Inútil cambiar nombres de pueblos

Ahora que irrumpen en la esfera política algunos ciudadanos que prometen “cambiar la historia” (como si esto fuera tan fácil), preciso es recordarles que nunca en Jalisco ni en México pudieron prosperar ideas contrarias a la cultura, costumbres y tradiciones de los pueblos.

Lo digo porque ya se les ocurrió a políticos locales retirar la antigua tradición de las calandrias de caballos en Guadalajara y atentar, además, contra la cultura católica, al instalar una escultura absolutamente contraria a las tradiciones tapatías.

Por más que estos políticos insistan en “modernizar”, no lograrán así su objetivo, porque la historia, esa gran maestra, nos enseña que quienes atentan contra las costumbres y tradiciones de los pueblos, fracasan rotundamente, empezando, en México, por el todo poderoso general Porfirio Díaz, cuando a fines del siglo 19 y principios del 20 prohibió por decreto el calzón blanco entre los indígenas y rancheros mexicanos (La prohibición del calzón blanco en México).

Pero hoy abordo el tema de nombres de pueblos jaliscienses que políticos de otros tiempos trataron de cambiar por los de revolucionarios y santos, sin lograr su objetivo, porque la gente siguió llamándoles como era su costumbre, sin hacer el menor caso de decretos inútiles.

Zapotlán El Grande
Zapotlán El Grande se llamó siempre al municipio de Ciudad Guzmán, en el Sur de Jalisco, pero en 1856 se le ocurrió a algún político otorgarle por decreto el nombre de Ciudad Guzmán en honor del insurgente Gordiano Guzmán. Sin embargo, la gente le siguió llamando Zapotlán, “lugar de frutos dulces y redondos”, razón por la cual al gobierno, tras casi siglo y medio, no le quedó más remedio que devolverle su nombre original. De este modo, en 1997, el municipio recuperó su antiguo nombre de Zapotlán El Grande, conservando el de Ciudad Guzmán sólo su cabecera.

San Gabriel
En el mismo Sur de Jalisco se ubica el pueblo de San Gabriel, que adquirió su nombre desde tiempos de la Colonia, pero que en 1934 adoptó el de Ciudad Venustiano Carranza, siguiendo aquella moda de imponer nombres de revolucionarios a pueblos que ostentaban los de santos.

Pero la gente de aquel lugar y de todas partes le siguió llamando San Gabriel, razón por la que décadas más tarde el Congreso de Jalisco dispuso por decreto que San Gabriel recuperara su nombre original.

San Francisco de Asís
Otro caso es el de San Francisco de Asís, próspera población del municipio de Atotonilco, en Los Altos, que desde tiempos de la Colonia se llamó así, pero llegaron los políticos y le impusieron “Francisco Javier Mina”. Entonces la gente, acostumbrada al nombre de San Francisco, pero obligada por el gobierno le llamaron simplemente “San Francisco Javier Mina” (Verdadero sincretismo).

Igual que en los casos anteriores, el Congreso del Estado no tuvo más opción que devolverle su nombre original al pueblo de San Francisco de Asís.

Y así como estos casos, hay muchos más en Jalisco y en México, donde se demuestra que muy por encima de los caprichos de políticos oportunistas prevalecerá siempre la voluntad popular.

javiermedinaloera.com

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del lunes 19 de febrero de 2018.

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