Mejoremos las redes

Las redes sociales han caído de perlas a muchos de la tercera edad y también a los jóvenes, es decir, a la mayor parte de la sociedad, porque en primer lugar estas redes son divertidas; la gente se entretiene alegremente haciendo bromas con sus amigos y hasta con desconocidos, cosa imposible de imaginar hace apenas unos años.

Sin embargo, creo que en estas redes no debemos buscar únicamente la diversión, sino también la ilustración, es decir, el mejoramiento de la especie humana, todo aquello que sirva para que la gente pueda superar día tras día sus condiciones de vida, su salud física y mental, su economía, su bienestar, a través de una buena comunicación.

Todos los medios de comunicación, desde el libro, el periódico, la revista, y después la radio y la televisión, pudieron desde el primer momento de su invención aportar algo en beneficio de la Humanidad; muchos lo hicieron, otros no, pero el planteamiento ético en este sentido se estableció desde tiempos muy remotos y sigue vigente.

Ante el medio más poderoso
Ahora contamos con otro medio de comunicación seguramente más poderoso, que es Internet, diversificado a través de una amplia gama de redes sociales, donde la gente desahoga muchas veces sus preocupaciones, sus angustias, pero que también trata de aportar algo en beneficio de sus semejantes.

Para ello todos hemos de poner un granito de arena. Esto no es fácil, porque en una comunicación tan abierta a la sociedad nacional e internacional, como son las redes, cualquiera puede equivocarse, y más tratándose de mensajes tan telegráficos como los que exigen estas redes.

El respeto a los demás, ante todo
En primerísimo lugar, en esta nueva era de la comunicación, hemos de privilegiar el respeto a los demás, conscientes de que existen en el mundo muchas formas de vivir, de pensar y de actuar, posiblemente contrastantes con nuestras costumbres y ancestrales tradiciones locales.

Ante esta necesidad, hace unos días publiqué en mi página de Facebook un mensaje en el que pedí a mis cinco mil contactos (el máximo que esta red permite) que no se expresaran con insultos, porque los insultos degradan en primer lugar a la persona que los expresa, pero también ofenden a quien los recibe.

La inmensa mayoría de mis contactos estuvo de acuerdo con esta petición, porque la consideraron correcta (Claro, en mi página he tenido el cuidado de seleccionar a mis contactos, y no podía esperar menos de ellos).

Libertad sí, pero no libertinaje
Sin embargo, hubo quienes no estuvieron de acuerdo, apoyándose en la libertad de expresión, consagrada por las leyes. Dijeron que ellos pueden hablar como les venga en gana. Algunos de mis amigos me sugirieron que bloqueara a estas personas, pero no lo hice, porque todos tenemos derecho a disentir y a equivocarnos.

Hay un punto fundamental que hemos de considerar: Queremos libertad, sí, pero sin libertinaje. Son dos cosas distintas: libertad para decir las cosas, perfecto, pero cuando esta libertad se convierte en libertinaje, no conviene a una sociedad organizada. Si las leyes están mal, ¡Cambiémoslas!

javiermedinaloera.com

 

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del 28 de enero de 2018.

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