Libertad en redes sociales

La libertad de expresión en redes sociales tiene sus límites, igual que en cualquier otro medio de difusión, porque en primer lugar la absoluta libertad para decir o escribir lo que se nos pegue la gana sin respeto para nadie, no existe, no ha existido y espero que no exista jamás.

Comentaba hace unos días con estimados colegas que ni las aves del cielo¸ consideradas como los seres más libres de la Naturaleza¸ pueden volar más allá de los límites que les marca la atmósfera de la vida.

Por lo tanto, las redes sociales, como su nombre indica, pueden llegar a ser lo que la gente quiera, siempre y cuando las personas se expresen de acuerdo a las normas y costumbres de cada país, porque de lo contrario, pueden acarrearse consecuencias desagradables.

Para empezar, hay controladores
En primer lugar, los creadores de redes sociales tienen sus políticas editoriales, como las tienen todos los directores de medios de comunicación del mundo, de suerte que es difícil rebasar esas limitaciones.

Quienes administran las redes tienen el poder (no sé si la facultad), de destacar los mensajes que ellos consideren importantes y de ocultar a la vez aquellos que no les satisfacen.

Mientras estos administradores destaquen los mensajes que promuevan la dignidad y superación del ser humano, me parece de lo más correcto, y si a la vez ocultan cualquier tipo de pornografía, abuso y tráfico infantil, trata de personas, apología del delito y todo lo que vaya contra la dignidad humana, también me parece de lo más plausible.

¿Y nosotros qué?
Luego de esas limitantes, la gente tiene, ha tenido la libertad (y espero que la siga teniendo) para decir lo que quiera en las redes acerca de cualquier tema de política, economía, cultura, religión, deportes, etcétera.

En lo personal, sólo pediría que cualquier expresión se haga con respeto a la gente, conforme a las normas más elementales de educación que tradicionalmente rigen en las relaciones humanas, porque por desgracia abundan los casos en que cada segundo se ofende y denigra a las personas en la forma más vil e impune.

¿Por qué pienso así?, porque me formé en el periodismo antiguo, del siglo XX, pero con raíces en el XIX, cuando los medios de difusión tenían amplio respeto por sus lectores, y como aficionado que soy de las nuevas redes sociales, me ofende cualquier expresión que atente contra la dignidad humana.

Las palabrotas a nadie elevan
Me permito recordar aquí lo dicho por el afamado autor contemporáneo Alejandro Jodorowsky, quien insiste en que las palabrotas, conocidas comúnmente como majaderías o “malas razones”, pueden servir para liberar a quienes las pronuncian, pero a nadie elevan.

El caso es que algunos colegas, incluso considerados como líderes nacionales de opinión, han tomado por costumbre decir palabrotas en sus artículos¸ pensando seguramente que así adquieren más audiencia entre la gente joven.

Sin embargo, las palabrotas, expresadas por periodistas o por cualquier otra persona, pueden servir, como queda dicho, para “liberar” a quienes las expresan, pero a nadie elevan.
www.javiermedinaloera.com

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del lunes 21 de agosto de 2018.

 

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Morena, ¿tercera reencarnación del PRI?


A juzgar por el gran número de priístas que a lo largo y ancho del país han emigrado recientemente a Morena, cualquiera diría que vivimos el nacimiento de la tercera reencarnación del partido fundado hace 90 años por Plutarco Elías Calles, llamado en sus orígenes Partido Nacional Revolucionario (PNR), para convertirse luego, en tiempos de Lázaro Cárdenas, en Partido de la Revolución Mexicana (PRM), y después, Partido Revolucionario Institucional (PRI).

Esta idea sería aventurada si se toma en cuenta la manifiesta oposición del líder de Morena y presidente electo de México, Andrés Manuel López Obrador, a algunos sistemas seguidos por el PRI, y más cuando anuncia la cuarta transformación del país (después de la Independencia, la Reforma y la Revolución), pero no hay que olvidar que en sus dos últimas reencarnaciones el PRI sufrió también cambios radicales, tanto que en una ocasión pasó de enarbolar banderas socialistas (con Cárdenas) hasta abiertamente capitalistas (con Miguel Alemán), y siguió vivo 70 años más.

Los mexicanos saben de política
Recuerdo lo que me dijo hace medio siglo don Jorge Álvarez del Castillo, quien conocía a fondo el periodismo y la política nacional: “Cualquier presidente municipal de un pueblo mexicano sabe más de política que el mismo presidente de los Estados Unidos, y te lo puedo demostrar”.

De pronto me pareció cuestionable su sentencia, pero al paso del tiempo comprobé que efectivamente los mexicanos tienen una sensibilidad especial para las cuestiones políticas, que no se manifiesta en otros pueblos de la Tierra. La explicación puede encontrarse en raíces históricas y culturales, pero ya no dudo que esto sea verdad.

Conformistas y acomodaticios
Algo existe en la idiosincrasia mexicana que hace de la mayoría de nuestros políticos gente conformista y acomodaticia (¿virtud o defecto?, al grado de que prefieren entregarse al mejor postor antes que arriesgar su futuro en aventuras “peligrosas”.

De hecho, son unos cuantos, contados con los dedos de una mano, los grandes líderes revolucionarios que este país ha tenido desde tiempos de la Conquista española: Cuauhtémoc, Hidalgo, Morelos y Juárez, los más ilustres.

La falta de ejemplos que conduzcan a los políticos mexicanos a reformar de veras las condiciones de sus pueblos y del país los orilla también a dejarse llevar por circunstancias cómodas y remunerables.

Sin embargo, hemos de reconocer que algunos han pagado con su vida el intento de mejorar las condiciones de la gente.

Morena, ¿reencarnación del PRI?
En estas circunstancias, cuando veo que ante la agonía de su partido, muchos priístas voltean hacia Morena, y Morena los acepta, pero además, su líder, Andrés Manuel, les da posiciones importantes, no puedo menos que pensar en una tercera reencarnación del PRI que está naciendo. En esta transición pacífica se basa principalmente mi tesis.

El hecho es que el país tiene que cambiar, y si es en paz, mucho mejor. Lo malo sería que Morena heredara las mañas de los peores priístas reconocidos por ladrones y convenencieros, algunos de los cuales, lamentablemente, ya están ahí, pero hay que ver hasta dónde los deja llegar su nuevo líder.

javiermedinaloera.com

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del domingo 12 de agosto de 2018.

 

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Lectura en lenguas indígenas

Niñas indígenas

En un país donde viven millones de indígenas, no pueden faltar esfuerzos para promover la lectura entre ellos, en su propia lengua, ya que no sólo se trata de fortalecer su nivel educativo, dándoles la oportunidad de conocer nuevas herramientas para mejorar su entorno económico y social, sino también para promover la identidad y unidad entre todos los mexicanos.

De esta manera, a través de la Secretaría de Educación Pública se han realizado muchos proyectos editoriales para llevar la lectura bilingüe en castellano y en su propia lengua a numerosas comunidades indígenas del país.

En Jalisco, por ejemplo, durante la época en que ocupó la Dirección de Educación Indígena la maestra Judith Rimoldi, la Secretaría de Educación llevó a cabo por lo menos una docena de ediciones tanto en lengua huichol como nahua para fomentar la lectura entre los niños indígenas de educación básica.

Entre esas ediciones destacan las “Narraciones Nahuas” y las “Narraciones de los Niños Wixaritari”, en las cuales participaron niños y niñas de ambas etnias y sus maestros, con el afán de promover su cultura, el reconocimiento de sus valores y de su historia.

“Cuéntame” es otra serie publicada también en aquellos años, para promover el buen hábito de la lectura entre los indígenas jaliscienses.

El objetivo de estas y otras ediciones fue acercar el libro a todos los espacios del territorio estatal, incluso las más inaccesibles y remotas, como son las indígenas, teniendo en cuenta que el hábito de la lectura es un aliado invaluable en la labor educativa.

javiermedinaloera.com

 

Artículo publicado por la revista México Rural en su edición de agosto de 2018.

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Don Victoriano Huerta, digno hijo de Colotlán

El general Victoriano Huerta.

Ahora que, según anuncia el presidente electo Andrés Manuel López Obrador, está por arrancar la cuarta transformación de México, seguramente se revisarán muchos aspectos de la historia oficial desde tiempos de la Independencia hasta nuestros días, pasando por la Reforma y la Revolución.

Entre las cosas que más atañen a Jalisco destacan los injustos ataques de que ha sido objeto el general Victoriano Huerta, oriundo de Colotlán, Jal., al grado de que durante mucho tiempo se dijo que tanto la Federación como el Estado habían abandonado a su suerte a esa apartada región, sólo porque Huerta había nacido ahí.

Cierta o no cierta la versión, el caso es que la zona aún sufre marginación en su vida económica y social, pero la gente de allá no deja de considerar al general Huerta como un héroe, ya que no se ha demostrado el principal delito que le imputan, de haber mandado matar a Madero y Pino Suárez. En cambio, los evidentes méritos de este ilustre militar no han contado para nada.

Anécdota de Gil Preciado
Hay una anécdota que ilustra el pensamiento oficial sobre Huerta:
En una de sus giras de trabajo el profesor Juan Gil Preciado, quien gobernó Jalisco a fines de los años 50 y principios de los 60 del siglo pasado, viajó a la apartada Zona Norte.

Por aquel tiempo, para llegar a Colotlán, saliendo de Guadalajara, había que tomar la Carretera a Saltillo, rumbo a Ixtlahuacán del Río, y luego por territorio del Estado de Zacatecas, por todo el Cañón de Juchipila hasta la exhacienda de Malpaso, donde los vehículos doblaban a la izquierda para llegar a Jerez, luego a Tepetongo, y finalmente entrar al Norte de Jalisco por el lado de Huejúcar.

El caso fue que en esa gira el gobernador y sus cercanos colaboradores viajaban en una camioneta, y los periodistas en otra, de suerte que al llegar a Malpaso los reporteros decidieron hacer un alto en el tradicional puesto de tortas que ahí había, y que con el hambre que traían se veían muy apetitosas.

Sólo Octavio González Garzón, quien auxiliaba al gobernador en asuntos de prensa, continuó el viaje con él hasta llegar a Colotlán, donde de inmediato dio principio un acto de recepción.

Inesperado elogio a Huerta
Fue durante dicho acto cuando un hombre de edad avanzada, de pelo blanco y de solemne aspecto, empezó a decir un discurso de lo más elogioso “para ese gran mexicano, patriota, ejemplo de las viejas y nuevas generaciones, el digno hijo de Colotlán, don Victoriano Huerta…”

Visiblemente preocupado por lo que estaba escuchando (ya que Huerta fue y sigue siendo satanizado por la historia oficial), Gil Preciado se dirigió en voz baja a su jefe de prensa, González Garzón, preguntándole qué había pasado con los periodistas. González le respondió que se habían quedado en Malpaso comiéndose unas tortas.

–¡Ah qué bueno! –dijo entonces ya tranquilo el gobernador–, a nadie le diga lo que pasa aquí porque este pinche viejo la está regando.

javiermedinaloera.com

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del domingo 6 de agosto de 2018.

 

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Nuestra historia: Tiempo de revisión

El ascenso de Andrés Manuel López Obrador a la primera magistratura del país abre, entre otras cosas, la extraordinaria posibilidad de revisar la Historia de México, haciendo a un lado enfoques oficialistas que la desvirtuaron por lo menos desde tiempos de la Independencia.

López Obrador habla de una cuarta transformación en México, que aún no tiene nombre, pero que ya está en la mente de muchos.

Independencia, Reforma y Revolución fueron los tres grandes movimientos sociales que en los siglos 19 y 20 cambiaron radicalmente las condiciones del país.

No sabemos a ciencia cierta cuál es el alcance de esta cuarta transformación que propone López Obrador, pero sin duda traerá grandes cambios en la vida política, económica y social. Ojalá que esto sea para bien de todos.

Transformar es cambiar visiones
Una cuarta transformación en la Historia de México significa cambiar la visión que de la misma tenemos los mexicanos desde hace siglos, porque a través del tiempo se han tejido infinidad de historias que muchas veces se inventaron para proteger intereses políticos y económicos del momento, sin preocuparse por comprobar que aquello fuera cierto.

Cualquiera puede suponer que por tratarse de un nuevo gobierno de izquierda (aún tengo dudas sobre esta calificación), la revisión de la Historia de México, que obviamente hoy se impone, tendría que cuestionar los posicionamientos históricos de derecha, pero no necesariamente, porque hay que recordar que los extremos se tocan, y cosas que hoy consideramos de derecha podrían resultar favorables a movimientos de izquierda.

Satanizaciones más conocidas
Entrar en más detalles es algo que se contrapone a la brevedad de este artículo. Digamos solamente que hay en nuestra historia ilustres personajes satanizados por cuestiones políticas como lo son Agustín de Iturbide, consumador de la Independencia nacional; el emperador Maximiliano de Ausburgo, en tiempos de la Reforma, y el general Victoriano Huerta, en la época revolucionaria.

Una sociedad que presume de democrática y civilizada no puede condenar a priori a sus personajes históricos; nuestro deber es valorarlos en todos los aspectos, considerando tanto sus buenas acciones como las que creemos que fueron negativas, como lo hacen los pueblos más progresistas del mundo.

En otras palabras, ha llegado la hora de hacer una verdadera revisión de la Historia nacional, apreciando sin prejuicios políticos, económicos o sociales los verdaderos méritos de los protagonistas, de acuerdo a las circunstancias que les tocó vivir. Esto sería acercarnos a la verdad de los hechos, sin distorsiones propiciadas por grupos de interés que, al final de cuentas, como hemos visto, desaparecen como todos.

A cada quien lo suyo
Espero que en esta nueva etapa de la vida nacional pensemos tranquilamente en lo que fue y es nuestro país, sin prejuicios de ninguna naturaleza, dándole a cada quien lo que le toca. México será más grande en la medida en que podamos superar estas diferencias, obviamente circunstanciales. Estamos ante la posibilidad de ajustar la historia a la realidad, algo fundamental en nuestras relaciones internas y externas.

javiermedinaloera.com

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del lunes 16 de julio de 2018.

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Apoyo condicionado a López Obrador

 


Ante una disyuntiva que se veía difícil, muchos electores mexicanos optamos el pasado uno de julio por quien consideramos, no el mejor candidato, porque ciertamente no había mucho para escoger, sino por el menos malo.

Quienes elegimos a Andrés Manuel López Obrador para presidente de México lo hicimos a sabiendas de que durante su prolongada campaña electoral prometió cosas inviables, irrealizables, idealistas, nacidas al calor de la contienda política.

Sin embargo, los demás candidatos representaban intereses más cuestionables aún.

Así las cosas, a estas alturas, todos (incondicionales y condicionales) esperamos que el señor López Obrador resulte un buen presidente, porque lo que más deseamos en común es que a este maravilloso país, donde nacimos, crecimos y posiblemente moriremos, le vaya bien.

Nada es seguro
En política nada es seguro, de suerte que, especialmente los periodistas, hemos de insistir en la corrección de ciertas estrategias para que México marche lo mejor posible en beneficio de todos, sin demagogia, pero tampoco sólo en favor de unos cuantos.

Claro está que durante su campaña electoral López Obrador prometió, como lo han hecho todos los políticos populistas de la Tierra (él no es la excepción), muchas cosas que a la hora de la hora no podrá cumplir, porque entre las contiendas electorales y la realidad de los pueblos ha existido siempre mucha diferencia.

La cuestión es que a los políticos les interesa conquistar o conservar el poder, y a esto encaminan sus esfuerzos, a veces con gran perseverancia, como es el caso de Obrador, pero el problema es que una vez alcanzados sus propósitos, se olvidan muchas veces de los compromisos adquiridos en campaña, no porque no quieran cumplirlos, sino porque la realidad que viven sus respectivos pueblos los obliga a rectificar planteamientos originales. Sobran ejemplos locales, nacionales e internacionales que ilustran esta situación, pero como dijera “Don Quijote”, vale más “no menealle”, al menos por ahora.

La razón de Estado, fundamental
Entre las cosas que el nuevo presidente electo no podrá cumplir, por más que se empeñen en ello él y algunos de sus allegados, destacan aquellas que se apartan de la razón de Estado (a la que no soy muy adepto, pero respeto), que son varias, puesto que el interés del Estado, que teóricamente ve por todos, es con frecuencia diferente al de la mayoría de los políticos, interesados sólo en el poder.

¿Ejemplos? Todo lo que vaya contra la justicia, el equilibrio económico y político, la seguridad y el bienestar social, objetivo común de los mexicanos. No tardan en salir a relucir las promesas incumplibles.

Apoyo condicionado
En conclusión, los electores de López Obrador, al menos los no incondicionales, hemos de insistir en que cumpla todas aquellas promesas apoyadas en la realidad. Y por supuesto, no dejaremos de advertirle con la mejor buena fe y en la medida de nuestras posibilidades los riesgos que podría afrontar ante la gran diversidad de intereses encontrados que se manejan en el país y en el extranjero.

javiermedinaloeracom

 

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Círculos de lectura

Reunirse para leer es un importante ejercicio para el desarrollo humano, porque no sólo agiliza el pensamiento, ejercita la memoria, mejora la ortografía, amplía el vocabulario y engrandece el conocimiento, sino que además es algo que relaja, entretiene y fomenta la creatividad.

Leer nunca será una pérdida de tiempo, por lo contrario, como lo hemos reiterado, es un ejercicio de la mente tan importante como el del cuerpo. “Mente sana en cuerpo sano”, decían los griegos.

Un círculo de lectura es el espacio ideal tanto para el lector poco experimentado como para el que ha leído siempre, porque la lectura se vuelve amena no sólo a nivel personal, sino también al compartirla con los demás.

Llamamos círculos o clubes de lectura a los pequeños grupos que se reúnen en casa, en un salón o en cualquier espacio en el que no haya mucho ruido, con el objeto de leer, analizar y discutir algún libro de interés común.

Las lecturas son programadas, de acuerdo a la disponibilidad de tiempo de los participantes, y para el día de la reunión todos deberán haber leído la parte correspondiente.

De esta manera, cada participante puede llevar, si así lo prefiere, algún comentario extra a la lectura que quizás haya podido investigar sobre el tema.

El coordinador o moderador de la reunión, que puede ser un maestro o a quien los miembros del Círculo designen, aportará desde luego conocimientos sobre el autor, el contexto de la obra y algunos puntos importantes a tratar.

Condición esencial de estos grupos es el interés común por la lectura y de compartir puntos de vista.

Para que no se pierdan estas valiosas experiencias colectivas es recomendable que el círculo elabore un boletín informativo sobre cada obra analizada, en apoyo a las bibliotecas locales.

javiermedinaloera.com

Artículo publicado por la revista México Rural en su edición de julio de 2018.

 

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La lealtad del Ejército


Asistí con gusto y gran interés a escuchar la conferencia que sobre la historia del Ejército Mexicano pronunció la noche del jueves 21 de junio en el auditorio de la Cámara Nacional de Comercio de Guadalajara el mayor Antonio Campuzano Rosales, jefe de la Sección de Historia de la Secretaría de la Defensa Nacional, quien fue invitado por el Instituto Cultural Ignacio Dávila Garibi, al cual tengo el honor de pertenecer.

De esta plática tomé varias notas sobre sucesos que me parecieron significativos, pero la que más me llamó la atención fue esta declaración del mayor Campuzano: “Cuando el Ejército mexicano no ha respondido a las expectativas del pueblo, simplemente se disuelve”, como ocurrió durante la Revolución Mexicana, en tiempos del general Victoriano Huerta.

Con esto entendí que se trata de un Ejército leal al pueblo y a sus instituciones.

Carranza, su fundador

El actual Ejército de México, que tuvo desde luego antecedentes en tiempos de la Colonia española y más tarde en el movimiento de Independencia y en la Guerra de Reforma, nace precisamente en la Revolución Mexicana, con Venustiano Carranza, su fundador. Fue él quien creó el Ejército Constitucionalista, nombre que le había dado ya Benito Juárez.

De los tiempos de Carranza, afirma el mayor Campuzano, data precisamente, la subordinación de las fuerzas armadas de México al poder civil. Fue en 1914 cuando el Ejército Constitucionalista quedó como Fuerza Armada de México, desapareciendo entonces el régimen militar huertista y porfirista, cuyo Ejército, por cierto, no se rindió, simplemente se disolvió.

Entre 1925 y 1931 el general Joaquín Amaro Domínguez profesionalizó al Ejército nacional que ahora conocemos.

El general Victoriano Huerta

Al término de la conferencia, me acerqué al mayor Antonio Campuzano para felicitarlo y pedirle su autógrafo en el folleto que sobre su disertación publicó el Instituto Cultural Dávila Garibi.

Le dije así:

“Soy Javier Medina, periodista del rumbo de Colotlán, Jal., de donde es originario don Victoriano Huerta, a quien la gente ama de veras y hasta quieren hacerle una estatua, pero el Congreso no los deja”.

–“Lo veo difícil”, respondió sonriente el mayor.

No desaproveché la ocasión para comentarle que al general Huerta, quien tuvo desde luego sus errores, lo han satanizado por cuestiones políticas, y desde hace muchos años se habla sólo de sus defectos, olvidando otras cosas, especialmente su posición digna ante los “gringos”, que “hoy como siempre nos traen asados”.

Responsabilidades del Ejército

El mayor Campuzano se refirió también en su conferencia, que por cierto pronunció de memoria, sin recurrir al texto de la misma y con gran facilidad de palabra, a las principales responsabilidades actuales del Ejército nacional, como son la defensa de la independencia y la soberanía, garantizar la seguridad interior y auxiliar a la población en casos de desastre.

Mi conclusión es que los mexicanos tenemos hoy un Ejército popular, sin faltar errores de algunos de sus miembros, como ocurre en cualquier otro sector de la sociedad, pero al final de cuentas un Ejército leal a las instituciones nacionales.

javiermedinaloera.com

Articulo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del lunes 2 de julio de 2018.

 

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La paz social, ante todo

A medida que se acerca la fecha clave del primero de julio, en que el pueblo de México habrá de decidir cómo quiere vivir los próximos seis años, se multiplican, como es natural, las acciones de quienes pretenden conservar o conquistar el poder público a través de una democracia defectuosa como es la que aún tenemos.

Muchos candidatos a diferentes cargos de elección popular, a lo largo y ancho del país, han dejado la vida en esta carrera, además de quienes han resultado lesionados o amenazados, al grado de que no pocos, ante estas circunstancias, han vuelto a lo suyo, a sus actividades habituales, olvidándose de la política.

Es de lo más lamentable que las autoridades responsables de esta elección no hayan sido capaces de frenar la violencia que desde hace tiempo atenta contra un proceso democrático que bastante ha costado a la sociedad mexicana, desde el punto de vista económico-social y aún de vidas humanas.

Cerrar caminos a la violencia
Hay un punto importante que hemos de considerar: no se trata solamente de evitar actos violentos el día de las elecciones y cualquier otra acción ilegal que se derive de ellas, sino de prevenir desde este momento cualquier suceso de esa naturaleza, cerrando el camino a la ilegalidad.

Además del secuestro y asesinato de candidatos, hemos visto en esta contienda electoral muchas amenazas en contra de ellos y de los ciudadanos que los apoyan, lo que no abona en nada a la democracia, como tampoco abonan los actos fraudulentos como son las constantes llamadas telefónicas a los presuntos electores para tratar de inclinar su voto en contra de algún candidato.

De todas estas cosas el Instituto Nacional Electoral parece no darse cuenta, y por lo visto tampoco le interesa investigar de dónde vienen todas esas llamadas, empezando por saber quiénes las operan y cómo obtuvieron los nombres y teléfonos de los posibles votantes.

Responsabilidad del Estado
Aparte del INE, el Gobierno federal y los de estados y municipios tienen grave responsabilidad en este proceso, porque nadie concibe que se mantengan ajenos al mismo, para bien o para mal.

La obligación del Estado, en sus tres niveles, es garantizar una elección verdaderamente libre, democrática y legítima, para que no quede la menor duda acerca de los personajes que realmente resultaron electos por voluntad popular. Cualquier acto contrario a este objetivo, mancha el proceso.

El responsable máximo
El responsable máximo de esta elección es sin duda el Presidente de la República; sobre él recae, como ha recaído en sus antecesores, la responsabilidad última del proceso electoral: si es legítimo, la historia lo reconocerá, pero si no lo es, que Dios nos guarde.

Por eso hemos de tener, desde ahora, el mayor cuidado en cerrarle el paso a cualquier cosa que violente la voluntad ciudadana, ya sean los atentados contra la vida y seguridad de los candidatos como a los hostigamientos y amenazas a los electores. ¡La paz de México vale mucho como para arriesgarla en una elección, por importante que sea!

javiermedinaloera.com

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del lunes 25 de junio de 2018.

 

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Inútil preocuparse sin acciones

Los mexicanos de hoy nos preocupamos hasta la angustia por la inseguridad pública, jamás vista desde tiempos de la Revolución, hace un siglo, cuando la gente pacífica, trabajadora, que siempre ha habido en este país, amanecía cada día con el “Jesús en la boca”, pidiéndole a la Divina Providencia que no les pasara nada malo a ellos ni a sus familias.

No entraré aquí en la trillada idea de si nuestros últimos gobiernos han sido o no capaces de poner alto a la inseguridad; quizás han hecho lo mejor que han podido, pero lo cierto es que este problema preocupa hoy cada día y en cada momento a la sociedad mexicana, incluso a la reducida élite que viaja protegida por escoltas y camionetas blindadas.

¿Problema de cultura?
A la luz de lo que ocurre en otras sociedades del mundo, donde también sufren problemas de inseguridad, pero con índices de delincuencia mucho más bajos que los nuestros, cualquiera podría concluir que los mexicanos nos enfrentamos hoy a un problema de cultura, que evidentemente da más importancia a la preocupación que a la acción.

Lo constatamos a diario a través de los medios de comunicación y de las conversaciones con amigos y familia: todos estamos preocupados por la inseguridad. Ante cualquier incidente, homicidio, balacera, bloqueo, secuestro, robo, etcétera, ponemos el grito en el cielo, es decir, lamentamos lo sucedido y expresamos nuestra preocupación.

Pero luego nada sigue, porque después de los lamentos, incluso las condenas y condolencias de funcionarios y políticos ante cualquier hecho violento (que no sirven para nada), la vida sigue igual; se repite otro hecho violento y vuelta a lo mismo: la gente se queja, los políticos se aprovechan del caso, la sociedad se preocupa, pero nada se hace.

Acción social, lo que falta
Nada vamos a ganar con preocuparnos permanentemente por la inseguridad que agobia a la nación, a los estados, a las ciudades, pueblos y barrios; falta el segundo paso, que es la acción para evitar que esto siga creciendo hasta agotar la vida de quienes aún la conservamos.

Periodistas, estudiantes, sacerdotes, soldados, policías, obreros, empresarios, políticos, mujeres, hombres y niños, han pagado con su sangre esta guerra injusta, que pasa a la historia como la del Narco, en la que mucha gente honrada nada tuvo ni tiene que ver.

Cierto es que muchos miles de mexicanos, a lo largo y ancho del país, han salido a las calles para manifestar su preocupación, pero esto no es suficiente: el gobierno se hace de la vista gorda, porque a lo mejor le conviene que sigan las cosas como van, y ante esto, ¿qué falta?, otras acciones.

Cada quien su tarea
De algún modo, todos somos responsables de lo que pasa (salvo los niños). Y por lo mismo hay que tomar providencias, empezando por cuidar la seguridad personal y la de nuestra familia, y en el plano político, elegir desde luego a los mejores gobernantes, a los que han demostrado responderle a la sociedad con hechos, no con promesas incumplidas.

javiermedinaloera.com

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del lunes 18 de junio de 2018.

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