Libertad en redes sociales

La libertad de expresión en redes sociales tiene sus límites, igual que en cualquier otro medio de difusión, porque en primer lugar la absoluta libertad para decir o escribir lo que se nos pegue la gana sin respeto para nadie, no existe, no ha existido y espero que no exista jamás.

Comentaba hace unos días con estimados colegas que ni las aves del cielo¸ consideradas como los seres más libres de la Naturaleza¸ pueden volar más allá de los límites que les marca la atmósfera de la vida.

Por lo tanto, las redes sociales, como su nombre indica, pueden llegar a ser lo que la gente quiera, siempre y cuando las personas se expresen de acuerdo a las normas y costumbres de cada país, porque de lo contrario, pueden acarrearse consecuencias desagradables.

Para empezar, hay controladores
En primer lugar, los creadores de redes sociales tienen sus políticas editoriales, como las tienen todos los directores de medios de comunicación del mundo, de suerte que es difícil rebasar esas limitaciones.

Quienes administran las redes tienen el poder (no sé si la facultad), de destacar los mensajes que ellos consideren importantes y de ocultar a la vez aquellos que no les satisfacen.

Mientras estos administradores destaquen los mensajes que promuevan la dignidad y superación del ser humano, me parece de lo más correcto, y si a la vez ocultan cualquier tipo de pornografía, abuso y tráfico infantil, trata de personas, apología del delito y todo lo que vaya contra la dignidad humana, también me parece de lo más plausible.

¿Y nosotros qué?
Luego de esas limitantes, la gente tiene, ha tenido la libertad (y espero que la siga teniendo) para decir lo que quiera en las redes acerca de cualquier tema de política, economía, cultura, religión, deportes, etcétera.

En lo personal, sólo pediría que cualquier expresión se haga con respeto a la gente, conforme a las normas más elementales de educación que tradicionalmente rigen en las relaciones humanas, porque por desgracia abundan los casos en que cada segundo se ofende y denigra a las personas en la forma más vil e impune.

¿Por qué pienso así?, porque me formé en el periodismo antiguo, del siglo XX, pero con raíces en el XIX, cuando los medios de difusión tenían amplio respeto por sus lectores, y como aficionado que soy de las nuevas redes sociales, me ofende cualquier expresión que atente contra la dignidad humana.

Las palabrotas a nadie elevan
Me permito recordar aquí lo dicho por el afamado autor contemporáneo Alejandro Jodorowsky, quien insiste en que las palabrotas, conocidas comúnmente como majaderías o “malas razones”, pueden servir para liberar a quienes las pronuncian, pero a nadie elevan.

El caso es que algunos colegas, incluso considerados como líderes nacionales de opinión, han tomado por costumbre decir palabrotas en sus artículos¸ pensando seguramente que así adquieren más audiencia entre la gente joven.

Sin embargo, las palabrotas, expresadas por periodistas o por cualquier otra persona, pueden servir, como queda dicho, para “liberar” a quienes las expresan, pero a nadie elevan.
www.javiermedinaloera.com

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del lunes 21 de agosto de 2018.

 

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