Ignorancia, el gran problema


Sabido es que el pueblo de México es uno de los que menos lee en el mundo, y lo peor es que de acuerdo con las últimas noticias oficiales del INEGI (Instituto Nacional de Estadística y Geografía), en los últimos años no sólo no ha aumentado el número de lectores, sino que ha disminuido.

La triste realidad es que el 55 por ciento de la población mexicana, o sea, más de 60 millones, reconoce hoy que no ha leído ni siquiera un libro en su vida.

Y para colmo, el INEGI advierte sobre la poca o nula comprensión de la lectura por parte de quienes leen. Un panorama realmente desolador.

¿Cuáles son las consecuencias?
En estas circunstancias me pregunto, por ejemplo, en el aspecto político electoral, ¿por qué extrañar que aparezca hoy un líder político que aspire a la Presidencia de México sin saber inglés?, ¿creen ustedes que a la gente que no lee español le interese mucho que su líder no sepa inglés?

Claro, podrán decir algunos, pero tenemos gentes preparadas en Harvard, que pueden ser grandes líderes. Sí, ¿pero han dado resultados en aspectos fundamentales como son la seguridad pública y la pobreza, que es lo que a la gente le angustia?

No hay duda de que los bajos niveles educativos del pueblo mexicano se reflejan en sus condiciones políticas, económicas, culturales y sociales, de suerte que mientras no elevemos nuestro nivel educativo estaremos condenados a ser un país subdesarrollado (para decirlo en forma elegante) en todos los aspectos.

Manipulación mediática

Hoy está de moda la manipulación mediática, en la que gente poderosa hace uso de los medios de comunicación para proteger sus intereses económicos y políticos. De esta manera, vemos en México, día tras día, en todos los medios al alcance de la gente, sobre todo las redes sociales, mensajes (generalmente financiados) en contra o en favor de determinados candidatos a cargos de elección popular.

Sin embargo, es muy escasa la información objetiva, imparcial, profesional, que se brinda a los electores sobre cada uno de los candidatos. Por lo visto, se trata básicamente de descalificar, de agredir, de destruir al adversario, sin la menor intención de hacer algo por el futuro del país, del estado, del municipio, de la comunidad.

Esta es nuestra realidad
Si admitimos ser un país desinformado, que lejos de aumentar disminuye sus niveles de lectura, es imposible que aspiremos a tener políticos a la altura del primer mundo, pero no sólo políticos, sino también ingenieros, médicos, maestros y en general jóvenes que prefieren hacer carrera en el extranjero, antes que en su país, donde sistemáticamente se les niegan oportunidades de salir adelante.

Así las cosas, no nos extrañe que la mayoría de la gente busque un cambio político, económico y social que le brinde algunas garantías de seguridad, de bienestar mínimo, cuando ya se han ensayado durante casi un siglo otras formas de administración pública que no han dado resultado.

javiermedinaloera.com

Artículo publicado en el semanario Conciencia Pública en su edición del 30 de abril de 2018.

 

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