El respeto en redes sociales


Hace unos días, amigos míos se enfrascaron en mi página de Facebook en un altercado en el que salieron a relucir ofensas personales ajenas por completo al tema que se discutía. Con este motivo publiqué en la misma página un breve comunicado para aclarar mi posición, porque incluso uno de ellos me advertía: “Bloqueame si quieres”, pero este tal por cual…, etcétera. Respondí así:

“A todos mis contactos, que considero amigos: En mi condición de periodista, no puedo bloquear a nadie por su opinión, porque la libertad de expresión es un principio básico universal, pero me duele que falten al respeto a los demás. Si no están de acuerdo con algo, por favor exprésenlo con fundamentos sólidos, serios, creíbles, porque si no es así, si recurren al insulto, a pesar mío se pondrán en ridículo. Acuérdense que miles de personas, en su mayoría inteligentes, nos están leyendo y saben quiénes somos. No nos expongamos. Un gran saludo”.

Nunca esperé tan amplia respuesta de los lectores, ya no digamos de mis amigos, a este breve mensaje; cientos de ellos se comunicaron conmigo para expresar su acuerdo con el concepto.

La gente está harta de violencia
Lo cierto es que hoy la gente, particularmente los mexicanos, estamos hartos de violencia. Y ésta, habrá que recordarlo siempre, empieza con palabras, con el lenguaje. Todos fuimos niños y recordamos los pleitos en la escuela o en la calle, que siempre empezaron con ofensas personales, alentadas por los que sólo querían ver sangre: “¡Tu madre!”, “¡La tuya!”, etcétera. No hay violencia física que no comience con una comunicación equivocada.

De ahí que debamos cuidar lo que decimos verbalmente o por escrito, porque esto tiene consecuencias. En el mundo de Internet parece muy fácil sentarse ante la computadora y decir todo lo que se nos ocurre, sin pensar en el impacto social, en los posibles resultados.

Prudencia, tolerancia y respeto
En estos tiempos de intensa comunicación entre las más diversas culturas del país y del mundo, no nos queda otra opción que ser prudentes, tolerantes, respetuosos con los demás, sobre todo si ni siquiera sabemos quiénes son, porque es un gran error ofender al prójimo, pero es peor hacerlo sin conocerlo.

Este principio no es otro que el ya repetido infinidad de veces por los grandes pensadores de la Humanidad: Herodoto, Confucio, Jesucristo y otros muchos. “No hagas a otro lo que no quieras para ti”. Es decir, si quieres ser respetado, respeta.

El problema es que en estos tiempos de Internet pensamos con frecuencia que se vale insultar a cualquiera, simplemente porque hay manera de hacerlo. En un mundo tan grande nos encerramos, sin embargo, en uno muy pequeño, creyendo que los derechos humanos, la libertad de expresión, etcétera, nos protegen, pero no es así.

Las redes sociales facilitan la comunicación, pero no borran los principios básicos de educación, urbanidad, el respeto que debe prevalecer siempre entre las personas de cualquier nacionalidad y condición, en base a viejos valores que no pasan de moda.
javiermedinaloera.com

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del domingo 29 de enero de 2017.

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La astucia de don José

 

Puesta de sol en Chapala, desde Riberas del Pilar.

Don José Martínez es un viejo jardinero de Chapala, dedicado desde hace 40 años a cuidar los jardines de las casas, pero no sólo pone atención en las plantas, sino también en las personas y además en las mascotas que por ahí habitan, como son los perros, numerosísimos en una región donde igual abundan los ladrones.

Resulta que en reciente ocasión, en una de las fincas que atiende don José, observó que a la perra favorita del dueño, “La Milenka”, de pura raza siberiana, le daban desmayos, convulsiones, pero sin mayores consecuencias, ya que en dos o tres minutos se reponía.

Sin embargo, don José, preocupado por la suerte del animalito, fue a consultar al veterinario, quien diagnosticó posibles ataques epilépticos, para lo cual recetó un tratamiento: debía darle cada día a la perra una pastilla, pero como los caninos son muy listos para detectar algo que no deben probar, le recomendó que comprara un paquete de salchichas, y que todos los días abriera una, introdujera en ella la pastilla y se la diera a comer.

Así lo hizo el jardinero, pero sin buen resultado, ya que pronto se dio cuenta que la perrita, con ese súper olfato que tienen los caninos, olía la salchicha con mucha precaución, la sacudía, arrojaba la pastilla y luego se comía tranquilamente la salchicha.

Esto le recordó lo que ya había visto en otros perros de la misma zona, a los cuales los ladrones pretendían matar poniéndoles vidrios dentro de tortas bien surtidas de carne, pero los caninos, nada tontos, apartaban los vidrios y se comían solamente los “lonches”.

“Ahora lo verás”, pensó don José
Tantos años en el oficio de trabajar con plantas y animales le dieron a don José la clave para hacer que la tal “Milenka” se tomara la medicina sin mayor escrúpulo, y fue así como se compró un litro de leche, vació parte de él en una cazuela, trituró en ella la pastilla recetada por el veterinario y se la dio a beber a la perra, que luego la consumió con el mayor placer; así lo ha hecho diariamente sin problema alguno durante meses, al punto de que “Milenka” no ha vuelto a tener convulsiones.

Talento mexicano

La moraleja de esta historia que, aunque parece cuento, es totalmente verídica, consiste en que los mexicanos dedicados a su oficio desarrollan con el tiempo tanta habilidad para superar cualquier problema que se les presenta, que sorprenden muchas veces incluso a especialistas en la materia.

En el caso de don José, vemos que no sólo rebasó por su cuenta la indicación del veterinario, sino también el instinto natural de la perra, que no tuvo más opción que tomarse la medicina.

Como este caso he visto muchos otros, de mexicanos con talento natural, lo que quiere decir que no andamos tan mal como algunos creen. Desde este punto de vista, el nuevo presidente de Estados Unidos, Donald Trump, puede repatriarnos ya a todos los paisanos que quiera.

javiermedinaloera.com

 

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del domingo 22 de enero de 2017.

 

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Justo reconocimiento a México

Raymond Mabus (Wikipedia)

Me llamó la atención la declaración hecha por el secretario de Marina de los Estados Unidos, Raymond Mabus, cuando en su reciente visita oficial a México, a unos días de que termine el gobierno de Barack Obama e inicie la era de Donald Trump, afirmó que su país no tiene un socio de mejor calidad y más leal que México.

Este hombre –entendí–, conoce la historia mejor que muchos, porque a diferencia de la mitad de sus connacionales, liderados ahora por Trump, sabe que México ha sido el mejor aliado y socio de los Estados Unidos, y que no es posible cambiar esta historia de la noche a la mañana; cualquier intento de cambiarla sería peligroso para ambos países, porque se sustenta en hechos reales.

“No tenemos ningún socio de mejor calidad, no tenemos ningún amigo mejor, no tenemos ningún aliado que sea mejor, ni nada igual que el pueblo mexicano y la Armada de México”, dijo textualmente el ministro estadounidense.

México ha sabido ser amigo
Y en efecto, tanto en las buenas como en las malas, México ha demostrado a los Estados Unidos que sabe ser buen vecino, no obstante los agravios recibidos durante tantos años, sobre todo cuando en el siglo XIX nos arrebataron más de la mitad del territorio nacional.

Sin embargo, durante la Primera Guerra Mundial, nuestro país apoyó a los vecinos contra los alemanes, y también en la Segunda: en cuanto México se dio cuenta de la invasión a Pearl Harbor, por los japoneses, entró en la guerra al lado de su vecino.

Ya daré cuenta de la reacción que esto tuvo en Guadalajara, la capital de Jalisco, que según parece es principal afectado por las deportaciones que pretende el Sr. Trump.

No hay duda de la lealtad de México a los Estados Unidos en los peores conflictos en que se han visto envueltos. Por eso extraña el odioso discurso de Trump contra los mexicanos durante su campaña electoral; ni idea tenía ni tiene de quiénes somos. Si persiste en su actitud, ahora como presidente, entenderá una realidad que no le gustará mucho, ni le va a costar poco.

Fortalecer la relación, lo que conviene
Atento a esta circunstancia, Raymond Mabus sostiene que el fortalecimiento de la relación bilateral debe continuar, puesto que no sólo es importante para ambos países, sino para el mundo entero.

Lo fundamental, dijo durante su visita a México –nada casual–, es continuar el fortalecimiento de la relación bilateral.

Vamos a ver, en principio, cómo actúa el gobierno de Estados Unidos, con Donald Trump al frente, a partir del próximo 20 de enero. La perspectiva no es fácil para los mexicanos, pero tampoco para el gobierno vecino, porque entre sumas y restas, quién sabe cómo nos vaya a ambos.

Por lo pronto, me sumo al criterio de Raymond Mabus, de que es mejor seguir como amigos y socios, porque en vista de los peligros que acechan en diversas partes del mundo, “vale más no menealle”, como dijera el muy ilustre Don Quijote de la Mancha.
javiermedinaloera.com

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del 7 de enero de 2017.

 

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José Vasconcelos, gran promotor de la lectura

Originario de Oaxaca, José Vasconcelos (1882-1959) es uno de los grandes educadores de México, promotor como pocos, de la lectura, principalmente entre la juventud.

Fue rector de la Universidad Nacional y secretario de Educación Pública, donde realizó un ambicioso proyecto de difusión cultural, con programas de instrucción popular, edición de libros y promoción del arte y la cultura.

Su objetivo era integrar a México de manera más amplia en los grandes cambios que siguieron al fin de la Primera Guerra Mundial.

Vasconcelos hizo de los maestros rurales un ejército de paz y de cada profesor, según sus propias palabras, un “apóstol de la educación”.

Al trabajo de los maestros sumó el apoyo, nunca antes visto en México, de la edición masiva de algunas de las más grandes obras del pensamiento occidental, que se distribuyeron por todos los rincones del país, dentro de lo que él mismo llamó “Misiones Culturales”.

No escatimó apoyos a los artistas e intelectuales a través de programas que promovieron la expresión cultural, de donde surgieron muralistas de la talla de David Alfaro Siqueiros, José Clemente Orozco y Diego Rivera.

Fue asimismo director de la Biblioteca Nacional, miembro correspondiente de la Academia Mexicana de la Lengua y miembro fundador del Colegio Nacional.

Entre sus obras destacan “La Raza Cósmica” (1925), “Ulises Criollo” (1935), “La Tormenta” (1936), “El Desastre” (1938) y otras.

Sin duda, un mexicano fuera de serie, a quien muchos debemos el gusto por los autores clásicos.

javiermedinaloera.com

 

Artículo publicado por la revista Doña Ofe en su edición de enero de 2017.

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El Ejército, ¿sólo en los cuarteles?

En las últimas semanas se ha planteado en redes sociales algo fundamental: ¿Debe el Ejército mexicano encerrarse en sus cuarteles o atender también las necesidades de seguridad pública que agobian al país?

Tal controversia la originó un pronunciamiento del secretario de la Defensa Nacional, al señalar que las fuerzas armadas de México deben volver a sus cuarteles, puesto que cuando actúan en las calles han encontrado la frecuente oposición de ciudadanos que sienten lesionados sus derechos humanos.

El presidente Enrique Peña Nieto respondió que el Ejército seguirá en las calles mientras no existan garantías de seguridad, lo cual es correcto porque él comanda las Fuerzas Armadas, es su Jefe máximo, y seguramente ve un riesgo para la seguridad nacional, cuya salvaguarda está constitucionalmente en manos del Ejército.

Preparados para la guerra
El problema es que, en efecto, los soldados han sido preparados para la guerra, en este caso la guerra contra el narcotráfico que declaró el expresidente Felipe Calderón y que se supone no ha terminado.

Sin embargo, tiene toda la razón el secretario de la Defensa cuando afirma que la seguridad pública no es una función del Ejército, sino de las policías nacionales, estatales y municipales, que, por lo visto, no han podido cumplir con su obligación.

Es obvio, en este caso, que falta capacitación, adiestramiento, motivaciones, estímulos, para las policías federales, estatales y municipales.

Difícil problema
Lo grave del caso es que la inseguridad pública persiste y crece en diversas zonas del país, lo que pone en riesgo no solamente la integridad de las personas sino también la seguridad nacional que involucra a la república entera.

En esta tesitura, la intervención del Ejército en las calles está justificada, porque no sólo se trata de salvaguardar la seguridad de los individuos, sino también la del conjunto social de estados y municipios.

Un cambio de objetivos nacionales e internacionales, por ejemplo, la legalización de las drogas, como ya se está considerando en los Estados Unidos, podría cambiar radicalmente la situación en México, porque ya no tendría sentido alguno esta guerra tan absurda, que no resuelve nada y que sólo aporta dividendos a unos cuantos.

Y digo tan absurda porque al fin de cuentas la gente hace lo que quiere: si les gusta consumir drogas, nadie se los va a impedir. La solución real está en la educación de la familia. Educar a los hijos en valores es la mejor inversión, pero en esto no se ha preocupado mucha gente y menos el gobierno.

javiermedinaloera.com

 

Artículo publicado por la revista Portada de México en su edición de diciembre de 2016.

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