Bernard Shaw en Guadalajara en 1936

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Bernard Shaw en 1936.

   En sus 472 años de historia, Guadalajara ha recibido a ilustres viajeros de todo el mundo, entre ellos a Walt Disney, hace 50 años. Y quizás a muchos les sorprenda que en febrero de 1936 estuvo aquí nada menos que el genial escritor, filósofo e incomparable humorista irlandés George Bernard Shaw, Y que además un periodista local tuvo oportunidad de entrevistarlo.

  El autor de “Hombre y Superhombre” y otras  obras, Premio Nobel en 1925, estuvo en la Perla Tapatía apenas unas horas, de incógnito. Su breve estancia obedeció a una escala del Ferrocarril del Pacífico, que lo había transportado de Mazatlán a Guadalajara, dentro del viaje de turismo que realizaba a bordo del transatlántico inglés “Arandora Star”, que lo llevó a Tenerife.

 Resulta que el único periodista local, que casualmente lo encontró en la estación ferroviaria, fue Mario E. Bozzano, director de la revista “Nueva Galicia”, publicada en aquella época en Guadalajara. En el número 26, volumen 3, correspondiente al bimestre marzo-abril de 1936, Bozzano da cuenta de esta visita, en la que obviamente, por el carácter fugaz e inadvertido de la misma, no hubo ahí más periodistas ni personalidades políticas ni literarias que lo recibieran o despidieran.

  Sin embargo, Bozzano, como buen reportero, no desaprovechó la  oportunidad que se le ofrecía de entrevistar aquella tarde al “Genio de la Paradoja”.  Lo describe como “un viejo alto, vestido de negro riguroso, bajo la sombra de su paraguas abierto que lo defendía de los rayos de nuestro sol tropical, que, para un vecino de Londres por 50 años, debe haber sido calcinante.

  “Su figura esbelta y casi juvenil a los 80 años, el cutis sonrosado en suave contraste con la blancura nívea del marco que le forman el pelo y las barbas largas y cejas espesas; la ironía bondadosa irradiando de la mirada azul, y la sonrisa plegando de vez en cuando los labios finos, despierta en el observador masculino un afán de penetrar el pensamiento íntimo del maestro investigador y dinámico luchador, y leer allí la expresión suscinta del concepto de la vida…”

   El periodista le pregunta:

  –El paisaje que ha visto de México, de Mazatlán a Guadalajara, ¿qué le ha parecido?

  –“Lo poco que el polvo me permitió ver, es bello. Me recuerda ciertas regiones de Irlanda”, responde Shaw, y a su vez, pregunta:

   –¿Se editan periódicos en Guadalajara?

   –Sí señor, pero la ausencia de reporteros en este momento se debe quizá a que ellos mismos ignoraban su venida.

    Sonríe y dice: “He tenido suerte esta vez; me simpatiza ahora más su país”.

    ¿Es usted socialista?, cuestiona Bozzano, y Shaw contesta:

   –¿De cuáles?

   Finalmente, Bozzano le pregunta:

   –¿Existe cierta analogía entre el hispanoamericano y el irlandés?

   –“¿Será en la manera de beber?”, responde Shaw.

   “El grande hombre que a los 11 años era un perfecto haragán en el Colegio Wesleyan de Dublin, en donde siempre se sentó en la última fila de la clase, distrayendo a los vecinos con historietas cómicas; el hombre que detesta la embriaguez  por haber tenido un padre afecto a esta indulgencia; el hombre que comenzó por ser vendedor de lotes de terrenos en abonos, para llegar a los 80 siendo el autor contemporáneo más leído y oído, en donde se lee y se escucha; el hombre joven a esa edad avanzada, sube pausadamente, pero con ágiles movimientos, los escalones del coche del ferrocarril, después de haberme dado a estrechar su mano franca, dejando en mí, vanitas vanitates, la orgullosa sensación de haber hablado con George Bernard Shaw”, concluye Bozzano.

  El principal periódico de la época en Guadalajara, “El Informador”, no consigna esta importante visita, y tampoco la menciona en su nota de primera plana donde anuncia la muerte de Shaw el 2 de noviembre de 1950.

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