Réquiem por un río

No hay palabras para expresar la tristeza causada por la muerte de un río, y no de cualquier río, sino el Grande de Santiago, el de Guadalajara, el más importante del Occidente de México.

La reciente nota que anuncia la disminución de multas por la contaminación del Santiago, de 44 en 2009 a cinco el año pasado, me dejó frío. Ante estos números, cualquiera diría que las cosas mejoran, pero muy por lo contrario, todo indica que empeoran.

Nadie habla hoy de la descontaminación del Santiago, sino de la corrupción, negligencia e irresponsabilidad del sector público y del privado, porque esta disminución de multas no significa que el río esté menos contaminado, sino que la autoridad se hace de la “vista gorda” para lucrar a costa de la salud de las presentes y futuras generaciones de Jalisco y de México. ¡Triste panorama!

La agonía y muerte del Santiago es un hecho, y creo que irreversible, porque para recuperarlo se requiere mucha voluntad política de las autoridades federales, estatales y municipales y un extraordinario esfuerzo de la sociedad civil, que no veo por ninguna parte.

Tiempos aquéllos
Uno de los primeros obispos de Guadalajara, De la Mota y Escobar, al describir el territorio de la Nueva Galicia, se refería a principios del siglo 17 al Río Grande de Santiago como un enorme caudal de aguas cristalinas, puras y saludables, donde abundaban variedad de peces que eran la delicia de los habitantes de estos rumbos.

Tal testimonio fue corroborado siglos más tarde por muchos viajeros que recorrieron estas tierras, como el italiano Giacomo Constantino Beltrami, quien en 1824 se refirió al Salto de Juanacatlán en la forma siguiente:

“El río se abre paso a través de un “seminario” de rocas dispersas en una pendiente; después se inclina sin tropiezos sobre una de las bocas del precipicio y ofrece una extensión de agua cristalina que se desliza sin ruido. Allí, entre mil curvas, se precipita fogosamente y se levanta en mil pequeñas cascadas separadas; en otro lugar parece una cuna estrecha, para precipitarse después con toda su enorme masa desde una gran altura con un ruido ensordecedor; más lejos, serpentea entre pequeñas islas y rocía árboles majestuosos, cuya sombra desparrama mil colores sobre las ondas; luego se oye que muge, pero ya no se le ve hasta que reaparece en el fondo de un abismo, escapando con gran furia del precipicio que quiere encadenarlo. Me encantaría poder pintar este espectáculo, pero me es imposible. Dudo mucho que los poetas y los pintores más hábiles puedan reproducir este lugar tal y como la Naturaleza lo ha creado…”

La letra muerta de la ley

En los años 60 conocí El Salto de Juanacatlán en todo su esplendor. Fue entonces cuando se creó el corredor industrial de El Salto que impulsó el desarrollo económico de Jalisco. Desde entonces se previó la manera de evitar la contaminación del río, pero la ley es letra muerta cuando no hay voluntad de cumplirla.

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Nadie como ellos disfrutó el paisaje.

Ladrones y, para colmo, cínicos

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La cultura popular, intocable

En aras de una modernización mal entendida, políticos de la nueva hornada se han lanzado contra costumbres y tradiciones populares, a las que no se puede combatir, a menos que se tenga el propósito de confundir a la gente, eliminar ideologías y llegar al poder y mantenerlo a como dé lugar, cosa que huele a fascismo.

El ejemplo lo tenemos ya en Guadalajara, donde la autoridad municipal insiste en acabar con las calandrias de caballos, que son patrimonio cultural de esta ciudad desde hace más de un siglo (con antecedentes en toda la época virreinal), pero además irrumpe estrepitosamente contra el pueblo católico al ofenderlo con una escultura, la del llamado sincretismo, que atenta incluso contra la historia, pues confunde a las diosas Coatlicue y Tonantzin.

En primer lugar, nada tienen que hacer los políticos tratando de reorientar las creencias religiosas de la gente, que datan de siglos o milenios, pues aparte de que el gobierno debe ser laico, porque así lo ordena la Constitución, las religiones pertenecen a la cultura popular, y ningún político tiene derecho a entrometerse con ellas. Ya lo dijo el Benemérito Juárez: “El respeto al derecho ajeno es la paz”.

¿Qué pensarían, por ejemplo, los judíos, si de buenas a primeras el gobierno se lanza contra las sinagogas… O los de Hermosa Provincia, contra Joaquín Aarón… Igual que contra protestantes, anglicanos, musulmanes y tantas otras creencias que conviven en nuestro Estado?

Respeto por los demás
Respetemos a los demás por sus costumbres, tradiciones, creencias y formas de ser y de vivir, ya no digamos por su trabajo heredado por padres y abuelos, como es el caso de los calandrieros tapatíos, que lo único que piden es respeto por su legítima labor, en mala hora calificada como ilegal por el gobierno municipal.

Recordemos que cualquier cambio en cuestiones de patrimonio popular debe ser consultado a la gente, con mayor razón si se trata de un gobierno que se ostenta como “ciudadano”. Es un contrasentido hablar de “movimientos ciudadanos” cuando se ignora lo que a la opinión pública se refiere.

Cultura popular, intocable
El patrimonio popular no puede estar sujeto al vaivén de los criterios de cada gobierno o partido que busca el poder, porque entonces la sociedad se volvería un verdadero desastre. Hay que atenerse a las leyes para estos casos, y de hecho existen, sólo falta respetarlas. Y si no las respetan quienes aspiran a gobernar, ¿qué se puede esperar?

Hay, por ejemplo, muchos pueblos jaliscienses que han sido declarados “mágicos”, porque merecen serlo, pero si de buenas a primeras llega un político que les quita el nombre, porque así le da la gana, ¿de qué se trata?

Esto recuerda los viejos tiempos de la post-Revolución en que a los políticos les dio por cambiar los nombres antiguos de los pueblos por los de santos o revolucionarios. Nunca funcionó la idea, porque al final de cuentas la gente siguió llamándoles como antes, y no es por desengañarlos, pero así ocurrirá con todo lo que realmente tenga raíces populares.

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La prohibición del calzón blanco en México

General Antonio López de Santa Anna. Wikipedia.

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Por una sucesión pacífica

Se acerca la sucesión presidencial, una de las más difíciles en la Historia de México. Sin embargo, hemos de confiar en la habilidad de nuestros políticos, generalmente convenencieros, para garantizar que esta sucesión sea pacífica, porque la gente ya se hartó de politiquería, y lo peor es que por la desmedida ambición de estos políticos se generaran reacciones violentas.

La cuestión es que, al parecer, las encuestas favorecen al candidato de supuesta izquierda, Andrés Manuel Obrador, quien a estas alturas de la contienda se mantiene firme en la delantera ante sus principales opositores Mead y Anaya, del PRI y del Frente, respectivamente.

En consecuencia, hay mexicanos a quienes les causa escozor la mera posibilidad de que López Obrador pueda alcanzar la mayoría de votos en las próximas elecciones de julio.

Que nadie cante victoria
Nada es seguro todavía, pero a juzgar por ciertas manifestaciones, entre las que destacan los más recientes discursos de Obrador en que habla ya como presidente electo (lo cierto es que nunca dejó de hacerlo), cualquiera pensaría que las negociaciones entre políticos de diversos partidos se encuentran avanzadas para la sucesión, si no es que arregladas.

A nadie extrañaría este posible escenario, dada la proclividad de nuestros políticos para acomodarse de la mejor manera en cuanto ven una causa perdida; por naturaleza e históricamente han sido convenencieros, con sus muy honradas excepciones.

Críticas al delantero
En esta etapa de la contienda menudean las críticas a Obrador por parte de quienes no lo quieren y nunca lo quisieron. Entre estas críticas destaca que buscaría eternizarse en el poder, ya que –dicen—el problema no es que alcance la Presidencia sino que se niegue a dejarla, como don Porfirio. Es decir, lo tildan de posible dictador (Valga decir que su edad ya no le ayuda para esto).

A estas alturas hay, por supuesto, otros mexicanos que, sin haber comulgado nunca con López Obrador, confían la suerte de México a la Divina Providencia. ¡A rezar, pues..!

La paz ante todo
En fin, las cosas no están para llorar, pero sí para preocuparse por el futuro del país donde nacimos, vivimos y seguramente moriremos. Aquí están nuestras raíces y nunca renunciaremos a ellas.

Lo que podemos decir en este momento es que ojalá nuestros políticos vean ahora no sólo por sus conveniencias –a las que son tan adictos—sino también por los máximos intereses de la nación, y no permitan que por ambiciones personales o de grupo se fracture la paz social (más de lo que ya está).

Necesario es garantizar a toda costa una sucesión pacífica del poder a partir de las próximas elecciones presidenciales. Y esta gran responsabilidad recae principalmente sobre el presidente de la República, Enrique Peña Nieto, pero también entre los principales protagonistas de la contienda, incluyendo al propio López Obrador, a quien nadie le perdonaría que si efectivamente pierde la elección, trate de violentar al país.

Esperemos que, con todo y los nubarrones de tempestad que se ciernen en el cielo nacional, todo se resuelva en sana paz.

 

javiermedinaloera.com

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del lunes 5 de febrero de 2018.

 

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Mejoremos las redes

Las redes sociales han caído de perlas a muchos de la tercera edad y también a los jóvenes, es decir, a la mayor parte de la sociedad, porque en primer lugar estas redes son divertidas; la gente se entretiene alegremente haciendo bromas con sus amigos y hasta con desconocidos, cosa imposible de imaginar hace apenas unos años.

Sin embargo, creo que en estas redes no debemos buscar únicamente la diversión, sino también la ilustración, es decir, el mejoramiento de la especie humana, todo aquello que sirva para que la gente pueda superar día tras día sus condiciones de vida, su salud física y mental, su economía, su bienestar, a través de una buena comunicación.

Todos los medios de comunicación, desde el libro, el periódico, la revista, y después la radio y la televisión, pudieron desde el primer momento de su invención aportar algo en beneficio de la Humanidad; muchos lo hicieron, otros no, pero el planteamiento ético en este sentido se estableció desde tiempos muy remotos y sigue vigente.

Ante el medio más poderoso
Ahora contamos con otro medio de comunicación seguramente más poderoso, que es Internet, diversificado a través de una amplia gama de redes sociales, donde la gente desahoga muchas veces sus preocupaciones, sus angustias, pero que también trata de aportar algo en beneficio de sus semejantes.

Para ello todos hemos de poner un granito de arena. Esto no es fácil, porque en una comunicación tan abierta a la sociedad nacional e internacional, como son las redes, cualquiera puede equivocarse, y más tratándose de mensajes tan telegráficos como los que exigen estas redes.

El respeto a los demás, ante todo
En primerísimo lugar, en esta nueva era de la comunicación, hemos de privilegiar el respeto a los demás, conscientes de que existen en el mundo muchas formas de vivir, de pensar y de actuar, posiblemente contrastantes con nuestras costumbres y ancestrales tradiciones locales.

Ante esta necesidad, hace unos días publiqué en mi página de Facebook un mensaje en el que pedí a mis cinco mil contactos (el máximo que esta red permite) que no se expresaran con insultos, porque los insultos degradan en primer lugar a la persona que los expresa, pero también ofenden a quien los recibe.

La inmensa mayoría de mis contactos estuvo de acuerdo con esta petición, porque la consideraron correcta (Claro, en mi página he tenido el cuidado de seleccionar a mis contactos, y no podía esperar menos de ellos).

Libertad sí, pero no libertinaje
Sin embargo, hubo quienes no estuvieron de acuerdo, apoyándose en la libertad de expresión, consagrada por las leyes. Dijeron que ellos pueden hablar como les venga en gana. Algunos de mis amigos me sugirieron que bloqueara a estas personas, pero no lo hice, porque todos tenemos derecho a disentir y a equivocarnos.

Hay un punto fundamental que hemos de considerar: Queremos libertad, sí, pero sin libertinaje. Son dos cosas distintas: libertad para decir las cosas, perfecto, pero cuando esta libertad se convierte en libertinaje, no conviene a una sociedad organizada. Si las leyes están mal, ¡Cambiémoslas!

javiermedinaloera.com

 

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del 28 de enero de 2018.

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Plan de lectura para 2018

Siempre que empieza un año nuevo, muchos sentimos la necesidad de emprender cosas nuevas que mejoren nuestra conducta, la salud, la economía y en general nuestra manera de vivir.

Al comenzar este año, quiero pedir a mis lectores que no olviden anotar para 2018, entre sus propósitos, un plan de lectura, que sin duda les dará muchas satisfacciones a lo largo del año y además les será de gran utilidad para el resto de sus vidas.

No necesitamos haber ido a la universidad, ni siquiera haber terminado el nivel de secundaria, para emprender un buen plan de lectura que realmente nos beneficie.

En lo personal, quiero decirles que yo empecé a leer libros clásicos, que se supone son los más difíciles, tan luego como terminé la primaria. Todo es cuestión de tomarle verdadero cariño a lo que uno lee.

Entre aquellos clásicos recuerdo a “Don Quijote de la Mancha”, de Miguel de Cervantes, pero también leí en aquel tiempo “Las mil y una noches”, los cuentos de los Hermanos Grim y muchos otros.

Es decir, no nos faltará material para hacer un buen plan de lectura en este año, sin necesidad de entrar en problemas de lenguaje, porque ciertamente hay libros difíciles que muchas veces yo, al empezar a leerlos, dejo para otros días.

Empecemos, pues, con un sencillo plan de lectura que nos cause placer, pero que a la vez ilustre, de acuerdo a nuestra edad, oficio y aspiraciones, sin olvidar que también debemos mantenernos al tanto en las noticias, para lo cual hay que leer periódicos y revistas con la mayor frecuencia posible.

Vamos a leer porque el saber te hace valer.

javiermedinaloera.com

Artículo publicado por la revista México Rural en su edición de febrero de 2018.

(México Rural es la revista de mayor circulación en las zonas marginadas del pais)

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