La paz social, ante todo

A medida que se acerca la fecha clave del primero de julio, en que el pueblo de México habrá de decidir cómo quiere vivir los próximos seis años, se multiplican, como es natural, las acciones de quienes pretenden conservar o conquistar el poder público a través de una democracia defectuosa como es la que aún tenemos.

Muchos candidatos a diferentes cargos de elección popular, a lo largo y ancho del país, han dejado la vida en esta carrera, además de quienes han resultado lesionados o amenazados, al grado de que no pocos, ante estas circunstancias, han vuelto a lo suyo, a sus actividades habituales, olvidándose de la política.

Es de lo más lamentable que las autoridades responsables de esta elección no hayan sido capaces de frenar la violencia que desde hace tiempo atenta contra un proceso democrático que bastante ha costado a la sociedad mexicana, desde el punto de vista económico-social y aún de vidas humanas.

Cerrar caminos a la violencia
Hay un punto importante que hemos de considerar: no se trata solamente de evitar actos violentos el día de las elecciones y cualquier otra acción ilegal que se derive de ellas, sino de prevenir desde este momento cualquier suceso de esa naturaleza, cerrando el camino a la ilegalidad.

Además del secuestro y asesinato de candidatos, hemos visto en esta contienda electoral muchas amenazas en contra de ellos y de los ciudadanos que los apoyan, lo que no abona en nada a la democracia, como tampoco abonan los actos fraudulentos como son las constantes llamadas telefónicas a los presuntos electores para tratar de inclinar su voto en contra de algún candidato.

De todas estas cosas el Instituto Nacional Electoral parece no darse cuenta, y por lo visto tampoco le interesa investigar de dónde vienen todas esas llamadas, empezando por saber quiénes las operan y cómo obtuvieron los nombres y teléfonos de los posibles votantes.

Responsabilidad del Estado
Aparte del INE, el Gobierno federal y los de estados y municipios tienen grave responsabilidad en este proceso, porque nadie concibe que se mantengan ajenos al mismo, para bien o para mal.

La obligación del Estado, en sus tres niveles, es garantizar una elección verdaderamente libre, democrática y legítima, para que no quede la menor duda acerca de los personajes que realmente resultaron electos por voluntad popular. Cualquier acto contrario a este objetivo, mancha el proceso.

El responsable máximo
El responsable máximo de esta elección es sin duda el Presidente de la República; sobre él recae, como ha recaído en sus antecesores, la responsabilidad última del proceso electoral: si es legítimo, la historia lo reconocerá, pero si no lo es, que Dios nos guarde.

Por eso hemos de tener, desde ahora, el mayor cuidado en cerrarle el paso a cualquier cosa que violente la voluntad ciudadana, ya sean los atentados contra la vida y seguridad de los candidatos como a los hostigamientos y amenazas a los electores. ¡La paz de México vale mucho como para arriesgarla en una elección, por importante que sea!

javiermedinaloera.com

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del lunes 25 de junio de 2018.

 

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Inútil preocuparse sin acciones

Los mexicanos de hoy nos preocupamos hasta la angustia por la inseguridad pública, jamás vista desde tiempos de la Revolución, hace un siglo, cuando la gente pacífica, trabajadora, que siempre ha habido en este país, amanecía cada día con el “Jesús en la boca”, pidiéndole a la Divina Providencia que no les pasara nada malo a ellos ni a sus familias.

No entraré aquí en la trillada idea de si nuestros últimos gobiernos han sido o no capaces de poner alto a la inseguridad; quizás han hecho lo mejor que han podido, pero lo cierto es que este problema preocupa hoy cada día y en cada momento a la sociedad mexicana, incluso a la reducida élite que viaja protegida por escoltas y camionetas blindadas.

¿Problema de cultura?
A la luz de lo que ocurre en otras sociedades del mundo, donde también sufren problemas de inseguridad, pero con índices de delincuencia mucho más bajos que los nuestros, cualquiera podría concluir que los mexicanos nos enfrentamos hoy a un problema de cultura, que evidentemente da más importancia a la preocupación que a la acción.

Lo constatamos a diario a través de los medios de comunicación y de las conversaciones con amigos y familia: todos estamos preocupados por la inseguridad. Ante cualquier incidente, homicidio, balacera, bloqueo, secuestro, robo, etcétera, ponemos el grito en el cielo, es decir, lamentamos lo sucedido y expresamos nuestra preocupación.

Pero luego nada sigue, porque después de los lamentos, incluso las condenas y condolencias de funcionarios y políticos ante cualquier hecho violento (que no sirven para nada), la vida sigue igual; se repite otro hecho violento y vuelta a lo mismo: la gente se queja, los políticos se aprovechan del caso, la sociedad se preocupa, pero nada se hace.

Acción social, lo que falta
Nada vamos a ganar con preocuparnos permanentemente por la inseguridad que agobia a la nación, a los estados, a las ciudades, pueblos y barrios; falta el segundo paso, que es la acción para evitar que esto siga creciendo hasta agotar la vida de quienes aún la conservamos.

Periodistas, estudiantes, sacerdotes, soldados, policías, obreros, empresarios, políticos, mujeres, hombres y niños, han pagado con su sangre esta guerra injusta, que pasa a la historia como la del Narco, en la que mucha gente honrada nada tuvo ni tiene que ver.

Cierto es que muchos miles de mexicanos, a lo largo y ancho del país, han salido a las calles para manifestar su preocupación, pero esto no es suficiente: el gobierno se hace de la vista gorda, porque a lo mejor le conviene que sigan las cosas como van, y ante esto, ¿qué falta?, otras acciones.

Cada quien su tarea
De algún modo, todos somos responsables de lo que pasa (salvo los niños). Y por lo mismo hay que tomar providencias, empezando por cuidar la seguridad personal y la de nuestra familia, y en el plano político, elegir desde luego a los mejores gobernantes, a los que han demostrado responderle a la sociedad con hechos, no con promesas incumplidas.

javiermedinaloera.com

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del lunes 18 de junio de 2018.

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El efecto “boomerang”

Entre los principios fundamentales que los periodistas aprendimos desde jóvenes y que tratamos de no olvidar, figura el efecto “boomerang”, basado en la ley de causa y efecto, según la cual todo tiene su efecto, y todo efecto tiene su causa.

El “boomerang” es algo que va y vuelve, de suerte que todo lo que una persona haga, sea bueno o malo, se volverá hacia sí misma.

De esta manera, en materia de comunicación social, sobre todo en propaganda, cuando ésta rebasa el límite de saturación, suele producir entre los receptores el efecto contrario al que busca el emisor.

Caso significativo
Un caso significativo ocurrió hace unos días cuando publiqué en redes sociales el mensaje de un viejo amigo, quien refiriéndose a la intensa propaganda enderezada contra el candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador, simplemente me dijo: “Son tantos los ataques que recibe Obrador, que ya hasta ganas me dan de votar por él”.

Esta reacción parece ilógica, porque se supone que entre más se hable mal de alguien, más bajan sus bonos en la vida social, pero no es así, ya que mucha gente considera que si alguien recibe ataques es porque vale; de otra manera, lo ignorarían.

Y en efecto, las respuestas positivas a este mensaje por parte de mis contactos fueron numerosas, aunque no faltaron los que aprovecharon la oportunidad para lanzar nuevos ataques contra el político tabasqueño, a quien parece no preocuparle mucho.

Desde luego que hubo también otros buenos comentarios, como el que habla de la dificultad que se presenta para hacer un análisis objetivo de este candidato, ya que por lo visto “es malo criticarle sus mentiras, pero si nadie le contesta, todos van a creer que son ciertas”.

El triunfo de Trump
Lo que ocurre, en mi modesto entender, es que la comunicación social ha cambiado bastante en los últimos años con la incursión de las redes sociales en todas las áreas del quehacer público, particularmente en política.

La prueba más reciente es Donald Trump, quien durante su campaña electoral fue conquistando poco a poco la voluntad de la gente hasta ser electo presidente de Estados Unidos, a pesar de todas las protestas y objeciones, muchas de ellas legítimas, que plantearon sus adversarios.

Yo mismo entré en ese juego de criticarle a Trump, como candidato, repetidos errores, sobre todo sus opiniones acerca del pueblo de México, y no me arrepiento de ello porque convencido estoy que era lo correcto, y ahora como presidente lo sigo criticando, aunque esto ya sirva de poco o nada.

Crítica constructiva
Volviendo al tema original, el efecto “boomerang” no es invención nacida al calor de la política, sino una realidad social, con resultados demostrados en el mundo entero en diferentes ramas del quehacer público, de suerte que si los ataques a los políticos se revierten en algún momento en su favor, los periodistas no tenemos más opción que, pase lo que pase, seguir en la crítica constructiva, aunque a algunos no les guste, ¡Pues qué le vamos a hacer!

javiermedinaloera.comn

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del lunes 11 de junio de 2018.

 

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Libros de autoayuda

La  idea de superación personal, tema favorito de muchos lectores, se basa en la autoayuda, es decir en el dominio de nosotros mismos para lograr aspiraciones y sueños, reconociendo nuestras carencias y superando miedos, limitaciones y vicios interiores.

Este concepto no se limita a la conquista de nosotros mismos para realizar aspiraciones y sueños, sino que comprende el logro de aquello que es fundamental para la vida de cualquier ser humano, por encima de todas las limitaciones que el mismo pueda tener.

Muchos creen que el dinero, el poder, la fama, la belleza, el lujo y las comodidades materiales en general son la felicidad misma, lo que representa desde luego un gran error demostrado desde tiempos muy remotos, ya que la base de la felicidad está en el interior de cada quien, no en las cosas externas.

Hay muchos libros que hablan de autoayuda, entre los cuales figuran los siguientes:

Tus zonas erróneas, de Wayne Dyer, que habla de cómo escapar de los pensamientos negativos.

Poder sin límites, de Tony Robbins, que se refiere al aprovechamiento del poder de la mente.

El hombre en busca de sentido, de Viktor Franki, sobre cómo salir adelante a pesar de las adversidades.

Inteligencia emocional, de Daniel Goleman, como uno de los factores para conseguir éxito en la vida.

La buena suerte, de Alex Rovira, sobre el esfuerzo, la constancia y la capacidad para no darnos por vencidos.

Padre rico, padre pobre, de Robert Kyosaky, que habla de cómo alcanzar la libertad financiera.

Cuentos para pensar, de Jorge Bucay, sobre el comportamiento del ser humano.

javiermedinaloera.com

Artículo publicado por la revista México Rural en su edición de junio de 2018.

 

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Trump desconoce a los animales


Es lamentable que un presidente de Estados Unidos, como lo es Donald Trump, no tenga el más mínimo conocimiento del reino animal, ya que confunde a algunos de los peores criminales del mundo, como son los Mara Salvatrucha, con los animales que han sido los más fieles compañeros del hombre en la aventura de la vida.

Ocurre que hace unos días, como ya es normal en su gobierno, Trump se enfrascó en una polémica internacional, que incluso provocó una queja oficial del Gobierno de México ante el Departamento de Estado, por haber calificado a los migrantes como animales, cosa que Trump se apresuró a negar diciendo que él se refería únicamente a los Mara Salvatrucha, no a todos los migrantes.

Los Mara Salvatrucha
¿Pero quiénes son los Mara Salvatrucha? Seguramente Trump lo ignora o pretende ignorarlo: es una organización criminal fundada en Los Ángeles, Calif., USA, que luego se extendió a otras regiones de Canadá, México y Centroamérica, y hoy está integrada principalmente por migrantes centroamericanos.

Trump se queja de que a “los Mara Salvatrucha los sacamos, se vuelven a meter y los volvemos a sacar, como animales”, pero no dice que su país fue el que los exportó y regó por el mundo. ¿Ignorancia o cinismo?

Humanos al fin
Otro error de Trump es considerar a los Mara Salvatrucha como animales, porque con todo y pertenecer a una de las peores organizaciones dedicadas a la extorsión, a la estafa y al asesinato, no son animales, como él los califica, sino seres humanos desviados del objetivo común de la Humanidad, pero humanos al fin.

Asimismo, es obvio que Trump desconoce completamente la naturaleza, organización y costumbres de las especies animales, que en su inmensa mayoría son pacíficas, y sólo matan por defensa propia o por hambre, pero nunca por placer como por lo general lo hacen los seres humanos.

Salvo algunas especies como los chimpancés y las hormigas, no hay especie animal que organice guerras contra sí misma. En esto creo que la mayoría de los animales superan con mucho el “humanismo” de Donald Trump, quien sigue creyendo en la guerra como una solución a los problemas del mundo.

Su pueblo ama a los animales
Además, Trump está lejos del sentimiento general que sobre los animales tiene su propio pueblo, el estadounidense, uno de los más destacados de la Tierra en protección animal.

Caso concreto, en una de las colonias americanas más grandes del mundo, que es la de Ajijic, Jalisco, vivía hace tiempo una señora estadounidense dedicada por entero a proteger a los animales abandonados, y en una ocasión hizo bajar del Cerro Viejo, al Norte de Ajijic, a una perra semi-salvaje con todas sus crías que había tenido en una cueva. Por cierto que yo adopté una de esas cachorritas, que resultó de lo más noble y amigable.

Por lo tanto, no confío en quienes comparan a los asesinos con los animales, porque como dijera el gran escritor portugués Eca de Queiros: “Hay perras más cariñosas que algunas madres cristianas”.

javiermedinaloera.com

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del lunes 28 de  mayo de 2018.

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