¿Quién ha cambiado, usted o yo?

Mario Ramón Beteta. Wikipedia

Mario Ramón Beteta.

   En el transcurso de la vida nos topamos a menudo con viejos amigos o conocidos que, a nuestro parecer, cambiaron mucho, no tanto en el aspecto físico, que es lo de menos, sino en su carácter, en la forma de tratarnos, sobre todo cuando ya no son tan efusivos, amistosos y cordiales como antes lo fueron.

   Cuando sentimos un verdadero afecto por aquella persona, a la que hace tiempo no veíamos, pero que ocasionalmente encontramos en la calle o en alguna reunión, lo normal es que tratemos de ser cordiales con ella, reiterándole nuestra amistad y consideración distinguida. Incluso buscamos adelantarle un abrazo.

   Sin embargo, a pesar del propósito que tenemos de mostrarnos amistosos con aquel viejo amigo o conocido, éste no parece tener el menor interés por nosotros: responde de manera cortante, se despide de repente o trata de conversar con otras personas. Esto nos desconcierta y pensamos que tal amigo, por alguna razón, ha cambiado mucho y que ya no es el mismo.

   Para entender esta situación de una manera práctica y sencilla, recurro a una anécdota que el periodista Octavio Aguilar de la Parra entresacó de la rica y sabia política mexicana. Esta anécdota se refiere al nopal que la gente va a ver sólo cuando tiene tunas:

La nopalera. De Huejuquilla El Alto en F

Nopalera en Huejuquilla El Alto, Jal.

   Resulta que el licenciado Mario Ramón Beteta, quien fuera secretario de Hacienda a fines del gobierno de Luis Echeverría, pero que también desempeñó numerosos cargos en el área económica, como director general de Pemex, y además gobernador del Estado de México en el período 1987-1989, se encontró en cierta ocasión, tiempo después de no tener ya ningún cargo oficial, con un “amigo”.

   Beteta lo saludó con mucho afecto y le dijo:

  –¿Qué ha pasado contigo? Antes me visitabas con mucha frecuencia, me llamabas por teléfono, me invitabas a comer, ¡has cambiado mucho!

   Y el pretendido amigo le contestó:

   —No, licenciado, el que ha cambiado es usted…

   Esto encaja perfectamente en la actividad política de todos los tiempos, pero también en muchos otros aspectos de la vida. Simple y sencillamente es la condición humana.

 

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