Inútil preocuparse sin acciones

Los mexicanos de hoy nos preocupamos hasta la angustia por la inseguridad pública, jamás vista desde tiempos de la Revolución, hace un siglo, cuando la gente pacífica, trabajadora, que siempre ha habido en este país, amanecía cada día con el “Jesús en la boca”, pidiéndole a la Divina Providencia que no les pasara nada malo a ellos ni a sus familias.

No entraré aquí en la trillada idea de si nuestros últimos gobiernos han sido o no capaces de poner alto a la inseguridad; quizás han hecho lo mejor que han podido, pero lo cierto es que este problema preocupa hoy cada día y en cada momento a la sociedad mexicana, incluso a la reducida élite que viaja protegida por escoltas y camionetas blindadas.

¿Problema de cultura?
A la luz de lo que ocurre en otras sociedades del mundo, donde también sufren problemas de inseguridad, pero con índices de delincuencia mucho más bajos que los nuestros, cualquiera podría concluir que los mexicanos nos enfrentamos hoy a un problema de cultura, que evidentemente da más importancia a la preocupación que a la acción.

Lo constatamos a diario a través de los medios de comunicación y de las conversaciones con amigos y familia: todos estamos preocupados por la inseguridad. Ante cualquier incidente, homicidio, balacera, bloqueo, secuestro, robo, etcétera, ponemos el grito en el cielo, es decir, lamentamos lo sucedido y expresamos nuestra preocupación.

Pero luego nada sigue, porque después de los lamentos, incluso las condenas y condolencias de funcionarios y políticos ante cualquier hecho violento (que no sirven para nada), la vida sigue igual; se repite otro hecho violento y vuelta a lo mismo: la gente se queja, los políticos se aprovechan del caso, la sociedad se preocupa, pero nada se hace.

Acción social, lo que falta
Nada vamos a ganar con preocuparnos permanentemente por la inseguridad que agobia a la nación, a los estados, a las ciudades, pueblos y barrios; falta el segundo paso, que es la acción para evitar que esto siga creciendo hasta agotar la vida de quienes aún la conservamos.

Periodistas, estudiantes, sacerdotes, soldados, policías, obreros, empresarios, políticos, mujeres, hombres y niños, han pagado con su sangre esta guerra injusta, que pasa a la historia como la del Narco, en la que mucha gente honrada nada tuvo ni tiene que ver.

Cierto es que muchos miles de mexicanos, a lo largo y ancho del país, han salido a las calles para manifestar su preocupación, pero esto no es suficiente: el gobierno se hace de la vista gorda, porque a lo mejor le conviene que sigan las cosas como van, y ante esto, ¿qué falta?, otras acciones.

Cada quien su tarea
De algún modo, todos somos responsables de lo que pasa (salvo los niños). Y por lo mismo hay que tomar providencias, empezando por cuidar la seguridad personal y la de nuestra familia, y en el plano político, elegir desde luego a los mejores gobernantes, a los que han demostrado responderle a la sociedad con hechos, no con promesas incumplidas.

javiermedinaloera.com

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del lunes 18 de junio de 2018.

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