¡Muchas felicidades!, Patrocinio

Patrocinio Loera Loera.

Imposible pasar por alto el gusto que me causó el galardón otorgado recientemente por el Gobierno del Estado al ejemplar ciudadano Patrocinio Loera Loera, originario de Temastián, Jal., en reconocimiento a su trabajo y esfuerzo por salir adelante, no obstante las adversidades de la vida.

Ocurre que mi paisano y pariente, Patrocinio, de quien fui condiscípulo en el Colegio del Sr. De los Rayos de Temastián por los años 50 del siglo pasado, tuvo la desventura de nacer sin ambas piernas, por lo que desde su tierna edad se acostumbró a vivir sin ellas.

Yo lo conocí en la escuela primaria de Temastián, donde a mis compañeros se les hacía curioso que aquel niño caminara tan ágil como cualquiera, apoyado por sus fuertes manos, trepara tan rápido por los árboles y se sentara tan tranquilo en su banco para atender la clase de los maestros.

Charro famoso y excelente talabartero
Al paso del tiempo, Patrocinio se convirtió en un famoso charro, admirado no sólo en los pueblos del Norte de Jalisco, sino también en los Estados Unidos, donde dio varias exhibiciones, pero además se dedicó al oficio de la talabartería, donde aprendió a bordar pitiado, elaborando preciosos artículos: morrales, sombreros, carteras, guaraches, cintos, pulseras, etcétera, que son la admiración de quienes los conocen.

Pero Patrocinio también supo formar una hermosa familia, con su esposa, siempre a su lado, y sus tres hijos. La gente de Temastián se acostumbró a ver a aquel grupo familiar cuando cruzaba la plaza para asistir a misa los domingos; Patrocinio, obviamente, al frente de su familia, apoyándose para caminar con sus fuertes manos.

Aparte de la cuestión moral y familiar, Patrocinio aprendió desde muy joven a valerse por sí mismo también en la cuestión económica, de suerte que a su familia nunca le ha faltado vivienda, vestido y sustento, y todo a base de trabajo e ingresos obtenidos con honradez y rectitud.

Ejemplo estatal y nacional
Qué bueno que el Gobierno de Jalisco, atento a lo que sucede en diversas regiones del Estado, haya resuelto hacer un reconocimiento a un ciudadano jalisciense que realmente merece el homenaje.

En cuanto a apoyos oficiales, creo que Patrocinio no los necesite porque pese a su natural discapacidad, este hombre aprendió a vivir mejor que muchos de quienes gozamos de todo.

Por ello pienso que el reconocimiento a Patrocinio no sólo debe ser en el ámbito estatal (en el regional lo tiene desde que era niño), sino también nacional e incluso mundial, porque no es fácil para cualquier ser humano vencer las adversidades de la vida, sobre todo cuando la naturaleza se ensaña contra uno.

Quienes disfrutamos de extremidades completas y todos nuestros órganos en orden nos quejamos con frecuencia por cosas que suponemos están mal, pero jamás volteamos a ver a la gente que realmente lucha por la vida, venciendo con fuerza de voluntad toda clase de adversidades.

Por ello, ¡Muchas felicidades!, Patrocinio, y que tu ejemplo cunda por todo México y si es posible en el mundo entero.

 

javiermedinaloera.com

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del domingo 27 de agosto de 2017.

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Los caballos, cuestión de trato

Caballos para pasear turistas en Los Colomos.

Un ayuntamiento tan importante como es el de esta ciudad sorprende con su decisión de desaparecer las tradicionales calandrias de caballos, con el pretexto de que éstos están sometidos a malos tratos, es decir, que sus dueños no les dan de comer, que no los curan, que los hacen trabajar horas extras, etcétera.

Con todo respeto para los regidores de Guadalajara, pero al resolver sobre este asunto están pasando por alto antecedentes muy importantes:
Primero, que los caballos fueron domesticados por el hombre desde los tiempos más remotos, para que lo ayuden en sus diarias tareas, de suerte que, hombres y caballos, están acostumbrados desde hace miles de años a enfrentar juntos la aventura de la vida.
Segundo, en este contexto, es claro que los equinos están al servicio del hombre, teniendo éste la obligación moral de alimentarlos y tratarlos de la mejor manera, a cambio de sus servicios.

Anécdota de un viejo arriero
Sabido es que durante 400 años, desde el siglo 16 hasta mediados del 20, fueron los arrieros los amos de los caminos de México, fundadores del comercio y del transporte moderno, y todo su trabajo lo hicieron con la ayuda de los caballos, los burros y los mulos. Durante estos cuatro siglos no hubo otra forma de transportar y comerciar si no era a través de la arriería.

Cuando arribó el tren a Guadalajara, a fines del siglo 19, la arriería empezó a decaer en el Occidente de México, pero ésta siguió muchos años después, sobre todo en las zonas más aisladas, como el Norte de Jalisco, hasta la mitad del siglo 20.

Fue en este parte final de la historia arriera cuando le tocó participar a mi abuelo Ramón Loera Sánchez, quien viajó mucho con una docena de burros por el Occidente del país. Entre sus ayudantes había un señor Marcelino Ramos, a quien sorprendió un día murmurando maldiciones contra un burro. Don Ramón le llamó la atención:

–Marcelino, no le digas malas razones a ese burro.

–“Sí se las digo, pero quedito”, respondió Marcelino.

El hecho es que don Ramón, como la mayoría de los arrieros de México, nunca trataron mal a sus animales, porque sencillamente eran sus compañeros de trabajo: los alimentaban a sus horas, los curaban, no los cargaban con exceso, los descansaban, es decir, los atendían lo mejor posible porque, además, así les convenía. Y por supuesto no permitían que nadie los tratara mal, ni siquiera de palabra, menos que los golpearan.

La solución no es matar caballos
No, señores regidores, la solución al problema de calandrias no es matar caballos, que es lo que ustedes han sentenciado al quitarles el empleo, sino tratarlos bien, protegerlos, alimentarlos, curarlos, que no trabajen más de lo que pueden, es decir, hacer respetar el reglamento. Si buscan retirar a los caballos de calandrias “para que no sufran”, eso es pura demagogia que, con todo respeto, no se las va a creer ni el Santo Padre.

javiermedinaloera.com

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del domingo 20 de agosto de 2017.

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Sobre la ratificación de mandato

Enrique Alfaro Ramírez

La idea no es mala: Convocar a un escrutinio público para que los ciudadanos decidan si tal o cual funcionario electo popularmente debe o no seguir en su cargo, tuvo su origen hace muchos años en una inspiración democrática nacional y local, es decir, esta idea de ratificar el mandato de los políticos en funciones no es nueva.

Cuando algunos ciudadanos empezaron a ver que los funcionarios públicos no cumplían sus promesas, y menos con los mandatos constitucionales, surgió la idea de que ratificar su mandato en una especie de referéndum, sería una buena medida para constatar su eficacia en el gobierno, y consecuentemente decidir si se quedaban o no en el mismo.

Claro está que aquellos ciudadanos pensaban en que una ratificación de mandato tendría que manejarla un organismo autónomo, independiente del gobierno en cuestión, para que el resultado de la votación tuviera absoluta legitimidad, porque de otro modo se prestaría a malas interpretaciones.

El pero… el maldito pero
Ahora resulta que los presidentes municipales del MC en Jalisco quieren adoptar esa vieja inspiración democrática, pero sin que intervenga en la convocatoria y contabilización de los votos un organismo autónomo, independiente. ¡Qué fácil¡¨. Quieren manejar el procedimiento ellos mismos, de manera directa, y lo que es peor, apoyados con los recursos económicos que emanan de nuestros impuestos, es decir, de todos los ciudadanos, sean o no miembros de su partido.

El problema es que difícilmente habrá quien se trague esta maniobra tan burda, ni siquiera muchos partidarios del MC, porque dentro de este mismo Movimiento hay gente muy inteligente, que sabe a ciencia cierta que nadie puede ser juez y parte.

Bien, muy bien que yo me someta a la opinión de los demás, para ver “si voy bien o me devuelvo”, pero los votos resultantes deben partir de gente independiente, con criterio propio, no únicamente de mis “cuates”, lo que sería exactamente igual a echarme incienso a mí mismo.

Conclusión
Si los alcaldes del MC que ahora pretenden someterse al escrutinio público para saber si han hecho o no una buena labor, conociendo de antemano que el resultado de este referéndum será favorable para ellos (porque es imposible esperar un resultado contrario), lo menos que se puede esperar de ellos es que cumplan el período del mandato constitucional para el que fueron electos, es decir, los tres años. De otra manera, sería jugarles rudo a sus propios electores, que confían en ellos, pero además estarían mostrando su verdadera cara, que es conquistar el poder a cualquier costo, atropellando incluso los derechos de los demás.

A la luz de estos acontecimientos, y de otros que han sucedido, no veo un buen futuro para Guadalajara, ni para el Estado de Jalisco, a menos que los políticos reconsideren sus actuales puntos de vista, que lo veo difícil. En primer lugar, necesitamos querer realmente a Guadalajara, a Jalisco, a nuestra gente. No veo otra salida.
javiermedinaloera.com

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del domingo 10 de agosto de 2017.

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Falta seguridad, no monumentos


Hasta la fecha no he conocido a nadie que esté pidiendo nuevos monumentos en la Zona Metropolitana de Guadalajara, pero sí a muchísima gente que con verdadera angustia exige seguridad pública porque siente que su vida y sus bienes están en grave peligro ante la desbordada delincuencia.

Si los gobernantes fueran conscientes de esta realidad, sensibles ante la opinión pública, no tendrían inconveniente en destinar esos millones de pesos del presupuesto público que ahora aplican a obras superfluas, como son algunos monumentos, para resolver el problema esencial, que es la inseguridad.

El futuro personal, ante todo
Sin embargo, vemos cómo lamentablemente hay gobernantes, interesados sólo en su futuro político, no regatean millones de pesos para dizque adornar la ciudad con monumentos inútiles y horribles, que nadie ha pedido, pero sí regatean hasta el más mínimo centavo para darle seguridad a la gente, que es lo que hoy exige como cuestión de vida o muerte.

Esto muestra una vez más el verdadero perfil de ciertos políticos, ajenos muchas veces a los intereses legítimos de la comunidad. Al parecer sólo les preocupa lo suyo. Prepotencia, ignorancia y ambición es lo que predomina. Y esto hay que decirlo ahora, antes de que logren escalar otros cargos, donde harían daños mayores.

Con la inversión de cuantiosos recursos en obras que nadie pide, a la vez que olvidan o abandonan las que sí exige la población, los gobiernos muestran su verdadero carácter.

Es obvio que estos políticos no se preocupan por los problemas de seguridad porque ellos viajan en camionetas blindadas y rodeados de multitud de “guaruras”, pagados con nuestros impuestos. “Ándeme yo caliente y ríase la gente”, dirían con el mayor descaro. Y así andan estos funcionarios, que ni ven ni oyen y sólo atienden a sus muy particulares intereses.

Pero todo tiene límites
Sin embargo, todo tiene límites y costos. Días vendrán en que esto lo pueden pagar caro los políticos advenedizos y prepotentes, que hoy se creen dueños de la verdad absoluta, pero que no son capaces de sostener sus puntos de vista ante la gente que realmente conoce. Muchos jóvenes advierten ya la clase de gobernantes que tenemos.

Pero además tendrán que responderle a la Historia, que nunca ha perdonado semejantes faltas. Se vale recomponer, modificar, rectificar, mejorar las cosas en bien de la gente, pero no herir las partes más sensibles de una sociedad, como son sus tradiciones, sus valores, porque tarde o temprano no faltará quien les pase la factura.

Vemos en este momento a políticos que quieren cambiar todo lo tapatío en aras de una modernidad mal entendida. Mientras otros pueblos se preocupan por conservar sus tradiciones, su identidad, su historia, aquí se manifiesta lo contrario, acabando con lo poco digno que nos queda para presumir. Tal es el caso de las calandrias de caballos y de otras manifestaciones culturales dignas de permanencia.

Definitivamente, no se puede confiar en políticos que agreden, que se empeñan en destruir las raíces mismas de una ciudad. ¡Guadalajara merece mejor destino!
javiermedinaloera.com

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del domingo 13 de agosto de 2017.

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La lectura engrandece el alma

“La lectura engrandece el alma y el amigo la consuela”, dice el célebre escritor y filósofo francés “Voltaire” en una de sus obras más notables: “El Ingenuo”.

De acuerdo con esta obra, un indio hurón, de origen canadiense, que tuvo que viajar a la Corte de Francia para tramitar un difícil casamiento con la mujer francesa que amaba, fue víctima de falsas acusaciones y luego encarcelado por quienes abusaron de su ignorancia.

Ya en la cárcel, el indio que hacía poco tiempo había llegado a ese país con muy poca instrucción, apoyado sólo por lo poco que aprendió en su contacto con la Naturaleza y entre los mismos indígenas, trabó amistad ahí con un cura muy ilustrado, llamado Gordon, quien había sido encarcelado a causa de sus ideas.

Este ejemplar sacerdote tuvo el cuidado de iniciar a “El Ingenuo” en el camino del conocimiento, y fue así como, apoyado en los libros que él mismo leía, lo interesó en la ciencia, la historia y la filosofía de su tiempo.

Al cabo de un año, habiendo logrado su libertad, el indio, ya muy cambiado en su manera de ser y de sentir la vida, ayudó para que su maestro y amigo, el cura, saliera también de prisión, agradeciéndole eternamente, como él mismo reconoce, por haberle enseñado a pensar.

Éste es uno de los grandes ejemplos de la literatura universal en que un hombre es enseñado a pensar y logra superarse por medio de la lectura.

javiermedinaloera.com

 

Artículo publicado por la revista México Rural en su edición de agosto de 2017.

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Defensa propia, ¿único remedio?

Ante la creciente ola de violencia, robos e impunidad que invade a la Zona Metropolitana de Guadalajara, a Jalisco y casi todo el país, la gente empieza a preguntarse seriamente si no ha llegado el momento de que la sociedad asuma su propia defensa, sin esperar nada de autoridades que hasta la fecha han demostrado su ineptitud y probable complicidad con el crimen organizado y no organizado.

Esta inquietud conduce necesariamente a varios cuestionamientos de la mayor importancia:

En primer lugar, si las colonias, los barrios y los pueblos empiezan a organizarse para asumir su autodefensa ante el crimen, es tanto como reconocer que el Estado mexicano en todos sus niveles, federal, estatal y municipal, ha sido definitivamente rebasado por el crimen (algo muy grave).

En segundo lugar está el problema de cómo la gente puede organizarse dentro del ámbito legal para defender sus intereses ante la evidente incapacidad de las autoridades para impartir justicia y seguridad pública.

La cuestión legal
En diversos estados del país han surgido movimientos de autodefensa social que buscan remediar la ineficacia y corrupción oficial; hay casos concretos en Michoacán, Guerrero y Quintana Roo. En comunidades jaliscienses también ha habido intentos de autodefensa, pero no los han dejado prosperar. ¡Ya ni eso!

Partimos de la base de que brindar seguridad a la población es la principal función del Estado. Ningún Estado se justifica si no es capaz de impartir justicia y seguridad a la gente de su jurisdicción. En otras palabras, una de las grandes razones por las que los seres humanos vivimos en comunidad, es porque buscamos proteger nuestros intereses, entre los cuales destacan la vida y los bienes; de otra manera viviríamos aislados como ermitaños.

Sin embargo, cuando el Estado se desentiende de esta obligación, la gente tiene que buscar soluciones, porque ante una situación en la que están de por medio nuestro patrimonio y la vida misma, tenemos que salir adelante a como dé lugar.

Autodefensa social
No hablo de insurrecciones o revoluciones, que sería la salida demagógica más fácil, sino de otras importantes alternativas que es necesario agotar.

Para hacer frente a la delincuencia que nos invade y que amenaza con desplazar al propio Estado, los ciudadanos podemos oponer un mínimo de organización, en primer lugar, política, es decir, ponernos de acuerdo para no votar por sinvergüenzas para ocupar los cargos públicos, sino por personas que hayan demostrado honradez y un claro afán de servicio público.

La partidocracia, es decir, los acuerdos cupulares que han venido practicando los partidos políticos para proteger sus intereses y mantener el estado de cosas al margen de ideologías y del interés comunitario, no puede caber en un proyecto de autodefensa social.

Pero a la par de la cuestión política electoral, los ciudadanos, la gente de bien, tenemos que organizarnos en colonias, barrios y pueblos, reforzando la solidaridad con nuestros vecinos para protegernos (todos para uno y uno para todos) de los ladrones y de toda clase de criminales.

javiermedinaloera.com

 

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del domingo 30 de julio de 2017.

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