendemos –de acuerdo con el estagirita– que la política, por naturaleza busca el bien social éticamente constituido, estamos muy de acuerdo en que se promulgue una Ley Anticorrupción, porque con lo que nos enseñaron Platón con su República y Aristóteles con su Ciudad-Estado (conjunto de familias y de aldeanos) en una República como la nuestra debe imperar el derecho en toda su pureza.

“Busque pues, todo gobierno, el bien común alejado de intereses conflictivos y de repudio social”. Jaime Cedeño Coral.

Le contesté de la siguiente manera:

“Con todo respeto, estimado licenciado, tengo desde hace muchos años la mayor estimación y el mejor concepto de usted, lo sabe bien por nuestra amistad común que tuvimos con el gran amigo (QEPD) Ángel Fuentes Ambriz. Lo que usted expresa ahora es un ideal muy legítimo, muy positivo, pero fuera de toda realidad en el contexto político nacional y estatal, donde muchos ven solamente por sus intereses personales, sin el menor aprecio por las demandas más urgentes de la sociedad. Le mando un fuerte abrazo”. Javier Medina Loera.

Me respondió así:

Estimado Javier Medina Loera. Te recuerdo con mucho afecto, al igual que a nuestro amigo Ángel Fuentes. Periódico El Informador, a punto de cumplir 100 años, es un diario que pugna por la honestidad política. Lástima que no podamos hablar de una absoluta pulcritud de muchos funcionarios públicos, sin embargo, no debemos perder la fe en el sistema de la democracia aristotélica, la que, como dijo Winston Churchill, es la menos mala. Aunque… Jesús, fue crucificado hace más de dos mil años por una decisión mayoritaria. Ese es el riesgo de una democracia mal entendida. Te saludo afectuosamente. Un abrazo y muchas gracias por tu mensaje”.

Moraleja

Problemas de corrupción tenemos hoy para rato. Sin ir muy lejos, en Jalisco hay cuentas pendientes del gobierno anterior, acusado de un desvío de 7,500 millones de pesos, sin que hasta la fecha se haya aclarado el destino de dichos recursos, que son patrimonio de los jaliscienses.

Por si esto fuera poco, existen denuncias en contra de integrantes del Congreso del Estado, que desde hace por lo menos tres legislaturas se han hecho de la “vista gorda” para aclarar desvíos que son del dominio público. Y más recientemente, hasta en el propio Tribunal de Justicia.

En el plano nacional, ya no se diga, hay asuntos de corrupción o por lo menos de falta de calidad moral no sólo contra altos funcionarios de la Federación, sino también contra varios gobernadores y líderes sindicales ampliamente conocidos.

En conclusión, las palabras del magistrado Cedeño me recordaron cuán lejos estamos de la República que soñaron Platón y Aristóteles hace más de dos mil años.

javiermedinaloera.com

Artículo publicado por la revista Conciencia Pública en su edición del domingo 16 de octubre de 2016.

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Nunca dejemos de ser niños

 

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Aunque ya estemos cargados de años, lo cierto es que nunca dejamos de ser niños; el espíritu infantil, la aventura de la fantasía, surge cuando menos lo esperamos, y ni siquiera nos avisa; es algo espontáneo, sencillo y natural, como son todos los niños.

Toco el tema porque generalmente el hábito de leer se adquiere desde la infancia a través de los cuentos que alimentan nuestra fantasía y que años más tarde nos invitan a seguir leyendo otras cosas, sin apartarnos nunca de aquellas felices experiencias.

A mis casi 70 años de edad, yo todavía busco cada domingo en el periódico la sección de monitos como Educando a papá, Benitín y Eneas, Lorenzo y Pepita, Henry, Ojo Rojo y otros que me recuerdan las historietas de aventuras con las que me inicié como lector: El Llanero Solitario, Roy Rogers, Red Rider, Superman, Batman, El Pájaro Loco, El Pato Donald, etcétera.

Años más tarde seguiría leyendo obras más elaboradas hasta llegar a los clásicos, pero insisto, sin perder el hilo conductor de la fantasía, del ansia de conocimiento e ilustración, que nace con la infancia.

Actualmente sigo amante del cuento como género, me encantan los cuentos, especialmente los rusos, franceses, españoles y desde luego los mexicanos.

Por estos días leo las obras completas de Guy de Maupassant, un extraordinario cuentista francés del siglo 19, si no el mejor, sí uno de los más grandes de la literatura universal. Su capacidad de penetrar en el alma de la gente y en la naturaleza de las cosas no tiene comparación. Muy recomendable.

Vamos a leer porque el saber te hace valer.
javiermedinaloera.com

Artículo publicado por la revista Doña Ofe en su edición de octubre de 2016.

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La serenidad de Morelos

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Don José María Morelos y Pavón.

Este 22 de octubre celebramos el aniversario de la Constitución de Apatzingán, promovida por don José María Morelos y Pavón, gran estadista mexicano que dio muchos ejemplos de verdadera entrega a su país y a su gente. El periodista veracruzano Eduardo Zárate narra una interesante anécdota que vale la pena recordar:

Durante la Guerra de Independencia el señor Morelos recibió una carta suscrita por un amigo suyo residente en la Ciudad de México, donde le decía, poco más o menos, lo siguiente: “Sé de buena fuente que el Virrey ha pagado a un asesino para que lo mate a usted; no puedo darle más señas de ese hombre, sino que es muy barrigón”…

Estaba almorzando el héroe cuando recibió esa carta, la leyó atentamente, plegó sus espesas cejas, y en esos momentos se le presentó un individuo de abultado abdomen solicitando que lo admitiese a su lado para prestar sus servicios en pro de la causa nacional.

Lejos de mostrarse preocupado, Morelos recibió sonriente al recién llegado, compartió con él su almuerzo y salió a recorrer el campamento. Por la noche invitó a cenar al forastero y se fue a dormir, no sin antes ofrecerle una cama junto a la suya.

Espantado ante tanta serenidad, el asesino, que realmente iba a serlo, no se atrevió a cometer su crimen y, furtivamente, se fugó.

Al clarear el día se levantó el caudillo, y al notar la ausencia de su invitado, le preguntó a su asistente qué había sido del señor que había dormido ahí.

–“Esta madrugada, muy temprano, ensilló su caballo, montó y se fue”, respondió el soldado.

Entonces, el Generalísimo pidió pluma y papel y contestó a su amigo de México: “Le doy mil gracias por su aviso, pero puedo asegurarle que a esta hora no hay en este campamento más barrigón que yo”.

 

javiermedinaloera.com

Artículo publicado por la revista México Rural en su edición de octubre de 2016.

 

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Aprendiendo a leer

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Colaboración del periodista ALFREDO IBARRA RIVAS

Alfonso Alcaraz,  nuevo profesionista en ciencias de la comunicación avanzó con pasos largos y firmes hasta el estrado del auditorio del paraninfo la Universidad de Guadalajara, Jalisco con la encomienda de leer un discurso de agradecimiento.

Pese a la  temperatura graduada muchos de los asistentes transpiraban copiosamente, en parte por el nerviosismo de llegar a conocerse que reprobaron en lectura.

Seguro de su apariencia,  Alcaraz colocó en el atril del anfiteatro de la Universidad de Guadalajara un breve discurso de dos cuartillas agradeciendo a sus maestros y familiares los esfuerzos para que lograra la licenciatura en ciencias de  la comunicación.

Estaba consciente de su limitación en lectura pero sabía encubrirlo  seseando, evitando el sonido claro de las palabras y con grandes silencios.

La arrogancia de sus 25 años y la posibilidad de tomar cursos de capacitación o seminarios en el futuro le concedían la oportunidad de superar esa limitante.

La iluminación se redujo y el conductor del acto dio a conocer el programa mientras el nuevo profesionista, en su turno, se aventuró en exponer su mensaje.

Resultó  incomprensible, poco claro y viciado por el sonido del micrófono, recursos circunstanciales pero también programados.

Los maestros conocen y reconocen desde hace décadas la incapacidad lectora de muchos de sus estudiantes y los recursos utilizados para disimularlo, tanto que se estima como normal.

Esta deficiencia representa un lastre que difícilmente podrá superarse mientras el estudiante o el profesionista no se empeñe en salvar esa etapa.

Se inculca entre los estudiantes que la lectura es el mejor camino para aprender, sin embargo, como cita José Joaquín Fernández de Lizardi, “no todos quienes leen saben leer”.

Se les dice que se lee para comunicar, para aprender. Es el mejor camino de superación. Los nuevos  period¡stas saben que además del placer que brindan los libros, leer mejora el estado de ánimo, favorece la creatividad, aprovecha el ocio reduce la soledad, eleva la auto estima y la empatía, aumenta la cultura, favorece las condiciones  intelectivas y el razonamiento, permite influir en los escuchas y  faculta el disfrute de uno de los mayores placeres de la vida.

Se reconoce además que es la mejor forma de aprender o mejorar la ortografía, el sistema de puntuación y la sintaxis. Leer es el mejor principio para escribir.

Independientemente de privarse de la mayor aventura, del más grande ejercicio creativo, según dice el escritor Antonio Acevedo Linares se margina a la persona de la capacitación para aprovechar mejor las oportunidades de estudio o de trabajo.

Al comenzar a leer la primera tarea es interpretar los códigos de los participantes –emisor y receptor, y ajustar el lenguaje y el estilo de la contraparte.

La incapacidad lectora puede ocultarse y encubrirse por años a un costo muy alto considerando que la lectura es el principal  factor de aprendizaje.

En el Paraninfo, esa fecha, la entrega de constancia permitió a Manuel gozar uno de los mejores días de su vida.

Con orgullo mostraba el documento probatorio de haber cursado los estudios y al concluir la parte académica, siguiendo la tradición, en la explanada, lanzaba una y otra vez al aire el birrete negro y la carta de pasante en el que destacaba una horrible x, un tache al rubro de lectura.

El documento daba constancia  que no sabía leer.

Situación molesta repetida en muchos de los nuevos profesionistas.

Una decena de sus condiscípulos se encontraban en esta situación y se toleraba por tratarse de un hecho común.

El Paraninfo vestía de gala, muy bien iluminado, como corresponde a  la casa de la cultura en Jalisco, visita obligada de literatos reconocidos, algunos ganadores de premios Nobel, también  estadistas, y gobernantes.

Jóvenes, adultos y aún personas de la tercera edad, familiares y amistades presenciaban la entrega de títulos por fin de curso.

La alegría invadía el ambiente sin afectar la solemnidad del acto académico.

Formando corrillos, los recién egresados comunicaban sus aprehensiones y recordaban que sus maestros les hablaban del placer de leer, de participar de las ideas que, además de satisfacción  habría de mejorar sus condiciones intelectivas, su  estado de ánimo y su imaginación disponiéndolos para tareas de mayor envergadura.

Exponer un pequeño mensaje probaría que la lectura es una asignatura dejada en el olvido.

Con una sonrisa, el viejo maestro Manuel Anguiano se mostraba      satisfecho de que finalmente se reconociera que tenía razón cuando insistía con sus alumnos que aprendieran a leer y, en la medida de lo posible a escribir.

Su posición había sido siempre de crítica porque gran número de profesionistas niegan su incompetencia para la lectura hasta que lo comprueban.

En la primaria recibieron las bases y las afirmaron en la secundaria y preparatoria sin embargo no basta para que lean material de mayor nivel y sobre todo  que lo entendieran.

Más difícil es la lectura de comprensión, que se entienda el mensaje
Sin importar el estilo del escrito.

México ocupa el 48 lugar entre 66 países de la OCDE en comprensión y análisis de lectura de acuerdo con el Instituto Nacional de Evaluación Educativa INEA México registra 5 millones 400 mil connacionales que no saben leer.

Incluso hay 480 presidentes municipales que necesitan quien les informe del contenido de los documentos. En el medio profesional todos conocemos elementos con estas carencias.

Los estudiosos del lenguaje reconocen que el analfabetismo y el analfabetismo funcional son los mayores impedimentos para el desarrollo del individuo y del país.

El analfabeta es incapaz de leer y escribir, en tanto que el analfabeta funcional es capaz de medianamente entenderlo.

Se desconocen los porcentajes de cada grupo pero se acepta que la persona es incapaz de aprovechar las oportunidades que le ofrece la vida de relación.

Una pérdida inmensa para el estudiante y sobre todo para el  país.
¿ cuántos miles de hombres y mujeres se encuentran en esa especie de limbo.

Capital insospechado que de no rescatarse morirá de inanición sin que los recursos destinados por el estado rindan fruto y, lo peor sin que se advierta el enorme desperdicio de recurso humanos y económicos del país.

El asunto, incomprensible en estudiantes y profesionistas que se asumen cultos.

No se reconocen los fallos en su competencia comunicativa que les impide entender y comprender la información que intercambian en su vida diaria.

La ceremonia de titulación implicaba que la mayoría hiciera uso de la palabra. La experiencia fue desastrosa, indigna del centenario inmueble nombrado desde 1937 el centro de desarrollo cultural de Jalisco por antonomasia.

El Paraninfo ha recibido a ganadores de premios Nobel, presidentes de gran número de naciones, científicos, investigadores etc.

Alfonso Colocó tres hojas de texto con  un resumen de su exposición.

Súbele, no se escucha, se escucharon gritos por diferentes lugares.

Preocupado aumentó el tono pero lo único  que logró fue un sonido chillón, agudo, inentendible y molesto.

Intentó corregir el asunto leyendo más de prisa provocando el aumento de las protestas.

Fijó la vista en los amigos que acudieron a escucharlo. Las palabras se negaban a salir, mal articuladas y mochas.

Se escuchaban tal si serrucharan madera o como el recorrido de una carretela halada por caballos en un camino pedregoso y lleno de baches.

La experiencia lamentable de Alfonso no era un accidente, una mala tarde, si no una condición generalizada.

Otros profesionistas le sucedieron en el cadalso en que estaba convertido el atril, más grave que el deficiente control del volumen por pésima modulación fue el desconocimiento de muchas palabras, aún las de uso común resultado de un limitado vocabulario.

La falta de confianza es causa que el ritmo de lectura sea irregular, que se hable a toda prisa, se “coman” palabras o letras se descuide la sintaxis y que se utilicen con mayor frecuencia los barbarismos y los anglicismos y neologismos.

Leer unas cuantas líneas, considerado menos difícil que un mensaje improvisado, llenaba a los nuevos profesionistas de temor.

Alfonso y sus compañeros reconocían que leer es una actividad que requiere de preparación y la suya había sido deficiente.

El problema era y es mayúsculo, la falta de entendimiento provocaba la imposibilidad de aprender.

Varios de sus compañeros le sucedieron en el uso del micrófono y probaron desconocer su uso y una lamentable pobreza del lenguaje, acentuada por el uso y desarrollo creciente de la tecnología.

Esa experiencia  supuso pérdida de tiempo y afectó la imagen del expositor.

La experiencia indica que difícilmente encontrará empleo, e incluso él mismo al no ser capaz de conocer vocablos y exhibir pésima ortografía de la solicitud desistirá de su empeño y aumentará, voluntariamente el número de desempleados.

La falta de capacidad lectora es un desperdicio enorme de personal y de recursos económicos inaceptable en un país con tantas carencias como México.

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Pleitos metropolitanos, ¡Basta ya!

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Quienes definen criterios para el desarrollo de la Zona Metropolitana de Guadalajara, en vez de seguir peleando entre ellos como lo han hecho desde hace más de 40 años, lo que deben hacer es sentarse a platicar para ver cómo resuelven los graves problemas que se han acumulado en todo este tiempo.

En 1974 el crecimiento urbano de Guadalajara había absorbido a los municipios de Zapopan, Tlaquepaque y Tonalá. Desde esa época los urbanistas ya insistían en la necesidad de metropolizar política y administrativamente el área conurbada de Guadalajara por considerar que no había otra forma de garantizar servicios públicos eficientes y oportunos para una ciudad en constante crecimiento.

Problemas multiplicados

En todos estos años, 42 para ser precisos, los problemas crecieron; los fraccionamientos rebasaron la frontera del Anillo Periférico, considerado como el límite de lo que Guadalajara podía regular o controlar, y los conflictos se agravaron en todos los órdenes. Sin embargo, los partidos de diversos signos, alternándose en el poder, se interesaron más en la “grilla” que en atender los problemas de la comunidad. Y siguen en lo mismo.

Seguridad pública, aseo, transporte, atención médica, alumbrado, drenajes, bacheo, áreas verdes, ecología, cementerios y tantos otros servicios que la gente demanda se hicieron cada vez más urgentes sin que nadie pensara en qué ayuntamiento los prestaría. Lo único que la gente exigía y exige a la fecha son servicios oportunos y eficaces, vengan de donde vengan.

Ahora se han agregado más municipios a la Zona Metropolitana, aparte de los mencionados, como Tlajomulco, El Salto, Juanacatlán y Zapotlanejo, con lo cual se multiplican las necesidades de coordinación entre las autoridades municipales, estatales y federales, sean del partido que sean.

Sin embargo, vemos que los políticos se resisten a establecer por lo menos una coordinación mínima en materia de seguridad pública, que es lo más urgente. La seguridad –no debe olvidarse– es la principal función del Estado. Ningún Estado se justifica si no brinda seguridad a la gente. Para nada sirve un gobierno que no garantiza la vida e integridad física de los ciudadanos.

Basta de intereses personales

Lamentablemente vemos que muchos gobernantes, llámense municipales, estatales o federales, lo primero que protegen son sus intereses personales, de grupo o de partido, sin tomar en cuenta las necesidades reales de la sociedad, y en este sentido es como actúan, no en función del servicio público, sino de lo que les conviene.

Entre funcionarios, y más tratándose de diferentes partidos, existen celos, intereses, que muchas veces les impiden tomar acuerdos en favor de la comunidad; van por lo suyo, y punto. Eso la gente lo sabe bien. Pero todo tiene su límite, llega un momento en que los problemas cansan, molestan y ofenden.

Esperemos que ya se piense más en favor de Guadalajara y su zona metropolitana. A los actores políticos de hoy, por muy soberbios que sean, no les queda más alternativa que actuar en función del interés público, porque dadas las graves circunstancias, pueden estar arriesgando mucho más de lo que piensan.

javiermedinaloera.com

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del domingo 9 de octubre de 2016.

 

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Entre amigos no se construyen muros

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Las relaciones entre México y Estados Unidos han sido muy difíciles a través de la historia. Sin embargo, por motivos de vecindad e intereses comunes, los políticos de uno y otro lado de la frontera han buscado fórmulas para resolver diferencias, incluso en los casos más graves como en la guerra de 1847, cuando México perdió más de la mitad de su territorio en manos de su abusivo vecino.

Lo cierto es que en esos tiempos no quedaban muchas alternativas: el total abandono de aquellos extensos territorios por parte del gobierno virreinal español y luego de los primeros gobiernos surgidos de la Independencia mexicana, más ocupados en cruentas luchas intestinas que en defender la soberanía nacional, era evidente.

México, siempre leal
Con todo y los problemas habidos, en 1941 México entró en la Segunda Guerra Mundial, apoyando a Estados Unidos contra Japón. El domingo 7 de diciembre los aviones japoneses habían bombardeado en Honololú la base militar norteamericana de Pearl Harbor, causando graves daños y muertes de militares y civiles. Este dato no lo conoce o pretende ignorarlo el aspirante republicano a la Casa Blanca, Donald Trump, quien basa su campaña en un odio insano a los mexicanos, fuera de toda perspectiva histórica, política, social y económica.

No es concebible tanta ignorancia e ingratitud por parte de un aspirante al gobierno de Estados Unidos, y menos contra un vecino como México, explotado y humillado, sí, pero siempre leal.

Más allá del error del presidente Enrique Peña Nieto al invitar a este candidato, quien no merece ni siquiera la visa de entrada a nuestro país, Trump ha ratificado en todos los foros lo que realmente piensa y ha pensado: su odio absoluto a todo lo que huele a mexicano. Esto no se puede tolerar, porque hemos sido vecinos, con dificultades, sí, como lo son casi todos, pero siempre con un mínimo de respeto, que ese señor no ha demostrado.

Los muros no sirven para nada
En conclusión, Estados Unidos tiene en México a un aliado histórico, y no hay razón alguna para construir muros entre amigos (salvo que ya no quieran tenerlos). Ambos pueblos hemos de respetar la historia, costumbres y tradiciones de cada quien como principio esencial de entendimiento y de paz. Compartimos la geografía, una larguísima frontera, también la historia y muchas otras cosas, y debemos entendernos porque no hay otra opción.

Claro, hay serios problemas como el de la emigración, pero ésta jamás se resolverá con muros. Si hubiera en México un efectivo combate a la pobreza, en el cual también pueden participar las empresas estadounidenses a través de sus inversiones, para crear aquí mayor número de empleos, la emigración hacia el Norte disminuiría en forma considerable.

Los grandes problemas no se resuelven con paliativos, hay que ir al fondo de las cosas, los muros entre naciones no sirven para nada, la Historia lo demuestra ampliamente: Los chinos, por ejemplo, construyeron la Gran Muralla, una de las maravillas del mundo antiguo, dizque para frenar la invasión de los mongoles. Nunca lo consiguieron.

javiermedinaloera.com

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del domingo 2 de octubre de 2016.

 

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