Agua o sequía, cuestión de vida o muerte

Sequía.

Sequía en Chapala.

     Don Juan Manuel, notable autor español del siglo XIV, escribió sobre “lo sucedido a un raposo (zorro) que se echó en la calle y se hizo el muerto”. Resulta que un raposo entró una noche en un corral de gallinas, y tan feliz se sintió entre ellas, que cuando quiso irse ya era de día, y la gente andaba por todos lados. No pudiendo ocultarse, salió a la calle y se tendió en ella como si estuviese muerto, de suerte que quienes lo vieron ahí tirado, pensaron que estaba muerto y no hicieron caso de él.

Al cabo de un rato pasó por ahí un hombre, y sabiendo que los pelos de la frente del raposo servían para curar el mal de ojo en los bebés (antigua superstición mediterránea), trajo unas tijeras y le trasquiló la frente. Luego vino otro lugareño diciendo que también servían para eso mismo los pelos del lomo del raposo, y se los trasquiló. Uno más se llevó los de las quijadas. Total, que lo trasquilaron todo, y el raposo no se movió porque entendió que perder esos pelos no le hacía gran daño.

Pasó después otro individuo diciendo que la uña del pulgar del raposo curaba los panadizos (inflación aguda de los dedos), y se la sacó. El raposo tampoco se movió. Seguido de aquél, llegó uno más que le arrancó un diente, porque era bueno para el dolor de muelas. El raposo siguió inmóvil.

Finalmente, llegó un hombre diciendo que el corazón de raposo aliviaba los males cardíacos, y cuchillo en mano se dispuso a sacarle el corazón al sufrido cuadrúpedo, pero éste, al ver que perder su corazón era igual que perder la vida, decidió correr la aventura de escapar, y pegando veloz carrera, escapó.

Pues bien, apreciados lectores, así andan las cosas en nuestra sociedad: La gente ha venido tolerando la inseguridad pública, el desempleo, la injusticia, la pobreza y hasta la corrupción, pero el día que le digan que ya no hay agua, entonces arderá Troya, porque entre el agua y la sequía hay la misma relación que entre la vida y la muerte.

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