La Iglesia y la política

El Papa Francisco.

Ahora que se inicia el ciclo sexenal para la renovación de los poderes políticos de México, es oportuno recordar lo que al respecto dicta la doctrina social de la Iglesia Católica, que es la de mayor influencia en el conjunto del electorado nacional.

En primer lugar, es necesario tener en cuenta el pensamiento que sobre el particular ha reiterado en diversas ocasiones el Papa Francisco, quien recomienda a los fieles “entrometerse” en la actividad política, ya que lo contrario no es un buen camino.

La política –asegura el Papa–, es una de las formas más elevadas de la caridad, porque sirve al bien común, y ante esta grave responsabilidad –agrega—no se vale lavarse las manos, ya que todos debemos aportar algo.

El católico sí se mezcla en política
Cuántas veces hemos escuchado –dice el Pontífice—que el católico no se mezcla en política, y esto no es verdad, no es buen camino, porque hay que participar dando lo mejor de sí para que los gobernantes puedan gobernar bien.

Tenemos la costumbre –apunta—de hablar mal de los gobernantes y sobre las cosas que no van bien, haciendo énfasis en lo negativo, siempre en contra. Sin embargo, pocos piensan en colaborar con su opinión y con acciones correctivas para bien de la comunidad.

Esta es en esencia la doctrina social de la Iglesia que ha venido promoviendo el Papa Francisco.

Es evidente que cuando él recomienda a los fieles “entrometerse” en política, se refiere desde luego a la buena política, en su concepción clásica, que es la que busca el bien de los demás, no sólo el provecho personal o de grupo.

Proselitismo político
En este contexto, vale la pena aclarar que una cosa es promover la buena política, y otra muy distinta hacer proselitismo en favor de determinado partido, actividad que en nuestro país está limitada para el clero católico y para ministros de otras religiones, en razón de la separación Iglesia-Estado.

Los sacerdotes en su mayoría, no obstante su calidad ciudadana, han tenido el cuidado de acatar la disposición constitucional que les impide declararse abiertamente en favor de tal o cual partido, para no inducir el voto; de paso muestran con ello respeto al credo político de sus feligreses.

Además, la experiencia histórica ha demostrado que cuando los líderes religiosos se apartan de sus funciones para dedicarse a la política militante pueden provocar serios problemas. La Guerra Cristera, por ejemplo, tuvo su origen en el desacato a ordenamientos constitucionales, que si bien eran discutibles, no tenían por qué desembocar en tan grave conflicto.

En conclusión, católicos y no católicos podemos y debemos hacer política durante los meses que se avecinan para lograr la renovación pacífica de los Poderes de la Unión y de los demás niveles de gobierno, sin ánimo de dividir a los mexicanos, pero sí aportando lo mejor de nosotros mismos para que sean los ciudadanos mejor calificados quienes ocupen los cargos públicos, y desde luego apoyarlos en todo lo posible para combatir los grandes males del país.

javiermedinaloera.com

 

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del domingo 4 de junio de 2017.

Share Button

No ven, ni oyen

“Cándido o el optimismo” es el título de una de las principales obras del célebre escritor francés del siglo 18 Francois-Marie Arouet, mejor conocido como “Voltaire”, donde en forma muy sencilla narra las peripecias de quienes en aquel tiempo, y aún en la actualidad, creen que el mundo está arreglado para el bien, no para el mal, y que todo lo que acontece, incluso lo más aborrecible, es para provecho de la Humanidad.

Claro que esta es una de las obras críticas que nunca le perdonaron a Voltaire los jesuitas, ni políticos de todos los tiempos, porque simplemente les llegaba al fondo de la conciencia, si es que la tenían o la tienen. El problema es que Voltaire no vio las cosas color de rosa como las veían y las ven los poderosos, sino que trataba de mostrar que hay muchos aspectos negativos tanto en la sociedad como en el gobierno.

De ahí que vemos hoy a muchos políticos y gobernantes mexicanos, fieles seguidores de la filosofía del optimismo, para los que todo va bien (júzguenlos por sus hechos y declaraciones), es decir, nada de qué preocuparse, porque según ellos vivimos en un país de jauja, en “El Dorado” de Voltaire, donde todo es felicidad, seguridad y justicia, es decir, un paraíso, una isla impenetrable en el universo de la maldad.

Llega a tanto su convicción de que todo es felicidad, donde nada hay de qué preocuparse, que se sienten incluso con la autoridad moral suficiente para lanzarse en contra de los pocos activistas o periodistas que se atreven a levantar la voz contra los peligros del autoritarismo.

Recientemente, un periódico extranjero (¿por qué debe ser siempre la prensa extranjera la que exhiba nuestros defectos?), “The New York Times”¸ publicó que muchos activistas y periodistas mexicanos han sido sistemáticamente espiados por agencias gubernamentales.

Obviamente, el gobierno mexicano se apresuró a desmentir tal noticia, señalando que ha sido respetuoso de la libertad de expresión. El mismo presidente de la República, en visita oficial a Jalisco, reiteró que existe la libertad de prensa, pero al final de su discurso cometió un lamentable “lapsus” (le ganó la pasión). Sin más trámite, ordenó a las agencias de gobierno que se persiga, no a quienes hacen espionaje contra activistas y periodistas, sino a quienes se quejan de ello.

Nunca lo hubiera dicho. Al interpretarse este mensaje como una amenaza a la libertad de expresión, respetada en el mundo entero, el propio presidente tuvo que rectificar horas más tarde, señalando (al viejo estilo de Fidel Velázquez) que no dijo lo que dijo.

Sin embargo, queda claro que nuestro gobierno ve las cosas color de rosa, como en el cuento de Voltaire, un mundo muy diferente a como lo vemos el común de los mexicanos.

Javier Medina Loera es Premio Nacional de Periodismo.

www.javiermedinaloera.com

Artículo publicado por la revista Portada de México en su edición de julio de 2017.

Share Button

En busca de un líder

México busca en este momento a un líder, un verdadero líder nacional que sepa afrontar con la mayor sabiduría y decisión los graves problemas del país y que, con el apoyo de las mayorías, sepa conducir a todos los mexicanos a mejores niveles de bienestar económico y social.

Sé que esta es una empresa difícil, bastante difícil, porque no cualquier mexicano dispone de la preparación y capacidad necesarias para encabezar tan enorme y complicada tarea. Sin embargo, tampoco es un anhelo al que debamos renunciar, ya que en los momentos más conflictivos de nuestra historia, como el presente, surgieron del común del pueblo esos dirigentes, que dieron gloria y lustre a la nación.

Cuatro líderes fuera de serie
Cuauhtémoc, el último emperador azteca, fue el primero en demostrar el valor y heroísmo indígena de nuestra tierra, cuando por poco acaba con la conquista de Hernán Cortés, quien sin embargo afianzó el predominio español en el país durante 300 años, pero luego surgieron Hidalgo y Morelos, con cuyo sacrificio patriótico alcanzamos la independencia nacional.

Vino después, en la segunda mitad del siglo 19, don Benito Juárez, quien al lograr la separación Iglesia-Estado, reconocida más tarde en el mundo entero, acabó con muchos privilegios y abrió el camino de la justicia social.

Claro está que hubo otros muchos mexicanos ilustres, dignos del mayor reconocimiento, pero creo que estos cuatro marcan la pauta.

Patriotismo y honradez
En estos tiempos de mercantilismo extremo, donde todo o casi todo se mide en términos económicos, dejando atrás los valores humanos y comunitarios, hablar de patriotismo y honradez es una herejía. ¿Quién puede presumir hoy de patriota?, ¿quién se atreve a meter las manos por la honradez de un político? No creo que muchos.

A la luz de la historia, del ejemplo que muestran los verdaderos héroes nacionales: Cuauhtémoc, Morelos, Hidalgo y Juárez, hemos de buscar el próximo líder de los mexicanos con dos cualidades bien definidas: patriotismo y honradez.

¿Qué es patriotismo?, anteponer cualquier interés personal y de grupo al de la patria, al de la sociedad, al de la comunidad en general, es decir, primero está el servicio público, el interés de la gente, y si para ello es necesario el sacrificio personal, pues adelante: Así lo muestran con su vida y sus actos los verdaderos héroes de México. Quien tiene verdadera vocación política debe estar preparado para ello, porque eso de buscar sólo los beneficios es corrupción pura.

¿Qué es honradez? Lo mismo: “Vivir en la honrada medianía” como recomendaba Juárez a los funcionarios públicos.

¿En dónde estamos?
Lo mexicanos vivimos hoy uno de los momentos más críticos de la historia, en la que hemos de definir quiénes somos, a dónde vamos, cuál es el papel económico, político y social que nos corresponde desempeñar en la historia del Continente y del mundo.

Lamentablemente, a la luz de este breve análisis histórico, el actual panorama de posibles liderazgos nacionales no está claro; ojalá apareciera alguno, pero aún no se vislumbra.

Javier Medina Loera es periodista.

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del domingo 16 de julio de 2017.

javiermedina loera.com

Share Button

Promesas políticas

Jorge Aristóteles Sandoval Díaz.

Entre las promesas que hizo en campaña electoral el actual gobernador de Jalisco, Aristóteles Sandoval Díaz, destaca la de no inundar tres poblados de la Región de Los Altos con la construcción de la presa “El Zapotillo” que pretende dar agua a León, Gto., ya que, según decía, primero y antes que todo están los intereses de Jalisco.

Hace unos días, el propio gobernador manifestó en acto público (por cierto, muy controvertido) que esta promesa no podrá ser cumplida, porque en aquel tiempo de campaña no disponía él de los datos técnicos necesarios para tomar una decisión correcta, y además porque era otro el contexto en el que entonces se discutía este problema.

Muchas promesas incumplidas
Tal decisión no extraña a la ciudadanía jalisciense, puesto que ésta es apenas una de las muchas promesas que no han cumplido los políticos. Por ejemplo, el actual gobernador prometió en campaña no vivir en la residencia oficial de Casa Jalisco, y ahí vive sin que nadie le moleste.

¿Cuáles han sido las reacciones de la ciudadanía ante la decisión del Ejecutivo estatal sobre “El Zapotillo? Pocos le han dado la razón, diciendo al viejo estilo que “es de sabios cambiar de opinión”. En su gran mayoría, la gente no admite que los políticos incumplan sus promesas, trátese de quien se trate.

En efecto, el político debe cumplir lo que promete, así sea de lo más difícil, porque no se vale engañar a la gente con falsas promesas, sólo para ganar votos, y una vez logrado el cargo al que aspira, olvidarse de la cuestión. Esto no revela otra cosa que falta de previsión y de honestidad.

En el caso de “El Zapotillo”, en los tiempos de campaña de Aristóteles, él conocía bien cuáles eran las condiciones técnicas de la obra, de suerte que no podía engañarse. Por eso ofreció que no habría inundaciones de poblados. Si después entraron otros intereses en juego, su deber es explicarlos de manera muy convincente ante la opinión pública.

Los políticos, ya de por sí bastante afectados por la fama de corrupción, se encuentran ahora ante la obligación de demostrar que todo es transparente, que no hay forma alguna de relacionar sus cambios de opinión con corruptelas de ninguna especie.

Necesitamos políticos serios
Es evidente que Aristóteles no puede salir bien parado de esta situación. Pesa sobre él, en primer lugar, la opinión general de que no cumple lo que promete.

Mucho se ha insistido en que las promesas de los políticos deben constar en actas ante notario, para evitar situaciones como la que ahora se presenta. Ojalá que en las próximas contiendas electorales se pueda hacer algo al respecto.

En esencia, necesitamos políticos serios, que nunca prometan lo que no puedan cumplir, para lo cual deben estudiar con detenimiento las condiciones geográficas, históricas, políticas, económicas, sociales y culturales del territorio que pretenden gobernar, y en el caso en que eventualmente deban cambiar de opinión, lo menos que se les puede pedir es que justifiquen ampliamente su nuevo criterio.

javiermedinaloera.com

 

Articulo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del domingo 9 de julio de 2017.

Share Button

Cómo reconocer noticias falsas


Quienes nos informamos hoy por Internet (más de la mitad de los mexicanos), encontramos con frecuencia noticias que nos asombran, pero que pueden no ser verdaderas, razón por la cual tenemos que ser muy precavidos. Recientemente, Facebook publicó una serie de recomendaciones para identificar notas falsas en la Red; las resumo de la siguiente manera:

1. Duda de los títulos. Las noticias falsas suelen presentar títulos llamativos escritos en letras mayúsculas y con signos de exclamación. Si un título contiene afirmaciones sorprendentes y poco creíbles, es probable que se trate de información falsa.
2. Observa con atención el enlace. Una URL que imita una original puede ser una señal de advertencia que indica que se trata de una noticia falsa.
3. Investiga la fuente. Asegúrate de que la noticia esté escrita por una fuente de confianza respaldada por un prestigio de exactitud en la información.
4. Presta atención a las fotos. Las noticias falsas suelen contener imágenes o videos manipulados.
5. Comprueba las fechas. El orden cronológico de las noticias falsas puede resultar ilógico, o incluso pueden estar alteradas las fechas de los eventos.
6. Verifica las pruebas. Comprueba las fuentes del autor para confirmar que sean precisas.
7. Consulta otros informes periodísticos. Si ningún otro medio está reportando la noticia, es posible que sea falsa.
8. ¡Cuidado con las bromas! Comprueba si la fuente de donde proviene la nota acostumbra hacer parodias, y si los detalles y el tono de la noticia sugieren que puede tratarse de una broma.
9. Algunas notas son falsas de forma intencional. Reflexiona acerca de las noticias que lees y comparte solamente las que consideres creíbles.

Vamos a leer porque el saber te hace valer.

Artículo publicado por la revista México Rural en su edición de julio de 2017.

 

Share Button

Sobre las debatidas calandrias

 

Fue el presidente municipal, Enrique Alfaro, quien al anunciar el próximo cambio de las típicas calandrias de caballos de Guadalajara por carros eléctricos, abrió el debate público sobre las ventajas y desventajas de esta trascendental medida.

Como el anuncio del alcalde fue oficial, puede considerarse un hecho el citado cambio a partir del próximo agosto, de suerte que de poco o nada servirán los argumentos en favor de las calandrias, por muy valiosos que estos sean.

Sin embargo, es preciso dejar constancia de la oposición de un amplio sector de la sociedad tapatía a esta medida, a todas luces contraria a nuestras tradiciones, mismas que estamos obligados a preservar como símbolo de identidad ante el país y el mundo.

Por demás está recordar que un pueblo sin identidad está condenado a perder no sólo el sentido de su historia, sino también la oportunidad de mejorar sus niveles económicos y sociales.

Argumentos contra las calandrias

Quienes apoyan la desaparición de las calandrias (a las cosas hay que llamarlas por su nombre: en este caso se trata de desaparecerlas, porque en lo sucesivo nadie podrá llamar calandrias a los armatostes con las que se les quiere sustituir), exponen dos argumentos básicos:

El primero, la necesidad de proteger a los sufridos caballos, que trabajan de sol a sol sin recibir muchas veces la atención necesaria tanto en alimentación como descanso y salud.

Tratar bien a los animales es obligación de todo ser humano (son ellos nuestros compañeros en la aventura de la vida), pero la experiencia muestra que a muchos políticos no les interesa la suerte de la gente (por ejemplo, la de los niños pepenadores), menos la de los animales. Ahí está el caso de los circos que, por “proteger los animales”, ya están todos muertos. Lo mismo ocurrirá con los caballos de calandrias, cuyo destino es irremediablemente el matadero. Esto sucedió hace 70 años, cuando al quedar desocupados los equinos empleados en la arriería, pararon todos en el rastro.

El segundo argumento de los enterradores de calandrias es la necesidad de “modernizar” el transporte de la ciudad, pero esto no debe ser a costa de las tradiciones más sentidas de los tapatíos. Con este criterio, los gondoleros de Venecia ya les hubieran puesto motores a sus góndolas.

Argumentos en favor

Como apunté al principio, lo principal es preservar la identidad, es decir, todo aquello que nos identifique como pueblo, porque de otra manera nos perderíamos en el universo, es decir, acabaríamos por ser menos que nada.

El problema es que así como hoy se van las calandrias, que tienen casi 100 años de tradición en Guadalajara y que son una reminiscencia de los taxis de la época colonial, se fueron también las serenatas en la Plaza de Armas, los conciertos del Agua Azul, las rosas de los camellones, las tertulias tapatías, viejos edificios que cayeron por la ignorancia y avaricia humana, en fin, tantas cosas que hemos perdido y que nos identificaban como pueblo.

Por eso quiero dejar aquí constancia de mi protesta ante la evidente desaparición de las típicas calandrias tapatías.

javiermedinaloera.com

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del domingo 2 de julio de 2017.

 

Share Button