Libros que merecen ser leídos

 

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Imagen de “La Iliada” (Wikipedia).

La vida es corta y no hay que malgastarla en lecturas que no valen la pena. Entre tantos autores y libros que existen en el mundo, hemos de escoger los mejores, y los mejores son los clásicos, es decir, los que han pasado la prueba del tiempo como “La Iliada” y “La Odisea”, de Homero, por decir un ejemplo.

Sin embargo, aparte de los clásicos, hemos de buscar otras lecturas que llenen nuestras necesidades en cualquier oficio que desempeñemos, es decir, si nos dedicamos a trabajos del campo, habrá que buscar lecturas sobre cómo mejorar los cultivos agrícolas y la crianza de ganado, y así por el estilo, en todos las áreas del saber humano hay libros que nos pueden ayudar a mejorar nuestro trabajo.

Tampoco hemos de descuidar las recomendaciones que nos hacen amigos, quienes, al tratarnos en corto, conocen lecturas que pueden ayudarnos; algunas veces hasta nos regalan libros o revistas que ellos han leído y que consideran nos pueden ser provechosas.

A algunos les gusta la novela y la poesía, porque distraen, alejan el aburrimiento, aumentan la creatividad, el vocabulario, la cultura. Sin embargo, para otros, leer esto es una pérdida de tiempo. Lo bueno es que existen muchos géneros literarios para todos los gustos.

Hay quienes prefieren las biografías de personajes o libros de superación personal. En fin, lo importante es sacar el máximo provecho de nuestras lecturas para que éstas compensen nuestra inversión de tiempo y dinero.

Vamos a leer porque el saber te hace valer.
javiermedinaloera.com

Artículo publicado por la revista Doña Ofe en su edición de noviembre de 2016.

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No se dice “ler” sino “leer”

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Hace unos días trascendió en redes sociales la corrección que una niña de primaria hizo al secretario de Educación Pública de México, Aurelio Nuño, cuando le comentó al oído que no se dice “ler” sino “leer”, error aceptado luego por el alto funcionario, quien poco antes lo había cometido pensando que hablaba ante niños con poca ilustración, como generalmente creemos los adultos, pero que con frecuencia resultan más ilustrados que uno.

La reacción inmediata del señor Secretario, además de mandarle una carta y dos libros de regalo a su pequeña profesora, fue minimizar el hecho diciendo que “cualquiera se equivoca”.

Y en efecto, cualquier ser humano se equivoca porque sólo Dios es perfecto. Sin embargo, pronunciar “ler” en lugar de “leer” en boca de todo un Secretario de Educación es un error máximo, porque se trata de la mayor autoridad en materia educativa, quien siempre debe poner ejemplo en el ámbito de su competencia. Y con mayor razón cuando este funcionario exige a los maestros mexicanos una evaluación periódica de capacidad para realizar su labor.

En estas circunstancias, cualquiera diría que el primero en evaluarse debe ser el ministro de Educación, porque se expone al riesgo de que públicamente lo evalúen hasta los niños, como ocurre en este caso, y sobre todo cuando el gobierno y muchos mexicanos estamos involucrados en una campaña para que la gente lea más, ya que somos uno de los países peor evaluados en niveles de lectura.

Nada personal

No se trata, por supuesto, de señalar a nadie en particular, porque seguro estoy que la niña que corrigió al señor Secretario tampoco lo hizo con el afán de ponerlo en ridículo, sino de que tomemos conciencia de que todos nos equivocamos; pero, claro, los errores se miden por el nivel de quienes los cometen, es decir, mal hecho que el ministro justifique su error diciendo que “cualquiera se equivoca” porque obviamente él no es un cualquiera, sino quien debe poner ejemplo de cómo decir las cosas.

Los periodistas, por señalar un caso, frecuentemente cometemos errores en las noticias que damos, pero si somos profesionales de la información, de la comunicación social, no tenemos derecho a equivocarnos tan seguido, porque la gente que nos lee o que nos escucha, confía en nuestro profesionalismo, es decir, que informamos las cosas con propiedad, de acuerdo con las normas del lenguaje, y además con verdad, con altura de miras.

Humildad sobre todo

Igual que los funcionarios, los periodistas, maestros, empresarios, etcétera, hemos de tener la humildad necesaria para ofrecer disculpas ante cualquier error y, desde luego, tratar de corregirlo; esto, aparte de ser tolerantes con quienes no han tenido la preparación necesaria para entender nuestro oficio.

En conclusión, el error es del tamaño de quien lo comete, porque no es lo mismo una falta de dicción o de ortografía en boca de un secretario de Educación o de un periodista profesional que en cualquiera de los muchos ciudadanos que participan en redes sociales, que obviamente saben de muchas otras cosas sobre las cuales algunos de nosotros entendemos menos que nada.

javiermedinaloera.com

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del domingo 27 de noviembre de 2016.

 

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Pobreza: el enorme rezago

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Lástima grande que a cuatro años del gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, apenas se estén buscando las bases estadísticas para luchar contra la pobreza en México.

Hace unos días leímos que “organizaciones de la sociedad civil trabajarán con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) y el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) en la conformación de un grupo especializado para elaborar una metodología más precisa de la medición de ingreso de la pobreza”.

El grupo que se busca conformar incluye a expertos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el Centro de Investigación y Docencia Económica y el Colegio de México.

Esta inquietud por la investigación parte de recientes cambios realizados por el Inegi (supuestamente por motivos políticos) para elaborar las condiciones socioeconómicas de 2015, que impidieron comparar la información del 16 acerca de la pobreza.

No se vale

El Gobierno de México ha contado siempre con los recursos necesarios para medir de manera periódica los índices de pobreza del país, y en consecuencia, elaborar y aplicar los programas para abatirla, pero por lo visto no ha querido hacerlo. La realidad es que más de la mitad de los mexicanos viven actualmente en la pobreza, en muchos casos extrema, y esto no se vale.

¿Qué ha sucedido?: ¿Falta de voluntad política?, en muchos casos, sí; ¿Corrupción?, la estamos viendo. ¿Falta de conciencia social?, También. Pero llega un momento de poner alto a las cosas, y este momento ha llegado para los mexicanos si no queremos ser esclavos para siempre.

Urge un programa nacional

Bien que los académicos y el gobierno se pongan finalmente de acuerdo para establecer las bases con las que debemos medir los índices de pobreza en México y obrar en consecuencia, como se hace ya en muchos países, porque por principio de cuentas hemos de saber cuántos pobres hay en el país, dónde viven, por qué lo son y cómo podemos rescatarlos.

Si no tenemos ni siquiera la base estadística para saber cuántos son los pobres, quiénes son, dónde viven, por qué lo son, etcétera, difícilmente vamos a encontrar la solución al problema.

Bien que algunas instituciones del gobierno y universitarias se preocupen por los pobres; bueno también que atiendan este problema diversos organismos del sector privado y de la iglesia, pero urge en este momento coordinar las buenas voluntades; es indispensable un programa nacional que coordine todas las acciones en contra de la pobreza, y en este programa es necesario incluir a todos los involucrados, obviamente a los pobres.

Por principio de cuentas, hay que saber cuál es la situación real de la pobreza en México, y consecuentemente poner en marcha todo un esfuerzo público, privado y social, bien coordinado, incluyendo desde luego a los diversos sectores de la iniciativa privada, y sobre todo que sea un programa vacunado contra cualquier tipo de corrupción, para ir al rescate de toda esta gente, donde quiera que se encuentre.

 

javiermedinaloera.com

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública.

 

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Y esto apenas empieza…

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Donald Trump.

Ahora sí que, como dicen en mi tierra ante una posible catástrofe: ¡Que Dios nos agarre confesados!, porque ante las amenazas de Donald Trump, presidente electo de Estados Unidos, los mexicanos y muchos otros pueblos no tenemos más opción que encomendarnos a la Divina Providencia. Con todo y ello, no nos vamos a cruzar de brazos.

Es claro que en una democracia como la estadounidense, Trump no se manda solo, y seguramente tendrá algunos contrapesos para no hacer lo que se le pegue la gana, pero ya es motivo de preocupación el saber que más de la mitad de los gringos le han mostrado su apoyo y que muchos de ellos son tan fanáticos, tan alejados del sentido común, que arriesgarán lo que sea con tal de lograr sus propósitos, aunque para ello tengan que sacrificarse ellos mismos y a medio mundo.

¿Manicomio en manos de locos?

Alguien encabezó: “Un loco dirigiendo al manicomio”. Esto parece cruel, pero lo cierto es que Trump dio durante su campaña como candidato presidencial amplias muestras de insensatez, de ignorancia, de locura, desde el momento en que injustamente “la agarra” contra los inmigrantes mexicanos, a quienes acusó de violadores, asesinos y ladrones, prometiendo deportar a todos los indocumentados.

Tal opinión se contrapone a la realidad política, económica, social e incluso histórica de buena vecindad, porque México, pese a los abusos sufridos, ha demostrado siempre solidaridad, amistad y alianza con los Estados Unidos en los más graves conflictos en los que éstos se han visto involucrados como son las dos guerras mundiales del Siglo XX y en muchos otros problemas internacionales.

¡A replantear relaciones!

Con todas las expresiones de deslealtad hechas hasta ahora por el nuevo presidente estadounidense contra su aliado tradicional (cualquiera con un mínimo de inteligencia sabe bien que lo menos recomendable es pelear con el vecino, por débil que parezca, ya que esto es algo tan peligroso como dormir con el enemigo), México se ve obligado ya a replantear relaciones con su vecino.

En primer lugar, las agresiones del prepotente Trump obligan a los mexicanos a tratar de valerse por sí mismos sin esperar nada de los “dizque amigos”, porque al parecer se abre una época en que todos en el mundo van a velar sólo por sus intereses, es decir, como vulgarmente se dice, a rascarse con sus uñas, sin pensar en las consecuencias.

Trump planteó claramente esta perspectiva durante su campaña, sin considerar una grave contradicción: Prometió que deportaría a todos los indocumentados porque estos ocupan los empleos que necesitan sus connacionales. Sin embargo, para combatir la inmigración ilegal mexicana hacia su país se necesita disponer de empleos suficientes en México. Pero Trump también se opone a que salgan capitales de Estados Unidos para invertir en México. ¿Dónde están la congruencia y la buena fe?

Esto constituye un nudo ciego difícil de desatar, a menos que los mexicanos (inteligencia y habilidad no les falta), encontremos la forma de destrabarlo, como sería, por ejemplo, voltear los ojos hacia otras naciones más amistosas.

javiermedinaloera.com

 

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública.

 

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Criminal descuido del medio ambiente

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Lo que ha quedado del Salto de Juanacatlán.

La apatía de mucha gente, desidia y corrupción en el gobierno y el desmedido afán de lucro de no pocos empresarios están llevando a la ruina los recursos naturales de Jalisco, especialmente de sus zonas más pobladas como es el área metropolitana de Guadalajara, donde desde hace 40 años empezaron a registrarse importantes niveles de contaminación en el aire, en el agua y en el suelo, sin que hasta la fecha se hayan aplicado medidas efectivas para contrarrestar su constante deterioro.

En cuanto a la apatía de la gente que no comprende el grave daño que con esta actitud se causa a sí misma y sobre todo a las futuras generaciones, niños y jóvenes que no disfrutarán jamás los paisajes naturales que gozaron sus abuelos, como es el caso del otrora maravilloso Salto de Juanacatlán, encontramos principalmente las raíces de este mal en las graves fallas de la educación pública, que no ha sido capaz de formar conciencia entre la población acerca del cuidado que merece el medio ambiente.

Funcionarios ignorantes y corruptos

Por su parte, los gobernantes comodinos, ignorantes y corruptos contribuyen también en gran medida a este problema al no mostrar la más mínima voluntad de aplicar siquiera las leyes existentes para la preservación de los recursos naturales; esto lo vemos muy claro en el caso del otrora transparente Río Santiago, que siempre fue creador de vida y no de muerte como lo es ahora. Obvio que existen intereses económicos de por medio que alimentan el avance de tan gravísimo mal.

No sólo es el gobierno, también llevan su parte de responsabilidad muchos empresarios que con tal de ganarse unos pesos más, arrojan al río, al aire y al suelo infinidad de peligrosos contaminantes provenientes de sus fábricas, logrando de alguna manera que burócratas y políticos se hagan de la “vista gorda” para encubrir su criminal actitud.

La última agresión ambiental

Para colmo de los males, la prensa local acaba de informar sobre el Presupuesto de Egresos de la Federación para 2017, que etiqueta más de 80 millones de pesos para la construcción del proyecto geotérmico del bosque de La Primavera en el campo “Cerritos Colorados”, donde la Comisión Federal de Electricidad tiene proyectado iniciar la generación de energía eléctrica a partir de noviembre de 2018.

Sobre este asunto, el Instituto de Derecho Ambiental (Idea), que dirige la investigadora de la Universidad de Guadalajara, Raquel Gutiérrez Nájera, prepara un amparo para frenar legalmente tal proyecto, puesto que ocasionaría graves daños al bosque, de por sí ya bastante reducido y deteriorado, no obstante representar el principal pulmón de oxígeno de que disponen los habitantes de esta zona metropolitana.

Ojalá que el Gobierno de Jalisco asuma a la mayor brevedad, y con la energía que el caso amerita, la responsabilidad que le corresponde en la defensa de los intereses vitales de los jaliscienses, porque del Gobierno federal, como hemos visto, ya es poco, por no decir nada, lo que podemos esperar.

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública.

javiermedinaloera.com

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El perdón de los arrepentidos

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San Pedro en un acto de contrición. Goya (Wikipedia).

En nuestros días se ha puesto de moda, tanto en la vida pública como privada, pedir perdón por errores cometidos en el remoto pasado y en el reciente: han usado este recurso los últimos Papas y hasta gente sin la más mínima calidad moral como lo es, por mencionar un caso, el candidato republicano a la Presidencia de Estados Unidos, Donald Trump.

El problema es que, si bien, pedir perdón por algo que se hizo mal, aunque no sea uno el directo responsable, significa un “mea culpa”, un acto de contrición, un arrepentimiento por algo que nunca debió ser, este recurso no les sirve para nada a las víctimas del agravio cometido, sobre todo si éste fue fatal, es decir, que haya ocasionado su muerte o un grave trastorno en su integridad física o moral.

El gran pensador francés Miguel de Montaigne, del siglo 16, dijo en una ocasión que los reconocimientos sólo son útiles a quienes los reciben en vida, porque después de muertos no les sirven para nada. Él hablaba de éxitos, obviamente, pero en esta misma lógica yo agregaría los errores o fracasos, porque reconocer un agravio y pedir perdón por él, si éste ha causado un daño irreparable a alguien, tampoco le sirve para nada.

Cinismo y desvergüenza
Así las cosas, vemos que muchas veces existe hipocresía, superficialidad, en quienes recurren al perdón cuando saben que algo hicieron mal, ya se trate de instituciones o de personas. Claro está que quienes piden perdón buscan invariablemente limpiar su imagen, su trayectoria ante la opinión de los demás, pero insisto, esto de nada les sirve a las víctimas, sobre todo si el daño no se puede reparar.

Es importante, claro, pedir perdón si ello conlleva el compromiso de no volver a cometer los mismos errores; en este campo habría que considerar las declaraciones del Papa, de los pecadores verdaderamente contritos, de algunos gobiernos colonialistas de antaño y de tantos otros factores de poder que a lo largo de la Historia abusaron contra la población inerme. Si su intención es no repetir los agravios, algo puede rescatarse en el terreno de los derechos humanos.

La vida, el valor supremo
Sin embargo, la verdad es que hoy día, esto de pedir perdón a las víctimas de una ofensa, así sea remota o reciente, se está tomando por parte de algunos, sobre todo políticos sin escrúpulos, de aquí y del extranjero, como algo de rutina, como si con ello pudieran limpiar su triste y lamentable manera de vivir.

No es así, porque tarde o temprano, la verdad sale a flote. Las cosas son como son y hay que llamarles por su nombre, por crudas que sean. Si hubo ofensa grave a la sociedad o a una persona en particular, hay que admitirla sin subterfugios y afrontar las consecuencias. Si aquello tiene remedio, qué bueno, a corregir y punto, pero si hubo daños irreparables como es la pérdida de vidas, no valen disculpas, porque es la vida el valor supremo de que dispone el ser humano.

javiermedinaloera.com

Artículo publicado por la revista Conciencia Pública en su edición del domingo 23 de octubre de 2016.

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