Nuestra historia: Tiempo de revisión

El ascenso de Andrés Manuel López Obrador a la primera magistratura del país abre, entre otras cosas, la extraordinaria posibilidad de revisar la Historia de México, haciendo a un lado enfoques oficialistas que la desvirtuaron por lo menos desde tiempos de la Independencia.

López Obrador habla de una cuarta transformación en México, que aún no tiene nombre, pero que ya está en la mente de muchos.

Independencia, Reforma y Revolución fueron los tres grandes movimientos sociales que en los siglos 19 y 20 cambiaron radicalmente las condiciones del país.

No sabemos a ciencia cierta cuál es el alcance de esta cuarta transformación que propone López Obrador, pero sin duda traerá grandes cambios en la vida política, económica y social. Ojalá que esto sea para bien de todos.

Transformar es cambiar visiones
Una cuarta transformación en la Historia de México significa cambiar la visión que de la misma tenemos los mexicanos desde hace siglos, porque a través del tiempo se han tejido infinidad de historias que muchas veces se inventaron para proteger intereses políticos y económicos del momento, sin preocuparse por comprobar que aquello fuera cierto.

Cualquiera puede suponer que por tratarse de un nuevo gobierno de izquierda (aún tengo dudas sobre esta calificación), la revisión de la Historia de México, que obviamente hoy se impone, tendría que cuestionar los posicionamientos históricos de derecha, pero no necesariamente, porque hay que recordar que los extremos se tocan, y cosas que hoy consideramos de derecha podrían resultar favorables a movimientos de izquierda.

Satanizaciones más conocidas
Entrar en más detalles es algo que se contrapone a la brevedad de este artículo. Digamos solamente que hay en nuestra historia ilustres personajes satanizados por cuestiones políticas como lo son Agustín de Iturbide, consumador de la Independencia nacional; el emperador Maximiliano de Ausburgo, en tiempos de la Reforma, y el general Victoriano Huerta, en la época revolucionaria.

Una sociedad que presume de democrática y civilizada no puede condenar a priori a sus personajes históricos; nuestro deber es valorarlos en todos los aspectos, considerando tanto sus buenas acciones como las que creemos que fueron negativas, como lo hacen los pueblos más progresistas del mundo.

En otras palabras, ha llegado la hora de hacer una verdadera revisión de la Historia nacional, apreciando sin prejuicios políticos, económicos o sociales los verdaderos méritos de los protagonistas, de acuerdo a las circunstancias que les tocó vivir. Esto sería acercarnos a la verdad de los hechos, sin distorsiones propiciadas por grupos de interés que, al final de cuentas, como hemos visto, desaparecen como todos.

A cada quien lo suyo
Espero que en esta nueva etapa de la vida nacional pensemos tranquilamente en lo que fue y es nuestro país, sin prejuicios de ninguna naturaleza, dándole a cada quien lo que le toca. México será más grande en la medida en que podamos superar estas diferencias, obviamente circunstanciales. Estamos ante la posibilidad de ajustar la historia a la realidad, algo fundamental en nuestras relaciones internas y externas.

javiermedinaloera.com

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del lunes 16 de julio de 2018.

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Apoyo condicionado a López Obrador

 


Ante una disyuntiva que se veía difícil, muchos electores mexicanos optamos el pasado uno de julio por quien consideramos, no el mejor candidato, porque ciertamente no había mucho para escoger, sino por el menos malo.

Quienes elegimos a Andrés Manuel López Obrador para presidente de México lo hicimos a sabiendas de que durante su prolongada campaña electoral prometió cosas inviables, irrealizables, idealistas, nacidas al calor de la contienda política.

Sin embargo, los demás candidatos representaban intereses más cuestionables aún.

Así las cosas, a estas alturas, todos (incondicionales y condicionales) esperamos que el señor López Obrador resulte un buen presidente, porque lo que más deseamos en común es que a este maravilloso país, donde nacimos, crecimos y posiblemente moriremos, le vaya bien.

Nada es seguro
En política nada es seguro, de suerte que, especialmente los periodistas, hemos de insistir en la corrección de ciertas estrategias para que México marche lo mejor posible en beneficio de todos, sin demagogia, pero tampoco sólo en favor de unos cuantos.

Claro está que durante su campaña electoral López Obrador prometió, como lo han hecho todos los políticos populistas de la Tierra (él no es la excepción), muchas cosas que a la hora de la hora no podrá cumplir, porque entre las contiendas electorales y la realidad de los pueblos ha existido siempre mucha diferencia.

La cuestión es que a los políticos les interesa conquistar o conservar el poder, y a esto encaminan sus esfuerzos, a veces con gran perseverancia, como es el caso de Obrador, pero el problema es que una vez alcanzados sus propósitos, se olvidan muchas veces de los compromisos adquiridos en campaña, no porque no quieran cumplirlos, sino porque la realidad que viven sus respectivos pueblos los obliga a rectificar planteamientos originales. Sobran ejemplos locales, nacionales e internacionales que ilustran esta situación, pero como dijera “Don Quijote”, vale más “no menealle”, al menos por ahora.

La razón de Estado, fundamental
Entre las cosas que el nuevo presidente electo no podrá cumplir, por más que se empeñen en ello él y algunos de sus allegados, destacan aquellas que se apartan de la razón de Estado (a la que no soy muy adepto, pero respeto), que son varias, puesto que el interés del Estado, que teóricamente ve por todos, es con frecuencia diferente al de la mayoría de los políticos, interesados sólo en el poder.

¿Ejemplos? Todo lo que vaya contra la justicia, el equilibrio económico y político, la seguridad y el bienestar social, objetivo común de los mexicanos. No tardan en salir a relucir las promesas incumplibles.

Apoyo condicionado
En conclusión, los electores de López Obrador, al menos los no incondicionales, hemos de insistir en que cumpla todas aquellas promesas apoyadas en la realidad. Y por supuesto, no dejaremos de advertirle con la mejor buena fe y en la medida de nuestras posibilidades los riesgos que podría afrontar ante la gran diversidad de intereses encontrados que se manejan en el país y en el extranjero.

javiermedinaloeracom

 

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Círculos de lectura

Reunirse para leer es un importante ejercicio para el desarrollo humano, porque no sólo agiliza el pensamiento, ejercita la memoria, mejora la ortografía, amplía el vocabulario y engrandece el conocimiento, sino que además es algo que relaja, entretiene y fomenta la creatividad.

Leer nunca será una pérdida de tiempo, por lo contrario, como lo hemos reiterado, es un ejercicio de la mente tan importante como el del cuerpo. “Mente sana en cuerpo sano”, decían los griegos.

Un círculo de lectura es el espacio ideal tanto para el lector poco experimentado como para el que ha leído siempre, porque la lectura se vuelve amena no sólo a nivel personal, sino también al compartirla con los demás.

Llamamos círculos o clubes de lectura a los pequeños grupos que se reúnen en casa, en un salón o en cualquier espacio en el que no haya mucho ruido, con el objeto de leer, analizar y discutir algún libro de interés común.

Las lecturas son programadas, de acuerdo a la disponibilidad de tiempo de los participantes, y para el día de la reunión todos deberán haber leído la parte correspondiente.

De esta manera, cada participante puede llevar, si así lo prefiere, algún comentario extra a la lectura que quizás haya podido investigar sobre el tema.

El coordinador o moderador de la reunión, que puede ser un maestro o a quien los miembros del Círculo designen, aportará desde luego conocimientos sobre el autor, el contexto de la obra y algunos puntos importantes a tratar.

Condición esencial de estos grupos es el interés común por la lectura y de compartir puntos de vista.

Para que no se pierdan estas valiosas experiencias colectivas es recomendable que el círculo elabore un boletín informativo sobre cada obra analizada, en apoyo a las bibliotecas locales.

javiermedinaloera.com

Artículo publicado por la revista México Rural en su edición de julio de 2018.

 

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La lealtad del Ejército


Asistí con gusto y gran interés a escuchar la conferencia que sobre la historia del Ejército Mexicano pronunció la noche del jueves 21 de junio en el auditorio de la Cámara Nacional de Comercio de Guadalajara el mayor Antonio Campuzano Rosales, jefe de la Sección de Historia de la Secretaría de la Defensa Nacional, quien fue invitado por el Instituto Cultural Ignacio Dávila Garibi, al cual tengo el honor de pertenecer.

De esta plática tomé varias notas sobre sucesos que me parecieron significativos, pero la que más me llamó la atención fue esta declaración del mayor Campuzano: “Cuando el Ejército mexicano no ha respondido a las expectativas del pueblo, simplemente se disuelve”, como ocurrió durante la Revolución Mexicana, en tiempos del general Victoriano Huerta.

Con esto entendí que se trata de un Ejército leal al pueblo y a sus instituciones.

Carranza, su fundador

El actual Ejército de México, que tuvo desde luego antecedentes en tiempos de la Colonia española y más tarde en el movimiento de Independencia y en la Guerra de Reforma, nace precisamente en la Revolución Mexicana, con Venustiano Carranza, su fundador. Fue él quien creó el Ejército Constitucionalista, nombre que le había dado ya Benito Juárez.

De los tiempos de Carranza, afirma el mayor Campuzano, data precisamente, la subordinación de las fuerzas armadas de México al poder civil. Fue en 1914 cuando el Ejército Constitucionalista quedó como Fuerza Armada de México, desapareciendo entonces el régimen militar huertista y porfirista, cuyo Ejército, por cierto, no se rindió, simplemente se disolvió.

Entre 1925 y 1931 el general Joaquín Amaro Domínguez profesionalizó al Ejército nacional que ahora conocemos.

El general Victoriano Huerta

Al término de la conferencia, me acerqué al mayor Antonio Campuzano para felicitarlo y pedirle su autógrafo en el folleto que sobre su disertación publicó el Instituto Cultural Dávila Garibi.

Le dije así:

“Soy Javier Medina, periodista del rumbo de Colotlán, Jal., de donde es originario don Victoriano Huerta, a quien la gente ama de veras y hasta quieren hacerle una estatua, pero el Congreso no los deja”.

–“Lo veo difícil”, respondió sonriente el mayor.

No desaproveché la ocasión para comentarle que al general Huerta, quien tuvo desde luego sus errores, lo han satanizado por cuestiones políticas, y desde hace muchos años se habla sólo de sus defectos, olvidando otras cosas, especialmente su posición digna ante los “gringos”, que “hoy como siempre nos traen asados”.

Responsabilidades del Ejército

El mayor Campuzano se refirió también en su conferencia, que por cierto pronunció de memoria, sin recurrir al texto de la misma y con gran facilidad de palabra, a las principales responsabilidades actuales del Ejército nacional, como son la defensa de la independencia y la soberanía, garantizar la seguridad interior y auxiliar a la población en casos de desastre.

Mi conclusión es que los mexicanos tenemos hoy un Ejército popular, sin faltar errores de algunos de sus miembros, como ocurre en cualquier otro sector de la sociedad, pero al final de cuentas un Ejército leal a las instituciones nacionales.

javiermedinaloera.com

Articulo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del lunes 2 de julio de 2018.

 

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