Problemas que nos rebasan


Además de la pobreza y la ignorancia, la inseguridad pública y el deterioro ambiental son dos graves problemas de Jalisco y de México que desde hace tiempo rebasaron al gobierno y a la sociedad, sin que exista la menor señal de que podamos enfrentarlos con éxito en el corto o mediano plazo.

Hay angustia ante esta situación y lo peor es que las autoridades reconocen una y otra vez que poco o nada pueden hacer para hacer frente a tales calamidades. Es increíble que funcionarios de todos los niveles permanezcan en sus cargos, cobrando tranquilamente, a sabiendas de que no cumplen con su deber.

Pasividad pública y privada
La respuesta oficial ante esta situación es prácticamente nula. Sin embargo, también hay alto grado de pasividad en los sectores privado y social como si no estuviera de por medio nuestra propia seguridad y la de nuestros hijos.

Respecto a la inseguridad, ya vemos normal que aumente día tras día el número de homicidios y que el país se llene de tumbas clandestinas, mientras que en el aspecto ecológico, ríos tan importantes como el Santiago, el de Guadalajara, el mayor del Occidente de México, agoniza ante nuestros ojos, al tiempo que se destruyen los bosques, incluyendo las montañas que rodean el Lago de Chapala, eje fundamental del sistema ecológico de la región.

Nuestras organizaciones
Ciertamente, existen en el Estado y en el país grupos de activistas que luchan por mantener el equilibrio ecológico y por abatir la criminalidad, pero su labor no es suficiente porque no alcanza a permear en la sociedad y menos a convertir sus proyectos en acciones de gobierno, pese a que las autoridades protestaron en su momento cumplir y hacer cumplir las leyes.

Asimismo, disponemos de organizaciones de prestigio que nada han podido hacer para obligar a las autoridades a cumplir sus obligaciones, como son la Cámara de Comercio de Guadalajara y la Benemérita Sociedad de Geografía y Estadística de Jalisco, que en otros tiempos abanderaron importantes causas de la ciudad y del Estado.

Bueno sería que la Cámara de Comercio se comprometiera firmemente en contra de la corrupción y la impunidad y por una verdadera campaña de seguridad pública, y que a su vez, la Sociedad de Geografía repitiera la excelente labor que realizó en los años 50 del siglo pasado en favor de Chapala y del Río Santiago.

Los periodistas
Dentro de estas campañas no podemos quedar fuera los periodistas de los diversos medios de prensa, radio, televisión e internet, ya que urge sobre todas las cosas retomar los rumbos de servicio público que en otros tiempos justificaron su presencia.

Para ello se requiere, en primer lugar, que reporteros y comentaristas demos puntual seguimiento a los problemas que día tras día se denuncian y que raras veces llegamos a saber cómo se atienden, si es que se atienden, porque lo más seguro es que no; de otra manera, estos problemas no estarían constantemente en las primeras planas de los medios, incluso con estadísticas cada vez más alarmantes.

javiermedinaloera.com

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del lunes 19 de marzo de 2018.

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Las viejas calles de Guadalajara


Con afán oportunista, políticos de todos los tiempos no sólo han pretendido cambiar los nombres de los pueblos, sino también los de importantes calles de ciudades y poblaciones de Jalisco y de todo el país.

En Guadalajara, por ejemplo, pasaron a la historia nombres de calles tan antiguas como la de Agua Fría, que era un tramo de la actual Calzada Independencia, así como la Alameda, sobre el hoy Parque Morelos; Santo Domingo, actual Avenida Alcalde; Beaterio, hoy Juan Álvarez; Aranzazú, hoy Miguel Blanco (de quien por cierto se ignoran méritos); “La Muela del Diablo”, hoy Venustiano Carranza; calle de la Aduana, actual Avenida Colón; San Francisco, llamada luego 16 de Septiembre; calle del Carmen, actual Avenida Juárez, ya ampliada, y “El Gallito”, hoy Manuel Acuña, entre muchas otras.

La calle Manuel Acuña
Caso concreto de cómo se las gastan los políticos para cambiar por decreto no sólo los nombres de los pueblos, sino también los de las calles, paso a describir (con datos del historiador tapatío Ramiro Villaseñor) los antecedentes del por qué tenemos hoy en Guadalajara una importante calle llamada Manuel Acuña.

Cosas de la vida: En diciembre de 1873 se suicidó en plena flor de su juventud, cuando apenas tenía 24 años de edad, el gran poeta coahuilense Manuel Acuña, autor del famoso poema “Nocturno a Rosario” que había dedicado a Rosario de la Peña, musa de su época, de quien estaba perdidamente enamorado, pero mal correspondido.

Manuel Acuña se llama una de las calles más céntricas de esta ciudad, pero esto no se debe precisamente al ferviente reconocimiento de los tapatíos por este vate, sino a una circunstancia política muy especial de tiempos de la Revolución.

Halago al gobernador Aguirre
Sucede que la calle Manuel Acuña, primero se llamó “El Gallito”, y en 1893, al cumplirse el centenario de Antonio Alonso, fraile español de la orden de Santo Domingo que vino con el señor Alcalde para colaborar en la construcción del Hospital de Belén, se le puso el nombre de éste, habiéndose colocado la placa conmemorativa en la esquina noroeste de esta calle y la de Santo Domingo, hoy Avenida Alcalde.

Sin embargo, en 1915, para halagar al entonces gobernador de Jalisco, Manuel Aguirre Berlanga, coahuilense, y al primer jefe del Ejército Constitucionalista, Venustiano Carranza, también de Coahuila, hubo políticos locales que, ignorando la historia de la ciudad, y sólo para quedar bien con ambos funcionarios, le impusieron el nombre de su paisano Manuel Acuña.

La política, arriba de la historia
Tales son los antecedentes del nombre de esta calle, que muchos recorremos infinidad de veces cuando visitamos el centro de la ciudad, y a lo largo de la cual se encuentra nada menos que Casa Jalisco, residencia oficial del gobernador del Estado.

¿Moraleja? Quienes aún sentimos cariño y respeto por nuestras ciudades, pueblos y calles, donde nacimos, vivimos y seguramente moriremos, hemos de tener cuidado con aquellos políticos que prometen cambiar la historia, pero no piensan en otra cosa que en sus personales intereses.

javiermedinaloera.com

 

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del lunes 12 de marzo de 2018.

 

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La lectura, base de progreso


A través de la Historia hemos visto que los pueblos que más leen son los que mejor salen adelante, porque el conocimiento es y será siempre base de progreso.

Hace unos días una amiga periodista publicó en redes sociales una fotografía donde se ve a mucha gente sentada en una antesala de gobierno (en Guadalajara) sin hacer absolutamente nada. “Si amaran la lectura –dice mi amiga–, los tiempos de espera serían más soportables y de paso más productivos. Hasta les brillarían tantito sus ojos. Pero sólo una persona entre más de cien que alcanzo a ver…tiene un libro en la mano. Como si no latiera su corazón. Ellos se lo pierden”.

En efecto, un pueblo que no lee está condenado al atraso.

Recordé que hace 20 años, cuando tuve oportunidad de visitar la ciudad de Berlín, en la entonces recién unificada Alemania, observé que tanto en los aviones como en el Metro el 80 por ciento de la gente se ocupaba en leer periódicos, revistas o libros, lo que me causó una gran impresión, ya que jamás había visto tanto interés popular por la lectura.

Recordando entonces la situación de México en este importante aspecto, me nació la idea de escribir la columna titulada “Vamos a leer”, que mes a mes publica hoy “México Rural”, la revista de mayor circulación en las zonas marginadas del país.

Nos falta una gran comunión entre sociedad y gobierno para impulsar la lectura y en general todas las manifestaciones culturales.

javiermedinaloera.com

Artículo publicado por la revista México Rural en su edición de marzo de 2018.

 

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Héroes y santos desairados

 


Los últimos días han sido tristes para el periodismo jalisciense, pues en apenas dos semanas fallecieron tres excelentes colegas y amigos como lo fueron Memo García, Ernesto Zenteno Covarrubias y Sergio Ignacio Martínez. Sin embargo, la vida sigue y hemos de seguirla en el oficio que escogimos, hasta que Dios nos llame también a nosotros.

Hoy quiero dar seguimiento a mi columna anterior titulada “Inútil cambiar nombres de pueblos”, porque la historia ha demostrado que es innecesario cambiar esos nombres, pues la gente continúa llamándoles igual que siempre, haciendo caso omiso de decretos que sólo sirvieron en su momento a políticos oportunistas.

La gente rechaza que les cambien de nombre a sus pueblos, pero además no muestra interés por los agregados con que políticos y clérigos han querido honrar a los héroes y a los santos. La historia muestra que tanto unos como otros no han logrado “pegar” en el ánimo popular, ya que la gente sigue llamando a sus comunidades con su nombre original, sin agregado alguno. Van unos cuantos ejemplos de Jalisco, sin mencionar los del país que suman miles.

Santos desairados
Entre los santos desairados en este sentido figura nada menos que San Pedro, empezando por la vecina población de Tlaquepaque, cuyo nombre oficial es San Pedro Tlaquepaque, pero que todo el mundo llama simplemente Tlaquepaque.

Y volteando al Norte, tenemos a Colotlán, que en su fundación española fue llamado San Luis Obispo de Colotlán, pero que a la fecha es sólo Colotlán, lo mismo que Temastián del Espíritu Santo (mi tierra), que se quedó simplemente como Temastián, y además San Diego de Huejuquilla, que hoy es llamado sencillamente Huejuquilla.

Puedo mencionar muchos pueblos más con agregados de santos que no han “pegado” en la cultura popular, pasando por otros que se antojan raros como San Ignacio Cerro Gordo, en Los altos, y hasta en cierta forma irrespetuosos como San José de las Burras, en el municipio de San Gabriel.

A los héroes no les va mejor
En este sentido, tampoco a los héroes les va bien, pues tenemos a un lado de Guadalajara a Tlajomulco de Zúñiga (en honor al general revolucionario Eugenio Zúñiga), hoy llamado generalmemte Tlajomulco, o a Tepatitlán de Morelos (que recuerda al gran insurgente) conocido sólo como Tepatitlán y más popularmente como “Tepa”.

Y por el mismo rumbo, está Cañadas de Obregón (en honor al distinguido caudillo sonorense), que la gente sigue llamando sencillamente Cañadas.

En uno de los peores casos figura Ahualulco de Mercado (llamado así en honor del distinguido cura José María Mercado), cuyo apellido no sólo omite la gente, sino que suele pronunciarlo de mala manera diciendo “Ahualulco del Mercado”, lo que resulta hasta ofensivo para el ilustre insurgente.

Conclusión
Entre errores de políticos y desaires de la gente no gana uno para vergüenzas. Mejor es dejar los nombres de nuestros pueblos como siempre fueron, de acuerdo con su significado original. En esto, nuestros antepasados indígenas nos enseñaron bastante. Aprendamos de ellos.

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del lunes 5 de marzo de 2018.

Artículos relacionados:
“Inútil cambiar nombres de pueblos

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Inútil cambiar nombres de pueblos

Ahora que irrumpen en la esfera política algunos ciudadanos que prometen “cambiar la historia” (como si esto fuera tan fácil), preciso es recordarles que nunca en Jalisco ni en México pudieron prosperar ideas contrarias a la cultura, costumbres y tradiciones de los pueblos.

Lo digo porque ya se les ocurrió a políticos locales retirar la antigua tradición de las calandrias de caballos en Guadalajara y atentar, además, contra la cultura católica, al instalar una escultura absolutamente contraria a las tradiciones tapatías.

Por más que estos políticos insistan en “modernizar”, no lograrán así su objetivo, porque la historia, esa gran maestra, nos enseña que quienes atentan contra las costumbres y tradiciones de los pueblos, fracasan rotundamente, empezando, en México, por el todo poderoso general Porfirio Díaz, cuando a fines del siglo 19 y principios del 20 prohibió por decreto el calzón blanco entre los indígenas y rancheros mexicanos (La prohibición del calzón blanco en México).

Pero hoy abordo el tema de nombres de pueblos jaliscienses que políticos de otros tiempos trataron de cambiar por los de revolucionarios y santos, sin lograr su objetivo, porque la gente siguió llamándoles como era su costumbre, sin hacer el menor caso de decretos inútiles.

Zapotlán El Grande
Zapotlán El Grande se llamó siempre al municipio de Ciudad Guzmán, en el Sur de Jalisco, pero en 1856 se le ocurrió a algún político otorgarle por decreto el nombre de Ciudad Guzmán en honor del insurgente Gordiano Guzmán. Sin embargo, la gente le siguió llamando Zapotlán, “lugar de frutos dulces y redondos”, razón por la cual al gobierno, tras casi siglo y medio, no le quedó más remedio que devolverle su nombre original. De este modo, en 1997, el municipio recuperó su antiguo nombre de Zapotlán El Grande, conservando el de Ciudad Guzmán sólo su cabecera.

San Gabriel
En el mismo Sur de Jalisco se ubica el pueblo de San Gabriel, que adquirió su nombre desde tiempos de la Colonia, pero que en 1934 adoptó el de Ciudad Venustiano Carranza, siguiendo aquella moda de imponer nombres de revolucionarios a pueblos que ostentaban los de santos.

Pero la gente de aquel lugar y de todas partes le siguió llamando San Gabriel, razón por la que décadas más tarde el Congreso de Jalisco dispuso por decreto que San Gabriel recuperara su nombre original.

San Francisco de Asís
Otro caso es el de San Francisco de Asís, próspera población del municipio de Atotonilco, en Los Altos, que desde tiempos de la Colonia se llamó así, pero llegaron los políticos y le impusieron “Francisco Javier Mina”. Entonces la gente, acostumbrada al nombre de San Francisco, pero obligada por el gobierno le llamaron simplemente “San Francisco Javier Mina” (Verdadero sincretismo).

Igual que en los casos anteriores, el Congreso del Estado no tuvo más opción que devolverle su nombre original al pueblo de San Francisco de Asís.

Y así como estos casos, hay muchos más en Jalisco y en México, donde se demuestra que muy por encima de los caprichos de políticos oportunistas prevalecerá siempre la voluntad popular.

javiermedinaloera.com

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del lunes 19 de febrero de 2018.

Articulo relacionado:

Los nombres de nuestros pueblos.

 

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