Tradiciones de Año Nuevo

Así sale el sol en Temastián, Jal.

Al sonar las 12 de la noche del 31 de diciembre, que anuncian el inicio del nuevo año, en muchas partes del mundo se acostumbra comer 12 uvas que representan cada mes del año y al mismo tiempo los deseos por cumplir.

Esta costumbre proviene al menos desde principios del siglo pasado, cuando en Alicante, España, hubo muy buena cosecha y los vitivinicultores decidieron promocionar su producto ofreciéndolo como “uvas de la suerte”. Al paso del tiempo, la práctica se extendió a México y a otros países de habla hispana.

Actualmente, a la media noche, muchas familias se reúnen alrededor de la mesa, y al sonar las 12 campanadas toman las 12 uvas y las comen una a una, relacionándolas con la salud, la fortuna, el amor y sus propósitos de Año Nuevo.

En México, esta tradición se acompaña de una suculenta cena, así como un brindis con el que se agradecen los beneficios recibidos durante el año viejo. Siguen los abrazos y se comparten con los presentes los buenos deseos.

Persisten además otras costumbres antiguas, como es la de barrer las casas hacia afuera para alejar las “energías negativas” o desechar objetos en desuso a fin de abrir la puerta a nuevos proyectos.

Asimismo, algunos visten lencería especial el último día del año. El color depende de lo que están buscando: rojo, pasión; amarillo, atraer dinero; blanco, paz, calma, pureza y armonía; y negro, lujo y dignidad.

En zonas como el Norte de Jalisco, la gente se desvela hasta después de media noche “para ver por dónde sale el Año Nuevo”. Esto tiene el mismo significado que en el resto del mundo: buscar la oportunidad de nuevos proyectos y metas.

javiermedinaloera.com

Artículo publicado por la revista México Rural en su edición de enero de 2017.

 

 

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Entre populismos, ni a cuál ir

 

La palabra populismo deriva de pueblo y significa estrategia de las corrientes políticas que buscan el apoyo popular. La Real Academia Española define el populismo como “tendencia política que pretende atraerse a las clases populares”.

De esta manera, hay populismos de izquierda y de derecha tanto en la política como en la Iglesia, en los grupos económicos y prácticamente en todas los grupos sociales, puesto que “izquierda” significa cambios, renovación, mientras que “derecha” quiere decir “no le muevan, dejen las cosas como están”.

Esto –lo sabemos– tiene sus orígenes en la Revolución Francesa (fines del siglo XVIII), en que los partidarios de los cambios en los parlamentos se sentaban en la izquierda, y los opositores, a la derecha.

Populismo es manipulación
Por lo general, hoy entendemos como populismo una simple demagogia, que en esencia lo es, o sea, la manipulación del apoyo popular para poner en práctica políticas de izquierda o de derecha.

Para ser más claros, en el populismo predominan los conceptos emocionales sobre los racionales, es decir, el oportunismo, alejado desde luego de todo principio de razón, de lógica, de la realidad política y social en que vive la gente.

En las últimas décadas hemos sido testigos de políticas populistas de izquierda y de derecha en el mundo entero.

Hoy nos interesa especialmente el Continente americano.

En América Latina, los gobiernos nacionalistas opuestos a la línea económica y política de los Estados Unidos han sido calificados como populistas de izquierda, especialmente en los casos de Bolivia, Brasil y Venezuela.

Pero en contraste, tenemos ahora el mejor ejemplo de populismo de derecha, que es el propuesto ni más ni menos por el presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, ansioso desde su campaña de granjearse la voluntad popular para implantar políticas de extrema derecha en su país, cosa bastante complicada, ya que enfrenta para ello a la mitad de sus connacionales.

Entre la espada y la pared
El gran problema de México es que se encuentra en medio de esta coyuntura, porque por un lado tiene a los populismos de izquierda, que son los de países hermanos (ya ni siquiera con el liderazgo de Fidel Castro que los apoyaba), y por el otro, el populismo de derecha del señor Trump, que no sabemos en qué vaya a parar.

Difícil, muy difícil para México esta tesitura. Aquí sí que necesitamos líderes, verdaderos líderes históricos que orienten sobre qué hacer y cómo hacer, al estilo de Hidalgo, Morelos, Juárez…, patriotas y sobre todo honrados (si no es mucho pedir), ya que estamos ante una verdadera encrucijada de la que no sabemos cómo salir y de la cual depende nuestra existencia como pueblo libre y soberano.

México tiene muchos recursos naturales, económicos, sociales, culturales, históricos, que podemos aprovechar, pero si no hay quien nos coordine con verdadera honradez, estamos perdidos.

Lo peor que nos puede pasar es que salga ahora un Santa Ana que trate de vender lo que nos queda. ¡Nomás eso nos faltaría!

javiermedinaaloera.com

 

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del domingo 18 de diciembre de 2016.

 

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El rescate de la confianza

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Miles de millones de pesos gasta el gobierno en tratar de ganarse la credibilidad, la voluntad, la confianza de la gente, pero éste es y será un gasto infructuoso, tirado a la basura, si no se acompaña de hechos positivos, de obras y acciones que muestren y garanticen una mejor manera de gobernar en beneficio de la comunidad.

La gente ya no cree en la propaganda oficial, ni en lo que dicen los políticos, sean del partido que sean, porque las palabras, en boca del gobierno, han perdido su eficacia de convencimiento, debido al abuso que de ellas se ha hecho a través de los años.

Es más, hay anuncios oficiales que para muchos resultan hasta ofensivos, porque aparte del evidente despilfarro de recursos, se interpretan como parte de una estrategia para encubrir ineficiencias y corruptelas en diversos órdenes de la vida pública.

Pero no todo está perdido

Sin embargo, claro está que puede rescatarse la confianza en las instituciones, porque siempre queda el recurso de los hechos, o sea, demostrar con obras lo que se dice con palabras.

La gente cree en lo que hacemos, no en lo que decimos: si nuestros hechos contradicen lo que decimos, nadie nos va a creer. Por ejemplo, la descarada corrupción que se manifiesta hoy en todos los niveles de la vida pública no se puede negar con palabras; en este caso nada hay que hacer en el campo de la propaganda, de la publicidad, por muy profesional que ésta sea.

Pero, si por lo contrario, los hechos de la administración pública son positivos, a través de obras y acciones que realmente busquen el beneficio de la sociedad, la percepción de la gente respecto al gobierno puede cambiar de manera positiva.
Es decir, son las obras, las buenas acciones, la mejor manera de convencer a la gente, de rescatar la confianza en las instituciones.

Sólo Dios hace milagros

A través de mi largo oficio periodístico he sido testigo de la suerte corrida por varios jefes de prensa en distintos niveles de gobierno, que fueron despedidos porque “no supieron” cambiar la imagen pública de ciertos gobernantes acusados de corruptos y nepotistas que deseaban aparecer como eficientes y honrados.

En su momento, estos directores de comunicación social argumentaron la realidad, es decir, la imposibilidad de negar con palabras lo que los hechos denunciaban. Y de todos modos los corrieron. Obviamente, sus sucesores tampoco pudieron cambiar esa imagen negativa, porque sólo Dios hace milagros.

Si los gobernantes, los políticos, quieren cambiar su mala imagen ante la sociedad y mejorar su nivel de credibilidad, no tienen otra opción que hacer obras que la gente juzgue realmente benéficas, y dejarse de anunciar cosas en las que nadie cree y que representan desde luego un gasto innecesario, infructuoso, contrario a lo que entendemos como una administración eficiente y honrada de los recursos públicos.

Claro, todas las instituciones públicas y privadas deben difundir lo que hacen, aquí y en el mundo entero, pero que sea con la verdad, no con mentiras.

javiermedinaloera.com

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública.

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El Estado no es una empresa, Sr. Trump

Por lo visto hasta hoy en los pronunciamientos del presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, todo indica que busca dirigir el Estado como si fuera una empresa mercantil (falta ver sus acciones y hasta dónde lo dejan llegar), pero si es ésta su verdadera intención, puedo asegurar que está totalmente equivocado, y por supuesto auguro el fracaso absoluto de su gobierno.

Por principio de cuentas, una empresa capitalista, que conoce usted muy bien, porque a ello ha dedicado su vida entera, busca siempre el lucro, la utilidad, legal o ilegal, aunque sea con el pretexto de “beneficiar a los trabajadores”, mientras que el Estado, todo lo contrario, procura el bien común, el servicio público, sin afán de lucro, al margen de pérdidas o ganancias, de suerte que a partir de este concepto hay una diametral diferencia de objetivos entre lo que usted sabe hacer y lo que el gobierno de los Estados Unidos y de cualquier otro país del mundo, necesita.

Prueba contundente de que usted busca gobernar a los Estados Unidos como una empresa privada son los nombres escogidos como cercanos colaboradores, alejados casi todos de la actividad política, pero muy cerca de los negocios privados.

Cansados de política
Para entender el fondo de esta cuestión, consideremos que la gente, en México y en el mundo entero, está realmente cansada de los políticos oportunistas que únicamente velan por sus intereses personales y de grupo, sin atender en lo más mínimo las exigencias de la comunidad. Esto ocurrió seguramente durante la reciente elección presidencial en su país, donde los ciudadanos, cansados de los políticos, se inclinaron por el lado contrario, quizás con la mejor intención, pero, claro, sin advertir las terribles consecuencias.

Realmente la política no es mala, la hemos hecho mala, porque partiendo del concepto aristotélico de los tiempos clásicos, la política es un instrumento para buscar el bien común, es decir, para servir a la gente, no para servirse de ella, que es lo que han hecho la mayoría de los políticos de aquí y de muchas partes de la Tierra.

Rescatar el principio
Por lo tanto, en nuestros días es preciso rescatar el principio del bien hacer en cuestión política. Esto es lo ideal, pero sin irse al extremo contrario, que es el interés puramente privado, particular, sin tomar en cuenta la armonía de la comunidad nacional e internacional. Esto es muy peligroso para su país, para el mundo y para usted mismo, señor Trump.

La política es una antigua y noble profesión si se sabe ejercer con honradez, como lo han hecho a través de la Historia notables personajes, aquí y en el mundo entero.

Cambiemos a los políticos, si es necesario, pero no la política, que es y seguirá siendo poderoso instrumento de progreso y desarrollo social. Y se lo dice alguien que no es, ni quiere ser político.

En conclusión, señor Trump, que cada quien se dedique a lo suyo: el político a servir con honradez al pueblo, y el empresario a crear empleos. No confundamos las cosas.

javier,medinaloera.com

 

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del domingo 11 de diciembre de 2016.

 

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Cambió la técnica, pero no la ética

Hace tiempo publiqué en mi página web un mensaje referente al uso de las redes sociales que causó revuelo; dio pie a numerosos comentarios de gente de todas las edades y condición social sobre este maravilloso fenómeno de comunicación, que gracias a la tecnología moderna vivimos las actuales generaciones.

Mi mensaje señalaba:

“Quiero decir algo que considero importante: lo básico, fundamental de las redes sociales es la correspondencia entre las personas que se relacionan entre sí, de suerte que si tú pones un “like” en los mensajes de la gente que te interesa, pero ellos nunca contestan a tus propios comunicados, quiere decir que no les importas. Mala señal. ¡Pero aguas con el concepto!, porque también puede suceder que la gente a la que te diriges no sabe cómo contestarte. Lo cierto es que en esta era de Internet estamos aprendiendo todos. Prudencia, tolerancia, también malicia, es lo que su amigo les recomienda”.

Esto motivó gran número de comentarios sobre la corresponsabilidad en las relaciones humanas, la utilidad de las redes, el buen y mal aprovechamiento de las mismas, la falta de pericia en su manejo (que frecuentemente se confunde con la falta de interés por los mensajes de amigos o contactos), la selección de amigos, el respeto a los demás, que nunca debe perderse, y otros aspectos.

Al ver tan amplia respuesta, que rebasó con mucho mi inquietud original sobre la correspondencia que debe existir en redes sociales, como en cualquier otra relación humana, sentí desde luego el cambio social tan importante que hoy vivimos y que ni idea tenemos en dónde pueda parar, porque es un fenómeno mundial en el que se mezclan infinidad de culturas para cuya comprensión quizás no estemos preparados.

Por principio de cuentas, y volviendo a mi preocupación inicial, he de insistir en que la correspondencia en redes sociales, como en cualquier otra relación humana a la que estemos habituados, debe prevalecer siempre, es decir, responder a cualquier mensaje que te envían, por lo menos con un “like” (para saber que estás enterado), mostrar siempre respeto y atención a los demás; si no estás de acuerdo con algo, exponer tus mejores argumentos y evitar obviamente cualquier insulto que sólo demerita a quien lo expresa.

En otras palabras, la comunicación en redes sociales no tiene por qué ser diferente a la que estamos habituados en la vida real. En este sentido, me parece absurdo, por no decir brutal, cobarde, que algunos expresen en las redes lo que no se atreven a decir cara a cara, en persona. En cuanto a valores éticos, la comunicación social es y ha sido la misma; la urbanidad y la educación no han cambiado, sólo cambió la técnica para expresar nuestras ideas.

javiermedinaloera.com

Artículo publicado por la revista Portada de México en su edición de noviembre de 2016.

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La Flor de Nochebuena

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La Flor de Nochebuena, que alegra los días de Navidad, es uno de los grandes regalos de México para el mundo, pues esta maravillosa planta es originaria de nuestro país, muy apreciada desde tiempos de los aztecas. Fue cultivada esmeradamente en los selectos jardines de Netzahualcóyotl y del emperador Moctezuma.

Los botánicos la describen como un arbusto de hojas grandes, ovales, pálidas por la parte interior; la adornan brácteas de un hermosísimo color rojo encendido, por lo que su extraordinaria belleza y alto valor decorativo le han valido gran popularidad en el mundo entero.

Parece ser que esta flor es originaria de Tasco. Por lo menos de ahí la tomaron los padres franciscanos que vinieron de España en el siglo 16, para adornar el Santo Pesebre en los días de Navidad, ya que la flor era para los indios símbolo de renovación. Su nombre, “Cuetlaxochitl”, quiere decir “flor que se marchita”, pero que renace.

El botánico Juan Balme afirma que esta planta abundaba en los lomeríos de Tasco y en las colinas del Valle de Cuernavaca. Desde tiempos inmemoriales los indígenas obtuvieron de ella, por molienda, cocimiento y filtración, un colorante de tonos encendidos, que teñía de púrpura y amaranto las fibras del algodón. Además, del zumo de la planta, parecido a la leche, sacaban sustancias curativas para la fiebre.

Al iniciarse la vida independiente de México, en el siglo 19, llegó como embajador de Estados Unidos el señor Roberto Poinsett, funesto para nuestro país durante el período en que perdimos más de la mitad del territorio nacional en manos del vecino. Sin embargo, tuvo el tino de apreciar la Flor de Nochebuena y de darla a conocer en su país y en el mundo.
javiermedinaloera.com

 

Artículo publicado por la revista México Rural en su edición de diciembre de 2016.

 

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Breve reflexión sobre Fidel Castro

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Recién ha muerto uno de los más grandes líderes políticos del mundo contemporáneo: Fidel Castro Ruz, muy controvertido por su ideología y prácticas de poder en Cuba.

A raíz de su muerte se han publicado infinidad de opiniones, unas en favor y otras en contra, pero coincidentes todas en que este hombre pasó por el mundo dejando una profunda huella, difícil de borrar.

Hay quienes cuestionan su brutal dictadura, que llevó al sacrificio a muchos de sus compatriotas a partir de la revolución que hace 60 años derrocó a otro dictador tan tirano como él. Para unos fue terrible injusticia que Fidel recurriera al asesinato para librarse de sus enemigos, así como a la supresión de libertades individuales. Sin embargo, otros lo justifican diciendo que esto era necesario para implantar una sociedad más justa. Cuestión de enfoques.

Hombre de extraordinario carácter

Lo que nadie puede negarle a Castro, al margen de cualquier ideología, es su extraordinario carácter, capaz de vencer las más grandes dificultades con tal de cumplir sus propósitos revolucionarios, cosa que muy pocos en el mundo han logrado (el “Che” Guevara, por ejemplo, se quedó en el camino, igual que muchos otros).

Prueba irrefutable de este carácter fue enfrentarse día tras día al país más poderoso de la Tierra, Estados Unidos, su vecino, cuyo gobierno no cedió un solo instante en su afán de eliminarlo por encabezar una doctrina política y económica contraria a sus intereses. Recientemente hicieron las paces, pero al parecer esto no durará mucho tiempo; la lucha sigue.

La democracia tampoco satisface

Respetables las opiniones de quienes se oponen a cualquier dictadura (yo entre ellos), porque la democracia, como dijera el ministro inglés Winston Churchill, es lo menos malo que tenemos. Sin embargo, vemos que tampoco este sistema político ha dado hasta hoy los resultados esperados. En nombre de la democracia se han cometido abominables crímenes que, como dijera don Quijote, “vale más no menealle”.

Lo esencial es reconocer que todos los seres humanos somos diferentes, ya que partimos de una gran diversidad de ambientes naturales, culturas, historias y costumbres. Y a partir de este concepto, no queda otra alternativa que ser tolerantes, respetuosos con las formas de vida que otros pueblos han escogido.

Desde la cuna misma de la civilización occidental, Heródoto, el Padre de la Historia, nos da una gran lección cuando dice que tras de haber recorrido el mundo de su tiempo, encontró que unos pueblos enterraban a sus muertos, otros los incineraban y algunos más se los comían. Sin embargo, dijo, hay que respetar a todos, porque el respeto a los demás es principio básico para mantener la paz y la concordia.

Y claro, hay formas muy diferentes de pensar: en Cuba tenemos un caso, pero hemos de ser respetuosos con la ideología, historia y manera de ser de este pueblo hermano tan querido, que a más de 60 años de revolución habrá de encontrar el camino para alcanzar el desarrollo en libertad, máxima aspiración humana.

javiermedinaloeracom

Artículo publicado por el semanario Concienia Pública en su edición del domingo 4 de diciembre de 2016.

 

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María Enriqueta y su amor por la lectura

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María Enriqueta Camarillo, gran promotora de la lectura en México, nació en Coatepec, Ver., el 19 de enero de 1872. Los primeros años de su infancia transcurrieron en su ciudad natal. Empezó a escribir a los seis años de edad, y a los siete se trasladó con su familia a la capital del país, lo que le permitió cultivar sus talentos.

Ahí ingresó en el Conservatorio Nacional para cursar la carrera de pianista; dio conciertos, audiciones, clases de música y compuso algunas piezas musicales, aunque siempre prefirió dedicarse a la escritura.

Desde los 22 años comenzó a colaborar en revistas y periódicos. Luego se casó con el historiador Carlos Pereyra. Sus primeros años de casados los vivieron en la capital del país y durante ellos María Enriqueta publicó sus primeros libros con poemas que la hicieron famosa.

A principios de 1912, escribió una serie de libros de lectura para las escuelas primarias, que tituló “Rosas de la infancia”. Esta colección fue implantada por la Secretaría de Educación Pública como libro de texto para todas las escuelas primarias del país; varias generaciones de mexicanos se acercaron a la literatura en sus páginas; para todos ellos el nombre de María Enriqueta es inolvidable.

Al morir su esposo, que era diplomático y viajaba mucho, María Enriqueta regresó a su patria y se instaló en la Ciudad de México, donde murió enferma, ciega y sola, a los 96 años. Pero hoy sigue siendo recordada con mucho cariño por todos aquellos que aprendimos a leer en sus “Rosas de la Infancia”.

Vamos a leer porque el saber te hace valer.

Artículo publicado por la revista Doña Ofe en su edición de diciembre de 2016.
javiermedinaloera.com

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Sor Juana, admirable mujer

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Siempre he sentido una gran admiración por Sor Juana Inés de la Cruz, nacida el 12 de noviembre de 1651 en la hacienda de San Miguel Nepantla, Estado de México.

Su verdadero nombre fue el de Juana de Asbaje y Ramírez. Era una mujer muy inteligente; a los tres años de edad ya tomaba clases de primeras letras en Amecameca, y a los ocho quiso ingresar a la Universidad de México.

Gracias a su belleza y talento llegó a ser Dama de Honor de la Virreina Doña Leonor María Carreto, marquesa de Mancera, y antes de cumplir los 16 ingresó al Convento de Santa Teresa la Antigua, y luego al de San Gerónimo en el que vivió hasta su muerte acaecida en 1695.

La obra de Sor Juana comprende la poesía lírica, dramática, alegórica, sacra, festiva y popular.

Entre sus obras destacan: “Los empeños de una casa”, “Amor es más laberinto”, “Poemas de amor profanos son”, “Romanos de la ausencia” y “Las Liras”. Sus sonetos comprenden: “A la rosa”, “Detente sombra” y “A la muerte del duque de Veragua”.

Pocas mujeres mexicanas promovieron tanto los derechos de la mujer como Sor Juana, en una época en que hablar de derechos era una herejía.

Esta extraordinaria mujer se adelantó tanto a su tiempo que fue hasta los años 50 del siglo pasado cuando se concedió a las mujeres mexicanas el derecho a votar y ser votadas.

En una carta, llamada “Respuesta a Sor Filotea de la Cruz”, escrita hace más de 300 años, Sor Juana sostiene el derecho de disentir y se declara en pro de la cultura de la mujer mexicana. ¡Qué belleza!

javiermedinaloera.com

 

Artículo publicado por la revista México Rural en su edición de noviembre de 2016.

 

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