Consultas a la gente

Políticos y gobernantes en general son reacios a consultar a la gente sobre asuntos de interés público. Normalmente se inclinan por hacer las cosas de acuerdo a su leal saber y entender, que no siempre es el correcto.

Sin embargo, a lo largo de la Historia encontramos algunos políticos interesados por gobernar de acuerdo con la gente, aunque no siempre logren los objetivos deseados.

Hoy me vienen a la memoria dos anécdotas de gobernantes jaliscienses que pensando en la unidad social recurrieron muchas veces a la opinión de los sectores sobre asuntos que consideraron importantes, dejando satisfechos por lo menos a los más interesados en el tema.

Una de Gil Preciado

El profesor Juan Gil Preciado, quien gobernó Jalisco entre los años 50 y 60 del siglo pasado, creyó que era necesario fomentar la lectura entre la población, pues habiendo sido él mismo maestro rural, conocía la importancia de que la gente se aficionara a la lectura.

Alguien lo convenció de que primero había que interesar en ello a los maestros, por lo cual encargó a la Escuela Normal de Jalisco la organización de un concurso de promoción de lectura entre los futuros mentores, con la promesa de entregar un premio especial a quien cuidara mejor los libros. Para ello mandó entregar un paquete de libros a cada alumno.

Llegó el fin de cursos, y un tal Atilano se presentó a reclamar el premio, pidiendo que examinaran sus libros. Era el mismo paquete con la misma envoltura y amarrado con el mismo hilo que le habían entregado el año anterior. Ni siquiera lo había abierto. Ciertamente, eran los libros mejor cuidados. No hubo más remedio que entregarle el premio.

Otra de Álvarez del Castillo
Enrique Álvarez del Castillo, quien gobernó Jalisco por los años 80 del siglo pasado, al iniciar su administración encontró críticas acerca de una fuente de azulejo que su antecesor, el licenciado Flavio Romero de Velasco, había ordenado construir en el patio principal del Palacio de Gobierno.

Don Enrique, muy sensible a la opinión pública, pues su padre, don Antonio, había sido notable periodista, bajó un día de improviso a la planta baja de Palacio donde se encontraban reunidos los reporteros de la “fuente”, y les dijo:

“Hay críticas en el sentido de que esa fuente nada tiene que hacer ahí, y que debo demolerla, pero a mí me gustaría conocer la opinión de ustedes, que representan a la opinión pública”.

No hubo quien ignorara la estrategia del gobernante, por lo que no faltó quien dijera: “Mire don Enrique, con tal de que no nos quite La Fuente de Pino Suárez (la cantina más antigua de la ciudad, ubicada a una cuadra de Palacio), puede hacer con esa de azulejo lo que quiera”.

Y así lo hizo: demolió la fuente de azulejo en un día sin el menor problema.

Moraleja
En cualquier asunto de interés público delicado es recomendable que el gobernante consulte la opinión de los demás, especialmente de los expertos y de los más interesados en el tema.

javiermedinaloera.com

 

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del lunes 22 de enero de 2018.

 

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Gajes del oficio

Algo muy saludable ocurre hoy en el gremio periodístico de Jalisco: por vez primera en muchos años los periodistas de diversos medios y grupos se unen, ¿saben para qué?, para hacer frente a los constantes embates de un político “sobradito” que sin razón alguna la emprende contra ellos.

Enrique Alfaro, alcalde con licencia de Guadalajara y aspirante a gobernar Jalisco, se ostenta desde hace tiempo como el pontífice de los periodistas, a quienes trata de adoctrinar sobre qué hacer y no hacer, cosa que, por supuesto, al gremio en general no le parece bien, porque nadie mejor que ellos conocen su trabajo.

Dizque resentidos y vendidos

Para esto, Alfaro cuenta con una nube de corifeos que a la menor crítica en redes sociales o en cualquier medio tradicional (prensa, radio y televisión) responden con un solo, pobre y sobado argumento: “Son priístas resentidos y vendidos”.

En la mayoría de los casos (me consta porque conozco el medio desde hace más de medio siglo) no existe filiación política entre muchos de los periodistas que han criticado la actuación de Alfaro, ni del gobernador ni de otros políticos. Su interés fundamental es servir a la sociedad con objetividad por medio de información confiable.

En otras palabras, este señor Alfaro ha estado hasta hoy mal asesorado en materia de comunicación social, porque sin tener gente que realmente conozca el medio, no es capaz de diferenciar entre tirios y troyanos: a todos los mete en un solo saco, sin más argumento que el de ser enemigos políticos. Nada más erróneo.

Ningún argumento serio

Lamentablemente, tampoco he visto en ninguno de sus corifeos la menor sombra de una argumentación seria en favor de las tesis alfaristas. Por lo contrario, he observado bastante prepotencia cuando dicen, por ejemplo, “Alfaro será gobernador, aunque usted no quiera”.

De igual manera, en el caso de las calandrias de caballos, que muchos tapatíos y jaliscienses quisiéramos conservar en Guadalajara por razones de historia, de cultura, de tradición e identidad, los partidarios de Alfaro contestan: “Los caballos se van porque se van”.

Es decir, no hay manera de dialogar con este hombre, y menos con sus partidarios, que todo lo ven de acuerdo a sus muy personales intereses.

En este caso, de nada sirve preocuparse por estudiar la Historia de Jalisco; no recuerdo a ningún aspirante a gobernador que haya tratado de tan mala manera a sus posibles electores. Muchos gobernantes trataron mal a los jaliscienses pero después de ser electos, como aquél que tuvo el descaro de “mentarnos la madre”, pero antes se cuidó muy bien de hacerlo.

Gajes del oficio
Volviendo al tema original, los periodistas jaliscienses hemos de agradecer al señor Alfaro por contribuir a nuestra unidad gremial cuando agrede aquí y allá y sin razón alguna a cuantos se atreven a criticarlo.

Su argumento principal de que somos priístas resentidos y vendidos nos tiene sin cuidado. Antes nos dijeron panistas, reaccionarios y hasta comunistas, pero no hay problema: son gajes del oficio.

 

javiermedinaloera.com

Articulo publicado en el semanario Conciencia Pública en su edición del lunes 15 de enero de 2018.

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Volvamos al campo


Retomo esta parte de mi vida familiar sólo porque se relaciona con uno de los grandes problemas de México, que es el abandono del campo, la falta de estímulo a los agricultores y ganaderos, que son quienes alimentan a la nación, porque los demás, quienes vivimos en las ciudades, nos dedicamos mayoritariamente a la especulación mercantil o financiera, ya que nunca fuimos ni somos tan productivos como ellos.

Recuerdo cuando al salir de la escuela primaria, en mi inolvidable Temastián, en el Norte de Jalisco, visité a mi abuelo Juan Medina Enríquez, como diariamente lo hacía, porque además su casa me quedaba al paso de la mía. Él me hacía regalitos de cacahuates y otras golosinas, que yo apreciaba mucho.

En esa ocasión, me preguntó: ¿Qué quieres ser de grande? – “No sé”, respondí. –Pues mira, yo te voy a orientar: Ser sacerdote no te conviene, porque es mucha responsabilidad; tampoco licenciado, porque es mucha responsabilidad, ni doctor, porque es mucha responsabilidad…

–‘¿Entonces qué? –pensé—, sin contestar.

— Mira, tu debes ser labrador como soy yo y todos los Medina. No nos ha ido mal.

No me gustó su oficio
Mi abuelo Juan vivió bien como agricultor, conocía las semillas, los tiempos de sembrar y cosechar los frutos. Pero a mí no me llamó la atención su oficio y le pedí a mi padre emigrar a Guadalajara para buscar otros horizontes. Así lo hizo, y al año siguiente de llegar a Guadalajara, en 1964, ingresé al periódico “El Informador” como aprendiz de reportero.

Tiempo después le escribí a mi abuelo, diciéndole que “ya andaba de periodista”. Ignoro si esto no le gustó o no lo entendió, lo cierto es que no me hizo comentario alguno, ni positivo ni negativo. Me habló de otras cosas.

El campo olvidado
En tiempos de la Guerra Cristera, hace más 80 años, estuvo de moda una canción llamada “Las cuatro milpas”, que hablaba del abandono del campo mexicano (algunos la relacionaban con la religión), una canción que lamentablemente nos recuerda el olvido que hemos tenido de los trabajos del campo, base del sustento nacional.

Esto coincidía en esa época con el proceso de industrialización del país, el abandono del campo en favor de la industria, del desarrollo urbano.

Sabiduría del abuelo
Hoy entiendo que cuando mi abuelo quería que fuera labrador, sabía lo que decía, pero como siempre ocurre con los jóvenes, yo entonces pensaba en otras cosas.

Finalmente, ahora que paso de los 70, no me arrepiento de lo que hice, pero… él quería que fuera labrador, y lo soy. Ahora que soy jubilado tengo tiempo para cultivar mis macetas y un pequeño huerto (no los campos tan amplios donde él sembraba), pero donde puedo sembrar y cosechar los frutos que él más apetecía y que a mí también me gustan.

Sé que muchos mexicanos apreciamos a nuestros ancestros, generalmente gente de campo. Sigamos sus enseñanzas.

Volvamos al campo, futuro de México.
www.javiermedinaloera.com

Artículo publicado por la revista Conciencia Pública en su edición del lunes 9 de enero de 2018.

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No se vale decir “me faltó escuela”

Muchas veces escuchamos entre adultos el dicho de que “me faltó escuela”, sólo para justificar errores que cometen en la vida diaria, culpando de ello a sus padres o a quienes se encargaron de su educación.

Sin embargo, la escuela nunca se termina, y aún en la edad adulta es posible encargarse uno mismo de su propia instrucción, por lo que esa frase de “me faltó escuela” podría cambiarse en “me falta escuela”, lo cual es muy diferente.

Sin discusión, son los libros la mejor escuela. Esto lo había dicho un pensador inglés, pero el tiempo, verdadero maestro, ha confirmado año tras año, día tras día, que en efecto, no hay universidad que supere a los libros en la educación e instrucción del ser humano.

Nada aprende mejor el hombre que lo que aprende por sí mismo; pero esto exige un esfuerzo personal de búsqueda, de investigación, y si bien es cierto los maestros sirven de guías y orientadores, no hay cosa mejor que los libros como fuentes permanentes del conocimiento.

A lo largo de la historia hemos visto a muchos hombres y mujeres de gran valía, que no tuvieron oportunidad de ir a la universidad, pero con sólo haber aprendido a leer y escribir, a veces hasta en la edad adulta, pudieron seguir educándose a sí mismos y labrarse un gran futuro.

Caso concreto es el de Elías Calixto Pompa, quien sin siquiera haber terminado su primaria, empezó a leer cuanta cosa caía en sus manos hasta convertirse en uno de los más ilustres poetas, periodistas y políticos del siglo 19 en Venezuela.

Vamos a leer porque el saber te hace valer.

javiermedinaloera.com

 

Artículo publicado por la revista México Rural en su edición de enero de 2018.

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